December 8, 2021
De parte de Lobo Suelto
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La idea es una especie de biombo detr谩s del que ocurre algo m谩s importante. Eso dec铆a Gombrowicz: que en el coraz贸n de un argumento se esconde la seducci贸n de sus palabras. Y que ah铆 radica la verdad. Quien alguna vez haya dedicado parte de su tiempo a manosear impunemente el teclado, sabe que los razonamientos son coartadas que armamos para justificar pasiones ciegas, preexistentes, que buscan conquistar con las palabras un lugar s贸lido entre nosotros. Escribir es la exigencia que el afecto le hace a la raz贸n. Es animar en el lenguaje aquello que sentimos pero todav铆a no sabemos.

Si escribir es fabricar un biombo a la Gombrowicz, la lectura ser谩 entonces un acercamiento al coraz贸n de las palabras. Una escucha atenta a los murmullos que acechan detr谩s de lo escrito. Leer es eso: cachetear frases para ventilarlas y aspirar el aire fresco que las palabras exhalan. Pero hoy pocos leen de esa manera. Proliferan los enamorados del biombo, los aduladores del signo, los campeones del significado y el significante. Esto se aprende en los recitales literarios, donde se adormece a cualquiera que no se haya acostumbrado a vivir en el aburrimiento. Otro ejemplo es el mundo acad茅mico. Por eso las jornadas y congresos se parecen tanto a los ciclos de lectura: son mundos especializados y aburridos en el que sus miembros, como por obra de un pacto, se felicitan entre s铆.

Cuesta imaginar a Fogwill en esos ambientes. Eran ruido en la cabeza, dec铆a, que no lo dejaba pensar. Por eso en 1968, a sus veintisiete a帽os, abandon贸 para siempre la carrera de soci贸logo. Para 茅l, escribir era un fin en s铆 mismo, alejado del amor por los congresos, las becas, los papers y las c谩tedras. Una forma de hablar para no ser hablado por los consensos de la cultura. Hay, por ello, un aprendizaje posible en su narrativa.

Antes de mi labor de publicista yo tuve una labor de semiotista. Espont谩nea, desde chiquito. Cuando pibe, como todos los p煤beres de mi grupo, era un sabio de marcas de autos y de motos. Mi paradigma era: las figuritas, colores de camisetas y jugadores de f煤tbol, autos y motos. Sobre ese paradigma se pudo haber montado mi conocimiento sobre marcas de ropa, armas o perfumes. Yo siempre tuve mucha sensibilidad a los efectos connotativos de los sistemas de marcas, pero mucho antes de la publicidad. Yo llegu茅 a la publicidad muy tarde, casi diez a帽os despu茅s de haber trabajado en marketing, en desarrollo de marcas. De cualquier manera, esa sensibilidad es muy anterior.

Fogwill, nos dice y lo sabemos, fue un h谩bil semiotista. Se supo enlace entre sus vivencias del mundo y las de los otros. Su escritura es el resultado de una exploraci贸n de los afectos sociales y de una envidiable capacidad para exprimir en sus relatos esas fuerzas silenciosas con las que vivimos. Leerlo es volver a evocar aquello que, sin darnos cuenta, hab铆a ya pasado por nosotros. Es reanimar lo que la repetici贸n del d铆a a d铆a fue endureciendo. Fuera de la academia, fuera de la ley, fuera de los consensos y ascensos, Fogwill vive en sus historias un adentro viscoso y denso, pegajoso.

La narrativa de Fogwill es una operaci贸n que funciona en un doble saber: conoce las fuerzas sociales, y entiende c贸mo volver a abrir en un relato esa mara帽a de pasiones, calenturas y fobias que transitamos a diario. Su prosa tiene la sencillez de la buena poes铆a: belleza inusual con palabras cotidianas. Recrea una intimidad profunda, cuenta calenturas incomprensibles por su verosimilitud, erecciones veros铆miles por su incomprensi贸n. Felicidades ef铆meras en la larga risa de todos estos a帽os.

Su escritura es el resultado de una larga y detenida reflexi贸n sobre la eficacia de las palabras en los cuerpos. 驴C贸mo sumergir al lector en el mundo abierto por el relato al punto de que este viva como propio lo que un personaje experimenta? 驴C贸mo producir afectos en el cuerpo del que lee? Ansiedad, celos, verg眉enza, miedo: todo eso puede vivirse a trav茅s de unas p谩ginas. Por eso Fogwill se define como semiotista. De all铆 su eficacia para la publicidad, el marketing y la literatura. El caso m谩s extremo de este aprendizaje fue el del chiste, mensaje al que le dedic贸 largos a帽os de estudio y en el que terminar铆a convirti茅ndose en un experto. La lectura de sus cuentos y novelas suele ir acompa帽ada de fuertes carcajadas.

Fogwill entiende como nadie la capacidad que la narrativa tiene de producir afectos en el cuerpo. Por eso muchas veces la presenta como una manipulaci贸n que las palabras realizan sobre las emociones. Esa es la fascinaci贸n que despierta una historia bien contada: sugestiona, persuade, enloquece. Crea mundo y sentido al introducir al lector en el ambiente de la narraci贸n. Buen escritor es el que inventa afectos vivos, reales. Y esto no vale solo para la literatura.

 

Un publicitario, Ogilvy, mucho m谩s sagaz que la mayor铆a de los soci贸logos, recomendaba a los anunciantes: cuando no tenga nada que decir, c谩ntelo. Porque el canto recrea la ceremonia colectiva, y en ella, se imponen fuerzas mayores 鈥搚 quiz谩s mejores鈥 que las de la raz贸n, la pertinencia l贸gica, la etiqueta y el gusto, y todo eso que sostiene el armaz贸n de sentido tal como es sentido por esta estirpe reciente y monstruosa a la que pertenecemos.

 

Jos茅 Traine 鈥揷itando alguien que ahora no recuerdo, creo que a Alberto Cedr贸n鈥 me explic贸 una vez la superioridad de la m煤sica por sobre el resto de las artes: 鈥淰os ten茅s una vaca. Le pon茅s un Rembrandt enfrente鈥 y no pasa nada. Ahora, si vos a esa misma vaca la pon茅s un buen rato a escuchar una sonata de Schubert te va a empezar a dar m谩s leche鈥. Eso tiene su explicaci贸n: la m煤sica moviliza una fibra sensible anterior a toda imagen y palabra. Expresa sin biombo ni relato aquella verdad de la que habla Gombrowicz. De ah铆 su fuerza.

鈥淵o s茅 cantar, pero no s茅 contar鈥, repet铆a Sa煤l, el jud铆o porte帽o de Vivir afuera. Fogwill conoc铆a el arte de ambas. O mejor dicho: supo hacer de cantar y contar una misma cosa. Hablando o escribiendo, Fogwill indagaba esa continuidad entre m煤sica y cuerpo como experiencia fundante de la palabra. Viv铆a en la m煤sica y escrib铆a bajo su efecto. Era com煤n escucharlo cantar o recitar solo por la calle. Su prosa es un entrecruzamiento de melod铆as que armonizan y se chocan. Sonidos que hacen vibrar en el lector esos ritmos contradictorios de sus personajes.

Sin entender una palabra, Mariana y la Intensiva disfrutan de Papirosen. Solo escuchan sentimientos, piensa Wolff, y los traducen: a veces bien, a veces mal. Pero ellas est谩n ah铆, absorbidas por la m煤sica. La prosa de Fogwill provoca un encantamiento similar. Es una escucha profunda, una especie de tanteo en el que los afectos se cristalizan en palabras. La resonancia del mundo aparece contada por un ritmo, cantada por un texto. Mariana, la Intensiva y Fogwill escuchan y viven, viven y escuchan, y en ese intercambio vuelven sonido el aire que respiran.

Escribir es eso: escucharse y empezar a anotar. Se cuenta una historia. Para vivir sin ser vivido, para pensar sin ser pensado. Dec铆a Fogwill que sus relatos fueron siempre el efecto de una atenta escucha al dictado de una voz. Pienso que esa voz, siguiendo el consejo de Ogilvy, le dictaba en forma de canto.

* Este texto forma parte del libro Engendros, publicado en 2018 por Hecho At贸mico Ediciones.




Fuente: Lobosuelto.com