July 2, 2022
De parte de Nodo50
281 puntos de vista


Escrache a Etchecolatz en 2018 en ocasi贸n de un intento de prisi贸n domiciliaria en Mar del Plata

Etchecolatz viv铆a por Avenida Pueyrred贸n, casi C贸rdoba, en la ciudad de Buenos Aires. Para los que conocen, era pleno barrio norte. Faltaban pocos d铆as para el aniversario de La Noche de Los L谩pices, que para los j贸venes de entonces era una fecha sagrada, que nos erizaba la piel e insuflaba nuestra pelea por Justicia.

Etchecolatz, al frente de aquel operativo asesino de estudiantes secundarios en la dictadura, segu铆a en libertad gracias a las leyes y decretos de impunidad del menemismo y el radicalismo. Entonces ya dec铆amos una frase: 鈥渟i no hay justicia, hay escrache鈥.

Hoy la palabra escrache es muy com煤n, usada casi a mansalva. En aquel entonces ten铆a un significado muy profundo y muy 煤til: cuando uno de los responsables del genocidio m谩s tremendo de la historia argentina gozaba de impunidad, se iba a su casa y se se帽alaba que 鈥渁h铆 vive un asesino鈥. Era la modalidad acu帽ada por la agrupaci贸n HIJOS, que acompa帽谩bamos muchos, entre ellos los que milit谩bamos en comit茅s del Centro de Profesionales de Derechos Humanos (CEPRODH).

El d铆a despu茅s del escrache, Clar铆n escrib铆a, describ铆a, defin铆a: 鈥淓l escrache, la modalidad que anoche eligieron estudiantes y entidades de derechos humanos para repudiar al ex comisario Miguel Etchecolatz, consiste en una manifestaci贸n frente al domicilio de la persona elegida como blanco de la protesta. Naci贸 como una forma de se帽alar en p煤blico a represores de la 煤ltima dictadura militar y, en varios casos, incluy贸 pintadas cr铆ticas en los frentes de las viviendas鈥.

El barrio, tan paquete 茅l, aquella vez nos hizo sentir que no 茅ramos bienvenidos. La marcha fue muy grande, estaban las organizaciones de DDHH, pero tambi茅n federaciones y centros de estudiantes. el escrache a Etchecolatz en 1998. Los simp谩ticos vecinos nos arrojaban macetas, bolsas de basura. A m铆 me cay贸 al lado un pesado cuchillo mantequero, de esos de hierro macizo con el mango s贸lido y robusto, con el que a煤n hoy unto mis tostadas. Un souvenir involuntario de vecinos que, se ve, ten铆an a帽oranzas con la dictadura.

De movida hab铆a un ambiente tenso. Hubo, seg煤n recuerdo, algunos discursos de referentes de HIJOS y estudiantiles. Nos envolv铆a la m煤sica de fondo de los motores 谩speros de los camiones hidrantes y el respirar tenso de los muchachotes de la guardia de Infanter铆a, que se sal铆an de la baina para usar sus escopetas y sus palotes. De repente vol贸 una mosca, o alguien tosio, y nos empezaron a tirar con de todo: gases, balas de goma, palos, nos tiraban con los autos.

Creo que excepto el 20 de diciembre de 2001 nunca fum茅 y fumamos tantos gases.

Todos corrimos, retrocedimos, como s谩biamos, por C贸rdoba. Era muy com煤n definir de antemano 鈥減or d贸nde desconcentrar鈥, porque esas marchas muchas veces terminaban con garrotes. Retrocedimos defendi茅ndonos como pod铆amos, con lo que ten铆amos a mano.

A Sociales, se grit贸 para indicar que deber铆amos apuntar a la Facultad de Ciencias Sociales, casi un santuario laico en ese momento, para resguardarnos de la represi贸n. Por eso avanzamos por Uriburu, con los gases y las balas decorando el aire. Llegamos a la que luego fue mi facultad, Sociales, y nos metimos todos. luego de unos combates con piedras en la esquina de Marcelo T de Alvear y Uriburu. Era un d铆a y horario en plena cursada, por lo que la situaci贸n fue surrealista. Encima, era justo cuando hab铆a una crisis (y una lucha) por el edificio, desbordado y sobrepoblado. No cab铆a un alfiler. La escena era surrealista: los estudiantes sal铆an de las aulas y se cruzaban con otros j贸venes asfixiados, cansados, golpeados, vomitando.

Cerramos las puertas y repetimos tres veces “autonom铆a universitaria”, deseando que la polic铆a no avanzara m谩s. Pero bueno, era la polic铆a. Los agentes de la polic铆a menemista, en efecto, no eran tan afectos a respetar instituciones universitarias y democr谩ticas, por lo que empezaron a romper los vidrios de la puerta con la culata de sus escopetas y a disparar gases adentro. Recuerdo a mi hermano tirado cuerpo tierra para no asfixiarse en el hall de entrada de la facultad. Se me viene a la mente otro compa帽ero rompiendo ventanas para poder respirar, y viendo c贸mo los vidrios se cortaron los tendones de su mano, que nunca m谩s volvi贸 a poder usar bien.

Charcos de sangre compet铆an en la saturaci贸n de colores con los afiches de las agrupaciones pol铆ticas. El desvencijado edificio de Marcelo T de Alvear era una gran bolsa de gas y de gente sofocada. Podr铆a haber sido una masacre. Gente asfixiada y cortada. Desmayos. No pasaba algo as铆 desde hac铆a mucho. El repudio fue generalizado pero Menem conviv铆a con el repudio.

Ese d铆a, como tantos otros, se vio c贸mo el Estado bajo gobiernos constitucionales hace tanto por garantizar lo que hizo el Estado en tiempos de dictaduras.

Hoy Etchecolatz se fue de este mundo (y, spoiler alert, no hay otro). Si pas贸 los 煤ltimos a帽os preso fue por testigos como Julio L贸pez, desaparecido nuevamente por ese valeroso testimonio, por las abogadas que lo denunciaron, entre ellas mi compa帽era Myriam Bregman, Guadalupe Godoy y otras, y por marchas como 茅stas, que hicimos muchos an贸nimos que no quer铆amos m谩s impunidad.

#NuncaMas

Nosotros y nosotras, los y las socialistas, no festejamos muertes, porque no nos mueve la venganza sino la certeza y el deseo de que queremos y de que se puede conquistar una sociedad son opresi贸n, sin explotaci贸n, sin genocidio. No festejamos la muerte, dec铆a. Pero tenemos tanta memoria con los que vivieron para terminar vidas y hoy muri贸 uno de los peores de ellos, s谩dico, cruel, sanguinario. Tememos la tranquilidad de Etchecolatz muri贸 en un lugar donde lo pusimos entre miles: la c谩rcel.


<!– –

  • 0=> 12
    –>




    Fuente: Laizquierdadiario.com