November 24, 2020
De parte de La Haine
128 puntos de vista

鈥淕ran pol铆tica (alta pol铆tica), peque帽a pol铆tica (pol铆tica del d铆a, pol铆tica parlamentaria, de corredores, de intriga). La gran pol铆tica comprende las cuestiones vinculadas con la funci贸n de nuevos Estados, con la lucha por la destrucci贸n, la defensa, la conservaci贸n de determinadas estructuras org谩nicas econ贸mico-sociales.La peque帽a pol铆tica comprende las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida, debido a las luchas de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase pol铆tica.Gran pol铆tica es, por lo tanto, la tentativa de excluir la gran pol铆tica del 谩mbito interno de la vida estatal y de reducir todo a pol铆tica peque帽a (Giolitti, rebajando el nivel de las luchas internas hac铆a gran pol铆tica; pero sus v铆ctimas eran objeto de una gran pol铆tica, haciendo ellos una pol铆tica peque帽a).Es propio de diletantes, en cambio, plantear la cuesti贸n de una manera tal que cada elemento de peque帽a pol铆tica deba necesariamente convertirse en problema de gran pol铆tica, de reorganizaci贸n radical del Estado.鈥
Antonio Gramsci

El reciente plebiscito revent贸 un juego de im谩genes ideol贸gicas sobre la crisis pol铆tica en Chile. Entre muchas, desarm贸 aquella idea seg煤n la cual el pa铆s estaba dividido en dos bloques equivalentes y con pol铆ticas similares 鈥 en n煤mero y legitimidad 鈥 respecto de los problemas graves de desigualdad y explotaci贸n que se explicitaron en octubre de 2019.

En cambio, la imagen que surgi贸 de los conteos de sufragios aquella noche del 25 de octubre de 2020 daba cuenta m谩s bien de una enorme mayor铆a, enraizada en los barrios populares de las grandes ciudades, que clamaba por cambiar la Constituci贸n de Pinochet y que bajo el eufemismo del 鈥淎pruebo鈥 colocaba una cr铆tica frontal al orden neoliberal de las 煤ltimas d茅cadas.

Desde esa noche y hasta el presente, se hace cada vez m谩s insoportable la contradicci贸n entre la forma en que la prensa, el gobierno y muchas de las vocer铆as pol铆ticas del ya fenecido duopolio de la transici贸n, han explicado la lucha pol铆tica; y la forma que 茅sta toma a trav茅s de los hechos y se explica entre las mayor铆as populares. El plebiscito nombr贸 a la mayor铆a sin dejar sitio a dudas, y la puso encima de la farsa del 鈥減a铆s polarizado entre la vieja Concertaci贸n de la transici贸n y la Derecha pinochetista 鈥.

Desde ese d铆a un nuevo pueblo se reconoce como no hab铆a ocurrido desde 1973. Y, produjo una serie de cartograf铆as exactas para observar la compleja trama socio-territorial de la desigualdad de Chile. Explic贸, en el fondo, la forma en que Chile es una comunidad dif铆cil de sostener con el antiguo r茅gimen . Pero, y he aqu铆 el gran problema, inmediatamente demuestra su impotencia cuando sus cifras, la imagen que deja, no se convierte en arma y bandera de ninguna fuerza real.

La contradicci贸n entre la persistencia de los poderosos en la TV y los medios de prensa por hacer como que el mito del 鈥減a铆s polarizado鈥 sigue siendo real (desde paneles de matinales y hasta comisiones parlamentarias siguen orden谩ndose seg煤n los equilibrios del duopolio transicional), y la demanda por una pol铆tica para la mayor铆a social abrumadora en que se descubrieron los votantes del 鈥淎pruebo鈥, es una contradicci贸n fuerte.

驴C贸mo es posible que el poder siga como si nada hubiese pasado el 25 de octubre? La gente no es tonta, repetimos en tono de advertencia a todo aquel que crea que aquella contradicci贸n es obviable. Aquella es el vac铆o de una explicaci贸n profunda, situada y no universal, de la pol铆tica real y no oficialmente existente, es la medida de la despolitizaci贸n construida en d茅cadas de democracia formal, as铆 como de la mistificaci贸n que debemos superar para afrontar secularmente el proceso ya est谩 en marcha.

***

鈥淓ntrar谩s en el cofre del muerto, sin tocar la botella de ron鈥, te lo dicen los mercados que son 茅ste, aquel y yo鈥, canta el cantautor Evaristo en 鈥淐r贸nicas de un cerdo鈥.

En las democracias del siglo XXI puedes hacer lo que quieras, tienes derecho a todo, menos ejercer, o conspirar para poder ejercer, la soberan铆a, es decir, hacer pol铆tica. Algo m谩s o menos as铆 fue la forma democr谩tica del pinochetismo sin Pinochet, es decir la Transici贸n.

Desde entonces, la pol铆tica es un mercado donde consumir, v铆a votos, una mercanc铆a de representaci贸n. Y como toda mercanc铆a, a la larga, hostiga. La pol铆tica fue reducida discursiva (a trav茅s de una acelerada liquidaci贸n de la cultura popular rebelde, y su reconversi贸n en folcklore o patrimonio) y materialmente (h铆per tecnificando la administraci贸n de los recursos del Estado, bajo una in茅dita 茅tica del ahorro p煤blico) a la 鈥減eque帽a pol铆tica鈥.

La gran pol铆tica ya no existe, es cosa de la estructura, de la historia entendida como el trayecto evolutivo del homo sapiens al joven endeudado por estudiar. La naturaleza es econom铆a y la econom铆a es naturaleza, repiten hace unas tres o cuatro d茅cadas los sacerdotes del orden devenidos en parlamentarios y pol铆ticos; y as铆 como nadie vota por la hora en que sale el sol ni nadie marcha para modificar la longitud de las alas de los c贸ndores, tambi茅n se consider贸 que nadie deb铆a hacer pol铆tica con la estructura socioecon贸mica del pa铆s. De otra forma, los mercados se resentir谩n y lo har谩n saber.

De ah铆 que desde octubre de 2019 anuncien la llegada de la crisis econ贸mica, pues equivale al castigo divino por la profanaci贸n de lo sacro.

As铆 llegamos al l铆mite de la ciudadan铆a entendida como consumidora de representaciones: desde hace a帽os que impone su protagonismo con fuego y caos, con masas y crisis, pues el sistema se resiste a que la pol铆tica se produzca desde all铆.

Aunque todas las condiciones para la democracia est谩n ah铆, un muro enorme protege el principal basti贸n del orden neoliberal, a saber, la expulsi贸n de las mayor铆as de la pol铆tica.

Eso es lo que se 鈥渄escubre鈥 el 25 de octubre pasado, que el problema pol铆tico del bando popular no es de hacer visible la opini贸n de la mayor铆a, sino que c贸mo hacerla efectiva, potente. Y la cultura de la transici贸n no nos educ贸 en otro rol que no fuese el de espectador, de comentarista, y en el mejor de los casos, el que indica los problemas con su protesta para que los pol铆ticos decidan su soluci贸n. El 鈥渁pruebismo鈥 de masas espera por un partido, como quien busca atenci贸n en un restaurante: se coloca en el lugar del que busca disfrutar lo que otros producen.

La transici贸n, en el fondo, se trat贸 de esconder la pol铆tica, as铆 como el ciclo hasta 1973 se trat贸 de integrar a las masas a ella y de explicar un c贸mo moverla a su favor, parcialmente. Los cambios ideol贸gicos en buena parte de la izquierda chilena a fines de la d茅cada de 1980, invirtieron el valor que le otorgaban en su memoria a la Unidad Popular, y de esa forma, la caracter铆stica polarizaci贸n social del trienio de Allende, fue vista ya no como oportunidad de cambio profundo, sino como un grave error contra 鈥渆l alma鈥 de la naci贸n.

Identificado con el inter茅s de los m谩s ricos, esa izquierda reconoci贸 鈥渓o peligroso鈥 de que las mayor铆as populares participaran de la pol铆tica. La renovaci贸n socialista no estuvo tanto en el abandono ideol贸gico o program谩tico del socialismo 鈥 esas cosas, en el fondo, no importan -, como en la renuncia a una forma de hacer pol铆tica que les otorgaba un lugar fundamental a las masas movilizadas, y una comprensi贸n clasista de la lucha por el poder.

Para Antonio Gramsci, los pol铆ticos modernos cumplen similar funci贸n que los sacerdotes, es decir, mantienen la unidad de lo social en torno al poder del Estado, al sostener y legitimar sus consensos basales. En un conocido texto, sostiene que 鈥淟a relaci贸n entre filosof铆a 鈥渟uperior鈥 y sentido com煤n est谩 asegurada por la 鈥減ol铆tica鈥, as铆 como est谩 asegurada por la pol铆tica la relaci贸n entre el catolicismo de los intelectuales y el de los 鈥渟imples鈥.

La constataci贸n de que la Iglesia deb铆a atender las inquietudes, malestares o disidencias entre las bases de fieles -鈥渓os simples鈥- significa que no es un error o un disturbio, sino que hay un quiebre en la sociedad que se administra; 鈥渞uptura que no puede ser eliminada elevando a los 鈥渟imples鈥 al nivel de los intelectuales [鈥 sino ejerciendo una disciplina de hierro sobre los intelectuales a fin de que no pasen de ciertos l铆mites en la distinci贸n [la disidencia] y no la tornen catastr贸fica e irreparable鈥.

Pero para el sardo, mirando desde las d茅cadas de entreguerras del siglo XX en una c谩rcel de Europa, en la modernidad, en tiempos de la rep煤blica liberal y la democracia, se notaba un nuevo instrumento para disciplinar a los intelectuales:

鈥淓n el pasado estas 鈥渞upturas鈥 en la comunidad de los fieles eran remediadas por fuertes movimientos de masas que determinaban, o se resolv铆an en la formaci贸n de nuevas 贸rdenes religiosas en torno a fuertes personalidades (Domingo, Francisco).Pero la Contrarreforma esteriliz贸 este pulular de fuerzas populares. La Compa帽铆a de Jes煤s es la 煤ltima gran orden religiosa de origen reaccionario y autoritario, con car谩cter represivo y 鈥渄iplom谩tico鈥, que se帽al贸 con su nacimiento el endurecimiento del organismo cat贸lico.

Las nuevas 贸rdenes aparecidas despu茅s tienen escas铆simo significado 鈥渞eligioso鈥 y un gran significado 鈥渄isciplinario鈥 sobre la masa de los fieles; son ramificaciones y tent谩culos de la Compa帽铆a de Jes煤s, o se convirtieron en tales, instrumentos de 鈥渞esistencia鈥 para conservar las posiciones pol铆ticas adquiridas, no fuerzas renovadoras y de desarrollo. El catolicismo se ha convertido en 鈥渏esuitismo鈥. El modernismo no cre贸 贸rdenes religiosas, sino un partido pol铆tico: la democracia cristiana鈥

En un per铆odo en que dichas mediaciones est谩n en crisis, en que la vieja DC de la d茅cada de 1990 ya no puede m谩s mantener unida a la comunidad de los fieles; es posible darle una explicaci贸n desde la lucha de clases al problema de los independientes en pol铆tica. No existe, algo as铆, como una categor铆a de 鈥渋ndependientes鈥 en pol铆tica. No es lo mismo no estar formalmente inscrito en un partido si se vive entre las instituciones del poder, a si se vive en una poblaci贸n perif茅rica alejado de todo poder.

La mera inscripci贸n en una lista formal no puede ser una explicaci贸n del valor pol铆tico de alguien, no sin mirar su disposici贸n en los conflictos centrales en una sociedad. Mientras los independientes pobres organizaron ollas comunes para sobrellevar la pandemia, el independiente Don Francisco organiz贸 una telet贸n millonaria apoyada por el capitalismo local. Sus accesos al poder son notoriamente distintos.
Ese concepto, el de 鈥渋ndependientes鈥, dicho desde la prensa del poder, simplemente describe a los militantes del neoliberalismo que no son directamente bur贸cratas partidarios; o bien, cuando esos independientes no tienen nombre propio, es el eufemismo para describir a la inmensa mayor铆a expulsada de la pol铆tica.

Para los tecn贸cratas del orden neoliberal, repartidos en una mir铆ada de centros de estudio, think tank y fundaciones 鈥渓igadas鈥 a los partidos de la Transici贸n, la independencia fue la forma de decir que no eran de tal o cual partido del pacto, que aquellas divisiones eran las del pasado, sino que simplemente eran leales al pacto de la transici贸n.

Ocuparon el lugar del sacerdocio: m谩s all谩 de las peleas entre los fieles, la comunidad se cuidaba en su conjunto desde su saber t茅cnico, desde su gesti贸n 鈥渇ilos贸fica鈥. En otros tiempos, esta independencia fue inaugurada por el centro 鈥淓xpansiva鈥 quien llen贸 los ministerios de Lagos, declarando orgullosos su transversalidad ideol贸gica (que iba desde los ultra-neoliberales a los neoliberales culposos) y su capacidad de di谩logo con todo el arco pol铆tico existente en el Congreso.

La necesidad de lealtad ideol贸gica o a un programa es menor, importa menos, cuando se trata no de modificar una realidad distinta en pos de un ideal; sino de conservar la realidad presente. En ese caso, la 煤nica lealtad es con la eternizaci贸n del reino de las clases dominantes, es con el bienestar presente y no con cualquier imaginaci贸n sobre un bienestar futuro.

Se ha quebrado la comunidad de los fieles, y los grandes empresarios demandan intelectuales, organizadores de toda la vida en sociedad, que la restauren. De ah铆 que sea evidente en la prensa local actual una presi贸n enorme por relajar las condiciones para los no militantes formales de los partidos pol铆ticos, pues los empresarios y sus organizaciones m谩s politizadas, necesitan movilizar esa fuerza de intelectuales y t茅cnicos; necesitan colocarla en el centro del teatro de operaciones y con enormes recursos, tal y como lo han hecho por d茅cadas: despolitizando el voto, separando discursivamente la lucha de clases de la pr谩ctica pol铆tica, y, adem谩s, pagando por copar todos los medios de informaci贸n p煤blica y privada.

***

La pol铆tica siempre es distinta seg煤n la posici贸n en la lucha de clases. Eso de viejas, nuevas, malas o buenas pol铆ticas son cosas de bur贸cratas. La pol铆tica se diferencia seg煤n desde donde y con qui茅nes se lucha. Este p谩rrafo de Gramsci explica aquello, y se puede leer pensando, en vez de en las organizaciones armadas, en los grupos de intelectuales independientes:

鈥淓l car谩cter de clase lleva a una diferencia fundamental: una clase que debe trabajar todos los d铆as con horario fijo no puede tener organizaciones de asalto permanentes y especializadas como una clase que tiene amplias disponibilidades financieras y no est谩 ligada, con todos sus miembros, a un horario fijo. A cualquier hora del d铆a y de la noche, estas organizaciones convertidas en profesionales, pueden descargar golpes decisivos y utilizar la sorpresa. La t谩ctica de los 鈥渁rditi鈥 [escuadrismo] no puede tener por lo tanto la misma importancia para una clase que para otra.鈥

Los sectores subalternos de todo tipo, no son independientes porque simplemente no militen, sino por un desencanto aprendido de la pol铆tica formal y de una educada des-ciudadanizaci贸n, de su expulsi贸n de la pol铆tica.

Su independencia no es una forma de relacionarse con la pol铆tica, sino la forma en que luce el estar afuera, ya sea por un rechazo activo o sufrido. La independencia de las mayor铆as populares, y tambi茅n de sus organizaciones muchas veces, es tambi茅n una extranjer铆a respecto de todos los medios pol铆ticos formales, los mismos que han gozado los independientes-mercenarios de las clases dominantes: m谩quinas partidarias, dineros, asesores, etc.

En cambio, para la independencia de los subalternos, la pol铆tica, si no es salarizada, es simplemente el riesgo probado de ir a ser traicionado, explotado y utilizado. En el fondo, mientras para la derecha y los restos m谩s pro olig谩rquicos de la Concertaci贸n la 鈥渋ndependencia pol铆tica鈥 es un 谩rea productiva con trabajadores bien asalariados y un abastecimiento garantizado de recursos; para los grupos sociales subalternos es una situaci贸n de desarme. Aunque, tambi茅n puede ser observado como una afirmaci贸n post-revuelta: ahora conocen el poder pol铆tico de su desconfianza activa. Pero ese poder no durar谩 mucho.

驴Cu谩l es el rol de la izquierda en todo esto? Lo peor es la culpa. Triste y pat茅tico, adem谩s de in煤til, ser铆a continuar cierto tono de perseguir veleidosos grupos de activistas tratando de conseguir credenciales de 鈥渆l partido que la revuelta no odia鈥. Incluso en estos tiempos peque帽os y carentes de 茅pica, es necesario realizar gran pol铆tica. 鈥淓st谩 bien utilizar las grandes ideas en el breve periodo; pero utilizar las peque帽as ideas en el largo plazo, no.

En el primer caso la gran pol铆tica est谩 inscrita en la t谩ctica, pero en el segundo, no.鈥, dice Tronti. As铆, tampoco deber铆a buscarse ser la agencia del estado subsidiario de la expulsi贸n pol铆tica. No sirve, m谩s que para merodear alguna posible ventaja menor y de corto alcance, la integraci贸n acr铆tica de los independientes. Eso es una especie de pel铆cula Machuca en versi贸n pol铆tica: integrar sin modificar las condiciones de aquello a lo que fue integrado.

El independiente (si no es un militante de su propia organizaci贸n social, lo que ya es otra cosa) termina siendo un ni帽o s铆mbolo, un invitado que legitima, la diversidad de la minor铆a que avala la homogeneidad de la mayor铆a de los pol铆ticos. En cambio, la pol铆tica de izquierda se ha tratado siempre de elevar a las mayor铆as a la comprensi贸n de la pol铆tica, integrarlas a los recovecos complejos de la conspiraci贸n, la elaboraci贸n estrat茅gica y la acci贸n t谩ctica. Y no es por 茅tica, o por buena alma que hace esto. Es porque es un hecho probado que las masas son fundamentales para cualquier pol铆tica desde abajo y afuera del Estado.

Tal vez es el momento de volver a la tarea modernizante de las izquierdas: educar para conocer la realidad, conocer la realidad para controlarla y transformarla. La pol铆tica plebeya, que era el objetivo a producir por dicha tarea hist贸rica, es una enunciaci贸n de parte, es una declaraci贸n de que la pol铆tica es un arte que se practica distinto desde la subalternidad, y que la comprensi贸n de aquello por las mayor铆as es de un grado subversivo enorme. Producir la consciencia del enfrentamiento. Marx, en una cl谩sica y hermosa carta a Arnold Ruge lo dec铆a as铆:

鈥淣o nos enfrentamos al mundo en actitud doctrinaria con un nuevo principio: 隆Esta es la verdad, arrod铆llense ante ella! Desarrollamos nuevos principios para el mundo sobre la base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: 芦Termina con tus luchas, pues son est煤pidas; te daremos la verdadera consigna de lucha禄.鈥淣os limitamos a mostrarle al mundo por qu茅 est谩 luchando en verdad, y la conciencia es algo que tiene que adquirir, aunque no quiera. [鈥 podemos formular la tendencia de nuestra opini贸n de la siguiente manera: el auto-esclarecimiento (filosof铆a cr铆tica) por parte del presente de sus luchas y deseos. 脡sta es una tarea para el mundo y para nosotros. Solo puede ser la tarea de fuerzas unidas. Requiere de una confesi贸n y nada m谩s. Para asegurar el perd贸n de sus pecados, la humanidad solo debe declararlos tal y como son.鈥

Eso, y no otra cosa, es la ciudadan铆a haciendo gran pol铆tica y con perspectiva comunista. Eso, y no otra cosa, es el derecho a la pol铆tica emprendido desde abajo, desde dentro, y en contra.

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Fuente: Lahaine.org