March 31, 2021
De parte de Nodo50
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Francisco Molero iba vestido con ropa oscura y con un pañuelo palestino, como muchas de las personas que el 25 de abril de 2013 acudieron a la protesta convocada en contra de la Ley Mordaza. Era la segunda convocatoria bajo el lema de Rodea el Congreso, y, como en la primera, las cargas policiales y detenciones pusieron fin a la jornada. Molero, militante del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) y que entonces contaba 24 años, fue una de las 15 personas detenidas ese día, y la única que finalmente entró en prisión. Una condena de cinco años de cárcel y 16.000 euros de multa tras un proceso judicial en el que, según denunció el activista, no tuvo defensa jurídica efectiva hasta prácticamente la celebración del juicio, en el que el testimonio de los agentes de policía constituyó la única prueba para condenarle, a pesar de las contradicciones entre las diferentes declaraciones y que la ropa que llevaba era el principal elemento de su identificación. El pasado 5 de marzo, después de pasar cerca de tres años en la cárcel de Archidona, Instituciones Penitenciarias le ha dado el tercer grado, mientras aún sigue pagando los 16.000 euros de multa con la ayuda de donaciones a través de una campaña de micromecenazgo aún en marcha.

Después de tres años en la cárcel de Archidona, ¿cómo te sientes ahora que puedes salir, ver a tu familia y recuperar parte de tu vida?
Evidentemente es una alegría salir de la cárcel, pero todavía me quedan dos años de condena, estoy ahora en tercer grado. Si tuviese contrato de trabajo, me darían la pulsera telemática y prácticamente podría estar en mi casa, pero, aún presentando papeles médicos de mi madre, porque está bastante enferma y necesita cuidados de terceras personas, no han hecho caso y el equipo técnico insiste en que tengo que llevar un contrato de trabajo, cosa que, no sé en las demás provincias, que supongo que estará mal la situación, pero en la provincia de Málaga está muy mal el tema del trabajo ahora mismo. Así que va a ser que me queda un tiempo de ir al CIS [centro de inserción social]. Estoy allí de lunes a viernes. Los que salen por el día son a los que se aplica el artículo 100.2. Ellos salen a trabajar, vuelven a dormir y tienen los fines de semana libres. Yo solo salgo los fines de semana más un permiso de cuatro días al mes que tenemos todas las personas que estamos en el CIS. Pero sí me siento muy agradecido a toda la gente que me ha apoyado este tiempo. No hay palabras para expresar mi agradecimiento. Neruda decía que, si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida.

Aún presentando papeles médicos de mi madre, que está bastante enferma y necesita cuidados, no han hecho caso y el equipo técnico insiste en que tengo que llevar un contrato de trabajo

¿Aún te acuerdas de cómo fue ese día? Tu fuiste a Madrid desde tu pueblo, Cuevas de San Marcos, en Málaga, para participar en la manifestación.
Claro que me acuerdo. Fuimos varios amigos a Madrid. Estábamos en la concentración cerca del Congreso, y siempre hay gente que por desgracia se deja llevar por el momento de euforia, rabia o cólera. Pero mucha de esa gente era sospechosa de ser policías infiltrados. Gente muy corpulenta y muy bien organizada. Yo creo que había policías infiltrados, como hemos visto que ha pasado en otras muchas manifestaciones. Hubo muchísima más gente que se dejó llevar por aquel momento y nos abrimos paso y, de repente, nos encontramos rodeados de policías pegando por todos lados. A mi me detuvieron con un placaje digno de rugby. Fue increíble, iban pegando a cualquiera. Parecía que iban a matar a alguien. 


Y comenzó el proceso penal. Poco antes de tu entrada en prisión denunciabas, entre las irregularidades del proceso, que no tuviste una defensa jurídica efectiva prácticamente hasta la celebración del juicio. Belén Luján, que después pasaría a ser tu abogada, explicaba que tu anterior defensa ni siquiera se puso en contacto con los testigos de los hechos que citaste.
No, la anterior fue solo una abogada de pega. Y, como resultado, el más perjudicado de todas las personas detenidas ese día fui yo. Hemos recurrido por esto al Tribunal Constitucional, porque no fue un proceso justo, pero no lo ha admitido a trámite. 


Además, la condena se basó únicamente en las declaraciones de los agentes de Policía, que, según afirmas, se contradecían entre ellos.
Es su modus operandi. A mi me parece triste y me da rabia que se llegue a mentir teniendo ese poder. A la policía se la cree por encima de todo y llegan a mentir para hundirte y destrozarte la vida, a lo mejor por cuatro rasguños que se han hecho deteniendo a alguien. Me parece increíble. En mi caso, había policías que decían que yo había estado media hora lanzándole objetos y otros que cinco minutos. Unos decían que yo estaba con más gente, y otros que yo estaba solo. Unos que yo estaba a diez metros, y otros que estaba a más de veinte metros. Aquello parecía un chiste, pero en la sentencia pone que todas las declaraciones fueron armoniosas. Me sigue sorprendiendo, pero lo he tenido que aceptar porque la mentira es su forma de actuar.


Además de presentar un recurso ante el Constitucional y después en Estrasburgo, también pediste un indulto. Eso fue antes de que entraras en prisión, en 2018. ¿Se sabe algo de ese indulto?
Todavía sigue en proceso. No ha habido contestación ninguna. Tengo entendido que en el Gobierno se han ido pasando la patata caliente de unos a otros hasta que se ha llegado a una reunión con el ministro de Justicia, a quien no le gustaba el supuesto mal informe que yo tenía de la Subdelegación de Gobierno, el hecho desde la prisión. Así que creo que no están por la labor de dar el indulto. Dicen que no están dando indultos a nadie, pero todo el mundo sabe que sí que están dando indultos a los suyos. A mi ni me han contestado, porque saben que, si contestan que no, van a tener respuesta. 


¿Cómo has llevado estos años de cárcel?
En estos aproximadamente tres años me he sacado algunos estudios. Hay que aprovechar el tiempo, así que me he dedicado a hacer deporte,  a leer, a relacionarme con el resto de gente. Es una vida más, pero encerrado. Estando allí he tenido días más alegres y días más tristes. Estando allí, cuatro familiares míos han fallecido, entre ellos mi padre. 


Eso es muy duro, que te hayan quitado ese tiempo de estar con tu padre antes de su muerte.
Yo acepté todo lo que venía porque la vida es así. Es duro, pero yo sabía lo que iba a pasar. Las cosas hay que aceptarlas tal como vienen, al menos para que no te duelan tanto. Hay algunas cosas que hay que aceptarlas incluso para luego cambiarlas, y hay otras que no se pueden cambiar. Cuando un familiar se muere, no se le puede devolver a la vida. Pero hay que seguir adelante y luchando.

Cuando hay ganas de lucha porque es que hace falta luchar, no hay más remedio, es como el comer

Entonces, no te han quitado las ganas entonces de estar en la lucha. Continúas tu militancia en el SAT y otros colectivos.
Claro que sí. El SAT es el sindicato en el que milito desde hace ya años, y sigo trabajando también con otras organizaciones y con personas individuales que no son miembros de ninguna organización y que siguen luchando por una sociedad más justa. Por supuesto que seguiré, para nada me han quitado las ganas. Las ganas nunca se quitan. Es como el hambre, cuando la tienes hay que comer, y cuando hay ganas de lucha porque es que hace falta luchar, no hay más remedio, es como el comer.




Fuente: Elsaltodiario.com