August 25, 2021
De parte de El Topo
191 puntos de vista


La externalizaci贸n de las fronteras de la UE es un ejercicio pol铆tico cuestionado ya desde sus inicios en 2003. No solo consiste en fortalecer el sistema de vallas y visados, sino que implica todo un juego de poder y una tensi贸n con los pa铆ses vecinos de la UE que se compensa por un sistema de ayudas econ贸micas que van tomando forma en funci贸n de los escenarios pol铆ticos, desde la pol铆tica euromediterr谩nea, pasando por la pol铆tica europea de vecindad o aterrizando en el fondo fiduciario de ayuda de emergencia a 脕frica que en estos momentos vincula peligrosamente la cooperaci贸n al desarrollo y el control de fronteras europeas que ya empieza en el Sahel.  La prioridad del control migratorio en la agenda pol铆tica europea es una pieza m谩s que los diferentes pa铆ses del Sur asumen y reformulan. La visi贸n etnoc茅ntrica est谩 en creer que solo la UE tiene sus prioridades geoestrat茅gicas vinculadas a la externalizaci贸n y no llegar a comprender que el resto de los pa铆ses del mediterr谩neo occidental y oriental, o del Sahel, combinan sus agendas pol铆ticas con la obsesi贸n europea del control migratorio, en un juego tensionado por m煤ltiples factores, donde la geoestrategia de cada pa铆s es una pieza m谩s en el militarizado entramado de la industria de la migraci贸n. 

La fragilidad de este equilibrio salt贸 por los aires recientemente. El 17 y 18 de mayo en Ceuta unas 10 000 personas cruzaron la frontera desde Benz煤 y Fnideq. Es importante se帽alar que esa misma frontera 鈥攋usto antes de que la pandemia de la covid-19 fuera la excusa perfecta para sellarla鈥 era atravesada diariamente por unas 20 000 personas, vecinas de estos territorios colindantes. Cruzaban de d铆a y volv铆an de noche. El tratado de Schengen as铆 lo permit铆a. Con un pasaporte de las ciudades vecinas de Ceuta y Melilla, la poblaci贸n vecina pod铆a ser mano de obra precaria en el servicio dom茅stico, en el porteo de mercanc铆as o en la construcci贸n. Una parte de esas personas que cotidianamente visitaban estos territorios y eran precarizadas por la econom铆a de las fronteras, fueron moneda de cambio en la escenificaci贸n de una crisis diplom谩tica que se explica desde el enfrentamiento hispano-marroqu铆 pero que tiene una profunda lectura con implicaciones m谩s trascendentes en una dimensi贸n internacional. 

El conflicto no resuelto sobre la soberan铆a del S谩hara Occidental ha sido el escenario de fondo de esta crisis diplom谩tica, pero la realidad es que lo que subyace es un enfrentamiento entre las oligarqu铆as transnacionales que se van a instalar en el S谩hara y van a explotar sus recursos naturales; multinacionales estadounidenses que con tecnolog铆a israel铆 y con la connivencia de la UE y sus empresas de econom铆a verde planean una apropiaci贸n de sus recursos naturales. Es ese capital transnacional que se come los derechos de todas las personas y de sus identidades y sus reivindicaciones. 

El Parlamento Europeo, en un ejercicio de demagogia e hipocres铆a, apunt贸 con su dedo acusador a Marruecos por usar la migraci贸n como arma pol铆tica, como si la UE no estuviera plenamente armonizada en esta instrumentalizaci贸n que pisotea los derechos de las personas refugiadas, legitima las devoluciones en caliente, ignora a las familias que buscan a sus familiares ahogados por las necropol铆ticas e ignora los derechos de la infancia y la adolescencia migrante justo a la puerta de esta exquisita Europa de los derechos humanos.

El autocr谩tico r茅gimen marroqu铆 y la Europa de los derechos humanos van de la mano en la deficitaria protecci贸n de la infancia y la adolescencia migrante, de los ni帽os, las ni帽as, los adolescentes y los j贸venes que se mueven solos y desaf铆an las fronteras y sufren el racismo de ser 芦los ni帽os no acompa帽ados禄 en el sistema de protecci贸n. Ni la exquisita Europa de los derechos que r谩pidamente acusa a Marruecos es capaz de perseguir el discurso de extrema derecha que incita al odio y a la xenofobia y ningunea a estos chicos y chicas; ni las vac铆as declaraciones de la monarqu铆a marroqu铆 van aparejadas de la m谩s m铆nima coherencia y diligencia en la protecci贸n de estos chicos y chicas, con los que negocia como moneda de cambio con la obsesi贸n de Europa por expulsarlos de su territorio. 

Mientras las bombas ca铆an en Gaza鈥 

Mientras Omar Radi y Souleiman Raissouni, en detenci贸n preventiva desde hace nueve y diez meses respectivamente, agonizan en una huelga de hambre鈥 Y Europa calla. Ignorante del precio de la libertad de expresi贸n al sur del Estrecho de Gibraltar鈥

Por

Mario Orellana

Soci贸logo experto en migraciones




Fuente: Eltopo.org