August 6, 2022
De parte de El Topo
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Flygskam es una palabra sueca que designa la verg眉enza que se siente al montar en avi贸n. En ingl茅s, podr铆a formarse uniendo los sustantivos flight y shame. Este neologismo, popularizado a partir de 2018, es la bandera de todo un movimiento social en el norte de Europa que se opone a las emisiones de CO2 causadas por la aviaci贸n. Los efectos de esta marea semi-individual, semi-organizada son muy reales y se han registrado bajadas cercanas al 10% en los vuelos interiores en los pa铆ses escandinavos, donde el tren est谩, en cambio, en pleno auge.

Todxs recordaremos, sin duda, a Greta Thunberg surcando el Atl谩ntico en velero para acudir a la Cumbre del Clima de Madrid de 2019鈥 pero los suecos conoc铆an ya de antes a Maja Rosen, una activista ambiental que en 2008 decidi贸 dejar de volar. Desde aquel momento, empez贸 a concienciar a su entorno sobre el car谩cter insostenible del vacacionismo n贸rdico, adepto de destinos como Espa帽a, Italia o Tailandia. Convencida que lo personal es pol铆tico, Rosen viene argumentando en sus charlas y entrevistas que el deseo es gregario: si todas vemos a nuestros amigos viajar en avi贸n, naturalizamos este h谩bito. Por el contrario, basta con que una amiga nos diga, cual vegana entre carn铆voros, que ella no viaja, para incomodar y alterar nuestros automatismos.

En mi caso no fue un amigo quien provoc贸 el cambio de costumbres, sino la pandemia. El confinamiento y sus prohibiciones me ayudaron a darme cuenta del desprop贸sito que era volar cada tres meses. Ya fuera por trabajo o por vacaciones, alg煤n viaje acababa apareciendo en el horizonte鈥 hasta que, de repente, se detuvo todo y me invadieron unas n谩useas al pensar en esa bulimia aeroportuaria. Fue justo en ese momento cuando mi compa帽ero en el colectivo dos spotters, Ricardo Campo, me habl贸 del flygskam. Y, aprovechando una convocatoria llamada 芦Desv铆o禄 impulsada por el espacio de residencias art铆sticas Planta Alta, decidimos transformar este sentimiento de verg眉enza sobrevenido en un proyecto de investigaci贸n y acci贸n y en un cambio de h谩bitos duradero. Parte del trabajo pudo verse en la muestra Spotting the tourist que llevamos a cabo en el marco del Festival FACBA 22 y para la cual contamos con el apoyo gr谩fico de Ricardo Barqu铆n Molero.

Los primeros hallazgos fueron estad铆sticas que echaron nuestros privilegios por tierra. Frente al discurso de que 芦el low cost ha democratizado la aviaci贸n禄, averiguamos que cerca del 85% de la poblaci贸n mundial jam谩s ha cogido un avi贸n; que, en un a帽o est谩ndar, solo vuela el 3% de la poblaci贸n mundial; e incluso que el 50% de los gases de efecto invernadero emitidos por la aviaci贸n son imputables a 煤nicamente el uno 1% de terr铆colas. De la jet set de los a帽os 60 habremos perdido lo chic, pero a la vista est谩 que seguimos bien inmersos en ella.

Lo que ha cambiado, ciertamente, respecto a esos glamurosos a帽os, es la situaci贸n clim谩tica. Y es que la aviaci贸n contribuye en torno al 2-3% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. A esto hay que a帽adirle el efecto calor铆fero extra inducido por las estelas de condensaci贸n que los aviones dejan a su paso. Esta cifra puede parecer peque帽a, pero es colosal. De hecho, cuando, en lugar de presentarla agregada, se individualiza esta cifra, los cient铆ficos llegan a una conclusi贸n muy contundente: de entre las actividades que hacemos los humanos del capitaloceno, no hay nada m谩s contaminante en t茅rminos de carbono que volar en avi贸n. Un vuelo interoce谩nico equivale a todo el CO2 de que dispondr铆amos si se repartiera de forma proporcional por persona y a帽o. No nos quedar铆a pues capacidad para desplazamientos cotidianos, para alimentarnos, calentarnos ni para juntarnos a bailar en una sala de conciertos.

Sobre todo, argumentan los ecologistas, es profundamente injusto que una actividad de 茅lite tenga un impacto planetario tan tremendo. Cuando empezamos a preguntarnos 驴tiene la poblaci贸n mundial que soportar la huella de carbono de los viajeros privilegiados?, el asunto se pone interesante.
Es en ese momento cuando vemos de forma concreta que la (hiper)movilidad es un privilegio de clase, econ贸mico, de pasaporte, de g茅nero, etc., y empezamos a poder preguntarnos: 驴puede existir una justicia espacial? 驴Una justicia del movimiento? 驴Qui茅nes se hacen cargo de los impactos ecol贸gicos, sociales, pol铆ticos de la acelerada movilidad de unos pocos? Sobre todo, se abre un camino para reevaluar el sentido del viaje. No es lo mismo un ejecutivo brit谩nico, que trabaja en la City y se va en avi贸n cada fin de semana a teletrabajar a M谩laga, que una estudiante espa帽ola de clase media de Erasmus en Par铆s o que una trabajadora dom茅stica migrante afincada en Madrid que vuelve a su pa铆s cada 5 a帽os. Los impactos clim谩ticos de un vuelo podr谩n ser parecidos, pero el CO2 acumulado por persona a lo largo de la vida, y la raz贸n de ser de esta quema de combustible, ciertamente no lo es.

Por ello, activistas de la red Stay Grounded 鈥攈oy por hoy la m谩s avanzada en el campo de la aviaci贸n鈥 proponen una tarificaci贸n adaptada: que cuanto m谩s volemos, en distancia, y sobre todo, en frecuencia, m谩s caro resulte el billete. Esta fiscalidad verde buscar铆a desincentivar y corregir h谩bitos de hiperconsumo tur铆stico, adem谩s de recaudar fondos para financiar la transici贸n ecol贸gica de nuestras econom铆as. Entre las medidas que defiende esta red tambi茅n se encuentran, como era de esperar, la fiscalidad del queroseno, que, por razones hist贸ricas, es poco gravosa. Tambi茅n, imponer una moratoria sobre la ampliaci贸n de infraestructuras aeroportuarias y evitar que la flota de aeronaves se multiplique por dos de aqu铆 a 2050, que es el escenario deseado y previsto por las aerol铆neas. Por 煤ltimo, Stay Grounded no menosprecia la importancia de un cambio de mentalidad respecto a la aviaci贸n, acompa帽ado de la promoci贸n de otras formas de viaje, ocio y turismo. Mientras Rosal铆a y Tangana cruzan mensajes encriptados 芦con altura禄, nosotras tenemos que aprender a amar la bicicleta.

Y es que esta red no atiende solo a los efectos del CO2 sobre el clima, sino a las formas culturales del consumo de viajes o del trabajo internacional. Su lema nos quiere con los pies en la tierra, como los topos, y no desperdigados por un paisaje tur铆stico que desfila a toda velocidad, cual decorado despojado de buen vivir a golpe de Airbnb, Starbucks y Ryanair. Puede que en castellano no tengamos todav铆a palabra, pero la sintomatolog铆a flygskam s铆 que parece haber llegado para quedarse.




Fuente: Eltopo.org