November 29, 2022
De parte de Nodo50
157 puntos de vista

Hace unos d铆as habr铆a cumplido 100 a帽os, como muchos llegamos 鈥損ol铆ticamente鈥 a desesperar y 茅l posiblemente incluso sospech贸. Yo, y solidariamente el resto de los gallegos, estuvimos 16 a帽os gobernados por 茅l. As铆, a ojo, de 1989 a 2005. M谩s o menos la duraci贸n media de un matrimonio en Espa帽a. Y pasados otros tantos a帽os y despu茅s de haber venido lo que vino, el recuerdo de aquello es igual de ambivalente que si hubi茅semos pasado por la vicar铆a o por el juzgado. 

El de Manuel Fraga Iribarne fue un caso claro de haber nacido y crecido en el sitio y en la 茅poca equivocados. Con su capacidad intelectual y su ambici贸n habr铆a podido ser, por ejemplo, un senador republicano por Idaho, la tierra de promisi贸n en los EUA de sus antecesores vascos. O un prestigiado catedr谩tico en alguna universidad centroeuropea. Sin embargo, habiendo llegado al mundo en la Vilalba (Lugo) de 1922, ten铆a casi todas las papeletas para obtener el premio de alto funcionario del franquismo. Una vez metido en la harina de la dictadura, su car谩cter fuerte 鈥搊 su tendencia a embestir鈥 hicieron lo dem谩s: ascender y a la vez pisar todos los charcos posibles. 

Su padre, Manuel Fraga Bello, fue alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, pero la figura familiar autoritaria era su madre, Mar铆a Iribarne Dubois

Fue posiblemente en esa etapa en la que se mezclaban en la misma cabeza el catedr谩tico (de Derecho P煤blico en la Universidad de Valencia y despu茅s de Constitucional en la Complutense) y el ac茅rrimo franquista que posaba con el uniforme blanco de consejero del Movimiento Nacional y saludaba a la romana cuando se forjaron las personalidades del doctor Fraga y de M铆ster Iribarne. Su padre, Manuel Fraga Bello, fue alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, pero la figura familiar autoritaria era su madre, Mar铆a Iribarne Dubois. Esa dualidad le permiti贸 por una parte ser el ministro del sector 鈥渁perturista鈥 (cambiar algo para que nada cambiase) del r茅gimen y, por otra, el manipulador de la informaci贸n en casos tan indecentes como la ejecuci贸n de Juli谩n Grimau o el asesinato de Enrique Ruano. M铆ster Iribarne, en el papel de ministro de la Gobernaci贸n [Interior] fue tambi茅n uno de los malos de esa pel铆cula de la Transici贸n, que como todas las malas pel铆culas, quienes la dirig铆an no sab铆an c贸mo darle un final adecuado. 

Tambi茅n Fraga estaba en el lugar y en el momento equivocado durante la Restauraci贸n. Primero, enfrente de Adolfo Su谩rez. Este ten铆a tan poco pasado democr谩tico como 茅l, pero, por despecho o por ideolog铆a, Fraga se situ贸 al lado de los dinosaurios negacionistas del meteorito. Despu茅s se encontr贸 con Felipe Gonz谩lez y con una sociedad que mayoritariamente no quer铆a saber nada del franquismo. Lo que en su d铆a no hab铆a conseguido a dedo, la presidencia del Gobierno, tambi茅n se lo negaron los votos durante diez a帽os de intentos. Mientras, en Galicia, al partido le iba francamente bien con personalidades de la derecha galleguista al frente y un discurso m谩s moderado. Hasta que una escisi贸n le entreg贸 la Xunta a una coalici贸n del PSdeG con un par de partidos nacionalistas de centro. Eso abri贸 las puertas a que se dejase caer por aqu铆, como desterrado al Ponto Euxino por el C茅sar Gonz谩lez M谩rquez. 

Felipe Gonz谩lez, presidente del Gobierno, conversa con Manuel Fraga, presidente de AP en 1983. | Fototeca Moncloa

Todos los a帽os, al acabar la temporada estival, en la villa tur铆stica de Mi帽o, entre Ferrol y A Coru帽a, tradicional lugar de veraneo de los lucenses, una comisi贸n de notables le organizaba una cena de despedida al 鈥淰eraneante ilustre鈥. El veraneante ilustre era siempre Manuel Fraga, que ten铆a un chal茅 a pie de playa en la vecina localidad de Perbes (y que en aquellos a帽os le hab铆a semivolado el Ex茅rcito Guerrilleiro do Povo Galego Ceibe, el intento armado de la 茅poca). Se rumoreaba que aquella cena de 1988 iba a ser la 煤ltima. Y all铆 nos fuimos los plumillas, a ver qu茅 ca铆a. Su amable responsable de prensa 鈥揷uriosamente, quiz谩 por contraste, Fraga siempre tuvo unos responsables de prensa extremadamente amables鈥 no nos anim贸 ni desanim贸. 鈥淨uiz谩s, al salir鈥︹. Para asegurar las declaraciones, este entonces joven, pero sagaz reportero ide贸 una maniobra envolvente que consist铆a en entrarle, micr贸fono en mano, por el flanco izquierdo, mientras el c谩mara lo enfocaba desde su derecha. El micro no era inal谩mbrico, pero como si lo hubiese sido. El veraneante ilustre no se par贸 en barras, y yo me qued茅 con el micro en la mano, y el c谩mara con el cable suelto en medio.

Se present贸 a las siguientes elecciones contra un candidato socialista al que Ferraz hab铆a repudiado 鈥揊elipe no particip贸 en la campa帽a鈥 y gan贸. Por los pelos, y por unas sacas de votos que llegaron de Venezuela fuera de plazo, pero fueron admitidas igualmente. Tambi茅n se denunci贸, sin resultado, el anormal porcentaje de voto exterior al PP en Ourense, el 63,4%, 30 puntos por encima de su media en las otras provincias (saco el dato de una tesis del polit贸logo Anxo Lugilde, porque ese resultado es el 煤nico que no aparece en todos los recogidos por el Instituto Galego de Estat铆stica). El caso es que aqu铆 lo ten铆amos. De vez en cuando me encuentro con la foto (con la fotocopia) de la rueda de prensa en la que se present贸 como ganador. Tom贸 posesi贸n rodeado por los mil gaiteiros que hab铆a prometido (una considerable cacofon铆a, porque las gaitas tienen distintas afinaciones) y aplastado por el gent铆o. 鈥淵a ver谩s como le da por crear una polic铆a auton贸mica, aunque solo sea para evitar estos l铆os鈥, le dije, igual de aplastado, a un compa帽ero. Lo hizo, aunque luego el invento no fuese a mucho m谩s. 

Se dice que sus asesores le pusieron como arquetipo a imitar el de Spencer Tracy, un abuelo desastrado y un poco cascarrabias, pero enternecedor

Se dice que sus asesores le pusieron como arquetipo a imitar el de Spencer Tracy, un abuelo desastrado y un poco cascarrabias, pero enternecedor. Yo creo que 茅l se ve铆a m谩s como el Sean Thornton que encarnaba John Wayne en El hombre tranquilo. Como Thornton-Wayne, Fraga no dud贸 en usar todas las ma帽as, salvo los pu帽os, que hab铆a aprendido a lo largo de su trayectoria vital, pero tambi茅n supo adaptarse a las costumbres locales, empezando por el idioma. Al igual que con Maureen O’Hara en la pel铆cula de John Ford, la qu铆mica entre la sociedad gallega (al menos la mayor铆a del electorado) y el veterano emigrante retornado funcion贸.

El doctor Fraga se convirti贸 en Don Manuel I de Galicia, y dot贸 a la autonom铆a de un contenido del que hab铆a carecido, y que Alberto N煤帽ez Feij贸o dej贸 despu茅s decaer. Hizo propuestas de razonable 铆ndole pol铆tica, como la 鈥渁dministraci贸n 煤nica鈥 para evitar la multiplicaci贸n de tr谩mites y la superposici贸n de competencias, o la conversi贸n del Senado en una aut茅ntica c谩mara territorial. Impuls贸 una ley de Normalizaci贸n, consensuada, que establec铆a la impartici贸n en gallego de la mitad de las materias (隆茅l, que en 1967 hab铆a abroncado, y multado con 50.000 pesetas, al presidente de La Voz de Galicia por 鈥渄ifundir propaganda separatista鈥 al premiar un art铆culo titulado 鈥淟a Iglesia no habla la misma lengua que los gallegos鈥!). En la pr谩ctica, se arrog贸 茅l mismo competencias de pol铆tica exterior, visitando Cuba y haci茅ndose visitar por Fidel Castro. Ya puestos, realiz贸 una visita oficial a Libia (vale, el padre de Fraga y el de Castro hab铆an sido gallegos emigrados a Cuba, y Fidel, ideolog铆as aparte, era uno de los nuestros, pero 驴Gadafi?, 驴qu茅 se nos hab铆a perdido a los gallegos con Gadafi?). Su mano derecha, el secretario general, Xos茅 Cu铆帽a, que una vez hab铆a dicho que se sent铆a 鈥渁l borde de la autodeterminaci贸n鈥, organiz贸 durante varios a帽os una especie de Aberri Eguna en un monte pr贸ximo al centro geogr谩fico de Galicia. En una de esas ocasiones, entre decenas de miles de militantes, Cu铆帽a hab铆a hecho entrega oficial a Aznar y Rajoy de un carnet del Partido Popular de Galicia que se hab铆a sacado de la manga.

Realiz贸 obras p煤blicas de dudosa eficacia. Y se preocup贸 de regar con dinero, en este caso p煤blico, a los medios de comunicaci贸n para evitarles cualquier tipo de tentaci贸n cr铆tica

Bien es cierto que, como un viejo pol铆tico de la Restauraci贸n (de la anterior) realiz贸 obras p煤blicas de dudosa eficacia: pabellones polideportivos locales con capacidad para el censo de poblaci贸n entero, pol铆gonos industriales en el medio de la nada, y cientos de rotondas, desperdiciando en ellas ingentes fondos europeos. Y tambi茅n como los pol铆ticos de la 茅poca de su padre en la alcald铆a, se preocup贸 de regar con dinero, en este caso p煤blico, a los medios de comunicaci贸n para evitarles cualquier tipo de tentaci贸n cr铆tica (en esto Feij贸o s铆 mantuvo la gesti贸n de su predecesor).

Estatua dedicada a Manuel Fraga por su apoyo al sector vitivin铆cola, colocada originalmente en Cambados y retirada en 2017, para ser guardada en una finca de Redondelo, en San Salvador de Meis (Pontevedra).

Y desde luego, ten铆a momentos M铆ster Iribarne. La mayor铆a, surgidos de su nunca disimulada soberbia intelectual. Yo le vi leer un discurso de recepci贸n a emigrantes retornados con una notable cara de desprecio por el pobre contenido del papel que no auguraba nada bueno para su redactor cuando acabase el acto. Y se le atribuye la frase 鈥渄eber铆amos pedir la opini贸n a algunos periodistas, pero no a los idiotas que tenemos en plantilla鈥. Nadie, por cercano que fuese, estaba a salvo de sus exabruptos cuando entraba en ignici贸n. 鈥淢ira que llevo tiempo en esto, y me siguen temblando las piernas cuando le tengo que hacer una pregunta鈥, me confes贸 una vez un compa帽ero. En una campa帽a, un l铆der de la oposici贸n lo acus贸 de haber firmado penas de muerte (la oposici贸n sol铆a incidir en su pasado franquista, como si este fuese desconocido para el electorado). Tuve que pasar el trago de acercarme a un restaurante donde celebraba una comida con militantes para pedirle su reacci贸n. Apareci贸, pr谩cticamente arranc谩ndose la servilleta y me encar贸: 

鈥 D铆game.

鈥 Se帽or Fraga, el se帽or Tal le ha acusado de haber firmado penas de鈥

鈥 隆Yo no he firmado ninguna, pero no tenga duda de que en determinados casos no tendr铆a reparo alguno en hacerlo! Muchas gracias.

Y se volvi贸 a la mesa. En ning煤n momento me atrev铆 a advertirle que, en el encuadre en el que se hab铆a situado, su cabeza quedaba entre las tetas de una ninfa de un fresco pintado en la pared. 

Con los dos Fragas acab贸 el Prestige. En realidad, G茅nova. O Moncloa. Aznar y los suyos decidieron desde el primer momento que aquel 鈥渋ncidente鈥 lejano era cuesti贸n del Estado, y no de aquel PPdeG que, por mucho que gobernase en Galicia, oficialmente no exist铆a. Los gallegos que estaban acostumbrados a un Fraga omnipresente en las escaletas de la televisi贸n y en las primeras p谩ginas vieron de pronto que, en medio de una crisis, hab铆a desaparecido. Como un amoroso padre de familia que hab铆a ido a por tabaco antes de la cena de Nochebuena y no hubiese vuelto. 

Cuando reapareci贸 en p煤blico, 12 d铆as despu茅s de la cat谩strofe, lo hizo a 煤ltima hora de la tarde de un d铆a de perros en Cai贸n, posiblemente el puerto pesquero m谩s peque帽o de Galicia. Apelotonados en la cofrad铆a, sin los aplausos ni las muestras de cari帽o habituales, anunci贸 que ven铆a con dinero, como si acabase de pasar por el cajero. Y se call贸. Cerr贸 los ojos. Ocho segundos que despu茅s cont茅 en la grabaci贸n, que me parecieron un mundo y en los que me pas贸 toda la vida 鈥搒obre todo la suya鈥 por delante, si nos hac铆a la faena de morirse all铆. Entonces, despert贸. 鈥溌谩s preguntas!鈥.

La enorme respuesta ciudadana transversal de Nunca M谩is no se debi贸 tanto a un vertido contaminante (total, ven铆an sucediendo con una cadencia de diez a帽os) como ante la despreocupaci贸n, el ninguneo y el enga帽o de los gobiernos que ten铆an que gestionar la cat谩strofe. Cuando el PP gallego m谩s pegado 鈥揺n todos los aspectos鈥 al territorio exigi贸 hacerse cargo de la crisis, y crear por primera vez un vicepresidente encargado de ello, Xos茅 Cu铆帽a, un Fraga que para entonces solo ped铆a a su entorno 鈥減oder retirarse dignamente鈥, acept贸. Acept贸 hasta que, en una cena en el restaurante compostelano donde todo pasaba 鈥揾oy cerrado, un s铆mbolo m谩s del poder auton贸mico jibarizado鈥 dos pesos pesados del partido y enemigos declarados de Cu铆帽a, Mariano Rajoy y Jos茅 Manuel Romay, le transmitieron que eso ser铆a como dar un golpe de Estado. Fraga, que pese a todo el M铆ster Iribarne que llevase dentro ten铆a un instinto de conservaci贸n considerable (鈥測 pre帽aba por las orejas鈥, en expresi贸n popular de un colaborador), se desdijo de lo prometido cuando Cu铆帽a ya ten铆a hasta nombrada su nueva 谩rea. La vicepresidencia la ocup贸 un funcionario de medio rango que Romay hab铆a colocado en Correos, Alberto N煤帽ez Feij贸o. 

Mariano Rajoy, Alberto N煤帽ez Feij贸o y Manuel Fraga en la tradicional investidura de damas y caballeros del vino Albari帽o en 2010. | El Correo de Galicia en Youtube

En las siguientes elecciones, locales, la m谩quina medi谩tica del PP maquill贸 de victoria, con algunos resultados en la Costa da Morte, el fracaso general en toda Galicia. La imagen del monarca de Galicia se convirti贸 en la de un anciano que se desmay贸 en el Parlamento, se emocionaba un par de veces por discurso y 煤nicamente ten铆a espor谩dicos arranques de su antiguo car谩cter. Tres a帽os despu茅s, la campa帽a para su reelecci贸n fue penosa. Mencionaba continuamente a Carod Rovira, sus pompas y sus obras, reivindicaba sus logros proclamando que 鈥渁ntes en Galicia solo se com铆a caldo鈥, 鈥渉ay electricidad en todas las aldeas鈥 y 鈥渢res universidades鈥 (no las hab铆a creado 茅l, sino su antecesor, el gobierno tripartito que hab铆a derrotado). Perdi贸. 

La imagen del monarca de Galicia se convirti贸 en la de un anciano que se desmay贸 en el Parlamento, se emocionaba un par de veces por discurso y 煤nicamente ten铆a espor谩dicos arranques de su antiguo car谩cter

El partido lo aloj贸 primero en un piso del casco viejo, en medio de la marabunta nocturna de estudiantes, y despu茅s en el Senado. 鈥淪oy una bicicleta, si paro, me caigo鈥, hab铆a dicho de s铆 mismo. Se hab铆a parado. La 煤ltima vez que lo vi, antes de que decenas de gaiteiros lo despidiesen en el cementerio de Perbes cuando faltaba poco para cumplirse el d茅cimo aniversario del Prestige, fue en la cena de un premio period铆stico en el decimon贸nico C铆rculo de las Artes de Lugo. Estaba en una silla de ruedas, que conduc铆a un asistente extracomunitario. No pude menos que acordarme de uno de los exabruptos con los que hab铆a denunciado, mucho antes de que se hablase del despoblamiento rural, la crisis demogr谩fica en Galicia: 鈥淭enemos que hacer algo, o esto lo habitar谩n los bereberes鈥. 




Fuente: Ctxt.es