June 13, 2021
De parte de Acracia
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Hay una especie de sindicato, al parecer con cierta relevancia, y que siguen una calculada estrategia de multiplicarse en las redes sociales, que se hace llamar Frente Obrero, famosos por haber hecho algún que otro escrache a los capitostes de Podemos. Como ellos mismos dicen, no es una organización estrictamente comunista, pero parece indudable su vínculo con cierto partido marxista-leninista, el enésimo que conozcamos en este bendito país. No son gente para tomar a broma, ya que tal vez su discurso no tiene un largo recorrido intelectual, pero tienen muy clara la propaganda a realizar en un contexto de crisis y se consideran destinados a ocupar el espacio de una formación podemita en franco declive, lo cual no parece descabellado visto el panorama político preescolar que sufrimos. De hecho, la agresividad e inquina hacia Podemos del llamado Frente Obrero es tal, que no pocas veces han compartido espacio de debate con los grupos más reaccionarios, por lo que han llegado a emparentarlos con la extrema derecha y el fascismo. No es mi caso, ya que estos peculiares tipos no ocultan para nada, no ya su ideología leninista, sino la reivindicación del mismísimo Stalin. Por supuesto, los millones de muertos producidas por la URSS vendría a ser propaganda capitalista y, precisamente, el comunismo entró en declive para ellos con el proceso de desestanilización en los años 50 tras la muerte del dictador. El lider del FO, y creo que también del partido adjunto, es un tipo llamado Roberto Vaquero, con cierta labia y carisma, creo que alejado del violento limitado que ciertos medios han querido construir.

Vaquero fue, al parecer, alumno del mismísimo Pablo Iglesias, y compartió luchas con otros destacados miembros podemitas, que hoy pone abiertamente a parir como vendidos al sistema. No resulta de mi interés, por supuesto, hacer propaganda de esta gente, pero sí me interesa el ambiente ideológico en el que grupos como este adquieren cierta relevancia. La capacidad de los marxistas para reinventarse no ha dejado nunca de sorprenderme y, precisamente, pensaba que su enesimo intento de reconducir a la historia por el lado correcto pasaba necesariamente por apartar ese error genocida que fue Iosif Stalin. Pues no, hablamos ahora de unos comunistas que, con dos santos cojones, reivindican la Rusia estalinista como un modelo a seguir, bien es verdad que repitiendo como papagayos ciertos lugares comunes y, claro, negando la represión y los crímenes como producto de un «paradigma anticomunista», que no merece matices. Por otro lado, la aceptación acrítica de las tesis más elementales de ese, por otra parte, gran pensador que fue Marx les lleva a, por supuesto, seguir confiando de manera ciega en que las condiciones materiales y el desarrollo de las fuerzas productivas hará caer al capitalismo víctima de sus propias contradicciones para conducirnos, impepinablemente, al paraíso socialista. Lo de toda la vida, desde que se publicó aquel manifiesto hace casi dos siglos, vamos.

No resulta baladí que estos marxistas-leninistas, capaces de realizar una pirueta dogmática con doble salto y vuelta atrás, reivindican solo la URSS hasta los años 50 y, creo, su única heredera que fue la Albania de Enver Hoxha (no, este tampoco fue ningún dictador y sí otro honesto prohombre socialista capaz de romper con la URSS cuando esta abandono el buen rumbo). Es decir, abominan de todo marxismo heterodoxo y de toda praxis supuestamente comunista (China, Cuba, Venezuela…), que observan solo como reformismo y capitalismo de Estado, lo cual creo que desarma y sume en la perplejidad a los habituales fulanos anticomunistas, que son también bastante grotescos e irritantes. No, lo del FO no es nada original, sencillamente se han situado varias décadas atrás cuando ya el PCE sufrió escisiones con argumentaciones similares de apoyo a Albania y de críticas a la URSS y a países satélites, así como al trotskismo, al maoísmo y demás ismos «desviacionistas». La auténtica lucha, para estos leninistas estalinistas, es por supuesto la de clases, dogma que conduce la historia hacia la igualdad social, y desprecian todas las demás, que engloban de manera genérica y algo lerda con el nombre de «posmodernismo»: feminismo, queer, animalismo… Aunque dudo que estos activistas conozcan en profundidad lo que supone la posmodernidad, justo es decir que merece otra crítica profunda y exhaustiva cierta fragmentación de la lucha por el cambio social, pero lejos debe quedar abrazar tesis autoritarias ya periclitadas. No voy a mencionar la cantidad de estupideces que Vaquero, y sus adláteres, mencionan sobre los anarquistas; de hecho, en esta especie de recuperación de la más miserable y criminal praxis leninista, la terminología en torno a la anarquía es usada con profusión y aviesas intenciones para etiquetar todo lo que consideran negativo. Creo que no dan puntada sin hilo. Lo dicho, cuidadito con estos elementos, tal vez muchos de sus jóvenes militantes cargados de buenas intenciones, pero las numerosas crisis que supone el capitalismo es territorio abonado para toda suerte de dogmatismos y autoritarismos (de nuevo o viejo cuño).

Juan Cáspar




Fuente: Acracia.org