July 21, 2021
De parte de La Haine
161 puntos de vista


Para nosotros, solo est√°n muertos los compa√Īeros que caen en el olvido. Carlo vive

x La Haine

Los muertos son los carabinieri que le asesinaron y sus superiores, que escondidos tras sus escudos y cascos intentan llenar d√≠a a d√≠a sus vidas de muerto.Los muertos son los indiferentes, los que se conforman y no luchan. Para nosotros, solo est√°n muertos los compa√Īeros que caen en el olvido. Carlo vive

Génova, 20 de julio de 2001, Piazza Alimonda, Carlo Giuliani es asesinado por un carabiniere de un tiro en la cabeza en el marco de las protestas contra la cumbre del G8.

Carlo ten√≠a 23 a√Īos. Hijo del conocido sindicalista Giuliano Giuliani, hab√≠a heredado de su padre una fuerte conciencia pol√≠tica. y estaba implicado en el movimiento antiglobalizaci√≥n.

Se desarrollaba en Génova, Italia la cumbre del G8 que reunió a los 8 países más poderosos del mundo para que decidieran el destino de millones de personas; en ese contexto, el movimiento antiglobalización organizó del 19 al 22 de julio multitudinarias protestas en rechazo a esta cumbre.

Durante esos días, cientos de miles de personas salieron a las calles y se produjeron enfrentamientos entre manifestantes y los cientos de carabinieri y militares que, armados hasta los dientes, reprimieron las protestas a golpes, porrazos y gas lacrimógeno.

En la contra-cumbre, lxs anarquistas e integrantes de los diferentes black block intentaron acceder a la zona roja en la que se reun√≠an, protegidos por un ej√©rcito de carabinieri, los dirigentes mundiales. El 20 de julio, d√≠a de la muerte de Carlo, la represi√≥n fue brutal, se registraron cientos de detenidos, heridos, la polic√≠a dispar√≥ armas de fuego al menos 18 veces contra los manifestantes… y asesin√≥ a Carlo Giuliani.

Los hechos se desarrollaron a las 17:00 en la Piazza Alimonda. La compa√Ī√≠a de carabinieri comandada por el capit√°n Claudio Cappello (acusado de torturas durante la misi√≥n italiana en Somalia) carga duramente contra los manifestantes. Los manifestantes responden lanzando todo tipo de objetos y piedras contra los land rover de los carabinieri.

El veh√≠culo de Mario Placanica se queda rezagado y un grupo de manifestantes en el que se encuentra Carlo intenta romper los cristales del mismo. El carabinieri asesina de un tiro en la cabeza a Carlo Giuliani. El land rover de los carabinieri aplasta el cuerpo de Carlo en dos ocasiones antes de abandonar la escena del crimen a toda velocidad. Varios manifestantes intentan acercarse a socorrer a Carlo pero una nueva carga policial se lo impide. El cuerpo del j√≥ven permanece en el suelo durante casi media hora sin recibir los primeros auxilios custodiado por los carabinieri. En los primeros minutos su coraz√≥n a√ļn lat√≠a.

Los mandatarios que se encontraban reunidos en la cumbre contin√ļan con total normalidad, en el palacio Ducal de G√©nova Silvio Berlusconi se congratula de los objetivos del c√≥nclave por su “alma humanitaria” y “coraz√≥n generoso” mientras Carlo Giuliani, activista antiglobalizaci√≥n se desangraba y mor√≠a en una calle cercana. [10 a√Īos despu√©s el polic√≠a que le asesin√≥ fue absuelto. Pese a los numerosos v√≠deos y documentos existentes, seg√ļn la Justicia, una “piedra de origen desconocido” provoc√≥ su muerte].

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Génova, cuestión abierta

x Adolfo Gilly – La Jornada

Paris, 28 de julio. “El G-8 perdi√≥ la batalla de G√©nova”, titulaba el lunes 23 de julio Le Figaro, el gran cotidiano de derecha franc√©s. El martes 24, cientos de miles de manifestantes desfilaban en m√°s de 50 ciudades italianas (50 mil en Roma, 50 mil en Mil√°n) al grito de “Asesinos”, contra la represi√≥n, el gobierno de Berlusconi y sus aliados fascistas en el gabinete.

El jueves 26 en Par√≠s, miles de personas, convocadas a √ļltima hora, recorrieron las calles bajo la lluvia hasta la embajada italiana en el barrio de Saint Germain, donde la polic√≠a les cerr√≥ el paso pero no busc√≥ el choque. “Asesinos”, gritaban los manifestantes, mientras encend√≠an bengalas de los trabajadores ferroviarios, pero tampoco ellos buscaban la violencia. Su rabia era doble: por un lado el asesinato de Carlo Giuliani y la represi√≥n fascista en G√©nova; por el otro, el trato infame de la polic√≠a italiana contra los franceses (y otros extranjeros). Los golpe√≥, los arrastr√≥, los pate√≥, asalt√≥ sus locales de comunicaci√≥n y descanso, se los llev√≥ presos, los oblig√≥ a permanecer horas y horas de pie contra la pared en los lugares de detenci√≥n, golpe√°ndolos cada tanto en los ri√Īones o d√°ndoles la cabeza contra el muro y, sobre todo, tratandolos de “sucios franceses” (o alemanes o espa√Īoles) y de “cochinos extranjeros, as√≠ van a aprender”. A este nivel quedaron la Uni√≥n Europea, el Parlamento Europeo y la comunidad europea. Justo es decir que el mismo o peor trato recibieron los italianos.

Sin embargo, no hay que pensar que la polic√≠a italiana se excedi√≥. No hizo m√°s que cumplir las √≥rdenes del anfitri√≥n del G-8, el gobierno de Silvio Berlusconi. As√≠ lo declararon a los periodistas varios polic√≠as, asqueados del papel que les hab√≠an hecho cumplir y de la verg√ľenza que hab√≠an vivido. El plan de Berlusconi era romper las manifestaciones de masas, destruir las radios populares, devastar los locales del Foro Social de G√©nova, hacer un escarmiento y sentar un precedente. Esa fue la est√ļpida e insensata apuesta que perdieron.

Hoy la prensa europea de todas las tendencias condena al gobierno italiano. The Guardian y el Financial Times, de Gran Breta√Īa; el Corriere della Sera y La Repubblica, de Italia; La Libre Belgique y Le Soir, de B√©lgica; Le Monde y Lib√©rati√≥n, de Par√≠s, y El Pa√≠s, de Madrid constatan el fracaso de Berlusconi y el final desastroso de la reuni√≥n [Por supuesto, condenan la “violencia de ambas partes”, pero ni una cr√≠tica al G8]. Notable es el comentario del peri√≥dico alem√°n Bild am Sonntag: “No hay que ser profeta para afirmar que la reuni√≥n cumbre del G-8 en G√©nova ser√° el √ļltimo espect√°culo pol√≠tico ritualizado y pomposo de esta especie. Los dirigentes de los pa√≠ses ricos crean expectativas sobre resultados y √©xitos seguros a las cuales al final s√≥lo responden con compromisos vac√≠os y grandes declaraciones de intenciones”.

Más allá del desastre político para ellos, la reunión de Génova muestra una realidad que los dirigentes del G-8 no están en condiciones de asimilar.

El ultraliberalismo, al romper todas las defensas y resistencias que las sociedades habían construido en tanto derechos, en tanto legislación y en tanto organización, contra la voracidad sin barreras del capital, rompió también el peso y la significación real de las mediaciones políticas; es decir, de la democracia institucional.

La banda de los ocho se re√ļne ostentosamente como due√Īos de las decisiones globalizadas que a todos nos afectan y nos conciernen. A ese nivel, no tenemos voz ni contacto ni interlocuci√≥n posible. No hay elecciones ni instituciones, ni congresos que los controlen, no s√≥lo a esos ocho sino a quienes por encima de ellos les fijan las pol√≠ticas: los centros internacionales del capital financiero, los grandes ricos, pues, los pocos obscenamente ricos de este mundo due√Īos de nuestros destinos y, creen ellos, de nuestras vidas.

Pero para mandar, es su desgracia, hay que tocar tierra y mostrar en alg√ļn lado que se manda. Para eso montaron el espect√°culo de la reuni√≥n del G-8 en G√©nova, no para resolver nada que sus gabinetes y otros achichincles no hubieran ya resuelto en reuniones previas. Y a G√©nova fueron los manifestantes, y los atraparon.

Además estos grandes son tan soberbios, tan negados y tan ignorantes del mundo en que viven y de su historia, que fueron a reunirse en Génova, el viejo puerto italiano, uno de los focos de la cuenca anarquista del mar Mediterráneo, que va desde Andalucía, pasando por Barcelona y Marsella, hasta Pisa y Livorno, en la costa italiana. Fueron además a buscar el país europeo donde la resistencia al ultraliberalismo está más organizada en la sociedad y tiene mayores experiencias de fulminantes movilizaciones a distancia dentro y fuera del territorio italiano. Fueron con su show a provocar a Génova, que en 1945 expulsó a los alemanes y en 1960 a los fascistas.

Estos ocho grandes son tan obtusos que no pueden ver que al borrar todas las mediaciones con las sociedades, como ellos lo hacen, un anarquismo moderno vuelve a aparecer como a fines del siglo XIX y principios del XX: la disputa total al Estado, la lucha no dentro de las instituciones (vaciadas de contenido y sentido) sino contra ellas, la resistencia de los despose√≠dos hecha odio y venganza contra la insolencia y el despotismo de los se√Īores y los ricos. Pero no es √©ste el mismo de hace un siglo. Es un nuevo anarquismo, una nueva protesta violenta que ser√≠a mejor para la izquierda comprender antes que tomarla como una provocaci√≥n (a menos que “provocaci√≥n” sea todo lo que se mueve en la izquierda sin hacernos caso, desde la insurrecci√≥n zapatista hasta la huelga de la UNAM).

Estos ocho son tan ciegos que no ven el agotamiento creciente de la “legitimidad democr√°tica” entre las multitudes que no tienen defensa y cuyas armas legales y organizativas anteriores han sido destruidas. Tienen la mente tan cerrada como las clases pol√≠ticas que siguen prometiendo “transiciones democr√°ticas” cuando lo que hoy se impone en las decisiones son los m√©todos externos de Bush y Colin Powell, mientras Berlusconi da c√°tedra sobre m√©todos internos. (As√≠ le fue, gracias sean dadas a G√©nova y a sus manifestantes).

La cuestión sin embargo no es reformar o maniatar a esas nulidades en el poder. Es construir una fuerza eficiente para contrarrestar ese poder.

La cuestión no es violencia o no. La cuestión es quién gana las calles y las plazas, quién moviliza al pueblo, quién arrastra a la prensa, quién obliga desde allí a las instituciones pero tampoco se detiene en ellas. La cuestión es quién construye además una contrafuerza social, un mundo nuestro, ciudades y campos organizados nuestros.

La cuestión no es entre violentos y pacíficos. Es comprender en toda su magnitud la violencia brutal y cínica de los gobiernos ultraliberales y respetar a quienes, desde el lugar que sea, los enfrentan.

La cuestión no es globalización o no. Es quién puede decidir en las nuevas relaciones mundiales, cómo se unen los movimientos nacionales dentro de las fronteras y por encima de ellas, cómo imponen la ley y la razón a gobernantes que no hacen caso de los parlamentos ni de las instituciones nacionales. En este mundo global que es el nuestro, la cuestión es dónde nace nuestra fuerza y cómo la organizamos.

México tiene esta cuestión abierta. Génova obliga a reflexionar una vez más el movimiento estudiantil, la alianza PAN-Fox-PRI amarrada en la ley indígena y, sobre todo, la persistencia, la resistencia y la extensión de la rebelión de los indígenas. La tentación de Berlusconi existe en México. Ella está ya presente en la ley Bartlett-Cevallos. Génova nos recuerda que Chiapas sigue estando en nuestro inmediato orden del día.

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El camino de Carlo

Mumia Abu Jamal – La Haine

El reciente tiroteo por la polic√≠a del joven de 23 a√Īos Carlo Giulani en las amotinadas calles de G√©nova, ha desencadenado una fuerte marejada en todo el mundo.

Giulani, hijo de un sindicalista romano, era uno de las decenas de miles de manifestantes antiglobalizaci√≥n que estuvieron en el √ļltimo de los lugares donde los pol√≠ticos y representantes de las grandes corporaciones se han reunido para asegurar la continuidad de su dominio en la econom√≠a mundial. Carlo era parte de un movimiento creciente, que est√° uniendo a los j√≥venes del denominado primer mundo con las aspiraciones de muchos en el llamado tercer mundo. Un movimiento que conmocion√≥ Seattle, y que ha logrado que el anagrama “WTO” sea conocido en todo el planeta.

Por oponerse a las reglas del capital, por oponerse al imperio de la riqueza, Carlo Giulani fue tiroteado por los pistoleros del capital y, como si esto no fuese suficiente, un vehículo policial pasó por encima de su cuerpo postrado y herido.

Con el brutal asesinato estatal de Carlo Giulani, el mensaje que se transmite es que el antiglobalismo es un crimen capital. Esta no es sino la √ļltima escalada de las fuerzas armadas del capital, que ha utilizado crecientes niveles de violencia para intimidar a las amenazantes hordas de los antiglobalizaci√≥n.

La sangre sobre el asfalto de Génova no comenzó cuando un policía apuntó con su arma semiautomática al rostro enmascarado de un anarquista romano. La sangre de Génova fluyó desde las calles de Gotemburgo, en Suecia, cuando la Unión Europea estuvo celebrando su cumbre. Allí, la policía también disparó sobre los manifestantes, hiriendo a tres, a uno de ellos seriamente.

Ahora un anarquista, un antiglobalización yace muerto.

Tan pronto como se conoci√≥ la noticia, me vinieron a la mente las palabras del dramaturgo irland√©s George Bernard Shaw, que una vez coment√≥ ir√≥nicamente: “El anarquismo es un juego en el que la polic√≠a puede golpearte”. Shaw, un ardiente socialista, quiz√°s rectificar√≠a su comentario a la luz de los hechos (si pudiese).

Lo que resulta m√°s asombroso es el modo en que los representantes del estado y su arma propagand√≠stica, los media, han reaccionado ante esta tragedia. Mientras los pol√≠ticos hablaban con la boca chica acerca de la “tragedia”, ni una s√≥la s√≠laba cr√≠tica sobre la polc√≠a fue pronunciada, ¬Ņno es as√≠?.

Para los media, sin embargo, se trata de un juego diferente. En pr√°cticamente todos los reportajes, se hablaba de los manifestantes violentos, sugiriendo adem√°s que los mismos estaban malinformados, o bien eras simplemente unos est√ļpidos por arriesgarse y preocuparse por los pobres de √Āfrica, Asia o Am√©rica Latina. Examinad esta cobertura informativa, sesgada a favor de las corporaciones, y haceros una simple pregunta: ¬ŅQu√© habr√≠an escrito si un polic√≠a genov√©s hubiese sido tiroteado y su cuerpo atropellado por un Land Rover conducido por anarquistas?. Cada uno de los desag√ľes del sistema habr√≠a vociferado acerca de cuan “viciosos”, “violentos” y “terroristas” eran los antiglobalizaci√≥n, ¬°acerca de esto no hay ninguna duda!.

En vez de eso, un silencio sordo.

Silencio, cuando los terroristas son los policías.

Silencio, cuando los asesinos son los policías.

Silencio, cuando los pistoleros de las corporaciones se manifiestan.

Habeis o√≠do las lecturas fragmentadas de los pol√≠ticos, hablando acerca de los “asaltos a los procesos democr√°ticos” y dem√°s. Sin embargo, ¬Ņcuan democr√°tico es el G-8?. Este grupo, que se ha elegido a s√≠ mismo, est√° integrado por siete de las naciones m√°s ricas del mundo (m√°s Rusia). Si existen en torno a 193 naciones en todo el planeta, ¬Ņqu√© hay de “democr√°tico” en el hecho de que el 4% de esos pa√≠ses establezcan las reglas de gobierno del resto de la econom√≠a mundial?.

Miradlo de otro modo: el G-8 est√° integrado por representantes de Canad√°, Jap√≥n, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, EEUU y Rusia. Si se suman todas las personas de cada uno de estos pa√≠ses, ello supone en torno a 824 millones, lo que representa mucha gente. ¬°Pero hay aproximadamente 6.000.000. millones de personas en la Tierra¬°. ¬ŅC√≥mo puede el 14% de la poblaci√≥n mundial establecer las reglas para el 86% restante de personas del mundo?.

Carlo Giulani no estaba “asaltando el proceso democr√°tico”. √Čl estaba protestando contra un proceso profundamente antidemocr√°tico.

√Čl estaba luchando por la mayor√≠a de las personas de este mundo.

(Traducción: Casa de los Pueblos de América)

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La imagen del poder se encogió en Génova

Luis Hern√°ndez Navarro – La Jornada

A las 10:30 del 22 de julio en el Palacio Ducal de G√©nova se re√ļnen los integrantes del G-8. Es la foto final de la reuni√≥n m√°s √°spera y espinosa que los poderosos del planeta hayan tenido jam√°s. Pero algo no hace sentido en ella. En la imagen que proyectan esos hombres de Estado, los m√°s influyentes del mundo, su fuerza ha disminuido. Sus trajes elegantes, su cutis cuidado, todas las se√Īas que usualmente les son suficientes para demostrar su fuerza, no sirven al lado de los videos y de las placas de una ciudad devastada que han dado la vuelta al mundo.

Bush, Blair, Berlusconi poco tienen que hacer hoy ante los medios, a pesar de su poder real, al lado de las fotos de un joven anónimo con el rostro cubierto que levanta los brazos arriba de un automóvil destrozado o de los cientos de miles de ciudadanos que protestan pacíficamente contra el G-8. Aunque administren el gobierno del mundo, la imagen del poder se ha encogido al lado del poder de la imagen.

Silvio Berlusconi, el hombre de los medios y del poder, el empresario que quiere un gobierno de empresarios, para empresarios y por empresarios, y que cree que ”s√≥lo el mercado produce democracia”, ha reconocido: ”Es un pecado que el mensaje que haya llegado a la opini√≥n p√ļblica sobre la cumbre sea el de la violencia”. De poco sirve que diga, rasg√°ndose las vestiduras, que ”hemos trabajado por los intereses del mundo” y que ofrezca que debe tomarse en cuenta a la sociedad civil.

El blintz

Cerca de la medianoche del 21 de julio la polic√≠a incursion√≥ en la sede del Genoa Social Forum (GSF) y de una escuela que se encontraba frente al local y alojaba a varios manifestantes. El gobierno italiano justific√≥ la acci√≥n diciendo que se hab√≠a capturado a los responsables de la violencia en la ciudad y que eran protegidos por la coalici√≥n opositora. Seg√ļn su vocero, Vittorio Agnoletto, se trat√≥ de un hecho no visto en muchos a√Īos, que recuerda las dictaduras militares latinoamericanas de la d√©cada de los setenta y los ochenta, efectuada sin orden de cateo alguna.

El operativo fue realizado con mucha violencia. Se hizo una hora y media después de que un programa de televisión mostró un video grabado en la Plaza Kennedy, en el que puede verse a un provocador, con un bastón en la mano, charlando amablemente con los carabineros cerca de uno de sus vehículos, al tiempo que una motocicleta con una pareja de jóvenes Рsimilar a las que recorrieron las protestas- les da una indicación.

Durante el ataque a la sede, la polic√≠a destruy√≥ las computadoras en las que trabajaban los abogados. En ellas se encontraban las denuncias recibidas sobre la brutalidad policiaca y los expedientes con las pruebas de las acusaciones. Tambi√©n da√Ī√≥ el equipo de Indymedia, una agencia de informaci√≥n independiente.

Jes√ļs es un catal√°n que se encontraba en la sede del GSF cuando la polic√≠a entr√≥ a las 11:45 de la noche del 22 de julio. En ese momento trabajaba en el ordenador cuando escuch√≥ ruidos en la calle. Al asomarse a las ventanas vio pasar los cascos de la polic√≠a. En ese momento comenz√≥ a escuchar el golpeteo en las puertas. Entraron entonces los gendarmes al edificio. Llevaban cascos y se cubr√≠an el rostro con pasamonta√Īas y pa√Īuelos. A la planta baja, donde se encontraba la sala de prensa, llegaron cinco agentes con porras y una ametralladora. Los periodistas que estaban all√≠, Jes√ļs inclu√≠do, fueron obligados a sentarse en el suelo con los brazos en alto. Para ese momento todos los pisos de arriba se encontraban ocupados por las fuerzas del orden. Hab√≠an destruido los discos duros de varias computadoras y tomado documentaci√≥n importante.

Pero, a√Īade Jes√ļs, ”lo m√°s grave fue en el edificio de enfrente, en la escuela Sandro Pertini. Entraron al grito de ¬°Viva el Duce! Reventaron el edificio. Se avalanzaron sobre todos. Dispararon botes de humo en la cara. Eso dur√≥ una hora. Todo mundo qued√≥ herido: hubo 92 detenidos y 60 heridos que salieron en camilla. Fue dram√°tico”.

Los j√≥venes que se encontraban en el edificio de enfrente, seg√ļn varios testimonios, fueron colocados frente a un muro y golpeados salvajemente. Sus gritos de dolor se escucharon por el barrio. Uno de ellos qued√≥ en estado de coma. Las ambulancias llegaron all√≠ durante horas para trasladar a los heridos. Un periodista perteneciente a un medio comercial le ense√Ī√≥ a las fuerzas del orden su documentaci√≥n oficial. Un agente le respondi√≥: ”M√©tetela por el culo! ¬°Para mi no sirve!”. Parlamentarios, m√©dicos y abogados trataron de ver a los detenidos. No se les permiti√≥.

En una conferencia de prensa en la que no se admitieron preguntas, la policía informó sobre los objetos encontrados en las escuelas: armas, cuchillos, bombas molotov, pelucas, máscaras antigás. Los integrantes del GSF aseguran que se trata de dos navajas suizas, material de construcción y unas botellas de vino. Una de las escuelas había sido abierta como albergue de todo el mundo, después de los aguaceros de hace unos días.

El GSF insiste en que el ministro Scajola debe renunciar. Para Agnoletto se trata de la ”tarjeta de presentaci√≥n de un gobierno que quiere instalar un Estado policiaco”. Anunci√≥ que solicitar√°n a Amnist√≠a Internacional que realice una investigaci√≥n independiente para esclarecer los hechos.

La reflexión

En plena refriega, dos muchachas hinduistas, convencidas de la fuerza de su mensaje de paz, se pararon frente a la polic√≠a. Obtuvieron como respuesta una paliza que las hizo caer al suelo. All√≠ fueron pisoteadas. Una logr√≥ levantarse y la otra corri√≥. Fueron alcanzadas por los gendarmes, tiradas al suelo y pisoteadas nuevamente. Una de ellas no se repone a√ļn del choque y tiene, entre otras heridas, 14 puntos de sutura en la cabeza.

Otras tres jóvenes ingenuas se encontraban sentadas en una banca cuando la policía cargó por dos lados distintos. No se movieron. Fueron lanzadas de un muro de tres metros de alto, para ser agredidas hasta que un hombre salió de un edificio y las metió a su casa.

Estos dos testimonios provienen de Sandro Pertini, el responsables de las brigadas médicas del GSF. Asegura que son casos modelo de lo que sucedió el viernes y sábado en la ciudad; que no son situaciones límite.

Entre los manifestantes hay una mezcla de malestar, desconcierto y preocupaci√≥n ante lo sucedido. Todo mundo tiene historias similares que narrar. En Italia no hay precedentes en los √ļltimos a√Īos de una actuaci√≥n de la polic√≠a tan en√©rgica. Hay una nueva situaci√≥n en la pol√≠tica nacional que puede poner en peligro -seg√ļn ellos- el Estado de derecho y las conquistas sociales.

De acuerdo con el vocero del GSF los acontecimientos de estos √ļltimos d√≠as no son casuales, sino parte de un ataque preparado en detalle por el gobierno en contra de un movimiento de masas que llev√≥ a la calle a 300 mil personas.

En una asamblea que fue conferencia de prensa o una conferencia de prensa que fue asamblea realizada en Punta Vagno el día 23, los miembros del GSF dieron amplios testimonios de la represión de la jornada y realizaron un balance de la situación existente.

Quienes tomaron la palabra en el foro lo hicieron con una actitud ambigua ante los hechos. Les pesa enormemente el asesinato de su compa√Īero; se dir√≠a que hay en ellos un pudor que les impide ser optimistas a pesar de la magnitud que su movilizaci√≥n alcanz√≥. Rafaella Bollini, de la organizaci√≥n ARCI, se dijo angustiada y se interrog√≥ por la calidad que la democracia italiana ha mostrado los √ļltimos d√≠as y por las mentiras de Berlusconi. Un orador m√°s concluy√≥ su intervenci√≥n diciendo que no ten√≠an palabras para describir los hechos. Otros insistieron en los avances. Todos llamaron a la movilizaci√≥n general el pr√≥ximo martes. Este s√°bado, 5 mil personas tomaron las calles en Bolonia y el lunes miles lo hac√≠an en Roma.

El Imperio contrataca

¬ŅEsta represi√≥n fue una decisi√≥n exclusiva del gobierno italiano o participaron en ella los otros gobiernos del G-8?

Agnoletto, siempre en√©rgico y prudente, asegura: el operativo general estuvo coordinado y dise√Īado por todos los gobiernos, el ataque a las oficinas del GSF fue obra del gobierno italiano; fue una respuesta policiaca a un desbordamiento pol√≠tico. El Goliat se puso nervioso frente al David pacifista.

Anubi D’Anossa, redactor del diario Liberazzione, piensa diferente. Seg√ļn √©l, los poderes reales est√°n experimentando c√≥mo enfrentar a un movimiento con amplio consenso, con el m√°ximo de violencia. Su apuesta es tratar de militarizar el ciclo de conflictos sociales que se inicia en Seattle. Se busca, dice, su divisi√≥n y ver c√≥mo se comporta en esas condiciones.

En Quebec experimentaron con el Muro de la Verg√ľenza, asegura, y no les funcion√≥. En Gotemburgo ya casi hubo un muerto. En Barcelona infiltraron la marcha con provocadores. Aqu√≠, en G√©nova, hicieron todo esto al mismo tiempo. No deja de ser una iron√≠a, a√Īade, que los muertos se hayan producido en Europa. ”Eso es se√Īal de que aqu√≠ hay m√°s miedo. El movimiento podr√≠a tener aqu√≠ una iluminaci√≥n alternativa”.

Las medidas tomadas, concluye, no dependen s√≥lo del gobierno italiano. Las polic√≠as del mundo est√°n coordinadas. M√°s ahora. M√°s para enfrentar estos movimientos. Adem√°s, cuentan a su favor con que el de Berlusconi es un gobierno de centro-derecha y est√°n peleando por la hegemon√≠a en Europa. Tienen Espa√Īa, tienen Austria, tienen a EEUU. La administraci√≥n Bush es clave en este vuelco a la derecha.

Seg√ļn Luca Casarini, el vocero de los Monos Blancos, hay una preocupaci√≥n real de los gobiernos de la globalizaci√≥n, del imperio que se reorganiza, frente a un poder que se ubica en el mismo plano que ellos. Por eso responden as√≠. Esa preocupaci√≥n fue mayor, tambi√©n, porque en Europa no hab√≠a convergencia entre los nuevos movimientos y el movimiento obrero, y eso se logr√≥ al menos en parte en estas jornadas de lucha.




Fuente: Lahaine.org