May 25, 2021
De parte de Nodo50
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La crisis del 29 arruin贸 a cientos de miles de campesinos en Estados Unidos. Los bancos se quedaban con sus tierras. Los desahuciados, cuenta John Steinbeck en Las uvas de la ira, increpaban y tiraban piedras al tractor que aplastaba sus casas. 鈥淣o somos nosotros, es el monstruo鈥, les dec铆a el vecino que conduc铆a el tractor. 鈥淓l banco es algo m谩s que hombres, cr茅eme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar鈥. 

Ya entonces era dif铆cil saber d贸nde encontrar y, m谩s a煤n, c贸mo luchar contra ese monstruo que 鈥渞espira beneficios y se alimenta de los intereses del dinero鈥. 80 a帽os despu茅s de la publicaci贸n de este libro, resulta a煤n m谩s complicado saber a qui茅n culpar, hacia d贸nde tirar la piedra. A golpe de crisis econ贸mica, el monstruo ha cambiado de cara y de forma. Y ha conseguido multiplicar su poder, aunque no ha variado su esencia, al menos seg煤n la definici贸n de Steinbeck: el alimento del monstruo son los beneficios y 鈥渟i no se le alimenta, muere鈥.

El control del sistema financiero y, desde hace unos a帽os, de buena parte de la econom铆a real ya no lo tienen los bancos, sino una compleja red interconectada de distintos fondos de inversi贸n y gestoras de activos. Son los nuevos due帽os del planeta. 

El investigador de la Universidad de las Islas Baleares Iv谩n Murray define lo que ha pasado en la 煤ltima d茅cada como una 鈥渁ut茅ntica revoluci贸n鈥 en las din谩micas del capitalismo global. 鈥淵a nada es lo que era鈥, dice a El Salto.

No solo ha cambiado el accionariado de las empresas y de los bancos. La era de los fondos de inversi贸n ha trastocado la forma de hacer negocios, ha cambiado las relaciones laborales, la independencia de los Estados y hasta el concepto mismo de democracia. Tambi茅n ha cambiado la forma de luchar contra este renovado poder corporativo. El primer paso para enfrentarse a 茅l es conocerlo.

Conozca a los amos

BlackRock, Vanguard, State Street, Fidelity, Blackstone, Capital Group o Cerberus son algunos de los nombres de estos fondos de inversi贸n. Captan capitales de las pensiones privadas, de inversores particulares, de otros fondos o bancos de inversi贸n, de fondos dependientes de los Estados, incluso de dinero negro del narcotr谩fico, el comercio de armas y otras actividades ilegales, e invierten en todo el mundo sin apenas l铆mites ni controles. Hay muchos tipos y a los m谩s voraces se los conoce popularmente como fondos buitre. Pero todos se rigen por una misma regla, simple y antigua: comprar barato y vender caro. Para recuperar la inversi贸n y asegurar las tasas de beneficio prometidas a sus inversores har谩n lo que sea.

No dependen de los bancos centrales ni de los Estados, ni se someten a ninguna legislaci贸n internacional bancaria. Suelen operar desde para铆sos fiscales para evadir el pago de impuestos, garantizar el anonimato de sus inversores y eludir cualquier tipo de supervisi贸n p煤blica

No dependen de los bancos centrales ni de los Estados, ni se someten a ninguna legislaci贸n internacional bancaria. Suelen operar desde para铆sos fiscales para evadir el pago de impuestos, garantizar el anonimato de sus inversores y eludir cualquier tipo de supervisi贸n p煤blica. Son la banca en la sombra.

Tras la crisis de 2008, el crecimiento de estos fondos ha sido espectacular. BlackRock es hoy el fondo de inversi贸n m谩s grande del mundo y tiene nueve billones de d贸lares en activos, equivalente a siete veces el PIB espa帽ol, el 10% del PIB mundial, el doble que el banco m谩s grande del mundo. Si BlackRock fuese un pa铆s, ser铆a la tercera potencia mundial, despu茅s de Estados Unidos y China.

Y eso solo contando con sus propios activos. BlackRock dispone de un software propio de an谩lisis de riesgos llamado Aladdin basado en el big data y la inteligencia artificial. La empresa fundada en 1988 por Larry Fink no se ha quedado para s铆 misma el invento, y lo ha compartido con las entidades financieras dispuestas a pagar por 茅l. Los activos de empresas gestionadas a trav茅s de Aladdin superan los 21,6 billones de d贸lares, el equivalente al PIB de toda la Uni贸n Europea o de Estados Unidos. Las empresas y pa铆ses 鈥擩ap贸n entre ellos鈥 que utilizan Aladdin preguntan al genio de la l谩mpara d贸nde invertir y BlackRock responde. 

Fondos buitre


Deuda y fondos de inversi贸n: el mundo no es suficiente

El negocio especulativo de la deuda, tradicionalmente en manos de los grandes bancos, tambi茅n ha sido copado por los fondos de inversi贸n, entre ellos, los llamados fondos buitre, especializados en litigios en tribunales internacionales que siempre les dan la raz贸n.

La ca铆da de Lehman Brothers en 2008 arrastr贸 a bolsas y bancos de medio mundo. Sus activos no representaban ni una d茅cima parte de los de BlackRock. La frase 鈥渄emasiado grande para caer鈥 se invent贸 cuando nada parecido a esto pod铆a siquiera imaginarse.

BlackRock comparte el altar de los megafondos con Vanguard Group, que tiene activos por el valor del PIB espa帽ol, y con State Street. Se las conoce como 鈥渓as tres grandes鈥. Poseen cerca del 20% de las mayores empresas del Dow Jones y un porcentaje parecido en buena parte de las grandes bolsas del mundo. Su cercan铆a con el poder pol铆tico les ha permitido saltarse todas las leyes antimonopolio y los controles que limitan la voracidad y la solvencia de otros instrumentos de inversi贸n mucho m谩s modestos.

La supremac铆a de los fondos de inversi贸n en esta nueva era econ贸mica se sustenta en una gran paradoja: nunca el mundo de las finanzas hab铆a sido tan complejo y enrevesado y, a la vez, nunca hab铆a estado en tan pocas manos

La era de los grandes fondos de inversi贸n ha trastocado todo, tambi茅n la forma de hacer negocios, explica a El Salto Erika Gonz谩lez, investigadora del Observatorio de Multinacionales en Am茅rica Latina (OMAL): 鈥淟a financiarizaci贸n supone una vuelta de tuerca m谩s: los fondos exigen rentabilidad en el menor plazo de tiempo y han hecho saltar por los aires cualquier tipo de l铆mite y exprimen a煤n m谩s las condiciones laborales, ambientales o sociales para obtener los beneficios鈥. 

La supremac铆a de los fondos de inversi贸n en esta nueva era econ贸mica se sustenta en una gran paradoja: nunca el mundo de las finanzas hab铆a sido tan complejo y enrevesado y, a la vez, nunca hab铆a estado en tan pocas manos. 

Blackstone, fondos de inversion, panorama 39

La era de los fondos

Desde hace a帽os, BlackRock es el principal accionista del Ibex35. No hay una sola gran empresa espa帽ola en bolsa que no cuente con financiaci贸n de esta gestora. Controla entre el 3% y el 5% de 19 de ellas. 

No hay sector estrat茅gico que no haya sido copado por los fondos de inversi贸n. Que gire la rueda. Hablemos de vacunas. Los tres grandes fondos controlan el 20,16% de Pfizer, que ha conseguido triplicar su cotizaci贸n gracias a la vacuna contra el covid-19. En Johnson&Johnson, las 鈥榯res grandes鈥 tienen el 21,23%. En AstraZeneca, BlackRock es el principal accionista con un 7,69%. En Moderna, cinco fondos controlan el 29,9%.


Los fondos de inversi贸n desembarcan en el cuidado de mayores

En Madrid existen 426 residencias para la tercera edad, de las que 25 son 100% p煤blicas y 18 tienen su gesti贸n externalizada. El resto son privadas, un pastel que no pasa desapercibido a las empresas que buscan maximizar la rentabilidad del cuidado de personas mayores.

Que vuelva a girar la rueda. Toca hablar de la banca. Los tres grandes fondos de inversi贸n controlan el 19,6% del accionariado de Goldman Sachs y una cifra equivalente de JPMorgan. Lo mismo ocurre con las entidades espa帽olas: los bancos figuran como grandes accionistas de muchas multinacionales espa帽olas, pero, a su vez, est谩n controlados por estos mismos fondos de inversi贸n. 

Probemos una 煤ltima vez. La deuda. BlackRock vuelve a aparecer como uno de los principales acreedores de los pa铆ses del Sur. En 2020 fue uno de los interlocutores m谩s duros en la renegociaci贸n de la deuda argentina. Poco a poco, los fondos de inversi贸n han ido desplazando a los tradicionales due帽os de la deuda, los grandes bancos de inversi贸n, y hoy se han convertido en el principal actor de este negocio especulativo tanto en el Sur como en Norte. 

No importa d贸nde se mire o hacia d贸nde gire la rueda: ya sea la sanidad privada o las residencias de mayores, la vivienda o las grandes tecnol贸gicas, las energ茅ticas o la industria qu铆mica, las llamadas econom铆as de plataforma o los medios de comunicaci贸n. No se puede escapar del poder de los fondos de inversi贸n. 

Financiaci贸n infograf铆a armas en el mundo

Los megafondos de inversi贸n controlan la industria armament铆stica. En Espa帽a, tanto el BBVA como el Santander, entre las 100 entidades financieras de la banca armada, est谩n tambi茅n controlados por estos mismos fondos. / Infograf铆a: Centre Del谩s

C贸mo hemos llegado hasta aqu铆

La metamorfosis del sistema financiero fue impulsada por los gobiernos y bancos centrales de ambos lados del oc茅ano. D茅cadas de pol铆ticas neoliberales 鈥攅xplica G贸nz谩lez鈥, de liberalizaci贸n, de privatizaciones y desregulaci贸n de la econom铆a financiera, de eliminaci贸n de mecanismos de control, crearon las condiciones 贸ptimas para la financiarizaci贸n de la econom铆a y el crecimiento del poder de los fondos. 

Pero fue la pol铆tica econ贸mica de EE UU para salir de la crisis de 2008 la que termin贸 de abrir las puertas a la era de los megafondos. El Departamento del Tesoro realiz贸 compras de bonos y acciones 鈥渜ue se estaban devaluando o que se devaluar铆an si no lo hac铆a鈥, explica Murray, por valor de m谩s de tres billones de d贸lares hasta 2014. La pol铆tica de expansi贸n monetaria de la Reserva Federal se convirti贸 en una transferencia de dinero p煤blico y fresco hacia los fondos de inversi贸n y las corporaciones 鈥減ara que el casino financiero no se pare鈥, se帽ala Murray. La estrategia fue copiada por el Banco Central Europeo (BCE): en marzo de 2015, lanz贸 su propio programa de expansi贸n monetaria con la compra masiva de deuda p煤blica y privada a raz贸n de 60.000 millones de euros al mes.

La pol铆tica de la Reserva Federal y el BCE aument贸 鈥渄e forma espectacular鈥 la capacidad de compra de esos fondos, argumenta Murray, una situaci贸n que aprovecharon para hacerse con acciones devaluadas en miles de empresas, gigantescos paquetes de vivienda de los bancos en bancarrota o con el control de la deuda de los pa铆ses del Norte y del Sur.

鈥淪i la d茅cada de los 2000 fue la de los ejecutivos del banco de inversi贸n como JPMorgan o Goldman Sachs, la siguiente d茅cada fue la de los ejecutivos de los fondos de inversi贸n鈥, apunta Murray. Hab铆a empezado la era de los megafondos.

La alfombra roja

En Espa帽a, la entrada en la era de los megafondos no hubiera sido posible sin los esfuerzos de los gobiernos de Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero y Mariano Rajoy. Para salir de la crisis, hicieron todo lo posible por resucitar el negocio de la vivienda con el flujo de capital de los fondos de inversi贸n. Seg煤n cuenta a El Salto Manuel Gabarre, autor del libro Tocando fondo (Traficantes de Sue帽os, 2019), Espa帽a se convirti贸 en los a帽os posteriores a las quiebras bancarias en un para铆so para la especulaci贸n. 鈥淎 los fondos de inversi贸n se les puso la alfombra roja鈥, se帽ala.

En 2009, el Gobierno del PSOE introdujo las socimis, sociedades an贸nimas de inversi贸n en el mercado inmobiliario, una figura que, tras la reforma del PP en 2013, ahorraba a los fondos de inversi贸n el pago del impuesto de sociedades y el 95% del impuesto de transmisiones

En 2009, el Gobierno del PSOE introdujo las socimis, sociedades an贸nimas de inversi贸n en el mercado inmobiliario, una figura que, tras la reforma del PP en 2013, ahorraba a los fondos de inversi贸n el pago del impuesto de sociedades y el 95% del impuesto de transmisiones. El PP tambi茅n reform贸 la ley de alquileres para que los propietarios pudieran subir los precios y echar a los inquilinos a discreci贸n cada tres a帽os. Con estos regalos y unas rentabilidades dif铆ciles de encontrar en otros lugares del mundo, las socimis se hicieron con una parte importante del mercado de la vivienda: las 90 socimis que hay actualmente en Espa帽a controlan un patrimonio de 46.000 millones de euros, seg煤n el Banco de Espa帽a. Entre sus principales accionistas tienen a los grandes fondos de inversi贸n 鈥擝lackRock, Blackstone, Cerberus鈥 y a bancos de inversi贸n como Goldman Sachs, que se aprovecharon de la venta a precio de saldo de cientos de miles de viviendas por parte de bancos, cajas e instituciones p煤blicas. No import贸 nada al 鈥渕onstruo que se alimenta de beneficios鈥 que en las viviendas que compraban hubiera gente dentro, familias que no pod铆an pagar la hipoteca o afrontar en plena crisis aumentos de hasta el 300% en su alquiler.

Tras el estallido de la crisis, la demanda de viviendas en alquiler se multiplic贸 y los fondos coparon el mercado. Actualmente conforman la primera l铆nea de los lobbies inmobiliarios que se enfrentan a la regulaci贸n de los alquileres. 

La sombra de los megafondos

Los fondos de inversi贸n han conseguido una mayor铆a accionarial en buena parte de las compa帽铆as y comienzan a ser el principal tenedor de deuda alrededor del mundo. 驴Esto supone que mueven los hilos pol铆ticos de esas empresas y de la pol铆tica econ贸mica de los Gobiernos y el mundo? 驴Act煤an con una sola voz?

Existen muchos tipos de fondos de inversi贸n. Sin ir m谩s lejos, BlackRock y BlackStone tienen un origen compartido, significan pr谩cticamente lo mismo 鈥攑iedra negra鈥, pero tienen modelos de negocio diferentes. Blackstone es oportunista, cortoplacista, agresivo, una 鈥減laga para las ciudades鈥, tal como lo defini贸 el te贸rico marxista David Harvey, un fondo buitre que compra bienes devaluados y est谩 dispuesto a cualquier cosa para que el retorno de la inversi贸n sea el esperado. Tan r谩pido como llegan se van.

Son tan estrechas las relaciones entre los fondos de inversi贸n y los Estados que cada vez resulta m谩s dif铆cil saber d贸nde empieza uno y termina otro

BlackRock, en cambio, trabaja a largo plazo. Sus fondos provienen sobre todo de las pensiones privadas de EE UU y, al igual que Vanguard, 鈥渢iene proyectos pol铆ticos de mayor calado, su vocaci贸n es llevar la batuta del capitalismo global鈥, explica Murray. No tiene grandes participaciones en empresas, dice este investigador, pero est谩 presente en pr谩cticamente todas las grandes compa帽铆as del mundo. 鈥淓so es algo novedoso en la historia del capitalismo鈥, subraya. A partir de ah铆, contin煤a Murray, 鈥渉an dado el salto y han pasado a pilotar las pol铆ticas p煤blicas y econ贸micas鈥. Son tan estrechas las relaciones entre los fondos de inversi贸n y los Estados que cada vez resulta m谩s dif铆cil saber d贸nde empieza uno y termina otro. Hasta hace unos meses la persona con m谩s poder econ贸mico del planeta, el secretario del Departamento del Tesoro de EE UU, era Steven Mnuchin, un millonario af铆n a Donald Trump que hab铆a hecho una fortuna en Goldman Sachs y, luego, en diversos fondos de inversi贸n. El secretario del Tesoro entre 2003 y 2006, John W. Snow, es actualmente presidente de Cerberus que tiene 23.000 viviendas en venta en Espa帽a.

No solo los republicanos dan la llave del tesoro a los megafondos. La trayectoria del dem贸crata Brian Deese es un buen ejemplo de puertas giratorias en ambos sentidos: sirvi贸 a Barack Obama como asesor, BlackRock vio algo en 茅l y lo contrat贸 como ejecutivo de inversiones. Ahora, con la llegada de Biden, preside el Consejo Econ贸mico Nacional. 

Las puertas giratorias entre las m谩s altas instituciones financieras y los negocios especulativos son la regla. Pero no son la 煤nica forma que tienen los megafondos de influir en la pol铆tica. Uno de los secretos del 茅xito de BlackRock es, seg煤n analiza Investigate Europe, su talento para 鈥渦sar varios sombreros鈥 sin acabar en los tribunales. Este megafondo ha conseguido ser el mayor inversor del mundo y, a la vez, aconsejar a gobiernos y bancos centrales d贸nde invertir a trav茅s de sus servicios de consultor铆a.

Una de las primeras medidas del Gobierno de Trump frente a la crisis del covid-19, a finales de marzo de 2020, fue contratar a BlackRock para que comprara miles de millones de euros de deuda corporativa, un conflicto de intereses en toda regla, ya que el propio fondo controla buena parte del mercado al que iban dirigidas las compras. No era la primera vez que la Reserva Federal recurr铆a a los servicios de consultor铆a del megafondo: en la crisis iniciada en 2007, la Reserva encarg贸 la gesti贸n de los activos de Bear Stearns y AIG. 鈥淓l potencial de un conflicto de intereses es grande y es muy dif铆cil de controlar鈥, dijo entonces el senador republicano Chuck Grassley, que ya se帽alaba la importancia que ten铆a en la estrategia de la empresa la informaci贸n privilegiada y sensible que obten铆a de su relaci贸n con las administraciones. 

En agosto de 2014, pasaba lo mismo del otro lado del oc茅ano: el BCE 鈥攅n manos de Mario Draghi, otro hombre de Goldman Sachs鈥 designaba a BlackRock como gestor de su programa de compras de activos. Dos a帽os antes, el Banco de Espa帽a seleccion贸 al megafondo para que le asesorara en la creaci贸n del banco malo. Las protestas de la banca espa帽ola al final lo impidieron. 驴Qu茅 pasar铆a ahora si volviera a pasar algo as铆, cuando BlackRock ya es de lejos el primer accionista de todos los bancos espa帽oles?

En abril de 2020, la Comisi贸n Europea eleg铆a a BlackRock como asesor principal para incorporar criterios verdes y sociales en las finanzas, una concesi贸n que supone para la defensora del pueblo europea, Emily O鈥橰eilly, un 鈥渃onflicto de intereses鈥

Y no es necesario irse tan lejos. En abril de 2020, la Comisi贸n Europea eleg铆a a BlackRock como asesor principal para incorporar criterios verdes y sociales en las finanzas, una concesi贸n que supone para la defensora del pueblo europea, Emily O鈥橰eilly, un 鈥渃onflicto de intereses鈥 que puede 鈥渁fectar negativamente a la ejecuci贸n del contrato鈥. Erika Gonz谩lez se帽ala el peligro de que la crisis generada por el coronavirus se convierta en una nueva plataforma para el crecimiento de este poder financiero global. No solo ser谩n los principales beneficiados de los 750.000 millones de los fondos Next Generation, dice, sino tambi茅n quienes se lucrar谩n en primera instancia cuando los Estados endeudados tengan que devolver el dinero invertido para sortear la crisis del covid-19.

Los fondos nutren de altos ejecutivos a las m谩s grandes autoridades econ贸micas y los fondos se nutren de ellas, los asesoran y desarrollan parte de sus decisiones. Pero el poder de estos megafondos va m谩s all谩. Para Murray, el principal poder de estos gestores de activos es la amenaza siempre latente de una retirada masiva de inversiones. 鈥淭e dicen que est谩n aqu铆 para asegurar el retorno de esas inversiones. Si no lo consiguen, se van. Ah铆 es donde ejercen la fuerza y van articulando su proyecto pol铆tico鈥, sostiene. A trav茅s de una 鈥渆structura de tipo oligopol铆stica鈥, explica Murray, est谩n poniendo en jaque el posible desmontaje de la reforma laboral: 鈥淟os inversores o los fondos que representan quieren unos retornos r谩pidos y altos, no quieren los costos que podr铆a suponer una mayor estabilidad y unas mejores condiciones de trabajo. Si cambian las cosas, amenazan con largarse y, con su huida, provocar un colapso de las cotizaciones burs谩tiles que arrastrar铆a a la econom铆a real鈥.


El jefe de todo esto

El 鈥榬ider鈥 me advirti贸 antes de meterse en el ascensor: 鈥淓sto no va de repartidores y plataformas; esto tiene que ver contigo tambi茅n. No te quedes cruzado de brazos鈥.

En 2018, el primer Gobierno de Pedro S谩nchez retir贸 de su reforma de los alquileres la regulaci贸n de los precios despu茅s de que Blackstone y otros fondos amenazaran con irse de Espa帽a. Esta medida sigue sin incluirse en la ley de vivienda, a pesar de que el PSOE se comprometi贸 a ello dos veces por escrito con sus aliados. Las presiones no vienen solo de Blackstone o Cerberus, que en 2018 compr贸 el 80% de la inmobiliaria del BBVA. BlackRock tiene intereses en cuatro de las seis principales inmobiliarias espa帽olas. Los principales fondos de inversi贸n con intereses inmobiliarios tienen hasta su propia patronal, ASVAL, presidida por el exministro y alcalde socialista de Barcelona Joan Clos.

El trabajo de Investigate Europe negaba ese supuesto car谩cter 鈥減asivo鈥 y no intervencionista del que alardea BlackRock. Seg煤n este estudio, el megafondo tiene claros sus objetivos: contrarrestar cualquier tipo de regulaci贸n financiera que pueda poner l铆mite o control a su actividad y liberar para la inversi贸n el mayor tesoro al que todav铆a no ha podido meter mano: los sistemas de pensiones p煤blicas.

Qu茅 pasa con la democracia

Da igual el partido que est茅 en el Gobierno, da igual lo que decida la poblaci贸n en las urnas, sostiene Erika Gonz谩lez, cuando las mejores intenciones chocan con la 鈥渃onstituci贸n econ贸mica global鈥. No ha sido aprobada ni consensuada, pero es la m谩s sagrada de las constituciones, contin煤a esta investigadora. Son miles de normas que blindan los intereses de las transnacionales y el capital financiero, ambos dominados desde hace a帽os por fondos de inversi贸n. Frente a esta constituci贸n del capital, poco queda del concepto antiguo de democracia: 鈥淕recia es un ejemplo de lo que supone esa constituci贸n econ贸mica global y c贸mo esa garant铆a de rentabilidad prevalece por encima de los derechos fundamentales de las mayor铆as sociales鈥. La complejidad del sistema financiero no es casual, sostiene Gonz谩lez: 鈥淗ay un relato oficial que ha facilitado verlo como algo muy complejo e inaccesible, t茅cnico, fuera del debate pol铆tico y social. Como es tan complejo, es una materia que corresponde solo a determinados economistas o especialistas鈥. 

Pero no es tan complicado como parece, sostiene. Se puede luchar contra este poder. La mejor forma de hacerlo es poner 鈥渄iques a su expansi贸n鈥: 鈥淪i evitamos la privatizaci贸n y mercantilizaci贸n de bienes y servicios, estamos evitando su expansi贸n y su capacidad de decisi贸n sobre c贸mo se gestionan esos bienes y servicios que son fundamentales para nuestra vida鈥. Una vez que han entrado, sacarlos es m谩s dif铆cil. La constituci贸n econ贸mica global siempre les dar谩 la raz贸n. La aprobaci贸n de leyes que limiten el poder de estos fondos o la desprivatizaci贸n de sectores estrat茅gicos como la educaci贸n, la sanidad o las residencias de mayores, deben ser otros objetivos irrenunciables, a帽ade, aunque dependen de la correlaci贸n de fuerzas que haya en cada momento.

La mejor forma de luchar contra los fondos es poner 鈥渄iques a su expansi贸n鈥; una vez que han entrado, sacarlos es mucho m谩s dif铆cil y en los tribunales siempre ganan

Ante la inacci贸n de los gobiernos, han sido las organizaciones de base, sobre todo los movimientos por las pensiones, la sanidad p煤blica y el derecho a la vivienda y los sindicatos de inquilinos, quienes han hecho frente a este nuevo poder corporativo, indica Gabarre. Adem谩s de impedir privatizaciones de hospitales p煤blicos y detener, al menos hasta ahora, la agenda de degradaci贸n y privatizaci贸n de las pensiones, el movimiento por la vivienda ha conseguido paralizar miles de desahucios y negociar miles de alquileres sociales, ocupar decenas de bloques de estos fondos y poner en la agenda pol铆tica y medi谩tica la necesidad de regular el alquiler y controlar a los grandes tenedores. 

Una de las principales victorias de estos movimientos, dice Gonz谩lez, ha sido poner cara y nombre a estos fondos de inversi贸n, que cre铆an que pod铆an pasar desapercibidos, ocultos detr谩s del enrevesado funcionamiento del sistema financiero internacional. 

En un famoso v铆deo, decenas de activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) se dirig铆an en un ingl茅s de barrio, desafiantes y con m煤sica 茅pica, al fondo buitre que hab铆a especulado con sus vidas: 鈥淓ste es un mensaje para Blackstone desde Espa帽a, de parte de los arrendatarios de vuestras nuevas casas, casas que sol铆an ser nuestros hogares. Quiz谩 no nos conozc谩is pero lo har茅is. 隆Claro que lo har茅is! We are the PAH. Quiz谩 os cre谩is intocables escondidos en vuestras oficinas de Manhattan, pero no lo sois. No sab茅is de lo que somos capaces. Nos encargaremos de que todo el mundo sepa qui茅nes sois y qu茅 hac茅is. Preparaos. Nosotros lo estamos鈥.

Residencias de mayores

La multinacional DomusVi tiene en Espa帽a 138 residencias y 20.000 camas. El accionista mayoritario es el fondo de inversi贸n Intermediate Capital Group (ICG), que ha creado una red de ingenier铆a fiscal para desviar sus beneficios al para铆so fiscal de Jersey, seg煤n una investigaci贸n de Infolibre. Sus residencias han recibido una gran cantidad de denuncias por abandono y una falta cr贸nica de recursos y personal. Desde Marea de Residencias hablan de 鈥済eronticidio鈥 y apuntan a un modelo que busca maximizar beneficios y elude cualquier tipo de responsabilidad.