November 26, 2021
De parte de La Haine
150 puntos de vista


Fidel demostr贸 que era factible, partiendo de las condiciones concretas de un pa铆s neocolonial como Cuba, desplegar una insurrecci贸n popular victoriosa

Esta es una doctrina revolucionaria y dial茅ctica, no una doctrina filos贸fica; es una gu铆a para la acci贸n revolucionaria, y no un dogma. Pretender enmarcar en especies de catecismos el marxismo, es antimarxista.
La diversidad de situaciones inevitablemente trazar谩 infinidad de interpretaciones. Quienes hagan las interpretaciones correctas podr谩n llamarse revolucionarios; quienes hagan las interpretaciones verdaderas y las apliquen de manera consecuente, triunfar谩n; quienes se equivoquen o no sean consecuentes con el pensamiento revolucionario, fracasar谩n, ser谩n derrotados e incluso suplantados, porque el marxismo no es una propiedad privada que se inscriba en un registro; es una doctrina de los revolucionarios, escrita por un revolucionario, desarrollada por otros revolucionarios, para revolucionarios.
Fidel Castro, 3 de octubre de 1965.

Los caminos del marxismo revolucionario en la Cuba de la d茅cada de 1950 discurr铆an fuera de los cauces del Partido Comunista. La confluencia de una serie de factores contribuy贸 a que esa agrupaci贸n no fuera un instrumento eficaz de vanguardia para llevar adelante un proceso de transformaciones. Aunque generalmente se ha atribuido esta incapacidad al anticomunismo rampante propio de la 茅poca de la guerra fr铆a y el macartismo, sus causales deben buscarse sobre todo en el rechazo a la degeneraci贸n burocr谩tica que hab铆a sufrido la Uni贸n Sovi茅tica luego de la llegada al poder de Stalin, y a los errores cometidos en su trayectoria pol铆tica, que le hab铆an enajenado el apoyo de amplios sectores populares.

Para la joven generaci贸n de revolucionarios de los a帽os cincuenta el partido de los comunistas no solo era aquel que hab铆a pactado con Fulgencio Batista en 1940, sino tambi茅n el que hab铆a mantenido a lo largo de esa d茅cada una pol铆tica reformista, de adecuaci贸n a los l铆mites de la democracia liberal, y el que frente al golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 planteaba un frente unido de los partidos opositores para la participaci贸n electoral y la movilizaci贸n de masas, en direcci贸n contraria a una salida insurreccional. Si el Partido Socialista Popular (PSP) hab铆a pasado a la ilegalidad bajo el batistato se deb铆a en lo fundamental al clima reinante de guerra fr铆a, no porque su praxis y sus objetivos constituyeran una amenaza revolucionaria a la dominaci贸n de la burgues铆a. El partido que detentaba la representaci贸n oficial del marxismo en Cuba contaba con una militancia de esforzados luchadores, cuya disciplina y entrega en el combate por demandas concretas de los trabajadores eran proverbiales, pero no se propon铆a una alternativa de ruptura violenta con la dictadura, y condenaba sistem谩ticamente, al menos hasta 1958, cualquier tentativa de insurgencia armada. Al decir del Che: 芦son capaces de crear cuadros que se dejen despedazar en la oscuridad de un calabozo, sin decir una palabra, pero no de formar cuadros que tomen por asalto un nido de ametralladora禄.[1]

El partido que, en teor铆a, deb铆a organizar a la clase obrera para tomar el poder y encabezar una revoluci贸n socialista se encontraba inhabilitado para esa tarea. Esta situaci贸n explica que la vanguardia pol铆tica e intelectual de la nueva hornada de revolucionarios, movida por aspiraciones socialistas de transformaci贸n, al mismo tiempo rechazaba el marxismo de origen sovi茅tico y su representante nacional. Estos j贸venes, para llevar adelante sus ideales de redenci贸n y justicia social, buscaban sus principales referentes ideol贸gicos y pol铆ticos en la tradici贸n del socialismo cubano, que desde la d茅cada del veinte hab铆a existido en paralelo con la vinculada a las directrices comunistas salidas del Kremlin:

En el proceso hist贸rico del socialismo como pol铆tica revolucionaria en Cuba existieron dos l铆neas que est谩n claramente definidas: la de un socialismo cubano, que encuentra su expresi贸n mayor en las d茅cadas de los a帽os veinte y treinta del siglo XX en Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras, y la de un socialismo inscrito en el movimiento comunista internacional. Mella y Guiteras encontraron el camino del socialismo cubano: antiimperialismo intransigente, ideal comunista, insurrecci贸n armada, frente revolucionario y ganar en la lucha el derecho a conducir la creaci贸n del socialismo.[2]

Solo entendiendo las influencias y expresiones ideol贸gicas del socialismo cubano en esta generaci贸n se puede comprender la madurez de un documento como 驴Por qu茅 luchamos?, testamento pol铆tico de los hermanos Luis y Sergio Sa铆z Montes de Oca, dos adolescentes de un peque帽o pueblo de Pinar del R铆o, asesinados el 13 de agosto de 1957.

La pretensi贸n de emprender una revoluci贸n socialista en Cuba mientras se condena tanto al capitalismo draconiano y explotador como al 芦falso para铆so del trabajador禄 de la Rusia Sovi茅tica no es un planteamiento extra帽o ni un 芦destello luminoso禄, sino el reflejo de la organicidad de una corriente de pensamiento extendida entre los j贸venes insurreccionales de los cincuenta. Sus cr铆ticas al socialismo de corte estalinista son de izquierda, no provienen de un anticomunismo rampl贸n. Ellas le se帽alan, por el contrario, no ser suficientemente revolucionario ni socialista.

En la misma cuerda se ubican los manifiestos program谩ticos de fuerzas insurgentes tales como el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y el Directorio Revolucionario (DR), donde se encuentran referencias al socialismo como meta de sus luchas.[3]

El cuadro descrito m谩s arriba revela la complejidad del contexto en el cual se produjeron los acercamientos iniciales del joven Fidel Castro al marxismo. Su primera lectura de un texto marxista, cuando cursaba el segundo o tercer a帽o de sus estudios universitarios, a finales de los cuarenta, fue El Manifiesto Comunista, que le caus贸 una profunda impresi贸n:

Tendr铆a 20 a帽os cuando entr茅 en contacto con la literatura marxista; era una mentalidad virgen, no deformada y muy receptiva, una especie de esponja condicionada a lo largo de toda mi experiencia — desde que pas茅 hambre a los seis o siete a帽os, desde que era muy ni帽o — , de todas mis luchas (…) Le encontr茅 una gran l贸gica, una gran fuerza, un modo de expresar los problemas sociales y pol铆ticos de una forma muy sencilla, elocuente.[4]

Las obras marxistas que captaban su inter茅s con mayor fuerza eran aquellas dedicadas a los an谩lisis hist贸rico-pol铆ticos y a la lucha de clases, entre ellas El 18 Brumario de Luis Bonaparte, y Las guerras civiles en Francia. Profundiz贸 sobre todo en El Estado y la revoluci贸n, de Lenin, por sus consideraciones acerca del poder y su toma revolucionaria. Con esas lecturas Fidel no se asumi贸 expl铆citamente marxista, pero asimil贸 varias de sus lecciones y ense帽anzas, y las interpret贸 de manera creadora de acuerdo con las condiciones concretas de Cuba. Seg煤n sus propias palabras, del marxismo obtuvo el concepto de lo que es la sociedad humana y la historia de su desarrollo, y una br煤jula para orientarse con precisi贸n en los acontecimientos hist贸ricos.[5] Y aunque manten铆a excelentes relaciones personales con los militantes comunistas, compart铆a la visi贸n cr铆tica de su generaci贸n hacia el estalinismo y la pol铆tica exterior sovi茅tica, as铆 como hacia la praxis y trayectoria pol铆tica del PSP.

El esp铆ritu rebelde de Fidel, forjado desde su infancia y adolescencia, se encontr贸 en la Universidad de La Habana con las ideas m谩s avanzadas y radicales de su tiempo, y all铆 inici贸 un proceso de aprendizaje pol铆tico y de desarrollo de su conciencia revolucionaria. Por eso afirmaba en relaci贸n con la Colina universitaria: 芦aqu铆 me hice revolucionario, aqu铆 me hice martiano, aqu铆 me hice socialista禄.[6]

Con todo, el componente esencial en su formaci贸n pol铆tica e ideol贸gica no proven铆a de los cl谩sicos del marxismo sino de la historia nacional, de la tradici贸n de rebeld铆as del pueblo cubano, del legado de sus luchas por la liberaci贸n nacional y la justicia social. Fidel se nutri贸 del acumulado de una cultura pol铆tica radical preponderante en el pensamiento y la acci贸n de los revolucionarios cubanos, que tuvo en Mart铆 su principal maestro y exponente m谩s destacado, y que provey贸 al pa铆s de una revoluci贸n popular de independencia y de una larga sucesi贸n de combates e ideas por la justicia y la libertad. Fidel da continuidad a ese radicalismo, del que aprendi贸 que sus actos, sus ideas, sus propuestas y sus proyectos deb铆an ser 芦muy subversivos respecto al orden establecido y sus fundamentos, y muy superiores a lo que parec铆a posible al sentido com煤n y a las ideas compartidas en su tiempo, inclusive a las de otros revolucionarios禄.[7]

Fidel lleg贸 al marxismo por la senda que le hab铆a abierto Jos茅 Mart铆, y por eso asumi贸 en 茅l una condici贸n revolucionaria:

yo ven铆a siguiendo una tradici贸n hist贸rica cubana, una gran admiraci贸n por nuestros patriotas, por Mart铆, C茅spedes, G贸mez, Maceo. Antes de ser marxista fui martiano, sent铆 una enorme admiraci贸n por Mart铆; pas茅 por un proceso previo de educaci贸n martiana, que me inculqu茅 yo mismo leyendo sus textos. Ten铆a gran inter茅s por las obras de Mart铆, por la historia de Cuba, empec茅 por aquel camino.[8]

La 煤nica forma que ten铆a el marxismo de ser revolucionario en la Cuba de los cincuenta era emprender un camino propio, nuevo, que tomara en cuenta los datos concretos de la realidad nacional para irse por encima de ellos y plantear un proyecto eficaz de subversi贸n total de la sociedad.

Cuando ocurre el golpe militar de marzo de 1952 Fidel pertenece al ala izquierda del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), un movimiento de masas heterog茅neo y policlasista que pretend铆a llevar hasta sus 煤ltimas consecuencias, sin trasponer sus l铆mites, el reformismo democr谩tico burgu茅s de la segunda rep煤blica. Heredera de los ideales de la revoluci贸n del 30, traicionados y frustrados por los gobiernos aut茅nticos, la Ortodoxia hab铆a encarnado la esperanza de una vida mejor para las mayor铆as populares a trav茅s de la lucha contra la corrupci贸n y el adecentamiento de la vida p煤blica.

El golpe sepult贸 no solo esa esperanza, sino la legitimidad y el cr茅dito de todo el orden pol铆tico anterior, que garantizaba la reproducci贸n de la hegemon铆a burguesa. Frente a la nueva situaci贸n Fidel comprende, a diferencia de la dirigencia ortodoxa, pasiva y confundida por los acontecimientos, que 芦el momento es revolucionario y no pol铆tico禄. Entiende que necesariamente tendr谩 que ser muy creativo y rebelde para no seguir los caminos trillados de participaci贸n electoral, abstenci贸n anodina o compromisos sin principios con los corruptos de ayer, que conducen a callejones sin salida; y dar forma a nuevas v铆as y m茅todos para la liberaci贸n.

Por eso, a partir del an谩lisis de las circunstancias propias y de la interpretaci贸n de las aspiraciones y necesidades populares, con las herramientas de la formaci贸n pol铆tica que hab铆a acumulado y de las experiencias vividas, se dedic贸 a la articulaci贸n de un movimiento clandestino dispuesto a combatir para movilizar al pueblo y guiarlo a la conquista revolucionaria del poder.

De los sectores m谩s humildes de la sociedad y de la misma Juventud Ortodoxa que en 1948 hab铆a proclamado como su aspiraci贸n ideol贸gica fundamental 芦el establecimiento en Cuba de una democracia socialista禄 y definido que la lucha por la liberaci贸n nacional de Cuba era 芦la lucha contra el imperialismo estadounidense禄,[9] sali贸 el grueso de los asaltantes al cuartel Moncada. Las acciones del 26 de julio de 1953 sorprendieron a todos porque rompieron con todo lo que parec铆a posible. Los protagonistas no hab铆an sido ninguno de los actores principales del drama pol铆tico nacional. La oposici贸n a la dictadura hasta ese momento hab铆a transcurrido por los canales pac铆ficos de las declaraciones de denuncia y condena, de la resistencia pasiva y legal, y los insurreccionalistas aut茅nticos y ortodoxos, que contaban con abundantes medios b茅licos y con la experiencia de antiguos combatientes revolucionarios y de los grupos de acci贸n de los a帽os treinta y cuarenta, no pasaban de la promesa de operaciones armadas que nunca se concretaban.

De los muros del Moncada surgi贸, de manera inesperada y pr谩cticamente de la nada, sin fortunas ni grandes recursos, sin tribunas, espacios de poder ni militancia numerosa, contando solo con el esfuerzo de gente sencilla de pueblo y unas pocas armas de escaso calibre, una nueva vanguardia revolucionaria, inserta en un complejo entramado de relaciones donde pugnaban diversos factores pol铆ticos, cada uno con intereses y objetivos distintos. El 26 de julio de 1953 abri贸 el camino de la lucha armada contra la dictadura batistiana, pero esa fecha no signific贸 solo un asalto contra las oligarqu铆as, sino tambi茅n contra los dogmas revolucionarios, como dir铆a el Che. Entre ellos los que certificaban la imposibilidad de desarrollar en Cuba una insurrecci贸n victoriosa de car谩cter popular contra el ej茅rcito, menos a 90 millas del imperialismo norteamericano, y que el modo de derrocar a Batista era a trav茅s de transacciones pol铆ticas o de conjuras de peque帽os grupos de civiles armados con conspiraciones militares.

Cuando en el juicio a los sobrevivientes del asalto se present贸 como elemento acusatorio un libro de Lenin encontrado en el apartamento de Abel Santamar铆a en 25 y O, Fidel respondi贸 que s铆 le铆an a Lenin porque quien no lo hiciera era un ignorante, pero lo cierto es que no se limitaban a la lectura: los principales dirigentes del movimiento, Fidel, Abel y Jes煤s Montan茅, realizaban c铆rculos de estudios de obras marxistas durante los meses previos a la acci贸n. Si el marxismo estuvo presente en los an谩lisis sociales y de situaci贸n de los l铆deres, la inspiraci贸n fundamental com煤n a todos los asaltantes era la figura de Jos茅 Mart铆, su ideolog铆a radical y democr谩tica. As铆 lo declaraban en el Manifiesto a la Naci贸n que ser铆a le铆do por radio en caso de 茅xito: 芦La Revoluci贸n declara que reconoce y se orienta en los ideales de Mart铆, contenidos en sus discursos, en las Bases del Partido Revolucionario Cubano, y en el Manifiesto de Montecristi; y hace suyos los Programas Revolucionarios de la Joven Cuba, ABC Radical y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos)禄.[10] Resalta entre los programas asumidos como propios el de la Joven Cuba, que se propon铆a como objetivo 芦que el Estado cubano se estructure conforme a los postulados del Socialismo禄,[11] y planteaba una l铆nea insurreccional para lograrlo.

Uno de los aportes pr谩cticos m谩s significativos de la Revoluci贸n cubana a la teor铆a marxista es la importancia de la determinaci贸n personal para la creaci贸n de las llamadas condiciones subjetivas en una situaci贸n revolucionaria, y de la funci贸n pedag贸gica que para la movilizaci贸n del pueblo tienen los hechos consumados, las promesas cumplidas, los ejemplos heroicos individuales y colectivos. Para cualquier empe帽o insurreccional una derrota militar como la sufrida en los asaltos a los cuarteles de Santiago de Cuba y Bayamo pod铆a haber significado un golpe terminal e irreversible. Unos pocos meses antes, el 5 de abril de 1953, varios miembros del Movimiento Nacional Revolucionario fueron apresados cuando estaban a punto de emprender una operaci贸n de toma de la fortaleza de Columbia, en coordinaci贸n con militares complotados. El hecho represent贸 el fracaso del proyecto insurreccional de esa organizaci贸n y marc贸 el inicio de su declive. En cambio, Fidel y los sobrevivientes del asalto al Moncada mantuvieron la decisi贸n de continuar peleando bajo cualquier circunstancia y convirtieron el juicio que se les sigui贸 en la plataforma para hacer llegar su mensaje revolucionario al pueblo y obtener una extraordinaria victoria pol铆tica.

En especial el alegato de autodefensa de Fidel, conocido como La historia me absolver谩, distribuido clandestinamente de forma masiva en todo el pa铆s, fue el veh铆culo a trav茅s del cual no solo se denunciaron los cr铆menes de la tiran铆a contra los combatientes del 26 de julio de 1953, sino tambi茅n se dieron a conocer la ideolog铆a que los animaba y los objetivos que persegu铆an. Se convirti贸 en el primer programa de la Revoluci贸n, adem谩s de por las medidas de beneficio popular que relacionaba, porque explicaba que ellas solo podr铆an realizarse mediante la conquista del poder por m茅todos revolucionarios y con la participaci贸n protag贸nica de las mayor铆as en esa lucha.

El documento contiene un brillante an谩lisis marxista de la estructura de dominaci贸n de clases que exist铆a en Cuba, y define como pueblo, en funci贸n de la lucha, a la masa trabajadora y humilde del pa铆s, que sufr铆a bajo el yugo de la dictadura, pero que tambi茅n padec铆a un sistema social de opresi贸n y exclusi贸n. De ese modo, se dirig铆a a las fuerzas populares que deb铆an conformar el frente revolucionario, aquellas en las que se apoyar铆a y a cuyos intereses responder铆a un gobierno salido de la insurrecci贸n victoriosa, e identificaba en el campo enemigo, m谩s all谩 de Batista y sus aparatos represivos, a las 芦manos extranjeras禄, los 芦poderosos intereses禄, los 芦poseedores de capital禄.

En La historia me absolver谩 se expon铆a de forma n铆tida que el objetivo de la Revoluci贸n era cumplir la promesa de soberan铆a nacional y justicia social largamente postergada desde la manigua y la propuesta martiana, y otra vez preterida y traicionada en la Revoluci贸n del 30. Ello significaba que la lucha no se agotaba con el derrocamiento de una dictadura sino que implicaba el inicio de cambios econ贸micos, pol铆ticos y sociales de profundo calado que transformaran las estructuras de dominaci贸n e injusticia de la sociedad cubana. Para los j贸venes moncadistas el ideal revolucionario se sintetizaba en la siguiente tr铆ada ideol贸gica: libertad pol铆tica, independencia econ贸mica, justicia social; extendida en el imaginario pol铆tico cubano a partir de las jornadas de lucha contra Machado y la primera dictadura de Batista. Aunque en el texto no se mencionara la palabra socialismo, en las condiciones concretas de la Cuba de 1953, un pa铆s subdesarrollado y dependiente, sojuzgado por el imperialismo, las medidas que proyectaba solo podr铆an ser cumplidas y llevadas hasta sus 煤ltimas consecuencias con una revoluci贸n socialista. Las exigencias de libertad, independencia, igualdad y justicia social eran ya incompatibles con los l铆mites que impon铆a el capitalismo. As铆 lo explica el propio Fidel:

Para nosotros, ya aquella era una lucha por una revoluci贸n profunda, pero todav铆a en todo aquel per铆odo no estaba planteada una revoluci贸n socialista. Ya se hab铆a publicado mi discurso de autodefensa en el Moncada. Cualquiera que lea en serio dicho material, y lo lea bien, ve que hay un programa, que ah铆 est谩n todos los g茅rmenes de una revoluci贸n mucho m谩s progresista, de una revoluci贸n socialista: hablo de utilizar los recursos en el desarrollo del pa铆s, de la ley urbana, de la propiedad de la vivienda, la reforma agraria, de las cooperativas; ya digo el m谩ximo que se puede decir en tal per铆odo, el programa m谩s ambicioso que se pod铆a proclamar y que fue la base de todo lo que hizo la Revoluci贸n. Ya era el programa de un marxista-leninista, de alguien que comprend铆a bien la lucha de clases, que cuando habla de pueblo se refiere a los sectores humildes, los campesinos, los obreros, los desempleados; hay una concepci贸n clasista planteada en La historia me absolver谩, un programa que era el primer paso hacia el socialismo.[12]

Al salir de prisi贸n el 15 de mayo de 1955, gracias a la campa帽a popular por la amnist铆a, Fidel se concentr贸 en una batalla pol铆tica de denuncias contra la tiran铆a. Uno de los principales objetivos que se propon铆a era demostrar la inexistencia de garant铆as y de un clima favorable para desarrollar la lucha c铆vica. Desde el mismo momento de su excarcelaci贸n, incluso antes, hab铆a proclamado su adhesi贸n a una soluci贸n democr谩tica: 芦La 煤nica salida que le veo a la situaci贸n cubana es elecciones generales inmediatas禄.[13] Este cambio de actitud, motivado por razones t谩cticas,[14] gener贸 desconcierto en algunos sectores insurreccionales.[15] Sin embargo, en una de sus declaraciones p煤blicas, una frase resultaba reveladora sobre los verdaderos objetivos de su giro t谩ctico y el car谩cter radical que signaba toda su actuaci贸n: 芦si lo bueno posible no se alcanza, luchar por lo imposible es mejor禄.[16]

En realidad Fidel no hab铆a abandonado la tesis insurreccional, pero no contaba con recursos, y priorizaba las labores de organizaci贸n, proselitismo y propaganda por sobre los aprestos guerreros.[17] Para su proyecto de insurrecci贸n armada popular, que rebasaba los l铆mites de la 芦conspiraci贸n cuartelera禄 y el atentado, resultaba vital ganarse el respaldo de las masas,[18] y ese fue el centro de su actividad pol铆tica, entrevistas y art铆culos, en los d铆as posteriores a la amnist铆a.[19]

A煤n se ve铆a a s铆 mismo y a sus seguidores como parte de la Ortodoxia, y apreciaba en la defensa de la l铆nea chibasista de independencia la posibilidad de conquistar el apoyo de su militancia, mayoritariamente partidaria de esa postura.[20] Dentro del amplio y heterog茅neo movimiento ortodoxo representaba la alternativa m谩s consecuente y con mayores posibilidades de ganar adeptos: la que sin pactar con los aut茅nticos, no se quedaba en declaraciones pasivas y se dispon铆a seriamente a la lucha armada.

A la par de esta negativa a llegar a acuerdos o alianzas con otros partidos pol铆ticos, en especial con las tendencias aut茅nticas, pretend铆a aprovechar las oportunidades m铆nimas dadas por Batista en su intenci贸n de mostrar una cara civilista y de paz, para desarrollar una lucha pol铆tica abierta que le permitiera aunar en un bloque a las amplias bases ortodoxas, las de origen popular, y a los movimientos que llamaba 芦fuerzas morales禄 del pa铆s.[21]

Aunque la pr茅dica aglutinadora tuvo resultados parciales, la incorporaci贸n de j贸venes de diversas procedencias y de cuadros y militantes del MNR al grupo inicial de combatientes del Moncada, fue suficiente para que al integrarse oficialmente su primera Direcci贸n Nacional el 12 de junio de 1955, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio fuera un organismo con extensi贸n por toda la geograf铆a nacional y con las estructuras organizativas m铆nimas para emprender el reinicio del enfrentamiento armado contra la dictadura.[22] Llevada al l铆mite la 芦apertura democr谩tica禄 de Batista, quien realmente nunca estuvo dispuesto a dar espacio a la lucha c铆vica, Fidel parti贸 al exilio el 7 de julio de 1955 con un aumento de su autoridad revolucionaria en la opini贸n p煤blica, ya notable a su salida de la prisi贸n, y dejando en Cuba un aparato pol铆tico-insurreccional propio. Cuando qued贸 demostrado que el uso de la violencia ser铆a la 煤nica salida, decidi贸 fiarlo todo a los esfuerzos de su organizaci贸n y continuar un camino independiente, ahora de lucha armada.

Varios miembros de la Direcci贸n Nacional del Movimiento 26 de Julio compart铆an una visi贸n radical de los objetivos de la Revoluci贸n, como se puede apreciar en un editorial que publicaron en mayo de 1956: 芦Cuando se precise hasta las 煤ltimas consecuencias la idea democr谩tica y socialista de la revoluci贸n nacional toda la acci贸n est谩 dirigida hacia ese rumbo禄.[23] En ese sentido insist铆an en la necesidad de que la organizaci贸n contara con un programa m谩s amplio y extenso para presentar al pueblo. Incluso algunos de ellos iniciaron en 1956 en Cuba las labores de redacci贸n de una s铆ntesis program谩tica que tuviera en cuenta las experiencias y realidades de la lucha desde 1953.[24]

Sin embargo, Fidel se manifestaba contrario a la elaboraci贸n de un programa de ese tipo que limitara las posibilidades y el alcance de la lucha. La historia me absolver谩 ser铆a durante toda la insurrecci贸n la base program谩tica del Movimiento 26 de Julio, que en lo adelante se caracterizar铆a por la relativa indefinici贸n de su proyecto pol铆tico de transformaciones, esbozado en l铆neas gruesas en manifiestos y proclamas, pero no explicitado al detalle en documentos doctrinarios. Los suyos son principios generales que est谩n en la base del pensamiento revolucionario cubano desde los a帽os treinta, y que pudi茅ramos considerar universales dentro del magma ideol贸gico de la d茅cada del cincuenta, asumidos por casi todos los movimientos antibatistianos. Expresi贸n de aspiraciones populares, esos ideales de justicia, libertades democr谩ticas y soberan铆a nacional aparec铆an recogidos en varios programas del espectro pol铆tico cubano. Lo que distingu铆a al Movimiento 26 de Julio en el conjunto del campo opositor era la radicalidad de los objetivos que se propon铆a y de los medios que empleaba para alcanzarlos. Para sus militantes la Revoluci贸n, a trav茅s de la lucha armada y de la participaci贸n protag贸nica del pueblo, no pod铆a limitarse al cese de la dictadura y a un funcionamiento adecuado y equilibrado de la institucionalidad republicana, sino producir profundas transformaciones de las estructuras sociales, pol铆ticas y econ贸micas del pa铆s, que beneficiaran a sus capas m谩s humildes.

Las razones que convirtieron al Movimiento 26 de Julio en la organizaci贸n hegem贸nica de la oposici贸n a la dictadura de Batista y la colocaron en condiciones de dirigir la revoluci贸n fueron variadas:

Haber producido el primer hecho armado de la insurrecci贸n, y obtener de 茅l un saldo pol铆tico favorable a pesar de haber constituido una derrota militar. Una conducta de firmeza y coherencia en sus promesas, que se cumplen aun a riesgo de la vida, y en la cual los hechos acompa帽an a las palabras. Esa capacidad de aportar el hecho revolucionario movilizador, con oportunidad, le va a atraer la simpat铆a y la confianza del pueblo, sobre todo de sectores juveniles que hab铆an perdido la fe en los pol铆ticos tradicionales.

El discurso ideol贸gico del Movimiento 26 de Julio, muy abarcador y atractivo, sin definiciones sectarias, logr贸 expresar las aspiraciones de los sectores m谩s humildes e identificarse con ellos, y le permiti贸 contar con una gran resonancia pol铆tica y social.

El liderazgo carism谩tico, permanente y ascendente de Fidel, al interior y hacia fuera del M26, que se va profundizando y adquiriendo mayores significados durante todo el proceso, y que a partir de mayo de 1958 consigue centralizar en su persona la direcci贸n pol铆tica y militar de la Revoluci贸n.

La pr谩ctica de una pol铆tica de principios, que se maneja con flexibilidad. Actitud intransigente ante posibilidades de junta militar e intervenci贸n extranjera.

Empleo h谩bil de la propaganda, a la que se otorga la m谩xima importancia.

Capacidad de sumar actores, partiendo de un status inicial de c茅lula, de grupo cerrado, y de crecer r谩pidamente en espacio y n煤mero. Una pol铆tica efectiva de alianzas con otras organizaciones sin comprometer su programa revolucionario, buscando siempre la supremac铆a del Movimiento.

La creaci贸n de organismos de frente, como el Frente Estudiantil Nacional, el Frente Obrero Nacional y la Resistencia C铆vica, m谩s all谩 de su militancia directa, que le permiti贸 movilizar el apoyo de amplios y dis铆miles sectores sociales.

Saber reponerse y superar sus propios errores y fracasos. Se recuper贸 de ellos en muy poco tiempo. Convirti贸 derrotas en victorias, a una velocidad impactante.

En la d茅cada de los cincuenta la doctrina oficial 芦marxista-leninista禄 de la Uni贸n Sovi茅tica establec铆a que en los pa铆ses que hab铆an sido colonizados no se pod铆a siquiera plantear la posibilidad de la victoria de una insurrecci贸n conducente a una revoluci贸n socialista, porque deb铆an primero completar una etapa de desarrollo capitalista, donde a los trabajadores y comunistas les correspond铆a apoyar a sus burgues铆as nacionales para que cumplieran sus tareas democr谩ticas y progresistas. Tal postura te贸rica iba acompa帽ada de una pol铆tica de coexistencia pac铆fica entre el campo del 芦socialismo real禄 y el mundo capitalista, que abandonaba la perspectiva internacionalista de la lucha de clases y desalentaba el surgimiento de rebeliones contra la dominaci贸n del imperialismo y las burgues铆as aut贸ctonas en el llamado Tercer Mundo.

La Revoluci贸n cubana fue la herej铆a que, encabezada por Fidel, no solo subvirti贸 por completo el orden social imperante en Cuba, sino transgredi贸 los roles que ese esquema te贸rico asignaba a las realidades y a las rebeld铆as de los pueblos, y destroz贸 todos los c谩lculos y pron贸sticos de lo posible en el equilibrio geopol铆tico entre las grandes potencias. Demostr贸 que era factible, partiendo de las condiciones concretas de un pa铆s con una estructura de dominaci贸n neocolonial como Cuba, y apelando a la fuerza, organizaci贸n y movilizaci贸n de los m谩s humildes, desplegar una insurrecci贸n popular victoriosa que se planteara objetivos trascendentes de liberaci贸n nacional y justicia social.

El l铆der rebelde que en junio de 1958, en plena Sierra Maestra, resistiendo una ofensiva militar de la dictadura, advirti贸 que su destino verdadero ser铆a luchar contra el imperialismo norteamericano, ense帽贸 y aprendi贸, junto con su pueblo, que solo con el socialismo pod铆amos librarnos del dominio extranjero y construir una sociedad de igualdad y libertad plenas. Y nos dej贸, como lecci贸n eterna de incalculable valor que para una revoluci贸n lo m谩s sensato y recomendable, es decir, lo mejor, ser谩 siempre luchar por lo imposible.

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Notas

[1] Ernesto Guevara de la Serna: Pasajes de la guerra revolucionaria. Cuba 1956-1959, 3ra. ed., 4ta. reimpr., Editora Pol铆tica, Ciudad de La Habana, 2003, p. 200.

[2] Fernando Mart铆nez Heredia: 芦Guiteras y el socialismo cubano禄, en Fernando Mart铆nez Heredia: La Revoluci贸n Cubana del 30. Ensayos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p. 118.

[3] 芦El movimiento insurreccional de los a帽os cincuenta albergaba muy fuertes visiones de socialismo cubano y de sus nexos 铆ntimos con la liberaci贸n nacional. Es muy comprensible que as铆 fuera, dada la densidad que tuvo la historia de protestas, rebeld铆as y acciones colectivas revolucionarias en Cuba entre 1868 y 1959, si vemos el per铆odo en perspectiva hist贸rica, y dadas su gran coherencia y su enorme vocaci贸n de sentirse continuadores, herederos y llamados a consumar los esfuerzos y los proyectos anteriores (…) Los textos de la insurrecci贸n -documentos de organizaciones, art铆culos publicados, cartas y mensajes pol铆ticos y personales, anotaciones de pensamiento o proyectos, comunicaciones orales- abundan en el uso de conceptos de liberaci贸n, antiimperialismo, socialismo, nacionalismo revolucionario, latinoamericanismo, democracia禄. Fernando Mart铆nez Heredia: 芦Visi贸n cubana del socialismo y la liberaci贸n禄, en Fernando Mart铆nez Heredia: Pensar en tiempo de revoluci贸n. Antolog铆a esencial, CLACSO, Buenos Aires, 2018, p. 869.

[4] Katiuska Blanco Casti帽eira: Fidel Castro Ruz: Guerrillero del Tiempo. Conversaciones con el l铆der hist贸rico de la Revoluci贸n Cubana, 1era. parte, tomo 1, Ediciones Abril, Ciudad de La Habana, 2011, pp. 251, 253.

[5] Ignacio Ramonet: Cien horas con Fidel, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, Ciudad de La Habana, 2006. pp. 124-126.

[6] Discurso de Fidel Castro en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, 4 de septiembre de 1995. Disponible en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1995/esp/f040995e.html

[7] Fernando Mart铆nez Heredia: 芦Revoluci贸n Cubana, Fidel y el pensamiento latinoamericano de izquierda禄, en Fernando Mart铆nez Heredia: Pensar en tiempo de revoluci贸n. Antolog铆a esencial, p. 1180.

[8] Katiuska Blanco Casti帽eira: Ob. cit., 1era. parte, tomo 1, p. 254.

[9] Comisi贸n Nacional Organizadora de la Secci贸n Juvenil del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos): 芦El pensamiento ideol贸gico y pol铆tico de la juventud cubana禄, en Colectivo de autores: Eduardo Chib谩s: imaginarios, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010, pp. 89-90.

[10] Manifiesto a la Naci贸n. Disponible en http://www.fidelcastro.cu/es/documentos/manifiesto-del-moncada

[11] Fernando Mart铆nez Heredia: 芦Guiteras y la revoluci贸n禄, en Fernando Mart铆nez Heredia: Pensar en tiempo de revoluci贸n. Antolog铆a esencial, p. 953.

[12] Katiuska Blanco Casti帽eira: Ob. cit., 1era. parte, tomo 1, p. 95.

[13] Carlos Franqui: 芦Amnist铆a Pol铆tica. Los Presos en libertad. En Bataban贸. Una entrevista con Fidel Castro禄, en Carteles, La Habana, a帽o 36, no. 21, 22 de mayo de 1955, p. 38. 芦Cuando todav铆a est谩bamos presos dije en mi carta a Luis Conte, publicada en Bohemia, que si un cambio de circunstancias y un r茅gimen de positivas garant铆as exigiesen un cambio de t谩ctica en la lucha, lo har铆amos en acatamiento a los supremos intereses de la naci贸n (…) Ya en libertad, ratificamos esas palabras sin reticencias de ninguna clase porque no somos perturbadores de oficio y sabemos hacer en cada momento lo que conviene al pa铆s禄. 芦Manifiesto al Pueblo de Cuba de Fidel Castro y Combatientes禄, en La Calle, La Habana, A帽o I, N潞 39, 16 de mayo de 1955, p. 1.

[14] 芦…nosotros fuimos puestos en libertad por una gran demanda de la poblaci贸n y dentro de un clima de b煤squeda de la paz, por lo que no pod铆amos aparecer desde el primer instante levantando el estandarte de la lucha armada, quer铆amos dejar bien claro que si no hab铆a una soluci贸n pol铆tica, no era por culpa nuestra sino de Batista禄. Katiuska Blanco Casti帽eira: Ob. cit., 1era. parte, tomo 2, p. 328.

[15] 芦Frank considera prematuro ese paso [la uni贸n con Fidel y los moncadistas]. Flota en el ambiente el que los moncadistas se incorporar谩n a la lucha c铆vica en los t茅rminos de una oposici贸n p煤blica y pac铆fica y la posici贸n de los integrantes de ARN [Acci贸n Revolucionaria Nacional] es la insurrecci贸n armada禄. Renaldo Infante Urivazo: Frank Pa铆s, leyenda sin mitos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2011, p.135. 芦…a la salida de la c谩rcel, Fidel hizo unas declaraciones en las que dec铆a que estaba dispuesto a participar en la lucha c铆vica, y dio a entender que se iba a enrolar en la vida pol铆tica, apart谩ndose del camino insurreccional. Esto, al parecer, no fue muy bien entendido por Frank y Pepito, quienes se mostraron cautelosos禄. Reinaldo Su谩rez Su谩rez y Oscar Puig Corral: La complejidad de la rebeld铆a, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2010, p. 58.

[16] Conferencia de prensa de Fidel Castro a la salida de prisi贸n, 15 de mayo de 1955, en Mario Menc铆a: Las rejas se abrieron, obra in茅dita.

[17] 芦La tarea nuestra ahora de inmediato es movilizar a nuestro favor la opini贸n p煤blica; divulgar nuestras ideas y ganarnos el respaldo de las masas del pueblo. (…) Antes 茅ramos pioneros an贸nimos de esas ideas, ahora estamos obligados a pelear por ellas a cara descubierta, la t谩ctica debe ser completamente nueva禄. Carta de Fidel Castro a Hayd茅e Santamar铆a y Melba Hern谩ndez, Isla de Pinos, 19 de junio de 1954. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Hist贸ricos del Consejo de Estado. 芦Nuestra l铆nea es la de la movilizaci贸n de las masas; no la conspiraci贸n cuartelera ni el atentado禄. Declaraciones de Fidel Castro al salir de prisi贸n el 15 de mayo de 1955, en Luis Conte Ag眉ero: Fidel Castro, vida y obra, Editorial Lex, La Habana, 1959, p. 235.

[18] 芦Considero que en estos momentos la propaganda es vital; sin propaganda no hay movimiento de masas, y sin movimiento de masas no hay revoluci贸n posible禄. Carta de Fidel Castro a Hayd茅e Santamar铆a y Melba Hern谩ndez, Isla de Pinos, 18 de junio de 1954. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Hist贸ricos del Consejo de Estado. 芦…nuestras posibilidades de triunfo se basan en la seguridad de que el pueblo respaldar铆a los esfuerzos de hombres limpios que pondr铆an por delante desde el primer momento sus leyes revolucionarias (…) Nuestras esperanzas se fundan en el pueblo. 隆Lancemos cuanto antes a la calle nuestro programa que es el 煤nico verdaderamente revolucionario, y nuestras ideas para organizar despu茅s el gran movimiento revolucionario que debe coronar los ideales de los que cayeron!禄. Carta de Fidel Castro a Hayd茅e Santamar铆a y Melba Hern谩ndez, Isla de Pinos, 19 de junio de 1954. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Hist贸ricos del Consejo de Estado. 芦…nunca ser谩 demasiado repetir que es la propaganda la que vincula a los pueblos a una bandera禄. Carta de Fidel Castro a Melba Hern谩ndez, Isla de Pinos, 5 de septiembre de 1954. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Hist贸ricos del Consejo de Estado.

[19] Un amplio reportaje de lo ocurrido en estos 53 d铆as puede consultarse en Mario Menc铆a: 芦Soluci贸n: la del 68 y el 95禄. En Bohemia, La Habana, A帽o 77, n煤meros 20 al 33, mayo 17, 24, 31; junio 7, 14, 21, 28; julio 5, 12, 19, 26; y agosto 2, 9, 16 de 1985.

[20] 芦Si esta l铆nea no ha sido la correcta 驴por qu茅 crecen d铆a a d铆a las simpat铆as del pueblo hacia nosotros mientras sectores antes poderosos se van aniquilando? Gracias a nuestra postura podemos contar con el respaldo pleno de la masa ortodoxa que est谩 por encima de todas las tendencias y representa cientos de miles de ciudadanos. Esa masa es partidaria de la l铆nea de independencia, que siempre fue nuestra l铆nea revolucionaria. Declararlo paladinamente ha sido un enorme acierto. (…) Defenderla no quiere decir en absoluto que ingresemos en ninguna tendencia pol铆tica, sino afirmar ante el pueblo nuestra posici贸n hist贸rica禄. Carta de Fidel Castro a Hayd茅e Santamar铆a y Melba Hern谩ndez, Isla de Pinos, 19 de junio de 1954. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Hist贸ricos del Consejo de Estado.

[21] 芦Luchar茅 por la unidad de las fuerzas morales. (…) Todos los que pensamos de una misma manera, todos los que tenemos un mismo pensamiento social y una misma ideolog铆a progresista debemos unirnos. (…) Esta es la hora de unirnos porque se observa una fe nueva que surge y un despertar en la conciencia nacional que estimula a mejores determinaciones禄. Declaraciones de Fidel Castro al salir de prisi贸n el 15 de mayo de 1955, en Luis Conte Ag眉ero: Ob. cit., p. 235.

[22] Armando Hart: 芦Fundaci贸n del Movimiento 26 de Julio禄, en Enrique Oltuski Ozacki et. al. (coords): Memorias de la Revoluci贸n, Ediciones Imagen Contempor谩nea, Ciudad de La Habana, 2007, pp. 78-91.

[23] 芦Revoluci贸n: 煤nica salida禄, en Aldabonazo, 脫rgano del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, no. 1, 15 de mayo de 1956, p. 1.

[24] Enrique Oltuski Ozacki: Gente del Llano, Ediciones Imagen Contempor谩nea, Ciudad de La Habana, 2001, p. 95.

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Fuente: Lahaine.org