February 17, 2022
De parte de CGT Pais Valencia I Murcia
208 puntos de vista


Antonio P茅rez Collado, CGT Pa铆s Valenci脿 i Murcia

Mucho han cambiado las cosas en los doscientos a帽os que acumula el movimiento obrero organizado. No bastante, a lo largo de esa agitada historia, el sindicalismo ha mantenido ciertas se帽as de identidad sin las cuales resultar铆a dif铆cil explicar su raz贸n de ser. Entre esos principios b谩sicos, ninguno tan claro como su pertenencia a una clase social, a la clase trabajadora. El sindicato surge como herramienta para organizar a los obreros en su lucha contra la patronal en defensa de los derechos y demandas de quienes constituyen la fuerza de trabajo. Son, por tanto, los intereses del trabajador y del empresario contrapuestos e irreconciliables.

En estos dos siglos el sindicalismo ha dejado infinidad de hitos hist贸ricos en la conquista de mejoras salariales y sociales para la clase trabajadora y tambi茅n multitud de p谩ginas escritas con la sangre y el dolor que miles de v铆ctimas dejaron en las luchas por un mundo m谩s justo. Las huelgas, los despidos, la represi贸n y la persecuci贸n sindical se han sucedido hasta nuestros d铆as. Pero gracias a esos esfuerzos colectivos el trabajo infantil, las jornadas extenuantes o las instalaciones insalubres  han desaparecido de las sociedades industrializadas.

El capital ha sabido ingeni谩rselas para seguir obteniendo beneficios con independencia de que tuviera que hacer algunas concesiones al proletariado, de tal forma que la implantaci贸n de mejoras salariales, seguridad social, vacaciones o reducci贸n de horas de trabajo no ha interferido en los resultados positivos de las empresas. Esas ganancias siguen aumentando en la actualidad gracias a la introducci贸n de avances t茅cnicos e inform谩ticos en todo tipo de actividades, lo que podr铆a ser aprovechado para seguir acortando la jornada laboral y mejorando las condiciones de los trabajadores y sus familias.

Todo la anterior, que ya es historia irrebatible, se pone en tela de juicio en los 煤ltimos tiempos merced a las t谩cticas del sistema para hacer olvidar a las clases explotadas su verdadera condici贸n. El individualismo y el consumismo que nos dominan crean en las conciencias la falsa idea de que los de abajo tambi茅n somos clase media y, con un poco de suerte y mucho esfuerzo, podemos ascender en solitario en la escala social.

La p茅rdida de la identidad de clase, unida a dramas como el paro y la precariedad laboral, obligan a los trabajadores a deambular de un empleo temporal a otro sin tener ocasi贸n de integrarse en plantillas estables ni mucho menos de participar activamente en luchas obreras. El sindicalismo de clase vive sus horas bajas y el empresariado aprovecha para imponer sucesivas vueltas de tuerca a los ya mermados derechos de los trabajadores. Demasiado atr谩s quedaron las huelgas imbatibles, las asambleas multitudinarias y la solidaridad con quienes luchan. Salvo honrosas excepciones, la minor铆a que se afilia a un sindicato lo hace como si se apuntara a una compa帽铆a de seguros.

No es extra帽o que tal y como est谩 el patio sindical puedan darse situaciones como las que nos ofrece el caso de la Ford, donde la mayor铆a de su Comit茅 ha entrado al juego tramado por la empresa, que consiste en enfrentar a los trabajadores de Almussafes con los de Saarlouis para ver qui茅nes est谩n dispuestos a recortar m谩s sus derechos y condiciones de trabajo, para as铆 tener mejores opciones de quedarse con la producci贸n de coches el茅ctricos.

Las promesas de un futuro estable y casi id铆lico son tan viejas como la factor铆a valenciana, ya que cada vez que se ha producido un cambio de modelo la direcci贸n ha pretendido arrancar alguna renuncia de la plantilla para asegurar esas inversiones. Pasados algunos a帽os, el futuro se tornaba tan incierto como al principio y nuevos sacrificios se hac铆an imprescindibles. As铆 se han empeorado condiciones econ贸micas (sobre todo para los nuevos contratados) y derechos adquiridos (vacaciones en verano, comedores, pausas, etc.)

Como era previsible llega este momento en que la multinacional amenaza con cerrar la f谩brica donde sus trabajadores se muestren menos decididos a tirar por la borda los derechos que tanto cost贸 conseguir. Lo que no dice Ford Motor Co. es que ya ha cerrado instalaciones donde sus empleados tambi茅n estaban dispuestos a negociar (B茅lgica, Francia y Brasil, por ejemplo).

Los temores de la plantilla son comprensibles, lo que tiene menos justificaci贸n es que un sindicato, con 135 a帽os de historia, entre al trapo y se vaya a Alemania -sin consultar a la plantilla o al resto de sindicatos- a poner a los pies de la direcci贸n los recortes que sean necesarios para superar a los colegas de Saarlouis que, dicho sea de paso, pertenecen a un sindicato hermano del de aqu铆, que ha olvidado su antigua condici贸n de clase, el internacionalismo y otros lastres para cualquier agente social que aspire al reconocimiento de capital y estado.

Antonio P茅rez Collado




Fuente: Cgtpv.org