April 29, 2021
De parte de Amor Y Rabia
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El 3 de enero de 1961, un reactor nuclear del tamaño de un pequeño silo de granos explotó en el desierto de Idaho, causando una de las únicas muertes nucleares registradas en suelo estadounidense

Septiembre de 2017

por Justin Nobel

En medio del desierto de Lost River de Idaho hay un letrero de calle verde que dice “Atomic City” con una flecha que apunta a una pista solitaria de grava. Una noche, hace algunos años, lo seguí. Mientras las nubes de tormenta violáceas se tragaban el sol, me encontré con un grupo de árboles raquíticos y casas rodantes gastadas por el clima. Al lado de una autopista abandonada había una ambulancia anticuada y al otro lado de la calle un letrero de neón de un bar brillaba en la oscuridad. Dentro del bar, conocí a amantes de los vagabundos de Colorado y a un hombre barrigón con una gorra de caza que trabajaba manipulando combustible gastado para el cercano Laboratorio Nacional de Idaho. Hablamos de la energía nuclear, de la que, como era de esperar, él era un fanático. Luego hice la pregunta que me había llevado a Atomic City: ¿Qué causó el desastre nuclear de 1961?

El manipulador de combustible gastado ordenó un chupito de Jägermeister. “¿Has oído hablar del triángulo amoroso?” preguntó. No lo había hecho. Todo lo que sabía era que había algo sospechoso en el desastre. Ese mismo día, cuando traté de traerlo a colación en Pickle’s Place, en Arco, Idaho, a treinta millas de distancia, recibí miradas frías. “No encontrarás mucho sobre eso”, me dijo un hombre musculoso con una chica a su lado mientras salía del restaurante. Escuché lo mismo en la gasolinera de al lado, y en el motel de basura en el que me registré. La gente decía agresivamente que no sabía nada, lo que parecía implicar que había algo que saber.

“La esposa de un hombre estaba liándose con otro”, dijo el manipulador de combustible, después de beberse su Jäger. “Su marido se cabreó y la lió… No te engaño”. Luego volvió a representar cómo podría haber ocurrido el desastre: “Si tu te follas a mi esposa, yo te jodo a tí” – y con los dedos apretados tiró de su mano hacia arriba, haciendo el movimiento de sacar una barra de control del núcleo de un reactor. Boom.


A las 9:01 pm del 3 de enero de 1961, un reactor nuclear del tamaño de un pequeño silo de granos explotó en el desierto de Lost River. Los tres hombres dentro de la Planta Estacionaria de Baja Energía Número 1 (Stationary Low-Power Plant Number 1, SL-1), murieron. Hasta el día de hoy, se encuentran entre las únicas muertes nucleares registradas que hayan ocurrido en suelo estadounidense. Incluso a raíz del colapso nuclear de Fukushima en Japón, en marzo de 2011, nadie en los principales medios de comunicación mencionó el desastre del SL-1. El tsunami que causó el colapso de Japón fue visto como algo impredecible, resultado de la tectónica de placas y los mares mercuriales mal entendidos, mientras que el colapso en sí se percibió de otra manera. Se podría haber evitado, dijeron los expertos, con mejores protocolos de seguridad. Si alguien hubiera recordado lo ocurrido en SL-1, tal vez la conversación hubiera sido diferente.

“La magia del átomo”, un documental de propaganda de 1964 sobre los beneficios de la energía atómica (FUENTE)

Pocos estadounidenses conocen la historia nuclear de su nación. En 1946, después de que el bombardeo de Hiroshima demostrara que el átomo podía destruir una ciudad, el Congreso creó la Comisión de Energía Atómica (Atomic Energy Commission) para demostrar que también podía generar electricidad. Los reactores surgieron de la salvia del desierto de Lost River, un lugar elegido porque estaba escasamente poblado, es geológicamente estable y árido, pero con buen acceso a agua y electricidad. El sitio se llamó Estación Nacional de Pruebas de Reactores (National Reactor Testing Station). El 20 de diciembre de 1951, el Reactor Reproductor Experimental 1 (Experimental Breeder Reactor 1) alimentó cuatro bombillas, la primera energía nuclear del mundo. Cuatro años más tarde, Arco se convirtió en la primera ciudad del mundo cuya electricidad era suministrada por energía nuclear. Las empresas, pensando que la radiación eliminaría las impurezas o mejoraría la resistencia de sus productos, sometieron sus productos (oro, diamantes, plástico, papayas, papas) a radiación gamma.

El combustible del futuro había llegado, y suministraría energía a las ciudades, haría que los materiales fueran más fuertes y los alimentos imperecederos, y protegería a la nación alimentando la Línea de Alerta Temprana Distante (Distant Early Warning Line), un anillo de bases árticas remotas destinadas a detectar misiles soviéticos con destino a Estados Unidos que se desplazan a toda velocidad sobre el capa de hielo. El ejército imaginó reactores simples que podrían ser transportados por aire al norte en pedazos, ensamblados como conjuntos erectores y operados por soldados regulares. Entrenarían en SL-1.

La Distant Early Warning Line o Línea de Alerta Temprana Distante (FUENTE)

La estación de prueba era como un patio de recreo nuclear donde cada rama de las fuerzas armadas perseguía sus propios proyectos utópicos. Las máquinas se construyeron antes de que los físicos pudieran probar los principios para hacerlas funcionar. Algunos proyectos tuvieron éxito, como el primer submarino de propulsión nuclear, probado en un barreño de agua en el desierto de Idaho en marzo de 1953. Otros fracasaron estrepitosamente. La fuerza aérea gastó más de mil millones de dólares tratando de crear un avión de propulsión nuclear. El resultado fue un avión de 600.000 libras (272 toneladas) que arrojó radiación al cielo y envenenó los órganos internos de sus pilotos. Hubo otros contratiempos, incluida una serie de derrumbes accidentales, y varios se provocaron de manera intencionada para ver qué pasaba.

SL-1 estaba alojado en un silo de metal de tres pisos y rodeado por edificios de la administración abofeteados con materiales de guerra excedentes. Parecía más un granero inactivo que un esfuerzo por salvar a la humanidad. Y hubo problemas. El boro que revestía las placas de combustible de uranio y estabilizaba las reacciones se estaba desprendiendo a una velocidad desconocida, y las barras de control que regulaban las reacciones se habían pegado. Sacar las varillas permitió a los neutrones zumbar libremente y que ocurriera una reacción, mientras que meterlas sofocaba la reacción. Cuando las varillas se atascaron, sacarlas y meterlas tuvo que hacerse a mano. Se había programado que la instalación recibiera un nuevo núcleo de reactor en la primavera de 1961, algo que la explosión impidió que ocurriera y, por lo tanto, el núcleo original, que tenía un diseño curioso, todavía estaba en uso. En la mayoría de los reactores,se deben quitar varias barras de control para iniciar una reacción, pero en SL-1, con tirar solo de la barra de control central era suficiente. Este diseño nunca se había utilizado antes y no se ha vuelto a utilizar desde entonces.

 La Planta Estacionaria de Baja Energía Número 1 (Stationary Low-Power Plant Number 1, SL-1)

Por muy defectuoso que fuera el SL-1, los que trabajaban allí todavía se sentían parte de una misión épica. “El espíritu de patriotismo era absolutamente palpable”, dice Susan Stacy, autora de un libro escrito para el gobierno titulado Proving the Principle – A History of the Idaho National Engineering and Environmental Laboratory, 1949-1999. “Creo que había mucho idealismo sobre el potencial de la energía nuclear, ese átomo que se podía romper, para resolver muchos de los problemas energéticos del mundo”. Los jóvenes acudieron en masa a la industria en ciernes; Jack Byrnes y Dick Legg, dos de los tres trabajadores de SL-1 la noche que explotó, estaban entre ellos.

Byrnes, un apuesto joven de veinte años de Utica, Nueva York, se había alistado en el ejército a la edad de diecisiete años y a los diecinueve se había casado con su novia del instituto, Arlene, y se había convertido en padre. Después de un curso de un año operando reactores, fue asignado al SL-1. En octubre de 1959, él y Arlene ataron un baúl a la parte superior de un Oldsmobile negro y atravesaron el país con su hijo, Jacky, abrochado entre cajas en la parte trasera.

Los tres trabajadores del SL-1 víctimas del accidente de 1961

Dick Legg, un robusto joven de veinticinco años de la zona rural de Michigan, había trabajado dos años como electricista naval antes de inscribirse en el mismo curso nuclear que Byrnes. También fue asignado a SL-1. A diferencia de Byrnes, Legg llegó al oeste sin una mujer. (“Lo tengo todo resuelto con estas chicas”, le dijo una vez a un amigo de la marina, explicando su estrategia de ligar: pedirle a todas las chicas del bar una bebida hasta que una diga que sí, y luego decirla que conoce un lugar cercano con una buena banda musical, pero lugar de eso llevarla a una farmacia y comprar condones). En Idaho, Legg se casó con una taquígrafa adolescente de una estación de pruebas llamada Judith Cole.

Conocemos los detalles de la vida de estos hombres por los informes hechos por un investigador especial de AEC llamado Leo Miazga. Los informes fueron desenterrados más tarde por el periodista William McKeown y entretejidos en su libro completo, Idaho Falls: The Untold Story of America’s First Nuclear Accident, publicado en 2003. Miazga divaga en su análisis, pero su conclusión es bastante simple: la elección tanto de Byrnes como de Legg fueron meteduras de pata. Byrnes ignoró a su familia, se enamoró de bailarinas de strip-tease y tuvo rabietas en el trabajo en las que arrojó herramientas. Legg era poco profesional y holgazán. Para hacer una broma, una vez apagó un ventilador que enfriaba instrumentos críticos del reactor, y al menos en una ocasión lo encontraron durmiendo en su auto en el estacionamiento cuando debería haber estado supervisando el reactor. Después de que Legg manipulara la tarjeta de tiempo de un amigo que estaba haciendo novillos, el amigo fue transferido y Byrnes fue traido para ocupar su lugar. Los dos nunca habían trabajado juntos, pero tenían una historia volátil.

El reactor nuclear del SL-1

Una noche del mes de mayo anterior, los chicos de SL-1 se habían emborrachado en un club de striptease llamado Boiler Room. Byrnes presentó al grupo a una prostituta parlanchina llamada Mitzi. Se reunió con los hombres en la casa de un sargento para tomar tequila y whisky, y les ofreció sexo por veinte dólares. Tras quedarse sólo dos hombres, Byrnes la llevó a un dormitorio trasero. Después, Legg comenzó una pelea con él. Nadie sabe muy bien por qué, pero el sargento que se encargó del asunto les dijo a los investigadores que Legg estaba regañando a Byrnes por ser infiel o criticando sus nervios. McKeown menciona otra posibilidad, sacadade Miazga: Byrnes estaba durmiendo con la esposa de Legg.

El interior del reactor nuclear del SL-1

El 3 de enero, a las 4:00 pm, Byrnes y Legg comenzaron su turno. Los asistió un aprendiz llamado Richard McKinley. La primera tarea de la tripulación fue volver a conectar las barras de control al bastidor de transmisión que las movía hacia arriba y hacia abajo. Esto requería levantar manualmente aproximadamente cuatro pulgadas las varillas de cien libras. Levantar las varillas demasiado (otras diez pulgadas) provocaría una reacción nuclear, pero Byrnes y Legg conocían los riesgos. A las 5:00 pm, un hombre que estaba patrullando se detuvo, vio que los hombres estaban ocupados y siguió su camino. Alrededor de las 7:00 pm, el operador de la estación de pruebas hizo una llamada a la sala de control. Era la esposa de Byrnes, Arlene. Hablaron brevemente, decidiendo poner fin a su matrimonio. Según Miazga, a quien se lo había contado McKeown, una mujer no identificada intentó devolver la llamada varias veces durante las siguientes horas, pero nunca logró comunicarse.

Posición de los tres operarios del reactor nuclear del SL-1 cuando tuvo lugar la explosión, según la reconstrucción de la investigación del accidente

No conocemos la respuesta de Byrnes a esta devastadora llamada telefónica. Sin embargo, sabemos lo que sucedió a continuación. Y por el informe de la autopsia, sabemos que el hombre que estaba directamente sobre la barra de control central era Jack Byrnes.


A las 9:01 pm, el SL-1 explotó. “Cuando el reactor alcanzó la masa crítica, liberó tanta energía térmica en cuatro milisegundos que convirtió el agua que rodea al combustible en vapor”, dice el libro de Stacy. “[El agua] se estrelló contra la tapa del recipiente a presión a una velocidad de 160 pies por segundo y 10,000 libras por pulgada cuadrada exactamente como si fuera un pistón: un golpe de ariete. Todo el contenedor saltó nueve pies en el aire, golpeó el techo y volvió a caer en su lugar… La violencia de la explosión mató a los tres hombres”.

El lugar donde tuvo lugar la explosión

McKinley recibió un golpe en la cabeza con un trozo de metralla radiactiva que le arrancó la mitad de la cara. Byrnes fue arrojado contra bloques de concreto, rompiéndole costillas que le perforaron el corazón. Legg fue ensartado en el estómago por una barra de control voladora que lo lanzó tres metros en el aire y lo inmovilizó contra el techo. (Tomó una semana bajarlo, requiriendo un poste con un gancho para empujarlo hacia una red atada a una grúa operada por un hombre protegido con plomo). Los cuerpos de los hombres fueron envueltos en varios cientos de libras de plomo, colocados en ataúdes de y enterrados bajo un pie de hormigón.

Estado en que quedó la habitación del reactor tras la explosión

El día después de visitar Atomic City, conduje hacia el este a través del desierto de Lost River, hasta Idaho Falls. En una mesa de escaparate de Barnes & Noble, encontré el libro de McKeown, que incluso parece inquietante: su portada es una foto granulada en primer plano de una máscara de gas. Construye un caso cuidadoso, mostrando que Byrnes probablemente causó el accidente al sacar intencionalmente la barra de control central crítica. Tal vez, dice McKeown, “lleno de emoción: ira, remordimiento, culpa, sentimientos de persecución… [Byrnes] quería hacer algo para obtener la simpatía de Arlene, o simplemente para ‘mostrárselo'”.

Distribución corporal de la radiación recibida por las víctimas del accidente

McKeown considera la teoría del triángulo amoroso, pero también revela cuán débil es la evidencia. El base de esa teoría proviene de una conversación que Miazga tuvo con un supervisor del SL-1 que, al referirse a la relación de la esposa de Legg con Byrnes, había usado el título de señorita y no de señora. ¿El supervisor insinuaba sutilmente que se había acostado con Byrnes antes de casarse con Legg? Esto parece una conclusión muy extrema, pero se interpretó de esa manera y desde entonces se ha convertido en una tradición. Para mí, la teoría del triángulo amoroso está fuera de lugar. La versión contada por el manipulador de combustible gastado en Atomic City implica que Legg tiró de la barra de control para vengarse de Byrnes por acostarse con su esposa, pero independientemente de quién se haya acostado con quién, sabemos que Byrnes tiró de la barra de control, no Legg. Podría haberlo tirado en un acto de rabia dirigido a Legg, aunque creo que se trataba más de Arlene y, como sugiere McKeown, remordimientos. Somos criaturas mercuriales, y se sabía que Byrnes era especialmente volátil. Parece perfectamente plausible que un hombre con el corazón oprimido pueda sacar una varilla de control de cien libras del núcleo de un reactor.

La sala del reactor del SL-1 tras la explosión

Gran parte del libro de McKeown se basa en entrevistas que realizó en 2000 y 2001. Desde entonces, muchos de los entrevistados se mudaron o murieron, pero logré contactar con uno de ellos, C. Wayne Bills, subdirector de salud y seguridad de la estación de pruebas en el momento del accidente. Cuando le visité, en abril de 2012, Bills tenía 87 años y vivía en una casa de ladrillos en un tranquilo vecindario al este de Idaho Falls. Tenía hombros anchos, era robusto y afilado. Creció en un rancho de Colorado y estudió ingeniería en la Universidad de Colorado Boulder. Después de graduarse, tomó un puesto de encargado de de pruebas de plutonio en el Laboratorio Nacional de Los Alamos, en Nuevo México, donde se desarrolló la primera bomba atómica. Fue una experiencia fascinante. “El tipo que trabajaba al otro lado del pasillo estuvo en el Enola Gay” (el avión que arrojó la bomba atómica sobre Hirosima, matándomelo en el acto entre 70.000 y 16.000 civiles japoneses, AyR), dijo Bills.

En Los Alamos conoció a su esposa, que trabajaba en un laboratorio que analizaba muestras de orina. Después de trabajar en una compañía petrolera en Tulsa y en una fábrica de pegamento en St. Louis, Bills regresó a la energía nuclear y tomó un trabajo de inspector de seguridad en la Comisión de Energía Atómica, primero en Richland, Washington y luego en Idaho Falls. El lugar estaba a tope, pero de una manera diferente a Los Álamos: había más bravuconería que inteligencia.

El lugar donde estuvo el SL-1 en 2003

Cuando sonó la explosión del reactor del SL-1, Bills estaba haciendo prácticas en el coro en Idaho Falls. Saltó a su Studebaker gubernamental, recogió a un médico de AEC y corrió al sitio. Cerca de SL-1, se encontraron con una ambulancia que se dirigía al hospital. “Abrí la puerta y estaba leyendo cuatrocientos roentgens”, dijo Bills. El hombre dentro era McKinley, mutilado y resplandeciente por la radiación, pero de alguna manera, hasta unos momentos antes, todavía estaba vivo. Bills dio la vuelta a la ambulancia. “Si vas al hospital, vas a contaminarles a todos”, le avisó. Se tomó nota de su buen juicio y los altos mandos lo eligieron para dirigir un comité técnico encargado de determinar exactamente cómo había ocurrido el accidente.


El equipo de Bills demostró que la explosión no había sido causada por la larga lista de problemas preexistentes en el SL-1, como habían especulado algunos expertos, ni había sido causada por alguien que sacó accidentalmente la barra de control central del núcleo mientras la volvía a colocar en el bastidor de transmisión. Un trozo de tubería utilizado para volver a colocar la varilla proporcionó la evidencia crítica. Se había deformado por la explosión, pero todavía contenía un poco del soporte al que se iba a unir la varilla, es decir, Legg y Byrnes ya habían terminado de colocar la varilla cuando ocurrió la explosión. Los rasguños en la parte exterior de la varilla indicaron que se había tirado con fuerza no solo catorce pulgadas, la distancia necesaria para iniciar una reacción, sino veinte pulgadas, la distancia máxima posible.

El accidente del SL1 se convirtió en un argumento de los enemigos de la energía nuclear, tanto en documentales (Ida.) como en carteles y panfletos (Dcha.)

El equipo probó diversos escenarios para ver si la varilla había sido arrancada por accidente. Se hicieron pruebas  en las que diversos hombres se turnaran para tratar de tirar de un tubo de cien libras hacia arriba mientras otros la sujetaban y de repente la soltaban. La mayoría de los hombres levantaron de la barra unos centímetros. Ninguno se acercó a los veinte. Incluso analizaron si metiendo la mano podría haber causado que un hombre sacara la varilla, es decir, si otro hombre se acercó sigilosamente y lo golpeó en el trasero. Aun así, nadie dio un tirón lo suficientemente fuerte como para levantar la varilla veinte pulgadas.

En 1979 tendría lugar en a central nuclear de Three Miles Island (EEUU) un accidente nuclear, de una gravedad similar a la de Chernobil y Fukushima

Hacia el final de mi conversación con Bills, después de que su colección de relojes de abuelo sonara varias veces y la luz del sol de la tarde comenzara a deslizarse por la alfombra, su esposa, June, la misma mujer que había conocido en Los Álamos hacía sesenta años, regresó de una reunión de la iglesia. Comencé a ver a Bills como una especie de héroe estadounidense clásico de los años 50, devoto de su esposa, devoto en su fe, dedicado a su país. Por el contrario, Byrnes y Legg parecían haber sido unos jóvenes obscenos y torpes que estaban en una posición que les superaba. Bills era un apasionado de la energía nuclear; Byrnes y Legg simplemente se habían ido al oeste en busca de trabajo. “Estas personas no eran científicos”, dijo Bills. “Eran esencialmente militares; sabían cómo hacer funcionar los reactores, pero no estaban involucrados en saber mucho sobre cómo funcionaban”.

SL-1 fue un accidente nuclear muy estadounidense, con su gran dramatismo y enfoque en el individuo. Fukushima, que implicaba problemas de protocolo y culpa colectiva, fue muy japonés. Pero mientras que Japón se ha visto obligado a afrontar sus errores nucleares, Estados Unidos sigue avanzando, pensando que Three Mile Island fue su mayor accidente nuclear. El cantinero de Atomic City, un hombre desgastado que creció en Alaska y pasó su carrera luchando contra los derrames de petróleo en el Golfo Pérsico, no pensó que esto cambiaría pronto. “Este es un tema con el que no llegarás a ninguna parte”, dijo, mientras me enviaba seguir por mi camino, dándome una cerveza de Alaska para el viaje. “Este es su ojo morado. En lo que respecta a la industria, en los Estados Unidos nunca ha habido un accidente nuclear fatal”.

En 2020 se supo que un oficial naval británico a cargo de las armas nucleares de un submarino dotado de misiles balísticos fue expulsado por estar borracho (FUENTE)

Una versión anterior de esta historia decía que SL-1 fue el único accidente nuclear fatal que ocurrió en los Estados Unidos, pero varios buenos lectores han señalado que este no es el caso. En mayo de 1946, un físico canadiense llamado  Louis Slotin sufrió una herida mortal  mientras realizaba un experimento con plutonio en un laboratorio secreto del gobierno en las afueras de Los Alamos, Nuevo México (Haroutune Krikor Daghlian Jr.murió en 1945 después de irradiarse durante un experimento de masa crítica en la misma instalación) y en julio de 1964,  ocurrió un accidente fatal  en la instalación nuclear de Wood River Junction, en Rhode Island. Bien pudo haber habido otros. 


“Atomic City” apareció originalmente en la edición de primavera de 2012 de Tin House , “Weird Science”. Nuestro agradecimiento a Cheston Knapp y al personal de Tin House por hacer posible esta reimpresión




Fuente: Noticiasayr.blogspot.com