February 5, 2022
De parte de Lobo Suelto
293 puntos de vista

Seguimos digiriendo lo indigerible. Las violaciones, la manipulaci贸n medi谩tica, las omisiones de la Justicia, la interferencia en los procesos judiciales, la misoginia y la transfobia, las verdades pagas, la crueldad como m茅todo, y la rabia y las movilizaciones feministas, que crecen en todo el pa铆s. La violaci贸n hiere todo a su alrededor, reproduciendo su violencia infinitamente.

Una violaci贸n es el recordatorio, casi la amenaza, de que puede tocarle a cualquiera. Es la omnipresencia del miedo: chequear d贸nde est谩 la puerta cuando entr谩s a un lugar, anticiparte para no generar la expectativa de un encuentro sexual si no est谩s cien por ciento segura de que quer茅s que suceda. Una sexualidad defensiva, dicot贸mica, r铆gida, que nos ense帽aron como normal a quienes a煤n deseamos encontrarnos sexualmente con hombres. Nuestras formas de goce 鈥搒obre todas las que contradicen el imaginario machista de nuestra sexualidad鈥 est谩n bajo ataque. Los caminos para deconstruir las alianzas entre el patriarcado y sus imperativos sexuales abren desaf铆os cotidianos y micropol铆ticos. Algunas los encaran distanci谩ndose de los hombres. Otras, reaprendiendo otras formas de placer, a veces dentro, a veces fuera de la heterosexualidad. 驴C贸mo afecta una violaci贸n a la fr谩gil construcci贸n de nuestros v铆nculos sexuales y afectivos? 驴C贸mo encaran los hombres sus dificultades para leer y entender el deseo, el goce y las formas de comunicaci贸n sexual o verbal de un s铆 o un no, de un quiero o un no quiero?

No es si te pasa. Ya te pas贸. Vivimos en la cultura de la violaci贸n. Todas tenemos algo para contar, porque estad铆sticamente ser mujer (cis o no) te hace candidata a haber vivido abusos. 驴Cualquier tipo de violencia es violaci贸n? No. 驴Todo acoso es violaci贸n? No. Pero s铆 es cierto que algunas escenas que en el pasado nos (auto)narramos como: 芦Insisti贸 mucho y ced铆禄 (porque no ten铆a otra, porque ten铆a miedo de que me matara, porque sab铆a que si resist铆a iba a doler mucho m谩s) hoy ser铆an nombradas y abordadas de otras maneras.

Que hablemos tanto de antes y ahora da cuenta de que hay cambios profundos que nos atraviesan r谩pidamente. Ante eso, es fundamental reconocer los l铆mites y las sutilezas. En eso estamos y eso esperamos de los compa帽eros sexuales varones y de todas las personas. Porque si vamos a hablar de violencias y de l铆mites difusos, me pregunto: 驴qu茅 entiende un var贸n cuando una mujer expresa dudas o pide m谩s tiempo?, 驴qu茅 gestos ser铆an necesarios para infiltrar, en el c贸digo heteronormativo de comportamiento y comunicaci贸n sexual, una escucha que atienda las asimetr铆as de poder y las formas diferentes, singulares, personales de expresarse, calentarse, violentarse sexualmente de cada uno? Y si vamos a hablar de l铆mites difusos, 驴saben lo dif铆cil que es sacarse de adentro un tipo con la pija dura? Es casi imposible. Por el culo, si te opon茅s, es un desgarro seguro. 驴C贸mo hablamos de esto? 驴Qu茅 fracturas se exponen con el silenciamiento y la penetraci贸n de un deseo?

Cuando los cuestionamientos a la veracidad de las denuncias se mezclan con las t谩cticas m谩s bajas de humillaci贸n p煤blica, malversaci贸n de poder medi谩tico, armadas entre operadores de la Justicia, de la prensa y de la pol铆tica para interferir en la opini贸n p煤blica y en un proceso judicial, una queda sin palabras, hundida en el estupor nauseabundo de una violencia que se sigue multiplicando en el est贸mago de cada una y en las rondas de todas nuestras reuniones. Si bien algunas violaciones trascienden p煤blicamente porque son denunciadas y llegan a extremos, las mujeres que las sufren tambi茅n son tomadas como blanco para la reacci贸n mis贸gina y la defensa de la cultura de la violaci贸n. Pero la enorme mayor铆a de las violencias sexuales que se viven d铆a a d铆a pasan desapercibidas o, incluso, son tapadas por el barullo que rodea a las m谩s medi谩ticas, cuya mediatizaci贸n acaba siendo funcional a los dem谩s encubrimientos.

驴Qu茅 se espera (o qu茅 espera la opini贸n p煤blica machista) de una v铆ctima de violaci贸n? La confrontaci贸n directa (mucho m谩s en violaciones colectivas), si bien puede salvar a la v铆ctima, tambi茅n la expone a un riesgo a煤n mayor. 驴Es la exploraci贸n del l铆mite de violencia del que es capaz el violador lo que se espera de las mujeres para obtener credibilidad? Solo un imaginario morboso que desea m谩s y m谩s heridas como prueba del sufrimiento puede dar lugar a esa l贸gica.

Cuando una situaci贸n de violencia se explicita, el violentador sabe que queda expuesto. Por eso tantos femicidios son precedidos por un intento de la mujer de buscar ayuda. Hacer de cuenta que las violaciones no suceden es, much铆simas veces, una estrategia de supervivencia. Y mientras no comprendamos y empaticemos colectivamente con estas experiencias, es dif铆cil que creemos estrategias efectivas. Mientras no visualicemos que hay alianzas entre patriarcado, Estado, medios y Justicia para debilitar la credibilidad de las mujeres y desprestigiar los movimientos disidentes y feministas, no estaremos preparados para frenar la violencia. Mientras no tracemos las continuidades y veamos la sistematicidad de las pr谩cticas machistas y sus actores, estaremos perdidos entre la misoginia, la cr贸nica roja y la justicia patriarcal. Mientras no sintamos que grabar y divulgar fragmentos de una situaci贸n 铆ntima forma parte de la violaci贸n 鈥搇a reedita, la completa鈥, estaremos cometiendo un error. Mientras no dejemos de tratar a cada mujer como culpable hasta que se demuestre lo contrario, estaremos reproduciendo el machismo. Cada vez que una violaci贸n denunciada es ninguneada p煤blicamente, es un pase libre para que todas las otras sigan sucediendo.

DERECHO A LA FIESTA

Lo que est谩 lesionado no es solo nuestro derecho a sobrevivir sin ser violadas y asesinadas, sino nuestro derecho a irnos de fiesta, al goce, a confiar en que podemos vulnerabilizarnos, divertirnos, drogarnos, re铆rnos, bailar, celebrar libremente con extra帽os. Nuestro miedo es razonable. Nuestra sospecha est谩 bien alimentada. El mensaje parece ser: no vayas a la calle, no vayas a coger, no te mezcles con hombres. A menudo cuesta encontrar alternativas al pensamiento antisexo o a una sexualidad vivida en una especie de apartheid lesbodisidente. La violaci贸n es una traici贸n a la libertad de nuestros cuerpos, pero tambi茅n una bala al coraz贸n de cualquier tipo de liberalismo sexual, al menos uno que incluya a personas cis. La violaci贸n afecta a la v铆ctima, pero tambi茅n, y sobre todo, la posibilidad de una vida juntes.

驴C贸mo hacemos, en un presente lleno de reacciones y ataques contra mujeres y disidencias, para inventarnos vidas que no est茅n organizadas en torno a v铆ctimas y enemigos? 驴C贸mo nos construimos por fuera del deseo de dominaci贸n y del de castigo? Entre la ola feminista, la reacci贸n machista y la explosi贸n de denuncias de abuso sexual como herramienta para frenar las violencias, vivimos un proceso parad贸jico. Por un lado, las mujeres est谩n cada vez m谩s amparadas por redes feministas y colectivos sociales. Se reconoce como un hecho que casi todas las mujeres sufrimos abusos; parece que la estigmatizaci贸n social a la mujer que vive su sexualidad (su vida) libremente ha retrocedido. Pero esto no se verifica en los hechos.

En el pasado se viv铆a un marco afectivo patriarcal en el que la normalidad era excluir el consentimiento de la mujer como factor relevante (en otras palabras: si quer茅s o no, importa un bledo). Hoy parece haber otros acuerdos y derechos, pero el viejo encuadre est谩 vivo, sigue ah铆. 驴Qu茅 implican estos desfasajes? La situaci贸n es confusa: nuestros derechos son nominalmente respetados y las libertades, igualitarias, pero cuando los discursos se apagan y quedan los cuerpos, nada de esto se hace materia.

DIRECCIONAR LA LUCHA Y COMPARTIR LA PROTESTA

La violaci贸n nos expone a diferencias en el interior de los movimientos antipatriarcales y disidentes. No es casual que en la marcha del 28 de enero se hayan producido violencias en las propias filas (trans)feministas. Una participante intent贸 expulsar a personas trans y no binaries; la polvareda TERF se levanta y toda persona que tenga pene se ve como une enemigue. Trans exclusionary radical feminism o radfems son nombres para un movimiento de odio a les sujetxs trans y no binaries, que argumenta desde una perspectiva biologicista que, de acuerdo a su genitalidad, no son leg铆times integrantes del movimiento.

TERF es una sigla en ingl茅s, pero deber铆amos inventar otro t茅rmino, porque el idioma hace parecer distante algo que est谩 demasiado cerca. Cuando hablamos de transfobia, nos imaginamos a un machito temeroso de su deseo no heterosexual, pero tambi茅n entre feministas nos encontramos cada vez m谩s con argumentos como que todos los hombres son violadores porque son socializados como tales, que los ni帽os varones no pueden participar de marchas feministas porque son potenciales opresores o que la relaci贸n con cualquier var贸n est谩 condenada a la violencia. Esto tiene como efecto que muchas compa帽eras sientan culpa o verg眉enza por criar un hijo var贸n y que se acose por su genitalidad a varies compa帽eres de lucha. Ser TERF quiere decir hacer pagar una pena a quienes, sin tener vagina, son una parte fundamental de un proceso de transformaci贸n. Ni pol铆tica, ni sexual, ni afectivamente el autoflagelo y el punitivismo pueden ser el pasaporte de entrada a ning煤n espacio capaz de dar vida a formas de vida menos violentas.

Si la diferencia entre sexo y g茅nero ya no corre, algo del proceso de nuestras propias luchas se nos escapa como arena entre las manos. Si mujer va a tener una 煤nica acepci贸n atada a argumentos biologicistas, si creemos que es tan determinante nacer var贸n que acabamos por tratar al g茅nero (una construcci贸n social) como esencial, 驴no ser铆a como regresar por otro camino al mismo callej贸n sin salida? No es casual que un acto violento desate las cadenas de otras violencias. Una violaci贸n hace temblar hasta las posiblidades de tejer alianzas entre personas que sufrimos el patriarcado desde distintos lugares. Pero si nuestra visibilidad y legitimidad se basa en reconocer que nadie sufre como nosotres mismes, entonces estamos construyendo una subjetividad basada en la autovictimizaci贸n. En medio de la tristeza, en medio de la n谩usea y el desconcierto, enojate, hermana, pero no con quien camina hombro a hombro contigo en una marcha. Enojate y llor谩 de rabia, porque en este presente no queda otra. Pero hag谩monos el espacio para recordarnos que, aunque el odio abunde, nuestras luchas siguen siendo para encontrar formas de amar.

Puede parecer grotesco o hasta inapropiado hablar en un mismo texto de violaci贸n, amor libre y transodio, pero en la experiencia todo sucede mezclado. En ese entrevero, una violaci贸n colectiva supone la m谩xima expresi贸n de la vigencia del pacto machista. Ante estos pactos responden los tejidos feministas, organiz谩ndose y autoconvoc谩ndose para resistir. Pero, aunque desear铆amos barrerlas de un plumazo, las masculinidades t贸xicas no pueden ser deconstruidas por las mujeres. Son sus portadores quienes necesitan activar. Un proceso social que involucre a todas las identidades sin exclusi贸n es, al menos mientras vivamos en sociedades con hombres y mujeres cis, la 煤nica v铆a para la construcci贸n de vidas libres. Vidas en las que, en lugar de renunciar a ciertos placeres por los riesgos que implican, nos dispongamos a revolucionar nuestras formas de relacionarnos para expurgar la violencia de los v铆nculos, sin cederle ni un solo placer al patriarcado.

Desde Uruguay para Brecha




Fuente: Lobosuelto.com