October 28, 2020
De parte de La Peste
304 puntos de vista


Hasta los primeros d铆as de 2020, cuando oy贸 hablar de un 鈥渧irus鈥, el occidental pens贸 primero en su computadora (el asi谩tico estaba sin duda mejor informado). Por supuesto, nadie ignoraba el significado m茅dico de la palabra, pero estos virus se manten铆an alejados (脡bola), relativamente silenciosos a pesar de las 3 millones de muertes anuales por SIDA, incluso triviales (la gripe invernal, causa de 鈥渟贸lo鈥 10.000 muertes en Francia cada a帽o, la mayor铆a, personas de edad avanzada y que padecen enfermedades cr贸nicas). Y si la enfermedad golpeaba, la medicina hac铆a milagros. Incluso hab铆a abolido el espacio: desde Nueva York, un cirujano operaba a un paciente en Estrasburgo. En aquel entonces, eran m谩s bien las m谩quinas las que se enfermaban.

Hasta los primeros d铆as de 2020.

1 / ENFERMEDAD DE CIVILIZACI脫N

1.1 / Morimos como hemos vivimos

Una enfermedad contagiosa con una velocidad de propagaci贸n muy superior a la de la gripe, el covid-19 provoca pocos casos graves, pero su gravedad es extrema, sobre todo en las personas de riesgo (especialmente despu茅s de los 65 a帽os), y requiere una hospitalizaci贸n 鈥渋ntensa鈥 de los pacientes en peligro mortal. De ah铆 tambi茅n la necesidad (muy tard铆amente realizada en Francia) de hacer ex谩menes masivos.

Las epidemias y pandemias no han esperado a la 茅poca contempor谩nea.

En el Imperio Romano, la peste habr铆a cobrado casi 10 millones de v铆ctimas entre 166 y 189. Tras la Primera Guerra Mundial, se atribuyeron entre 20 y 100 millones de muertes a la gripe 鈥渆spa帽ola鈥 (que incluye entre 150.000 y 250.000 en Francia). Al mismo tiempo, el tifus, causado por una bacteria, mat贸 a 3 millones de rusos durante la guerra civil. En 1957-1958, la gripe 鈥渁si谩tica鈥 origin贸 la muerte de unos 3 a 4 millones de personas en todo el mundo (15.000 a 20.000 en Francia). Se estima que la gripe de 鈥淗ong Kong鈥 provoc贸 1 mill贸n de muertes a trav茅s del mundo entre el verano de 1968 y la primavera de 1970, de las cuales 31.000 fueron en Francia.

Muchas cifras pues, a veces muy inciertas (entre 20 millones y 100, la diferencia es enorme), siempre impresionantes, y que a menudo se refieren a episodios olvidados de la memoria colectiva: antes de febrero de 2020, 驴qui茅n recordaba en Francia las muertes de 1968-1970? En ese momento, el Estado no hab铆a adoptado medidas generales de salud p煤blica, y la prensa ignoraba o minimizaba la epidemia.

El covid-19 va acompa帽ado de un aluvi贸n de estad铆sticas que son tanto m谩s dif铆ciles de entender cuanto que sus criterios var铆an. Todo cambia seg煤n se registre el n煤mero total de muertes desde el comienzo de la epidemia o del d铆a, los contagios, el aumento del n煤mero de contagios en comparaci贸n con una fecha determinada, la tasa de transmisi贸n, las hospitalizaciones o las camas ocupadas en cuidados intensivos. En Francia, la multiplicaci贸n de ex谩menes (poco numerosos en los primeros meses) incrementa la cifra de contagios, mientras que el n煤mero de muertes diarias disminuye. Cuantos menos ex谩menes haga un pa铆s, menos casos contabiliza, lo que no significa que haya menos enfermos o muertos.

Ahora, se supone que todo el mundo sabe la diferencia entre morbilidad, mortalidad y letalidad. Sin embargo, es necesario distinguir entre tasa de letalidad aparente y real. S贸lo la segunda indica la relaci贸n entre el n煤mero de muertes y los casos efectivamente testeados como positivos; la primera se basa 煤nicamente sobre la estimaci贸n de los que se han infectado.

Por muy interesante que sea, esta contabilidad, inevitablemente incompleta, s贸lo revela un aspecto de la pandemia: su magnitud (probablemente un mill贸n de muertes en todo el mundo en 2020). No dice pr谩cticamente nada sobre sus causas sociales y sus efectos.

Como toda enfermedad grave, el covid-19 puede matar a personas debilitadas, por la edad, por otra enfermedad y/o por un modo de vida debilitante: mala alimentaci贸n, contaminaci贸n atmosf茅rica y qu铆mica 鈥攍a que se encuentra en el aire matar铆a entre 7 y 9 millones de personas en el mundo, de 48.000 a 67.000 en Francia鈥, el sedentarismo, el aislamiento, la vejez sin trabajo y por lo tanto estando fuera de la sociedad 鈥攖odos ellos factores que contribuyen a la diabetes y al c谩ncer鈥 terreno favorable para el covid. De los 31.000 fallecimientos registrados en Francia a finales de agosto de 2020, se cree que al menos 7.500 se deben a una comorbilidad (vinculada en una cuarta parte de los casos a la hipertensi贸n arterial y en una tercera parte a enfermedades card铆acas).

Factores diversos y no cuantificables se conjugan para crear un exceso de mortalidad, con una dimensi贸n de clase: por ejemplo, los pobres comen m谩s comida chatarra, y la obesidad es m谩s frecuente entre ellos. Y la tuberculosis (1.500 millones de muertes en el mundo en 2014) ha reaparecido con el empobrecimiento y el hacinamiento urbano. Cuando est谩s enfermo, es mejor ser rico鈥 y por lo general blanco. 鈥淐uando un blanco est谩 resfriado, un negro contrae neumon铆a鈥, dicen en los Estados Unidos. Sin olvidar, en este caso, el costo humano del confinamiento: desempleo, ansiedad, depresi贸n, aislamiento para el residente de una EHPAD (脡tablissement d鈥檋茅bergement pour personnes 芒g茅es d茅pendantes / Instituci贸n Residencial para Personas Mayores Dependientes)鈥

La civilizaci贸n capitalista no cre贸 el covid-19, pero favorece su difusi贸n, a trav茅s de la circulaci贸n cada vez m谩s extensa de seres humanos y mercanc铆as, una urbanizaci贸n mundial acelerada y a menudo insalubre, y la degradaci贸n de los mecanismos de seguridad social en los llamados pa铆ses desarrollados. (Volveremos a esto en el 搂2.)

鈥淕obernar es prever鈥: una regla que la sociedad capitalista no ignora, pero que aplica seg煤n sus propias l贸gicas. Cuando prevenir es un obst谩culo a la competencia entre empresas, a la b煤squeda del coste m铆nimo de producci贸n, al beneficio y a los intereses a corto plazo de la clase dominante, la prevenci贸n pasa a un segundo plano. El principio de precauci贸n jam谩s ser谩 una prioridad en una sociedad que es capaz a lo sumo de gestionar una crisis sanitaria, pero no de prevenirla.

En nuestro mundo, s贸lo lo mensurable ser铆a 鈥渃ient铆fico鈥: los factores sociales y medioambientales que juegan un rol importante en la propagaci贸n de las enfermedades son dif铆ciles de cuantificar, por lo que escapan al an谩lisis estad铆stico.

En cualquier caso, el modo de vida occidental no parece ser una ventaja.

1.2 / Cronolog铆a de una gesti贸n por expedientes

鈥淒ebemos comenzar reiterando, a riesgo de escandalizar hoy, que la pandemia del Covid-19 deber铆a haber permanecido como lo que es: una pandemia ligeramente m谩s viral y letal que la gripe estacional, cuyos efectos son leves en una gran mayor铆a de la poblaci贸n, pero muy graves en una peque帽a fracci贸n. En cambio, el desmantelamiento del sistema de salud europeo y norteamericano que comenz贸 hace m谩s de una d茅cada, ha convertido este virus en una cat谩strofe sin precedentes en la historia de la humanidad que amenaza a nuestros sistemas econ贸micos en su totalidad. [鈥 Habr铆a sido relativamente f谩cil contener la pandemia mediante la detecci贸n sistem谩tica de las personas infectadas tan pronto como aparecieron los primeros casos, trazando sus desplazamientos y la colocando en cuarentena selectiva a las (muy pocas) personas afectadas. [鈥 La t茅cnica de los ex谩menes de detecci贸n no es nada complicada, s贸lo requiere la organizaci贸n y el equipamiento que sabemos producir. [鈥 Al mismo tiempo que se distribuyen mascarillas de forma masiva a toda la poblaci贸n susceptible de estar contaminada para reducir a煤n m谩s los riesgos de diseminaci贸n鈥. (Ga毛l Giraud, 24 de marzo de 2020)

Obviamente, no es eso lo que estamos viviendo.

驴Por qu茅 uno de cada tres terr铆colas ha sido confinado durante semanas, y en riesgo de que sean confinados nuevamente si los Estados lo consideran necesario?

Si es cierto que la internacionalizaci贸n del capitalismo lo hace vulnerable, esto no es suficiente para explicar la par谩lisis parcial de la econom铆a mundial: 驴por qu茅 se ha detenido la producci贸n y la circulaci贸n? 驴Por qu茅 la lucha contra el contagio ha tomado la forma de un encierro de las poblaciones, con el cierre forzoso de algunas empresas?

Primer momento: Advertencia

鈥淎 principios de 2018, en una reuni贸n de la Organizaci贸n Mundial de la Salud [鈥 un grupo de expertos [鈥 acu帽贸 el t茅rmino 鈥榚nfermedad x鈥. Predijeron que la pr贸xima pandemia ser铆a causada por un nuevo pat贸geno desconocido que a煤n no hab铆a entrado en contacto con la poblaci贸n humana. La enfermedad x probablemente provendr铆a de un virus de origen animal y surgir铆a en alg煤n lugar del planeta donde el desarrollo econ贸mico favorece la interacci贸n entre humanos y animales. Es probable que la enfermedad x se confundiera con otras enfermedades al inicio de la epidemia y se propagara r谩pida y silenciosamente [鈥 explotando las redes de viajes y comercio [鈥 La enfermedad x tendr铆a una tasa de mortalidad m谩s alta que la gripe estacional鈥. (Michael Roberts, 15 de marzo de 2020)

 Segundo momento: Negaci贸n

Menos de dos a帽os despu茅s, cuando apareci贸 lo que ten铆a todas las caracter铆sticas de esta enfermedad x, los Estados comenzaron a minimizar o negar el problema.

鈥淐uando, el 31 de diciembre de 2019, las autoridades de Taiw谩n advirtieron a la OMS sobre los peligros del virus de f谩cil transmisi贸n, la direcci贸n de la OMS cuestiona la gravedad de la situaci贸n y se hace portavoz de China. El 14 de enero [鈥 la OMS niega que el virus sea contagioso entre los humanos. Por consiguiente, la pandemia resultante permaneci贸 invisible por largo tiempo en los diversos pa铆ses afectados, tanto en Asia como en Europa, que en general la detectaron varias semanas m谩s tarde. El 30 de enero, el director de la OMS [鈥 viaj贸 a China donde afirm贸 que la situaci贸n estaba bajo control y felicit贸 a las autoridades chinas [鈥 desaconseja tambi茅n cualquier restricci贸n de desplazamientos y viajes mientras que Taiw谩n ya est谩 cerrado bajo control desde hace un mes鈥. (Jean-Paul Sardon, 28 de abril de 2020)

Privilegiando los intereses econ贸micos, los Estados no han adoptado medidas de protecci贸n, por ejemplo, instaurando controles sanitarios en los puntos de entrada a su territorio.

En Francia, el domingo 14 de marzo de 2020, el buen ciudadano fue llamado a salir para ir votar en las elecciones municipales.

Tercer momento: La gesti贸n sanitaria tiene prioridad sobre la econom铆a

Ante la magnitud de la epidemia, los gobiernos no pod铆an abstenerse de reaccionar, pero s贸lo seg煤n sus propias l贸gicas y con sus propios medios. En un pa铆s como Francia, el acontecimiento revela hasta qu茅 punto la seudo-abundancia oculta una verdadera escasez: la 鈥渟茅ptima potencia econ贸mica mundial鈥 carece de enfermeras/os, de camas de hospital, de ex谩menes, de medios de protecci贸n鈥 En marzo de 2020, el confinamiento generalizado 鈥攓ue condujo a la paralizaci贸n parcial de la producci贸n y el comercio鈥 demostr贸 ser el 煤nico medio disponible para limitar temporalmente una enfermedad cuya peligrosidad era poco conocida.

En Francia, el martes 16 de marzo, el buen ciudadano fue obligado a quedarse en casa bajo pena de castigo.

Cuarto momento: De vuelta al trabajo 鈥攃asi鈥 como siempre

Despu茅s de unos dos meses, la pandemia, lejos de haber terminado, y a煤n m谩s mort铆fera en algunos pa铆ses, parec铆a manejable sin desestabilizar las sociedades. Adem谩s, se constat贸 que la gran mayor铆a de los muertos hab铆an pasado la edad de ir a trabajar (en Francia, entre el 1 de marzo y el 28 de agosto, el 90% de los muertos superaban los 65 a帽os), y que, para los trabajadores, la probabilidad de morir a causa del covid era baja: por lo tanto, era urgente enviarlos de vuelta al taller o a la oficina 鈥攃on la promesa de una protecci贸n adecuada, por supuesto. Al mismo tiempo que se suavizan las restricciones y prohibiciones en la vida cotidiana (aunque a veces se empeoran en otros pa铆ses).

1.3 / 鈥溌 bien! La guerra鈥 (La Marquesa de Merteuil, Choderlos de Laclos, Las amistades peligrosas, 1782)

Los gobiernos e instituciones se proclaman en guerra contra un 鈥渆nemigo invisible鈥. Tom茅mosles la palabra.

Tanto si un pa铆s gana como si pierde una guerra, para sus clases dirigentes el costo no es insignificante, y a menudo resulta ser exorbitante: pueden dejar toda o parte de su riqueza o poder atr谩s. Pero la racionalidad de un conflicto no puede comprenderse ni medirse en libras esterlinas o d贸lares. Un Estado no va a la guerra para ganar dinero, y lo que lo determina no es una l贸gica de negocios: es el resultado de fuerzas y (des)equilibrios sociales y pol铆ticos, al interior como al exterior del pa铆s. La decisi贸n que se tome ser谩, en 煤ltima instancia, acorde al inter茅s de las clases dominantes, tal como ellas lo conciben. Las 茅lites dirigentes de los cuatro imperios (alem谩n, austriaco, ruso y otomano) que desaparecieron despu茅s de 1918 se hab铆an lanzado en 1914 a una guerra de la que esperaban salir fortalecidos. En bastante menor grado, los invasores del Iraq en 2003 no hab铆an previsto el Estado isl谩mico.

Los gobiernos conocen desde hace d茅cadas las causas y los efectos del calentamiento clim谩tico, contra los cuales s贸lo han proporcionado paliativos. 驴Por qu茅 actuar铆an de otra manera ante una pandemia? Incapaces de tomar precauciones para las personas mayores que ya padecen enfermedades graves, de testear masivamente, de poner a cualquier persona infectada en cuarentena, y de hospitalizar en buenas condiciones los casos extremos, les quedaba la soluci贸n menos mala y m谩s f谩cil para ellos: establecer una especie de 鈥渂loqueo social鈥.

Ante una crisis de la cual no pod铆an ni quer铆an tratar las causas (formaban parte de ella), las clases dominantes la administraron sin dejar de hacer todo lo posible por mantener su poder. Las respuestas han variado en extremo, desde Alemania hasta Brasil, con sanciones que van desde seis meses de prisi贸n en Francia hasta siete a帽os en Rusia. Pero en todos los casos, la gesti贸n de la epidemia y el control de la poblaci贸n son una sola y misma cosa: en Francia, la salida al bosque se prohibi贸 durante el confinamiento, porque sus amplios espacios, aunque favorecen el 鈥渄istanciamiento f铆sico鈥, hacen m谩s dif铆cil la vigilancia. El precio que deben pagar las clases dominantes (riesgo de descr茅dito pol铆tico, p茅rdida de producci贸n y, por tanto, de beneficios) no es peque帽o, pero secundario en comparaci贸n con el imperativo de mantener el orden, social, pol铆tico y sanitario al mismo tiempo.

Incluso Corea del Sur y Taiw谩n, a pesar de haber practicado masivamente ex谩menes y distribuido mascarillas, limitando as铆 el confinamiento a los casos probados, tuvieron que frenar sus econom铆as altamente orientadas a la exportaci贸n, ya que el resto del mundo se cerr贸. Del mismo modo, Alemania, a pesar de un confinamiento muy diferente al de Francia, por ejemplo, se vio obligada a limitar sus actividades comerciales.

El resultado, una huida hacia adelante finalmente muy racional: un gran n煤mero de pa铆ses se inyect贸 una dosis (fuerte pero provisional, se espera) de reposo forzoso antes de volver en buena salud y m谩s bello.

Pero en la novela de Laclos, la belicosa marquesa termina bastante mal.

2 / CADA CUAL SEG脷N SU CAPITALISMO

Si es cierto que el gobierno franc茅s trata a su pueblo como ni帽os, y el gobierno alem谩n como adultos, uno se sorprende por la oposici贸n entre el car谩cter muy preventivo del sistema de salud en Alemania, en comparaci贸n con una Francia que s贸lo ha sido reactiva.

Tanto bajo gobiernos de derecha como de izquierda, entre 1993 y 2018, Francia recort贸 100.000 camas de hospital, y al principio de la crisis s贸lo ten铆a capacidad para testear a 3.000 personas al d铆a.

Alemania, por otro lado, fue capaz de testear 50.000. Este pa铆s est谩 lejos de ser un para铆so del Estado de Bienestar: el trabajo precario est谩 institucionalizado, la tasa de pobreza se aproxima a la del Reino Unido, y tambi茅n all铆 el hospital est谩 sujeto a imperativos de rentabilidad. Pero Alemania se beneficia del capitalismo m谩s s贸lido de la Uni贸n Europea, basado en su poder de exportaci贸n, que garantiza una mejor reproducci贸n de la sociedad 鈥攜 de la fuerza de trabajo鈥 y permite evitar recortar demasiado los presupuestos sociales, en particular el gasto en atenci贸n sanitaria.

Como Francia no dispone de estas ventajas (la industria representa el 15% del PIB, frente al 25% en Alemania), al principio de la crisis dispon铆a de 7.000 camas de cuidados intensivos (que luego aumentaron a 10.000), contra 25.000 en Alemania. La 鈥済esti贸n鈥 de la empresa hace funcionar el hospital sobre la base del principio 鈥渏usto a tiempo鈥: como en una f谩brica textil o un supermercado, conservar en todo momento s贸lo lo estrictamente necesario (una cama desocupada las 24 horas del d铆a es un despilfarro de dinero), tener a disposici贸n una reserva de desempleados disponibles y, si es necesario, contratar personal temporal, bajo contrato y sin 鈥渆statuto鈥. En septiembre de 2019, unos meses antes de la crisis, se establecieron administradores de camas para 鈥渟uavizar el flujo de pacientes que entran y salen de los distintos servicios鈥. El resultado es una medicina de punta que a veces es menos capaz de hacer frente a una epidemia que un pa铆s pobre de 脕frica.

Dado que se ha pasado por alto la detecci贸n, y que faltan los medios humanos y materiales, el confinamiento y los toques de queda ocupan el lugar de la protecci贸n. Por lo tanto, no es absurdo que el Estado adopte una ret贸rica de guerra y trate de suscitar una uni贸n sagrada habiendo sido sacudido por un largo tiempo el a帽o anterior, por la grave crisis social de los Chalecos Amarillos. Al 鈥渃onsejo de defensa鈥 contra el terrorismo, se a帽ade el 鈥渃onsejo de defensa covid鈥, 鈥渃onsejo ecol贸gico鈥濃 A la manera en que la defensa civil organizada por el Estado salva vidas tras un bombardeo, debido a la guerra desencadenada por el mismo Estado.

Si Corea del Sur y Taiw谩n han actuado de manera muy diferente, es sin duda porque han sufrido graves epidemias recientemente, pero tambi茅n porque no han buscado sistem谩ticamente el 鈥渕enor Estado posible鈥: no hay una sociedad capitalista estable sin un servicio p煤blico adecuado. En 2017, el n煤mero de camas de hospital por cada 1.000 habitantes en Corea del Sur era de 12,27, (3,18 en Italia). El gasto en educaci贸n y salud no es s贸lo un costo, sino una inversi贸n necesaria para el conjunto del capital, de lo contrario este no asegura la reproducci贸n de toda la sociedad de la que depende.

As铆, 鈥渁 fuerza de ahorrar en el sistema sanitario, un virus un poco m谩s agresivo y mortal que la gripe habitual es suficiente para causar una p茅rdida de diez puntos del PIB. [鈥 La integraci贸n entre el Estado y la empresa privada [鈥 se ha hecho demasiado fuerte, incluso desde el punto de vista puramente capitalista de su funcionamiento 贸ptimo [y] limita considerablemente la eficacia y la capacidad de respuesta de la acci贸n estatal鈥. (Il Lato Cattivo)

Incapaces de abordar las causas de una crisis que han contribuido a crear, los gobernantes se ven obligados a asustar y a la vez tranquilizar, y el discurso alarmista consolida el control sobre la poblaci贸n, transmitido por diversas fuerzas: el gobierno central, la 鈥渃omunidad cient铆fica鈥 (cuyo asunto de Raoult tiene al menos el m茅rito de mostrar las cuestiones de poder y las incoherencias), as铆 como los medios de comunicaci贸n, caja de resonancia de la sociedad.

3 / 鈥淢E VEO OBLIGADO A ADMITIR QUE TODO CONTIN脷A鈥濃

鈥scribi贸 Hegel hace doscientos a帽os.

3.1 / Preservar el status quo

El capitalismo no est谩 hecho de objetos, seres humanos, m谩quinas, centros comerciales y tarjetas de cr茅dito. Es la relaci贸n social que anima al trabajador portuario, a la vendedora, al carguero, a la boutique, a la gr煤a, a la m谩quina-herramienta y al cajero autom谩tico, con un dinamismo nunca alcanzado por los sistemas sociales anteriores. Por s铆 sola, la inmovilizaci贸n temporal de una parte de las actividades productivas las interrumpe sin destruir lo que antes las pon铆a 鈥攜 pronto las volver谩 a poner鈥 en movimiento.

Incluso parcialmente suspendida, la relaci贸n de producci贸n capitalista no deja de funcionar. El intercambio mercantil persiste, a pesar de que en la base exista una solidaridad en la que no 鈥渃uenta鈥 el dinero y sus tiempos. Para algunos sectores, el beneficio debe y puede pasar parcialmente a un segundo plano, pero no desaparece. Algunas empresas se endeudan o quiebran, otras nacen (servicios en l铆nea), o prosperan (Amazon鈥). La mayor铆a pierde dinero y se adapta.

Mientras que la crisis bancaria y financiera de 2008 hab铆a detenido parte de la producci贸n, inmovilizando grupos de buques cargueros en los estuarios de los grandes r铆os, esta vez es directamente la llamada econom铆a real la que se ve afectada.

Sin embargo, decir que la crisis revelar铆a la realidad, porque demostrar铆a c贸mo la sociedad s贸lo funciona gracias a la enfermera, el recolector de basura, el repartidor, el mec谩nico鈥 es afirmar una verdad a medias.

Contra el mito de una econom铆a basada en el conocimiento, son en efecto los trabajadores productivos ordinarios los que han mantenido a la sociedad en marcha durante el confinamiento: la crisis confirma la centralidad del trabajo鈥 pero del trabajo asalariado. En la sociedad actual, el recolector de basura y la enfermera dependen del dinero como el comerciante. Lejos de revelar su quiebra, la crisis actual revela la resistencia de un sistema social que a煤n sabe hacerse indispensable. El dinero sigue siendo la mediaci贸n necesaria para nuestras vidas: a quien ha perdido su trabajo no le quedan nada m谩s que sus ahorros, la ayuda familiar o la asistencia p煤blica 鈥攖odo ello expresado en dinero. Ni siquiera el apoyo mutuo est谩 exento de ello: los que hac铆an mascarillas para sus vecinos a veces deb铆an comprar telas o, m谩s frecuentemente, los muy preciados el谩sticos. Y es a trav茅s de los pr茅stamos a las empresas, y en menor medida a los particulares, que los Estados intervienen.

Pero, 鈥淟o que llama la atenci贸n de estos enormes programas de rescate, es que gastan cantidades de dinero sin precedentes [鈥 esencialmente para preservar el status quo 鈥攁l menos inicialmente鈥. (鈥淒if铆cil nacimiento 鈥 Cr贸nica de una crisis en ciernes鈥)

Lo que se est谩 extendiendo y seguir谩 acentu谩ndose, es el libre-comercio moderado por un modesto retorno del Estado: se dar谩 menos dinero p煤blico al sector privado sin compensaci贸n; y para algunas producciones consideradas estrat茅gicas, una relocalizaci贸n muy limitada, sin que cesen las cadenas de valor internacionales y 鈥渏usto a tiempo鈥.

3.2 / Tres semanas ganadas para el planeta

A principios de 2020, est谩bamos preparando un texto sobre ecolog铆a, que pronto aparecer谩 en este blog. En cualquier caso, decimos que ninguna de las causas del calentamiento global ser谩 minimizada por el tratamiento de una crisis sanitaria que es un elemento de la crisis medioambiental. A diferencia de la 鈥済ripe espa帽ola鈥, por cierto, m谩s mort铆fera, la pandemia actual expresa la contradicci贸n entre el modo de producci贸n capitalista y sus indispensables bases naturales. La contaminaci贸n, el deterioro de la biodiversidad, la deforestaci贸n鈥 persistir谩n, y, por ejemplo, la ganader铆a industrial continuar谩 fomentando la aparici贸n de nuevos virus y enfermedades a los que seremos vulnerables.

Sin duda, en el a帽o 2020, la ralentizaci贸n de la econom铆a provocada por la pandemia habr谩 retrasado en tres semanas el 鈥渄铆a del exceso鈥, fecha en la que la humanidad consume todos los recursos que los ecosistemas pueden producir en un a帽o. Pero ser铆a un error esperar que esta desaceleraci贸n de la producci贸n se prolongue y conduzca a una 鈥減lanificaci贸n鈥 o 鈥渂ifurcaci贸n鈥 ecol贸gica en el futuro. Los ni帽os simplemente comer谩n m谩s alimentos org谩nicos en el comedor de la escuela, y sus padres comprar谩n m谩s verduras locales en el Carrefour, vivir谩n en un eco-barrio, conducir谩n un autom贸vil el茅ctrico en una ciudad de 鈥渃arbono cero鈥 en un territorio de 鈥渆nerg铆a positiva para el crecimiento verde鈥.

No frenaremos la urbanizaci贸n del mundo, lo haremos verde. Londres, una t铆pica metr贸polis 鈥済lobalizada鈥 que represent贸 un tercio de la creaci贸n de empleos en Inglaterra entre 2008 y 2019, reverdecer谩 sus edificios, prohibir谩 los veh铆culos de gasolina, introducir谩 autobuses y tranv铆as el茅ctricos, aumentar谩 su 鈥渃intur贸n verde鈥 y multiplicar谩 el n煤mero de huertas para los habitantes de la ciudad. Mientras tanto, la alimentaci贸n de los londinenses no provendr谩 de la regi贸n, ni siquiera del pa铆s, sino del mundo entero: si hoy en Gran Breta帽a una hect谩rea de tierra es cien veces m谩s rentable cuando se utiliza para la construcci贸n que para la agricultura, s贸lo una profunda agitaci贸n social podr铆a poner fin a la ley del rendimiento.

Hay que ser ingenuo para escandalizarse por el hecho de que los gobiernos quieran sobre todo financiar (ampliamente) a las empresas (en particular a la aeron谩utica y la industria automovil铆stica) y ayudar (pero por poco tiempo) a los asalariados que trabajan a tiempo parcial. La competencia y el beneficio obligan, que sea normal subvencionar la producci贸n a pesar de su efecto negativo sobre el medioambiente. En unas palabras, reducir las consecuencias mientras se alimentan sus causas. Ahorramos energ铆a aqu铆 para usar m谩s energ铆a all谩. Ya en Francia, la energ铆a nuclear era totalmente el茅ctrica: 茅ste es, en efecto, el camino que se ha tomado, mediante un 鈥渕ix鈥 que mezcla dosis cada vez mayores de combustibles f贸siles con una proporci贸n creciente de energ铆as renovables鈥 sin renunciar a la energ铆a nuclear. Utilizaremos menos envases de pl谩stico, lo que no impedir谩 el crecimiento de la producci贸n mundial de pl谩stico. Etc.

Y esto en la ilusi贸n de un capitalismo m谩s ligero, por lo tanto, menos contaminante, ya que es digital. Pero en realidad, lo virtual pesa mucho: materias primas, combustible, fabricaci贸n, transporte, mantenimiento鈥

鈥淓l consumo energ茅tico mundial sigue creciendo (+2,3% en 2018), y m谩s del 80% sigue procediendo de los combustibles f贸siles. La cantidad de energ铆a necesaria para producir energ铆a tambi茅n est谩 creciendo, a medida que se explotan los yacimientos de menor calidad o los llamados hidrocarburos 鈥榥o convencionales鈥, como las arenas petrol铆feras. [鈥 la tasa de retorno energ茅tico sigue disminuyendo. [鈥 El simple hecho de ver videos en l铆nea, que est谩n almacenados en enormes infraestructuras materiales, habr铆a generado en 2018 tantas emisiones de gases de efecto invernadero que las de un pa铆s como Espa帽a. [鈥 Un proyecto est谩ndar de aprendizaje autom谩tico emite hoy en d铆a, unas 284 toneladas equivalentes de CO2, en todo su ciclo de desarrollo, cinco veces las emisiones de un autom贸vil desde su fabricaci贸n hasta el dep贸sito de chatarra. [鈥 Los gigantes de la tecnolog铆a tienen poco inter茅s en implementar m茅todos m谩s eficientes. Tampoco tienen inter茅s en que sus usuarios adopten comportamientos ecol贸gicos. Su futura prosperidad depende de que todos se acostumbren a encender la luz hablando con un altavoz conectado, en lugar de presionar un est煤pido interruptor. El costo ecol贸gico de estas dos operaciones est谩 lejos de ser similar. El primero requiere un sofisticado dispositivo electr贸nico provisto de un asistente de voz, cuyo desarrollo ha consumido muchas materias primas, energ铆a y trabajo. No tiene sentido abogar simult谩neamente por el 鈥業nternet de las cosas鈥 y la lucha contra la crisis clim谩tica: el aumento del n煤mero de objetos conectados simplemente acelera la destrucci贸n del medioambiente. Y se espera que las redes 5G dupliquen o tripliquen el consumo de energ铆a de los operadores de telefon铆a m贸vil en los pr贸ximos cinco a帽os鈥. (S茅bastien Broca, 鈥淓l carburo digital de carb贸n鈥).

Miles de millones de objetos 鈥渃omunicantes鈥 se disponen a irrumpir en nuestras vidas. El 鈥渢ren del progreso鈥 reanuda su curso por un momento suspendido. El calentamiento global est谩 preparando nuevas pandemias tropicales. Habr谩 otros coronavirus.

Pero tranquilic茅monos: Google informa que 鈥渓os investigadores est谩n utilizando la Inteligencia Artificial para reducir la contaminaci贸n del aire en Uganda鈥.

3.3 / Aceleraci贸n

Aunque el mundo se ha ralentizado temporalmente, sus tendencias subyacentes se ven reforzadas por la crisis, como en otras circunstancias por la guerra.

A las estad铆sticas diarias de los infectados y fallecidos, los medios de comunicaci贸n a帽aden las de la producci贸n perdida, y predicen un colapso financiero. Es posible. Pero en los Estados Unidos, entre 1929 y 1932, las acciones en la Bolsa perdieron el 90% de su valor, y la producci贸n industrial cay贸 en un 52% entre 1929 y 1933: en ese a帽o hab铆a un 25% de desempleo y 2 millones de personas sin hogar en ese pa铆s. Sin embargo, el capitalismo continu贸.

Ninguna epidemia gigantesca y devastadora por s铆 sola, a menos que elimine casi toda la poblaci贸n mundial, pondr谩 fin al capitalismo. Alterar谩 los equilibrios, reorganizar谩 las cartas pol铆ticas, geopol铆ticas y sociales en las direcciones m谩s inesperadas y opuestas. La crisis de 1929 hab铆a llevado al New Deal, al nazismo y a los frentes populares, con la URSS fortaleci茅ndose y Suecia llevando al poder una socialdemocracia reformadora durante d茅cadas.

鈥淟a reproducci贸n de las relaciones sociales capitalistas exige a veces enormes sacrificios en sus soportes materiales (cosas y personas) [鈥 por la misma raz贸n, estas relaciones no se dejan modificar deliberadamente ni deshacer por un automatismo de la historia (un 鈥榗olapso鈥 por ejemplo)鈥. (Il Lato Cattivo)

Con algunas correcciones, el reino del 鈥渏usto a tiempo鈥 y del 鈥渟tock cero鈥 contin煤a. La farmacia vender谩 algunos medicamentos fabricados en Lyon o Madrid, pero los europeos seguir谩n comprando un Smartphone enviado desde Asia en un barco cargado con 2.000 contenedores, y luego transportado en un cami贸n o camioneta UPS. La computadora utilizada en la localidad de Mers-les-Bains no saldr谩 de f谩bricas alemanas u holandesas como de las que proven铆an anteriormente los equipos de radio y televisi贸n de gran consumo vendidos por Grundig o Philips.

Podemos prever un retorno muy parcial al llamado Estado social. La burgues铆a ha ido demasiado lejos en los recortes presupuestarios, la privatizaci贸n, la racionalizaci贸n de los servicios p煤blicos que se han hecho funcionar como empresas, todo el mercado y el menor Estado posible. El capitalismo presupone un espacio no-capitalista, y un Estado que opera con otras l贸gicas que no son puramente mercantiles.

Esto no disminuye la dominaci贸n burguesa, en particular de sus sectores financieros y bancarios. El coronavirus no detendr谩 la marcha hacia la disminuci贸n de las pensiones, la precariedad, la individualizaci贸n del mercado laboral y la regresi贸n de las protecciones sociales.

3.4 / 驴Habr谩 una vida sin Internet?

Lo que el coronavirus ha inaugurado, es el aprendizaje a gran escala de la tele-existencia. Quedarse en casa voluntariamente y por la fuerza ha demostrado la imposibilidad de una vida 鈥渘ormal鈥 hoy en d铆a sin la tecnolog铆a digital. Internet ha sido tanto un medio para que los Estados impongan el confinamiento como para que las poblaciones lo apoyen.

El acceso a los servicios p煤blicos, la educaci贸n, las relaciones familiares y de amistad, la sexualidad (sitios de citas y pornograf铆a), el ocio, las compras, el trabajo (aunque en menor medida de lo que se dice), incluso la actividad pol铆tica鈥 gracias al confinamiento, la evoluci贸n hacia lo totalmente digital ha dado un salto adelante. Comunicaci贸n mediante tel茅fonos inteligentes y la omnipresencia de las pantallas: la sociedad de los individuos los socializa a distancia.

Durante los 煤ltimos 30 a帽os aproximadamente, las computadoras se han vuelto indispensables para la circulaci贸n de capital y mercanc铆as 鈥攅mpezando por la fuerza de trabajo. Como el capitalismo ha colonizado la vida cotidiana, tambi茅n est谩 instalando lo digital en el dormitorio, en el autom贸vil, en la nevera, y se est谩 preparando para implantarlo al interior de los cuerpos. Lo que se present贸 como simplemente 鈥渕谩s pr谩ctico y r谩pido鈥 se est谩 imponiendo ahora como necesario, antes de que sea obligatorio. El ser humano ahora vive 鈥渆n l铆nea鈥. Es posible que pronto tenga un asistente virtual capaz de vincular todos sus datos personales, hacer sus compras por 茅l, vigilar su salud record谩ndole que tome sus medicamentos, gestionar su agenda, contactar a una persona con la que no habla desde hace tiempo, y as铆 conocer sus necesidades mejor que 茅l.

La desintoxicaci贸n digital no experimentar谩 la moda de la comida lenta.

En menos de 15 a帽os, el ordiphone (ordenador port谩til) como dicen los Quebequenses, se ha convertido en una pr贸tesis vital para al menos 3.000 millones de humanos, de los cuales se vendieron 1.500 millones de ejemplares en 2019. Por primera vez, una herramienta de trabajo es igualmente un objeto indispensable para la vida afectiva, familiar, intelectual, etc., y tambi茅n un instrumento privilegiado de control social y pol铆tico 鈥攜 por lo tanto policial. Y siempre en nombre del bienestar colectivo: se dice que un lugar vigilado por c谩maras est谩 鈥渂ajo protecci贸n de video鈥. La palabra m谩gica 鈥渟eguridad鈥 se impone frente al delincuente como ante el terrorista y el virus, y la crisis sanitaria muestra hasta qu茅 punto el Estado obtiene nuestra sumisi贸n en nombre de la salud. Adem谩s del reconocimiento facial (en este campo, China es el porvenir del mundo), la radio-identificaci贸n tiene un brillante futuro por delante. Hoy en d铆a m谩s bien reservado a los animales dom茅sticos, el micro-chip subcut谩neo se implantar谩 en los seres humanos, que portar谩n su historial m茅dico, sus antecedentes penales, etc., y, aparte de algunos recalcitrantes, los ciudadanos modernos adoptar谩n este sistema como lo hicieron con el pasaporte biom茅trico o la declaraci贸n de la renta desmaterializada.

Sin alegrarse por ello, esto no deber铆a ser sorprendente. Para que el usuario de Internet pudiera 鈥渆n unos 鈥減ocos clics鈥 conocer el pron贸stico del tiempo en Vilnius o el nombre real de la persona que firm贸 鈥淏ar贸n Corvo鈥, fue necesario reunir y actualizar constantemente millones de datos, a los que esta b煤squeda tambi茅n a帽adir谩 sus rastros. No se puede saber todo sobre todo sin ser parte de ese todo, y ser 鈥渞astreado鈥 en cada instante.

 4 / BALANCE Y PERSPECTIVAS

 4.1 / Distanciamiento 

En A帽os y A帽os, serie emitida en la primavera de 2019, la Inglaterra de 2029 est谩 dirigida por un gobierno autoritario (e incluso criminal) que, en medio de una epidemia transmitida por los monos, encierra los barrios 鈥渟ensibles鈥 detr谩s de barreras controladas por la polic铆a y proh铆be el acceso por la noche.

Un a帽o despu茅s del estreno de la serie, para 3.000 millones de personas, esta ficci贸n pol铆tica se hizo realidad: restricciones de desplazamiento, toques de queda, omnipresencia policial. Pero este experimento 鈥渂iopol铆tico鈥 a escala mundial (y globalmente exitoso) manifest贸 visiblemente lo que esencialmente ya exist铆a: excepto para el EPHAD, el confinamiento no nos puso m谩s a 鈥渄istancia social鈥 unos de otros que antes. Ni menos. Bajo arresto domiciliario, hemos perdido el control de nuestras vidas: pero, 驴cu谩l ten铆amos en febrero de 2020? La libertad de ir a trabajar, siempre que seamos contratados, y la libertad de ser budista o marxista, siempre y cuando esas convicciones permanezcan como opiniones que no tengan consecuencias en los fundamentos de la sociedad. Un comunista de la d茅cada de 1840 dijo que los proletarios depend铆an de causas ajenas a ellos mismos. En 2020, la aceptaci贸n masiva de una atomizaci贸n forzada manifest贸 la desuni贸n que es la suerte cotidiana de los proletarios, m谩s a煤n en una 茅poca de divisi贸n de las luchas e identidades separadas.

Una epidemia y su tratamiento estatal no son m谩s aplastantes que, por ejemplo, la declaraci贸n de guerra del 14 de agosto, que paraliz贸 casi todo el movimiento obrero y socialista en ese momento.

En el siglo XXI, a diferencia de la d茅cada de 1840, la gran mayor铆a de la humanidad no dispone de otro medio para vivir m谩s que asalariarse 鈥攕i es posible y bajo las condiciones impuestas.

Pero este destino com煤n no es suficiente para reunir y unificar: es necesario que previamente las luchas sociales hayan comenzado a apuntar hacia una meta com煤n. Ahora, aunque hay muchas luchas, probablemente m谩s de las que uno imagina, y de una variedad m谩s amplia que en el pasado 鈥攃onflictos del trabajo, 鈥渄e g茅nero鈥, ecol贸gicos鈥︹ y si bien a veces estas luchas son victoriosas, siguen estando fragmentadas, incapaces de llegar al coraz贸n del problema. La Pandemia, el paro de una parte de la econom铆a y el confinamiento han interrumpido algunas luchas, y tambi茅n han provocado otras. Pero la simultaneidad no es sincronizaci贸n, la yuxtaposici贸n no es confluencia, ni la uni贸n es sin贸nimo de superaci贸n. Hasta aqu铆, las resistencias y los rechazos han coincidido como mucho en la exigencia de reformas.

La lucha por el salario y las condiciones de trabajo afecta a la relaci贸n salario/beneficio, pero no ataca autom谩ticamente (y de hecho raramente) al propio salario. Del mismo modo, negarse a arriesgar la salud por un patr贸n, reivindicar medidas de protecci贸n, o incluso exigir que se le pague sin venir a trabajar mientras persista el peligro, no basta para cuestionar la coexistencia de la burgues铆a y el proletariado. De cr铆tica del trabajo, hay muy poco, y a煤n menos de cr铆tica del Estado en tanto que Estado, escribieron los autores de 鈥淐ueste lo que cueste. El Estado, el virus y nosotros鈥, en abril de 2020: la observaci贸n sigue siendo v谩lida.

Podemos imaginar una reversi贸n hacia el final de la pandemia, con todas las cr铆ticas separadas convergiendo para atacar la estructura fundamental, la que no crea las otras opresiones, sino que las mantiene y las reproduce: la relaci贸n capital/trabajo, burgues铆a/proletariado. Las diversas luchas se 鈥減recipitar铆an鈥, como decimos en la qu铆mica, cuando los elementos heterog茅neos que estaban hasta entonces dispersos se cristalizan en un bloque. La resistencia pasar铆a a la fase de un asalto a las bases de esta sociedad. Las 茅lites dirigentes ser铆an tanto m谩s rechazadas cuanto que su gesti贸n de la crisis las ha desacreditado y ha puesto a grandes sectores de la poblaci贸n en su contra. Aprovechando la paralizaci贸n de una parte de la producci贸n, los proletarios intentar铆an transformar la sociedad, rebel谩ndose contra las fuerzas del Estado, atacando la dominaci贸n burguesa, rompiendo con la productividad y el intercambio mercantil, separando lo nocivo de lo 煤til, iniciando una desacumulaci贸n (decrecimiento), etc.

Esto no es imposible, pero no hay nada en la actualidad que indique que las luchas multiformes se est茅n moviendo en esta direcci贸n. M谩s bien, los signos visibles muestran la supervivencia de divisiones categoriales, identitarias, locales, nacionales, religiosas y, a veces, la aparici贸n de nuevas separaciones.

Y no hay ninguna receta para remediarlo.

4.2 / Hip贸tesis

El virus y su tratamiento no cambian nada fundamentalmente: revelan y acent煤an las evoluciones. Un acontecimiento hist贸rico, incluso a la escala de la pandemia actual, no revierte por s铆 mismo el curso de la historia. El covid suspende muchas cosas, no interrumpe el capitalismo ni su dominaci贸n, ni siquiera es seguro que cambie sus formas actuales como lo hizo con la Guerra del 1914-18 o la crisis de 1929.

No estamos viviendo el fin del mundo o el fin de un mundo. La pandemia refuerza el orden existente: como de costumbre, en tanto que clase, la burgues铆a muestra unas defensas inmunol贸gicas bastante buenas.

El capitalismo tiene una (verdadera) fragilidad s贸lo en aquello que lo fundamenta: el proletariado. M谩s que cualquier otro sistema, este modo de producci贸n se nutre de las crisis superadas, incluso graves, porque es sorprendentemente impersonal y pl谩stico, y se conforma con lo esencial: la relaci贸n capital/trabajo, la empresa, la competencia鈥 La relaci贸n social capitalista es al mismo tiempo 鈥減ortadora de su propia superaci贸n o de su reproducci贸n a un nivel superior鈥: de todas las relaciones 鈥渄e explotaci贸n entre clases antag贸nicas鈥 que han existido hist贸ricamente, es 鈥渓a m谩s contradictoria y, por tanto, la m谩s din谩mica鈥. (Il Lato Cattivo, 鈥淐ovid-19 y m谩s all谩鈥, marzo de 2020).

Propondremos una 鈥渓ey hist贸rica鈥 (que como cualquier ley admitir铆a sus excepciones):

En ausencia de un movimiento social preexistente ya radicalizado (es decir, tendiente a atacar los fundamentos de la sociedad), una cat谩strofe s贸lo puede favorecer el desencadenamiento de conflictos parciales, de intensidad variable, y obligar al orden establecido a evolucionar y, por tanto, a reforzarse.

Del coronavirus, todo el mundo sale reafirmado. La mujer de izquierda concluye que necesitamos verdaderos servicios p煤blicos, el neoliberal que el Estado est谩 demostrando su incompetencia, el votante de extrema derecha que las fronteras deben cerrarse, el ecologista que hay que multiplicar los peque帽os pasos, el ecologista gubernamental que debemos reunir cualquier fuerza pol铆tica que pueda trabajar por el clima, el transhumanista que es hora de avanzar hacia una mayor humanidad, el investigador que la investigaci贸n necesita cr茅ditos, el activista que es urgente impulsar las luchas, el resignado que todo se nos escapa, el colaps贸logo que debemos acostumbrarnos a lo peor鈥 驴Y el proletario? 驴Qu茅 ha corroborado? En cualquier caso, piensa y pensar谩 lo que sus acciones y luchas le llevar谩n a entender.

S贸lo nos hacemos las preguntas (te贸ricas) para las que ya hemos empezado a dar respuestas (pr谩cticas).

Gilles Dauv茅, 22 septiembre 2020.

Traducci贸n de Vamos Hacia La Vida


Lecturas:

Michael Roberts, It was the virus that did it禄, The Next Recession, 15 mars 2020.

Et 芦Lockdown!禄, The Next Recession, 24 mars 2020.

Jean-Paul Sardon. 芦De la longue histoire des 茅pid茅mies au Covid-19禄, Les Analyses de Population & Avenir, 2020.

Jean-Fran莽ois Toussaint & Andy Marc, 芦Sortir d鈥檜n confinement aveugle禄, larecherche.fr, 22 avril 2020.

Ga毛l Giraud, 芦D茅pister et fabriquer des masques, sinon le confinement n鈥檃ura servi 脿 rien禄, reporterre.net, 24 mars 2020.

Giraud s鈥檌llusionne sur la possibilit茅 de cr茅er aujourd鈥檋ui 芦un syst猫me de sant茅 publique digne de ce nom禄, non domin茅 par 芦 une industrie m茅dicale en voie de privatisation禄.

Jean-Dominique Michel, Covid: Anatomie d鈥檜ne crise, HumenSciences, 2020, 224 p.

Comme Ga毛l Giraud, J.-D. Michel croit possible dans le monde actuel un syst猫me de sant茅 qui serait autre chose qu鈥檜ne industrie de la maladie.

Il Lato Cattivo, 芦Covid-19 et au-del脿禄.

B.A. et R.F., 芦Accouchement difficile 鈥 Chronique d鈥檜ne crise en devenir禄, hicsalta-communisation.com

Raffaele Sciortino,G茅opolitique du virus禄, acta.zone, 29 avril 2020.

S茅bastien Broca, 芦Le num茅rique carbure au charbon禄, Le Monde diplomatique, mars 2020.

Tristan Leoni & C茅line Alkamar, 芦Quoi qu鈥檌l en co没te. L鈥橢tat, le virus et nous禄.

Sur les luttes actuelles et les nouvelles formes de r茅formisme : Tristan Leoni, 芦Abolir la police?禄, septembre 2020.

Site de Pi猫ces & Main d鈥櫯搖vre, notamment 芦Le virus 脿 venir et le retour 脿 l鈥檃normal禄, et 芦Le virus de la contrainte禄.

Citation de Hegel : 芦Je vais avoir 50 ans. J鈥檃i v茅cu trente ans dans une 茅poque 茅ternellement agit茅e, pleine de crainte et d鈥檈spoir et j鈥檈sp茅rais qu鈥檕n p没t un jour 锚tre quitte de la crainte et de l鈥檈spoir : je suis forc茅 d鈥檃dmettre que tout continue 禄  (Lettre 脿 Friedrich Creuzer, 30 octobre 1819)

https://www.worldometers.info/coronavirus/

https://feverstruggle.net/category/reports/


VV.AA.: Coronavirus, crisis y confinamiento 鈥 2020

Norbert Trenkle: La crisis clim谩tica y la transformaci贸n social en la 茅poca del coronavirus

Asamblea Anarquista del B铆o-B铆o 鈥 El coronavirus en la cuna del neoliberalismo: An谩lisis de la coyuntura

Sobreviviendo al Virus: Una gu铆a anarquista

Raoul Vaneigem: Coronavirus




Fuente: Lapeste.org