September 16, 2021
De parte de Asociacion Germinal
280 puntos de vista


Hace diez a帽os, las protestas contra las pol铆ticas de austeridad de la UE sacudieron a Grecia. Aunque el movimiento tuvo la virtud de movilizar a los ciudadanos que no formaban parte de la izquierda organizada, su carencia de orientaci贸n pol铆tica termin贸 conduci茅ndolo a la derrota.

La 芦primavera caliente禄 de 2011 fue solo una gota en la enorme ola de levantamientos populares que recorri贸 el mundo ese a帽o. La ola empez贸 a formarse en la costa sur del Mediterr谩neo con la Revoluci贸n tunecina y las revueltas de la plaza Tahrir. Luego lleg贸 a Espa帽a de la mano de los indignados y viaj贸, a trav茅s de Grecia, a los Estados Unidos, donde fue recibida por el movimiento Occupy Wall Street, antes de volver al Mediterr谩neo para la ocupaci贸n del Parque Taksim Gezi de Estambul.

Adem谩s de formar parte de esta revuelta internacional, la ocupaci贸n de las plazas que sac贸 a la calle a cientos de miles de griegos debe ser analizada en el marco del ciclo nacional de movilizaciones, que hab铆a empezado a sacudir al pa铆s en mayo de 2010, cuando el parlamento aprob贸 el primer memor谩ndum con los acreedores europeos de Atenas. La ocupaci贸n de las plazas qued贸 atr谩s, pero la ola se expandi贸 y tom贸 distintas formas hasta llegar al verano de 2015.

  Resumen

Aunque hubo muchas diferencias entre los distintos levantamientos, el movimiento griego comparti贸 ciertos rasgos con sus equivalentes extranjeros, especialmente los del Mediterr谩neo. Todos fueron sorprendentemente masivos, su composici贸n social fue transclasista, los j贸venes estudiantes jugaron un rol destacado y lograron despertar simpat铆a popular. Adem谩s, compartieron un amplio repertorio de acciones, fundamentalmente centrado en la ocupaci贸n del espacio p煤blico.

No menos notables fueron las semejanzas subjetivas de estos movimientos. En ruptura con los marcos organizativos y las escisiones pol铆ticas tradicionales, enfatizaron la autoorganizaci贸n y combinaron reivindicaciones sociecon贸micas con la b煤squeda de formas de democracia directa o participativa. La presencia ubicua de banderas nacionales y la distancia tomada frente a las referencias hist贸ricas y simb贸licas de la izquierda, sacaron a luz el car谩cter 芦nacional禄 de las movilizaciones. Aun as铆, el desarrollo de distintas formas de solidaridad y la circulaci贸n transnacional de s铆mbolos, consignas y modos de acci贸n, debe concebirse como una forma renovada de internacionalismo.

Todo esto para decir que comprender la experiencia griega nos permitir谩 extraer algunas conclusiones generales sobre la paradoja que defini贸 a estos movimientos, a saber, la divergencia entre su dimensi贸n insurreccional masiva y el limitado impacto pol铆tico que tuvieron. Para decirlo en pocas palabras, fueron incapaces de lograr conquistas duraderas que estuvieran a la altura de los objetivos que se hab铆an propuesto.

Crisis org谩nica

Un punto de partida 煤til para comprender las razones profundas que llevaron a esta situaci贸n es el concepto de 芦crisis org谩nica禄, elaborado por Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la c谩rcel.

El concepto de 芦crisis org谩nica禄 remite a una ruptura radical y repentina de las relaciones entre las clases sociales y las fuerzas pol铆ticas que hasta entonces cumpl铆an funciones representativas. Es una forma espec铆fica de crisis pol铆tica, t铆pica de un r茅gimen parlamentario en el que un sistema institucional ampliado y pluralista organiza los t茅rminos del consentimiento de las clases subalternas a la dominaci贸n burguesa.

La estabilidad de este sistema hegem贸nico se viene abajo 鈥攄e aqu铆 el car谩cter 芦org谩nico禄 de la crisis鈥 como resultado de la presi贸n que ejercen dos factores fundamentales. El primero es el fracaso de un proyecto estrat茅gico de la clase dominante, como una guerra o un asunto de importancia nacional. El segundo es el pasaje repentino de las masas de un estado pasivo a una actitud activa. Este cambio 鈥攅nfatiza Gramsci鈥 conduce a una explosi贸n de reivindicaciones que surgen directamente de las masas movilizadas, aunque, en estas circunstancias, constituyen un todo 芦inorg谩nico禄, es decir, incoherente. Sin embargo, para Gramsci no dejan de ser una 芦revoluci贸n禄, un movimiento que exige una ruptura radical para ponerle fin a una crisis devenida crisis de hegemon铆a, es decir, una crisis que afecta a todo el Estado. El concepto de 芦crisis org谩nica禄 no basta para dar cuenta de la crisis revolucionaria, pero contiene algunos de sus elementos m谩s importantes. El resultado final depende sobre todo de la intervenci贸n 芦subjetiva禄 de las fuerzas pol铆ticas que luchan para tomar la direcci贸n del proceso y canalizarlo en una direcci贸n determinada.

Este an谩lisis nos brinda una clave para comprender los rasgos espec铆ficos de la crisis griega de 2011 y los meses subsiguientes. Con toda evidencia, la terapia de choque impuesta por los memor谩ndums manifest贸 una derrota estrat茅gica de la burgues铆a griega: deshizo los fundamentos del contrato social forjado luego de la ca铆da del r茅gimen militar en 1974, transform贸 las perspectivas de 芦integraci贸n europea禄 de Grecia en una pesadilla e impuso un r茅gimen de tutelaje permanente y una merma considerable de soberan铆a nacional. Para sostener su dominio sobre el pa铆s, la clase dominante tuvo que aceptar un lugar subalterno y un deterioro dr谩stico de su posici贸n internacional.

La combinaci贸n de estas tres dimensiones (social, ideol贸gica y nacional) llev贸 a la deslegitimaci贸n, no solo de los estratos pol铆ticos dominantes, sino tambi茅n del sistema hegem贸nico en su conjunto. De ah铆 el colapso de la credibilidad en los medios, en los 芦intelectuales org谩nicos禄 de los sectores dominantes y en las instituciones representativas (incluso en las fuerzas que operaban como una oposici贸n fiel). Todo esto puso en cuesti贸n la capacidad que ten铆an las 茅lites de dirigir el pa铆s y la capacidad del sistema bipartidista de brindar soluciones viables.

Vale la pena enfatizar la dimensi贸n nacional de la crisis. El tutelaje impuesto por la Troika (la Uni贸n Europea, el Banco Central Europeo y el FMI) priv贸 de su 芦funci贸n nacional禄 a la clase dominante griega y a sus servidores. La p茅rdida fue acompa帽ada de un ataque a la clase trabajadora, sin precedentes en las sociedades europeas occidentales de la posguerra, aunque muy similar a los programas de 芦ajuste estructural禄 promovidos por el FMI y el Banco Mundial en muchos pa铆ses del Sur Global y de Europa del Este, a partir de los a帽os 1980.

La combinaci贸n entre la p茅rdida de soberan铆a nacional y la violencia de la ofensiva antisocial explica la profundidad y el car谩cter generalizado de la crisis griega, sobre todo si se la compara con la situaci贸n portuguesa o espa帽ola de ese mismo a帽o. Tambi茅n explica por qu茅 el gesto m谩s extendido en las plazas ocupadas fue la flameante bandera griega, que desconcert贸 a los activistas de izquierda que se negaban a comprender su sentido. In茅dita desde los d铆as de la dictadura militar (1967-1974), esta reapropiaci贸n de la bandera surgi贸 como una reacci贸n a la imposici贸n de los dictados de la Troika, un mensaje del pueblo que se autoproclamaba como la 芦verdadera禄 Grecia, diferenci谩ndose de aquellos que pretend铆an actuar en su nombre. Este colapso hegem贸nico tambi茅n represent贸 una oportunidad hist贸rica para la izquierda m谩s radicalizada. Por primera vez en d茅cadas, la izquierda se encontr贸 en posici贸n de luchar por la hegemon铆a, es decir, en una situaci贸n excepcional en cualquier r茅gimen parlamentario 芦maduro禄.

驴Hacia una crisis revolucionaria?

a ocupaci贸n de las plazas tambi茅n devel贸 un segundo aspecto de la crisis org谩nica: el momento en que las masas, que exced铆an por mucho a los militantes que hab铆an dirigido hasta entonces las movilizaciones contra la Troika, pasaron a ocupar el centro de la escena. Esta confluencia no fue en absoluto un proceso autom谩tico. Los sindicatos m谩s combativos, y la intervenci贸n de la izquierda radical en las asambleas populares celebradas en los espacios ocupados, permitieron superar gradualmente la desconfianza mutua de las primeras semanas, alimentada por los desacreditados dirigentes de la confederaci贸n sindical. Sin fusionarse en t茅rminos org谩nicos, el 芦pueblo de las plazas禄 convergi贸 as铆 con el movimiento obrero. La movilizaci贸n popular alcanz贸 su momento m谩s 谩lgido en los tres d铆as de huelga general 鈥15, 28 y 29 de junio鈥, que cont贸 con niveles de participaci贸n in茅ditos desde los a帽os 1970. En este sentido, el movimiento griego sigui贸 un camino distinto al de los indignados espa帽oles, que no tuvieron ning煤n intercambio significativo con el movimiento obrero, y termin贸 pareci茅ndose m谩s a los casos egipcio y tunecino.
Esto hace relucir todav铆a m谩s la magnitud excepcional del movimiento griego. A todas luces, la proporci贸n de la poblaci贸n movilizada fue m谩s grande que en el caso de Espa帽a y no es dif铆cil compararla con los levantamientos 谩rabes. Seg煤n algunos sondeos, a comienzos de junio de 2011 al menos 2 800 000 griegos 鈥斅l 30% de la poblaci贸n adulta!鈥 declararon que participar铆an 芦definitivamente禄 de las protestas, a los que se suma un amplio 21% que manifest贸 que asistir铆a 芦muy probablemente禄. Mientras tanto, el 35% declar贸 haber participado de marchas y otras iniciativas populares organizadas durante el per铆odo previo. Una estimaci贸n realista es que, en las movilizaciones que acompa帽aron a la huelga general del 28 y 29 de junio, al menos un tercio de la poblaci贸n particip贸 activamente. Adem谩s, en los sondeos del per铆odo, al menos dos tercios de los griegos declararon rechazar los memor谩ndums y el r茅gimen de la Troika.

Esta din谩mica mayoritaria tambi茅n explica la duraci贸n de las movilizaciones y su intensidad. A pesar del reflujo del movimiento de las plazas que sigui贸 al voto del memor谩ndum 芦intermedio禄 del 29 de junio, la movilizaci贸n alcanz贸 un nuevo pico pocos meses despu茅s. El 19 y 20 de octubre, una huelga general, la m谩s masiva que se haya visto desde la ca铆da de la dictadura, paraliz贸 completamente a Grecia. Una semana despu茅s, el 28 de octubre 鈥攅l feriado en el que se celebra el 芦No禄 a Mussolini de 1940鈥, la gente tom贸 las calles y forz贸 la interrupci贸n de los desfiles militares y la retirada de los funcionarios estatales. Al mismo tiempo, el primer ministro George Papandreou, humillado en la cumbre europea celebrada en Cannes, donde propuso un refer茅ndum sobre los memor谩ndums, renunci贸 a su cargo para favorecer un movimiento de coalici贸n amplio guiado por la UE y dirigido por el banquero Loukas Papademos. Al ver que su apoyo mermaba, tanto dentro como fuera del parlamento, Papademos convoc贸 a elecciones anticipadas en mayo de 2012 y, como no logr贸 constituir una mayor铆a, lo hizo de nuevo en junio. Esta doble elecci贸n efectiviz贸 el colapso del sistema bipartidista, cuyos pilares 鈥攍a socialdemocracia del PASOK y la derecha de Nueva Democracia鈥 pasaron de haber conquistado el 77,4% de los votos en noviembre de 2009 a quedarse tan solo con el 42%.

Por lo tanto, no es exagerado decir que la crisis griega mostr贸 algunos de los rasgos aludidos en la c茅lebre definici贸n que dio Lenin de una situaci贸n revolucionaria, que es a la vez una de las principales fuentes de la noci贸n gramsciana de 芦crisis org谩nica禄:

La revoluci贸n solo puede triunfar cuando los 芦de abajo禄 no quieren y los 芦de arriba禄 no pueden seguir viviendo como antes. Esta verdad tambi茅n puede expresarse en otras palabras: la revoluci贸n es imposible sin una crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores).

Pero la condici贸n faltante 鈥攜 la m谩s decisiva鈥 fue otra, una que suele recibir menos atenci贸n, pero que tambi茅n es mencionada por Lenin en este pasaje:

[Q]ue la mayor铆a de los obreros (o, en todo caso, la mayor铆a de los obreros conscientes, reflexivos, pol铆ticamente activos) comprenda a fondo la necesidad de la revoluci贸n y est茅 dispuesta a sacrificar la vida por ella.

En otras palabras, no puede haber revoluci贸n si las masas no apoyan las soluciones revolucionarias; y este apoyo no es un resultado autom谩tico del movimiento de masas. Se necesita cierto tipo de intervenci贸n y preparaci贸n pol铆tica. Este tipo de conciencia pol铆tica no defini贸 a un levantamiento cuyo horizonte se form贸 exclusivamente en funci贸n del rechazo visceral hacia la Troika y hacia los pol铆ticos de turno, y no de la voluntad de derrocar el orden social existente. Pero no deja de ser cierto que, por primera vez desde los grandes levantamientos de los a帽os 1960 y 1970, en un pa铆s europeo que parec铆a convertirse de nuevo en el 芦eslab贸n d茅bil禄 del centro continental del capitalismo, se present贸 la posibilidad de una ruptura del equilibrio social y pol铆tico de fuerzas.

La grandeza del movimiento y sus l铆mites

El movimiento de las plazas de 2011 surgi贸 de una larga serie de acontecimientos insurreccionales que punt煤an la historia griega moderna. Pero aunque explique su grandeza, el car谩cter explosivo y repentino del levantamiento tambi茅n lo convirti贸 en un hecho sumamente contradictorio. El 芦pueblo de las plazas禄 carec铆a de cualquier experiencia previa de organizaci贸n o de participaci贸n en acciones colectivas, motivo por el que plante贸 una serie de reivindicaciones y pr谩cticas que Gramsci hubiese definido como 芦incoherentes禄. Cualquiera que haya estado en aquel momento en la plaza S铆ntagma recordar谩 la mezcla de enojo y combatividad, la atm贸sfera futbol铆stica y el radicalismo genuino, en s铆ntesis, un rechazo indiscriminado hacia la pol铆tica combinado con una b煤squeda de autoorganizaci贸n y participaci贸n directa en los asuntos p煤blicos. Este revoltijo de actitudes y pr谩cticas estaba acompa帽ado por cierta fascinaci贸n con encontrar 芦soluciones m谩gicas禄 a la crisis: desde los llamados a recuperar la antigua 芦democracia ateniense禄 hasta distintas teor铆as de la conspiraci贸n que pretend铆an explicar las causas de la deuda p煤blica.
La contradicci贸n m谩s importante tal vez fue la que se expres贸 en la consigna m谩s popular del movimiento de las plazas: la reivindicaci贸n de la 维渭蔚蟽畏 未畏渭慰魏蟻伪蟿委伪, generalmente traducida como 芦democracia directa禄. Sin embargo, el t茅rmino griego 维渭蔚蟽畏 se traduce mejor como 芦inmediata禄, pues significa 芦sin mediaciones禄, es decir, 芦directa禄, y a la vez algo que debe realizarse 芦inmediatamente禄. En este sentido, uno de los principales l铆mites del movimiento de las plazas reside en el hecho de que no supo dotar de un contenido real a esta reivindicaci贸n de 芦democracia inmediata禄.

Para muchos, la consigna remit铆a a una forma de antiparlamentarismo espont谩nea 鈥攐, m谩s bien, brutal鈥, ilustrada por el impactante y multitudinario canto que se escuchaba en la plaza S铆ntagma: 芦Quememos este parlamento, que no es m谩s que un burdel禄. Para otros remit铆a a una idea libertaria de democracia sin mediaciones, es decir, un modelo puramente 芦horizontal禄 inspirado por las formas de autoorganizaci贸n que surg铆an en las plazas ocupadas. Tambi茅n hab铆a quienes pensaban que se refer铆a a una reforma institucional tan radical como indefinida, que establecer铆a una 芦democracia real禄, o, al menos, un funcionamiento democr谩tico suprimido por el r茅gimen de la Troika y el autoritarismo que conllev贸. Adem谩s, la convocatoria inicial a ocupar las plazas 鈥攓ue termin贸 d谩ndole su nombre a la p谩gina y al grupo de Facebook del movimiento de la plaza S铆ntagma鈥 se hizo bajo el t铆tulo 芦隆Democracia real ya!禄, referencia directa a la Puerta del Sol de Madrid.

El movimiento de las plazas no tuvo 茅xito a la hora de sintetizar estas ideas en funci贸n de un proyecto pol铆tico alternativo, ni tampoco logr贸 generar una reorganizaci贸n econ贸mica alternativa que fuera m谩s all谩 del rechazo a la austeridad y al tutelaje de la Troika. En este sentido, comparti贸 el car谩cter 芦negativo禄 de los levantamientos de la d茅cada pasada, definido por Alain Badiou en funci贸n de que su principal factor de unidad, cuando no el 煤nico, es el rechazo generalizado hacia los gobernantes. Ahora parece evidente que la ausencia de un proyecto alternativo, lejos de liberar a la pol铆tica del peso de las 芦ideolog铆as禄 y de las 芦grandes narrativas禄 鈥攃omo nos quisieron hacer pensar muchos intelectuales posmodernos鈥, conduce a la impotencia y, en general, a una restauraci贸n reaccionaria, de la que la brutal dictadura de Abdulfatah al Sisi es el ejemplo m谩s terrible.

Sin embargo, el principal l铆mite del movimiento estaba en otro nivel, uno del que surg铆an, 芦en 煤ltima instancia禄, todos los l铆mites. No se trat贸 solamente de la incapacidad de formular una alternativa global, ni siquiera de la imposibilidad de detener la votaci贸n del memor谩ndum en el parlamento. De hecho, bien consideradas las cosas, estos objetivos parec铆an estar lejos del alcance de un movimiento heterog茅neo y eruptivo cuya esperanza de vida se contaba en semanas. El problema decisivo fue que no cont贸 con un marco organizativo 鈥攏i siquiera con un proyecto鈥 capaz de elevar la lucha popular a otro nivel.

Con todo, nos dej贸 algunos elementos valiosos para emprender esta tarea. B谩sicamente, renov贸 el repertorio de la acci贸n colectiva y estimul贸 muchas iniciativas locales de solidaridad, autoorganizaci贸n y acci贸n directa. Pero no elabor贸 una forma capaz de organizar y coordinar con autonom铆a la lucha popular durante el per铆odo siguiente, un l铆mite que compartieron otros movimientos similares que irrumpieron en ese entonces y que sigue afectando a muchos que surgen en la actualidad. Entonces, el movimiento fue incapaz de atravesar cierto umbral de sus propias capacidades para desarrollar perspectivas alternativas m谩s amplias e interactuar productivamente con otros actores pol铆ticos. Esta fue la causa principal de la discrepancia entre la impresionante fuerza del movimiento y su incapacidad de alcanzar resultados tangibles y positivos.

La capitulaci贸n

A primera vista, Grecia parece ser una excepci贸n al principio de unidad estrictamente negativo definido 鈥攜 criticado鈥 por Alain Badiou. El ciclo de movilizaci贸n popular de 2010-2012 condujo efectivamente a una transformaci贸n real de la escena pol铆tica, de la que se benefici贸 especialmente Syriza. Fue la 煤nica fuerza que mostr贸 disposici贸n a satisfacer la reivindicaci贸n de una ruptura pol铆tica que surgi贸 de las movilizaciones y que estas eran incapaces de conquistar por sus propios medios. En este contexto 鈥攕iempre teniendo en cuenta el peso simb贸lico de la izquierda radical en un pa铆s que vivi贸 una guerra civil y d茅cadas de persecuci贸n anticomunista鈥, la propuesta de un 芦gobierno de izquierda antiausteridad禄 se present贸 como una decisi贸n de romper con la situaci贸n existente. A pesar de sus objetivos 芦negativos禄 o defensivos 鈥攑oner fin a la austeridad y al tutelaje de la Troika鈥, se percibi贸 en Syriza un intento de superar el rol tradicional de oposici贸n subordinada que el sistema bipartidista asigna a la izquierda y de plantear la cuesti贸n del poder en t茅rminos efectivos. Al menos en este sentido, Syriza emergi贸 como una fuerza que comprendi贸 la oportunidad planteada por la 芦crisis org谩nica禄. Es una de las lecciones fundamentales que nos deja todo este per铆odo: la movilizaci贸n popular es capaz de crear las condiciones para un desplazamiento hacia la izquierda pero, para que estas condiciones se materialicen, se necesita una propuesta pol铆tica potencialmente hegem贸nica.
Esto tambi茅n plantea el problema de las responsabilidades 鈥攜, en 煤ltima instancia, del fracaso鈥 de la organizaci贸n que fue capaz de jugar dicho rol. A falta de un an谩lisis sistem谩tico, diremos simplemente que el problema de Syriza estuvo en su gesti贸n estrictamente electoral de la din谩mica creada por la movilizaci贸n desde abajo, es decir, que contuvo el conflicto en los niveles necesarios para tener 茅xito en las urnas. Nunca propuso un plan para organizar la lucha popular, una perspectiva m谩s general ni se prepar贸 para enfrentar las condiciones m谩s inmediatas que planteaba la posibilidad de un triunfo. Entre estas condiciones, una ten铆a una importancia estrat茅gica decisiva: la confrontaci贸n con la UE y los mecanismos que previsiblemente utilizar铆a contra el gobierno que se atrevi贸 a desafiar sus pol铆ticas, empezando con el 芦arma nuclear禄 del BCE, el euro.

La capitulaci贸n de Syriza no implica que no haya sucedido nada, es decir, que durante esos primeros siete meses de 2015 no se haya efectuado 鈥攜 perdido鈥 una apuesta hist贸rica. Pero nos muestra que el momento de verdad no fue tanto el 茅xito electoral alcanzado por Syriza en enero de 2015, sino el hecho de que este triunfo haya intensificado el ciclo de conflictos previo, iniciado en 2010 y generalizado contra la voluntad de las figuras que la propia movilizaci贸n hab铆a colocado en el gobierno. El momento de verdad lleg贸 en 2015 con el refer茅ndum sobre el paquete de austeridad de la UE. Aunque durante poco tiempo, la 芦primavera caliente禄 de 2011 efectivamente resucit贸, no en la victoria electoral de Syriza, sino en la movilizaci贸n del 3 de julio de 2015 en la plaza S铆ntagma y en el 61,3% de los votos por el 芦No禄 en el refer茅ndum del 5 de julio.

Aunque el 芦No禄 rotundo provoc贸 la sorpresa de todo el mundo, fue revertido unos pocos d铆as despu茅s: en manos de aquellos que lo recibieron como una carga insostenible, se convirti贸 r谩pidamente en un 芦S铆禄 a la austeridad de la UE. De la noche a la ma帽ana, cuando Alexis Tsipras firm贸 el tercer memor谩ndum, Grecia dej贸 de ser un faro de esperanza para convertirse en un trauma del que la izquierda internacional no se recupera.

En cualquier caso, es fundamental que las ense帽anzas que nos deja esta experiencia no se pierdan. La primera es que ni siquiera un movimiento de masas tan grande como aquel es capaz de brindar las soluciones necesarias a los problemas que plantea su propio surgimiento. La pol铆tica sigue siendo necesaria y es a fin de cuentas el factor decisivo que informa el resultado de cualquier situaci贸n. Pero tambi茅n qued贸 claro que no debemos consentir en cualquier propuesta pol铆tica que se presenta como 芦la izquierda禄 y se reh煤sa al mismo tiempo a elaborar los medios capaces de llevar al pueblo a la victoria.

Ver en l铆nea : https://jacobinlat.com/2021/08/12/e鈥

Fuente: Jacobin Am茅rica Latina

Traducci贸n: Valent铆n Huarte

   Stathis Kouvelakis ense帽a la filosof铆a pol铆tica en el King鈥檚 College de la universidad de Londres. Miembro de la redacci贸n de la revista Contretemps, ha dirigido la obra Y a-t-il une vie apr猫s le capitalisme ? (Le Temps des Cerises, 2008) y es el autor de La France en r茅volte : Luttes sociales et cycles politiques (Textuel, 2007)) y de Philosophie et r茅volution, De Kant 脿 Marx (PUF, 2003). Es miembro del Comit茅 central de la Coalici贸n de izquierda griega SYRIZA.
https://www.cadtm.org/El-pueblo-griego-estaba-dispuesto-a-luchar



Fuente: Asociaciongerminal.org