May 24, 2023
De parte de Nodo50
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Revisar las violencias que ejerzo me llev贸 a dejar de ser psic贸loga y psicoterapeuta. Considero que la revoluci贸n vendr谩 de un trabajo colectivo por acabar con las categor铆as de organizaci贸n social actuales.

Ilustraci贸n: Porechenskaya.

驴Qu茅 es lo que hace que une se sienta interpelade a responder ante una situaci贸n dif铆cil? 驴Qu茅 es lo que se nos activa por dentro para ser capaces de actuar? 驴Cu谩les son los bloqueos individuales y colectivos que operan en contra de que podamos hacer algo diferente frente a una situaci贸n injusta? 驴A qu茅 tenemos que renunciar para poder actuar de una vez? 驴A favor de qu茅 o qui茅n(es) actuamos cuando miramos hacia otro lado? 驴En qu茅 situaciones est谩 justificado el inmovilismo, si es que en alguna lo est谩? Preguntas como estas son las que inundan muchas de las conversaciones y reflexiones individuales y colectivas en las que participo desde hace un tiempo.

Es bien cierto que el an谩lisis interseccional me ayuda a poder situarme y contextualizar lo que sucede, a ubicar el privilegio y la opresi贸n y el lugar desde donde se ejerce el poder en tiempo real. Y es desde este mismo an谩lisis, que se actualiza a cada segundo, me voy haciendo cargo de las violencias que yo misma ejerzo, porque para m铆 no hay otra manera de cambiar la realidad que haci茅ndome y haci茅ndonos cargo de lo que sucede.

Tanto es as铆 que por esa misma raz贸n he dejado de ejercer de psic贸loga y psicoterapeuta, por entender de verdad que la violencia psiqui谩trica existe, que la cultura de la terapia tapona la gesti贸n colectiva del malestar, y que los Servicios de Salud Mental solo dejar谩n de existir si todes nos negamos a enviar all铆 a nadie y nos comprometemos con apechugar lo dif铆cil que sucede en el lugar y con las personas que nos toca.

Ha sido a ra铆z de entender profundamente todo esto y de sentirme interpelada cuando he podido actuar desde lo m谩s micro, desde la acci贸n m谩s peque帽a, y con la confianza de que funcione el contagio hacia el resto que es parte de la situaci贸n dif铆cil en cuesti贸n, renunciando a activar medidas involuntarias y de control para que nadie acabe ingresade en una planta de psiquiatr铆a. Acciones como, por ejemplo, en ning煤n caso llamar a la polic铆a o a la ambulancia cuando estoy viviendo una situaci贸n emocionalmente muy intensa con alguien, no puedo seguir el ritmo de lo que sucede o no entiendo lo que se est谩 diciendo; renunciar a medidas de control para salir de la situaci贸n; escuchar con detenimiento a todas las voces que est谩n presentes y preguntar por lo que se necesita; hablar tambi茅n de lo que yo necesito para poder estar; y actuar en consecuencia.

No obstante, el an谩lisis interseccional no parece suficiente (para muestra de ello la realidad sanitaria, social, econ贸mica y pol铆tica actual), ya que tanto an谩lisis te贸rico acarrea un gran riesgo: no hacer nada. Hablar, disertar, conversar, discutir, recitar, dialogar, decir, y no hacer.

Y entre tanta rompedura de cabeza, una de mis amigas me regala el 煤ltimo libro de Paul B. Preciado, Dysphoria Mundi (Anagrama, 2022). Como si de una visita guiada se tratara, Preciado nos pasea por todas las celdas que nos rodean y nos encierran en este capitalismo petrosexoracial (modo de organizaci贸n, tecnolog铆as y representaci贸n que clasifica a los seres vivos en categor铆as cient铆ficas binarias como especie, raza, sexo y sexualidad) en ruinas en el que nos encontramos -sobre todo despu茅s de la pandemia- a trav茅s del ensayo, la poes铆a y la autoficci贸n. Nos recuerda la disforia como clave para entender el mundo, y la mutaci贸n y la caducidad de las categor铆as binarias que hasta ahora han organizado la vida: identidades sexuales, raza, especie, fronteras, salud, ciencia, familia, casa, trabajo, dinero, energ铆a y vigilancia del estado, entre otras. Preciado da cuenta de que estamos habitando colectivamente ese punto de inflexi贸n que, con una buena estrategia, puede convertirse en revoluci贸n.

Cuando lo comienzo a leer, 隆no doy cr茅dito! En las primeras p谩ginas Preciado nos muestra sus antecedentes cl铆nicos, y seguido comienza a hacer una revisi贸n de la historia y una cr铆tica exageradamente acertada a la psiquiatr铆a, a las categor铆as diagn贸sticas y a la patologizaci贸n de lo trans, que no es m谩s que 鈥渦n desfase, una brecha, una falla entre dos reg铆menes epistemol贸gicos鈥. Me quedo boquiabierta al descubrir que el libro se inicia desde ah铆, ya que me hace pensar que Preciado y yo compartimos estrategia. Porque para m铆 la puerta de entrada a la revoluci贸n tiene que ver con dejar de contar con la psiquiatr铆a. Dejar de lado sus c贸digos, renunciar a ella como mecanismo de control social y construir desde lo colectivo. Y a partir de ah铆 lo que (nos) vaya sucediendo, que esa es la verdadera revoluci贸n, estar juntes sin saber qu茅 es lo siguiente que va a pasar.

Una buena manera de poner en pr谩ctica esto que digo, de entrar en materia de revoluci贸n y de hacer en vez de hablar, tiene que ver con prestar atenci贸n a un concepto que he aprendido leyendo a Preciado: lo supraliminal (opuesto a subliminal), que seg煤n su inventor G眉nther Anders, es el t茅rmino que designa los fen贸menos cuya dimensi贸n o cuant铆a excede nuestra capacidad de comprensi贸n de tal modo que nos resulta imposible tomar decisiones 茅ticas, sentir dolor o hacernos responsables. Un ejemplo de este tipo de fen贸menos es la destrucci贸n de la biodiversidad, que en su inmenso conjunto parece estar fuera de nuestra percepci贸n y sobrepasa nuestra capacidad de acci贸n, pero por suerte, somos capaces de centrarnos en acciones casi celulares para ir respondiendo y frenar la cat谩strofe, como evitar coger aviones o no comer nada derivado de animales.

En la misma l铆nea, otro ejemplo de lo supraliminal es el empeoramiento de la salud mental de la poblaci贸n, asociado al empobrecimiento y la precarizaci贸n, la falta de cuidados, la individualizaci贸n de los estilos de vida y la soledad. Como consecuencia, las personas son enviadas a psiqui谩tricos, a residencias, a centros de menores, a CIEs, a vivir en la calle, a morir soles. Es cierto que en su conjunto resulta tan enorme que bloquea que respondamos colectivamente y acabemos optando por medidas individualistas como la terapia, en vez de hablar de los malestares, los conflictos y los abusos en los lugares donde suceden y con las personas que est谩n involucradas. Pero si reparamos en esas acciones micro que tenemos posibilidad de realizar, podemos con seguridad iniciarnos en la revoluci贸n. Empezando por escuchar y no expulsar el malestar de les que nos rodean, pensar en qu茅 necesitamos cada une para poder seguir estando y escuchando el contenido de los momentos dif铆ciles, o en qui茅n puede venir a simplemente estar cuando une ya no puede m谩s. En redistribuir el dinero con quien no lo tenga, acoger en casa a quien no la tenga, hacer la comida para quien no tenga fuerzas para hacerlo, u ofrecer compa帽铆a a quien est茅 sole. Acci贸n directa, pura y dura.

Y hacerlo todo colectivo, agrup谩ndonos, renunciando a las categor铆as de organizaci贸n social que hasta ahora nos defin铆an (como el g茅nero, la clase, la raza y la especie) y a las estructuras establecidas (como la familia, la pareja, les amigues, les conocides, la gente del trabajo) para organizarse y ponerse a responder de verdad. Y para responder de verdad hay que hacerle hueco al malestar de manera absolutamente contracultural, porque eso implica que se nos va a agitar la vida y a mover el suelo, y todas esas categor铆as estancas que antes nos determinaban se van a redefinir.

Creo profundamente que es esta la manera de cambiar las reglas e inventar algo nuevo fuera del mapa que ya conocemos y que ya no nos sirve, y reparar lo destruido a trav茅s de relacionarnos de forma diferente, revisando la violencia que ejercemos y responsabiliz谩ndonos de ella. Atendamos lo supraliminal y pong谩monos a responder, y la revoluci贸n vendr谩 sola.


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Fuente: Pikaramagazine.com