November 26, 2022
De parte de Acracia
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No es mi intenci贸n intervenir en la pol茅mica que est谩 copando espacios en los medios de comunicaci贸n estos d铆as de noviembre: me refiero a la reducci贸n de penas para algunos agresores sexuales como consecuencia de la entrada en vigor el mes pasado de la conocida como 芦Ley del solo s铆 es s铆禄. La Ley impulsada por Irene Montero desde el Ministerio de Igualdad ha propiciado estos d铆as silencios y comentarios diversos dentro y fuera del Gobierno de coalici贸n y declaraciones de la titular de Igualdad en el sentido de que hab铆a jueces que 芦estaban incumpliendo la ley por machismo禄.

Sorprende que Montero diga algo tan obvio como que los jueces y las juezas desprenden machismo (s铆, las juezas tambi茅n). El problema no es solo la judicatura sino el conjunto del Estado, en el que ella como ministra y su partido est谩n integrados, y que est谩 impregnado de generismo. Para entender lo ocurrido con esta ley, y otras muchas, hay que poner en el centro del debate la norma heterosexual como r茅gimen pol铆tico y econ贸mico que da pie a la divisi贸n sexual del trabajo y a su vez origina las desigualdades estructurales entre los g茅neros que est谩n atravesados por especificidades de raza/etnia, clase, disidencia sexual, etc.

Por tanto, hablamos de masculinismo(1) o generismo del Estado porque 茅ste tiene unas caracter铆sticas que dan significado, sancionan, sostienen y representan el poder masculino como forma de dominaci贸n. Esta dominaci贸n se expresa en la judicatura, y en cualquier otra instituci贸n del Estado, como el poder que tiene de establecer la descripci贸n y la direcci贸n del mundo en manos de los hombres.

La demanda de protecci贸n para las mujeres realizada por el lobby pol铆tico del feminismo institucional hacia el Estado es un contrasentido si no se cuestiona su masculinidad, por ello el Estado es un instrumento esencialmente problem谩tico para llevar a cabo un cambio pol铆tico feminista. Los tratos con el Estado conllevan un alto precio a cambio de la protecci贸n pol铆tica institucionalizada que implica siempre un grado de dependencia y un compromiso de actuaci贸n dentro del marco de normas dictadas por el protector. Cualquier agujero impensado puede ser aprovechado, adem谩s, para poner en cuesti贸n la ley m谩s protectora que una ministra pueda pensar.

A lo largo de la historia, la idea de que las mujeres necesitan la protecci贸n de y por parte de los hombres ha sido fundamental a la hora de legitimar la exclusi贸n de las mujeres de ciertos 谩mbitos de trato y su confinamiento en otros. As铆 mismo, la vinculaci贸n de la 芦feminidad禄 con razas y clases privilegiadas pueden acabar convirtiendo las normas protectoras en marcas y veh铆culos de esas mismas divisiones entre las mujeres beneficiando a las privilegiadas e intensificando la vulnerabilidad y la degradaci贸n de aquellas que han quedado en el lado de la intemperie (mujeres pobres, racializadas, disidentes sexuales, etc.)

El poder del Estado es, por tanto, un conjunto inconexo y heterog茅neo de relaciones de poder y un veh铆culo masivo de dominaci贸n y, por ello, est谩 problem谩ticamente determinado por el g茅nero. El feminismo anarquista debe plantearse estas consideraciones y partir de una repolitizaci贸n cr铆tica en contraofensiva al generismo y masculinismo del Estado as铆 como al lobby pol铆tico del feminismo institucional, en el cual, mal que le pese, est谩 Irene Montero y Unidas Podemos.

Laura Vicente

1.- De 芦masculinismo禄 habla Wendy Brown en su libro: Estados del agravio. Poder y libertad en la modernidad tard铆a y de 芦generismo禄 habla Sayak Valencia en 芦Trans-feminismos, necropol铆tica y pol铆tica postmortem en las econom铆as sexuales de la muerte禄. Ambas lecturas son clarificadoras del papel del Estado en las luchas feministas.




Fuente: Acracia.org