August 30, 2021
De parte de Lobo Suelto
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  A ra铆z del debate despertado por una serie de televisi贸n (donde el rol de un grupo religioso espec铆fico dentro de la trama pol铆tica argentina y sus v铆nculos con el poder son, principalmente, los temas fundamentales), nos proponemos poner sobre la mesa una cuesti贸n que, parece, vuelve a cobrar importancia en estas 茅pocas de hiper-conexi贸n comunicativa: la meta-ficci贸n y sus 鈥渆nse帽anzas鈥. 

   

  M谩s all谩 del contenido de la serie -no entraremos en el debate suscitado sobre la verosimilitud, originalidad, posicionamiento ideol贸gico, etc. que tanto ha dado que hablar-, vale la pena llamar la atenci贸n sobre un aspecto a la vez curioso y llamativo; como bien afirm贸 su autora en su 煤ltimo art铆culo de opini贸n en Eldiario.ar:

鈥淓l Reino abri贸 un debate. Tal vez, 茅se sea uno de sus mayores e impensados logros: que a partir de lo que esta ficci贸n cuenta, se haya habilitado en la sociedad una discusi贸n que permita pensar en voz alta algo que estaba latente, que necesitaba hablarse puertas afuera, entre todos, discutirse鈥.

(Pi帽eiro, C. 鈥淓n El Reino, la ficci贸n tambi茅n es mentira鈥, 29/8/2021)

  El fragmento tiene un 茅nfasis, en negrita, sobre el valor desatado a partir del debate no calculado por la misma autora -o eso, al menos, es lo que se infiere de sus propias palabras-. Qued茅monos con eso, por un momento, en alg煤n costado de nuestra lectura. Si a帽adimos lo que sigue, 鈥a partir de lo que esta ficci贸n cuenta鈥︹, parad贸jicamente no subrayado por la edici贸n del diario, tenemos una aproximaci贸n interesant铆sima sobre lo que la ficci贸n, incluso no premeditadamente, puede suscitar y fomentar m谩s all谩 de sus propias fronteras narrativas

  驴Qu茅 puede 鈥減rovocar鈥 una ficci贸n?, se preguntaban hace muchos a帽os los te贸ricos de la literatura comparada, y algunos semi贸ticos de la escuela estructuralista francesa. Formalismos aparte, volv谩monos pol茅micos con una posible hip贸tesis: a diferencia de los textos expositivos -mayoritarios en los diarios, revistas, blogs y tesis-, la ficci贸n abre, intempestivamente, hilos y r铆os de interpretaci贸n inusitados. 

   Algunos lectores apresurados intentar谩n argumentar el hecho de que la ficci贸n, por razones obvias, es m谩s 鈥減opular鈥 y tiene m谩s llegada a un p煤blico amplio que no, por ejemplo, un art铆culo cient铆fico, reducido a una 茅lite acad茅mica e intelectual. Otros, en la misma l铆nea, aducir谩n que son los ejes tem谩ticos aquellos que marcan la diferencia. Aqu铆, sin dejar de destacar esas suposiciones, nos volcamos sobre una tercera lectura del factor ficcional como motor de debates en la sociedad: mientras que un an谩lisis -incluyendo a este mismo art铆culo- descriptivo, explicativo, argumentativo, prescriptivo y normativo llenan con teor铆a (con 鈥渓lenar鈥 nos referimos a intentar cubrir, respondiendo, los espacios siempre emergentes del devenir humano), la ficci贸n, dram谩ticamente, tensiona el relato con im谩genes que dial茅cticamente despiertan pasiones. Y las pasiones, m谩s all谩 de su trillado uso, mueven a los cuerpos. 

   驴C贸mo se produce esta conmoci贸n, incluso en 谩reas donde poco y nada sabemos? 

  驴Bajo qu茅 forma esa identificaci贸n con un personaje que en nada nos representa puede, a煤n as铆, despertarnos la ira que hace, cuando 茅ste cae, alegrarnos por su derrota, haci茅ndonos saltar de un estado alterado a otro en cuesti贸n de minutos?

   Algunos, leyendo estas preguntas, se estar谩n cuestionando si toda esta exposici贸n no es m谩s que un revival de la ya hist贸rica deriva est茅tica de la teor铆a cr铆tica, ese 茅nfasis por la percepci贸n, la forma, el discurso -el pulso del relato, la recepci贸n-, supuestamente en la vereda de enfrente del objetivismo de las ciencias sociales, de la evidencia del empirismo, incluso de las relaciones materiales de la existencia. 

   La respuesta, seguramente insuficiente, no pretende solucionar esa cuesti贸n, ya de por s铆 bastante estudiada. Adem谩s, hacerlo ser铆a, muy probablemente, formalizar aquello que supuestamente pretendemos rescatar. 

   Sin embargo, podemos arriesgarnos a vaticinar una posible relectura, abriendo a煤n m谩s la grieta para insertar un eje distinto: la de rechazar ambos, el plano teleol贸gico e instrumental del lenguaje, y defender, aunque sea contra-f谩cticamente, es decir, algo que podr铆a ocurrir aunque jam谩s ocurra, puntos de fuga con un trasfondo activo e imaginario, intersubjetivamente amasado, entendido. Una coordinaci贸n sin un corpus tem谩tico.

   Con la serie de la escritora Claudia Pi帽eiro hemos visto c贸mo el debate emergi贸 luego de haberse emitido la tira ficcional. Art铆culos como este comenzaron a pulular por las redes y blogs, intentando darle un marco te贸rico a la discusi贸n. La autora destac贸, como vimos, ese run run como un elemento positivo dentro de una sociedad democr谩tica, enfatizando sobre todo en el hecho de que fue una ficci贸n la que lo produjo -aunque confiesa, no intencionalmente-. La serie, pues, dio lugar, no forma, a una cuesti贸n latente previa a la serie. El espacio, as铆, se otorg贸 mediante recursos dram谩ticos, no expositivos. El contenido del tema abri贸 m煤ltiples lecturas que desbordaron con creces la trama de la serie, es decir, de lo particular se vir贸 a lo general, y vice versa, haciendo dialogar ambas dimensiones mediante contrastes y comparaciones, etc. Ese ejercicio, som谩tico y cognitivo, raramente se dispara cuando se alecciona desde la trascendencia.

   A diferencia de otros discursos, afirma Pi帽eiro, la ficci贸n es una mentira que no pretende enga帽ar, `como s铆 lo hace otro tipo de discursos, porque advierte que lo es y se define a s铆 misma en el contrato ficcional麓. La ret贸rica, la comunicaci贸n y la escritura, parece estar dici茅ndonos, no est谩n lejos del viejo acto de contar historias, aunque precisemos de una metaf铆sica, una ontolog铆a, un horizonte sobre el que dibujar un marco, un ideal. 

   Esa necesidad, sin embargo, no habita fuera del discurso mismo que la narra, sino que es inherente a su -hist贸rico- mecanismo de convencimiento argumentativo. Y as铆 se vuelve herramienta, no principio, de todos los relatos

  Al decir esto, nos adentramos en un terreno movedizo, ya que impl铆citamente estamos confirmando la necesidad de un constructo, como la de una rueda para que el veh铆culo circule sin trastabillar. Ese es el aprendizaje de la ficci贸n -y, de paso, del uso del lenguaje en sus principios, antes del fin comunicativo por excelencia-. Sin pretensiones de verdad, no hay emisiones; sin 鈥渘煤cleo鈥, no hay verosimilitud (credibilidad) del discurso. Sin discurso鈥

    Nada es m谩s escalofriante que aquello que deja en el aire el metalenguaje sin pactar, contrato ficcional del mundo de la vida. 

        




Fuente: Lobosuelto.com