May 9, 2022
De parte de Lobo Suelto
121 puntos de vista

Ante la guerra que ha estallado en Ucrania, el fil贸sofo ecologista se encuentra perdido, abrumado por los acontecimientos, 鈥渘o sabe c贸mo sostener ambas tragedias鈥, la de Ucrania y la del calentamiento clim谩tico. Lo 煤nico que dice es que el inter茅s por uno no debe primar sobre el inter茅s por el otro. No logra comprender su relaci贸n y, sin embargo, est谩n estrechamente vinculados porque tienen el mismo origen. Latour a煤n tendr谩 que admitir la existencia del capitalismo, que es el marco en el que surgen y se desarrollan las dos guerras.

La guerra entre Estados y las guerras de clase, de raza y de sexo han acompa帽ado siempre el desarrollo del capital porque, a partir de la acumulaci贸n primitiva, son las condiciones de su existencia. La formaci贸n de clases (de trabajadores, esclavos y colonizados, mujeres) implica una violencia extraecon贸mica que funda la dominaci贸n y una violencia que la preserva, estabilizando y reproduciendo las relaciones entre ganadores y perdedores. 隆No hay Capital sin guerras de clase, raza y g茅nero y sin un Estado que tenga la fuerza y los medios para librarlas! La guerra y las guerras no son realidades externas, sino constitutivas de la relaci贸n de capital, aunque lo hayamos olvidado. En el capitalismo las guerras no estallan porque haya aut贸cratas feos y malvados y dem贸cratas buenos y amables.

La guerra y las guerras que encontramos al principio de cada ciclo de acumulaci贸n, las volvemos a encontrar al final. En el capitalismo provocan cat谩strofes y extienden la muerte de forma incomparable con otras 茅pocas. Pero hubo un momento en la historia del capitalismo, a principios del siglo XX, en el que la relaci贸n entre la guerra, el Estado y el capital se entrelaz贸 tanto que su poder destructivo, que es una condici贸n de su desarrollo (su motor, como lo llam贸 Schumpeter, la 鈥渄estrucci贸n creativa鈥), pas贸 de ser relativo a ser absoluto. Absoluto porque pone en juego la existencia misma de la humanidad as铆 como las condiciones de vida de muchas otras especies.

La Primera Guerra Mundial y la destrucci贸n absoluta

Los defensores del Antropoceno discuten sobre la fecha de su inicio: el Neol铆tico, la conquista de Am茅rica, la revoluci贸n industrial, la gran aceleraci贸n de la posguerra, etc. Todos evitan cuidadosamente enfrentarse a la ruptura que supuso la Primera Guerra Mundial, cuyas consecuencias verdaderamente nefastas siguen actuando en nuestra actualidad.

El gran cambio que afect贸 para siempre a la m谩quina bic茅fala Estado/capital en el siglo XX se produjo mucho antes de la crisis financiera de 1929, durante la guerra de 1914. La gran guerra es una novedad absoluta porque resulta de una integraci贸n de la acci贸n del Estado, la econom铆a de los monopolios, la sociedad, el trabajo, la ciencia y la t茅cnica. La cooperaci贸n de todos estos elementos que trabajan juntos para construir una megam谩quina de producci贸n para la guerra cambia profundamente las funciones de cada uno: el Estado acent煤a el poder ejecutivo en detrimento del legislativo y del judicial para gestionar la 鈥渆mergencia鈥, la econom铆a sufre la misma concentraci贸n de poder pol铆tico consolidando los monopolios, la sociedad en su conjunto y no s贸lo el mundo del trabajo es movilizada para la producci贸n, la innovaci贸n cient铆fica y t茅cnica pasan a estar bajo el control directo del Estado experimentando una aceleraci贸n fulgurante.

Ernst Junger, el 鈥渉茅roe鈥 de la Primera Guerra Mundial, la describe menos como una 鈥渁cci贸n armada鈥 que como un 鈥済igantesco proceso de trabajo鈥. La guerra es la ocasi贸n de implicar a toda la sociedad en la producci贸n ampliando una organizaci贸n de la producci贸n que s贸lo concern铆a a un n煤mero muy reducido de empresas. 鈥淟os pa铆ses se transformaron en gigantescas f谩bricas capaces de producir ej茅rcitos en cadena de producci贸n para poder enviarlos al frente veinticuatro horas al d铆a, donde un sangriento proceso de consumo, ahora completamente mecanizado, desempe帽贸 el papel de un mercado (鈥)鈥.

La implicaci贸n de todas las funciones sociales en la producci贸n (lo que los marxistas llaman la subsunci贸n de la sociedad en el capital) naci贸 en este momento y estuvo marcada, y lo estar谩 para siempre, por la guerra. Toda forma de actividad, 鈥渋ncluso la de un patr贸n dom茅stico que trabaja en su m谩quina de coser鈥, est谩 destinada a la econom铆a de guerra y participa en la movilizaci贸n total.

鈥淛unto a los ej茅rcitos que se enfrentan en los campos de batalla, surgen nuevos tipos de ej茅rcitos, el ej茅rcito del transporte, de la log铆stica, el ej茅rcito de la industria armament铆stica, el ej茅rcito del trabajo鈥, el ej茅rcito de la comunicaci贸n, los ej茅rcitos de la ciencia y la tecnolog铆a, etc. La log铆stica de la guerra es m谩s eficiente que la log铆stica comercial del capital.

Es en este sentido que la guerra es 鈥渢otal鈥. Requiere la movilizaci贸n de la econom铆a, la pol铆tica y la sociedad, es decir, una 鈥減roducci贸n total鈥. Entre la guerra, los monopolios y el Estado, se crea un v铆nculo que ning煤n liberalismo podr谩 desatar, ni siquiera el neoliberalismo podr谩 devolver el mercado de la oferta y la demanda y la libre competencia.

El nacimiento de lo que Marx llam贸 el General Intellect (la producci贸n que depende no s贸lo del trabajo directo de los trabajadores, sino de la actividad y la cooperaci贸n de la sociedad en su conjunto, de la comunicaci贸n, de la ciencia y la tecnolog铆a, etc.) tiene lugar bajo el signo de la guerra. En el General Intellect marxiano no hay guerra, mientras que en su aplicaci贸n real es la guerra la que completa el conjunto. El capitalismo inaugurado por la guerra total es diferente al descrito por Marx. Hahlweg, el erudito alem谩n que public贸 las obras completas de Clausewitz, resume perfectamente este cambio que afecta al capitalismo en la transici贸n del siglo XIX al XX: en el caso de Lenin, las guerras han ocupado el lugar de las crisis econ贸micas de Marx.

Keynes, a su vez, afirmaba que su programa econ贸mico s贸lo pod铆a realizarse en una econom铆a de guerra, porque s贸lo en este caso se llevan todas las fuerzas productivas al l铆mite de sus posibilidades.

Esta formidable m谩quina en la que se entrelazan la guerra y la producci贸n acelera el desarrollo de la organizaci贸n del trabajo, de la ciencia y de la t茅cnica; la coordinaci贸n y la sinergia de las diversas fuerzas productivas y de las funciones sociales se traducen en un aumento de la producci贸n y de la productividad. Pero la producci贸n y la productividad son para la destrucci贸n. Por primera vez en la historia del capitalismo la producci贸n es 鈥渟ocial鈥, pero es id茅ntica a la destrucci贸n. El aumento de la producci贸n se concreta en un aumento de la capacidad de destrucci贸n.

Se inici贸 una loca carrera por nuevos inventos y descubrimientos que buscan aumentar el poder de destrucci贸n: destruir al enemigo, su ej茅rcito, pero tambi茅n a su poblaci贸n y las infraestructuras del pa铆s. Este proceso se complet贸 con la construcci贸n de la bomba at贸mica durante la Segunda Guerra Mundial. La ciencia, m谩xima expresi贸n de la creatividad y la productividad del ser social, ampl铆a radicalmente el poder de destrucci贸n: a partir de ahora la bomba at贸mica pone en cuesti贸n la propia supervivencia de la humanidad.

G眉nter Anders se帽ala a este respecto: si hasta la Primera Guerra Mundial las personas eran individualmente mortales y la humanidad inmortal, a partir de la construcci贸n de la bomba at贸mica la identidad de producci贸n y destrucci贸n amenaza de muerte directamente a la humanidad. Por primera vez en su historia, la especie humana est谩 en peligro de extinci贸n gracias al poder de una parte de los hombres; los capitalistas, los hombres de Estado, las clases poseedoras, etc., que la componen.

Este salto en la organizaci贸n pol铆tico-econ贸mica de la m谩quina bic茅fala del Estado/capital fue una respuesta al peligro del socialismo que acechaba a Europa y una acci贸n preventiva contra las guerras de clase, de raza y de sexo que el socialismo rumiaba en su seno (a pesar de las organizaciones que lo estructuraron) y que se desarrollaron a lo largo del siglo XX.

La gran aceleraci贸n

La acci贸n de esta nueva organizaci贸n de la m谩quina Estado/capital no se detendr谩 con el fin de los combates, ya que la 鈥渕ovilizaci贸n total鈥 para la 鈥減roducci贸n total鈥, la gesti贸n de la emergencia, la concentraci贸n del poder ejecutivo y del poder econ贸mico, a partir de situaciones temporales y excepciones ligadas a la urgencia de la guerra, se transforman en normas ordinarias de la gesti贸n capitalista.

Los ecologistas llaman al per铆odo posterior a la Segunda Guerra Mundial la gran aceleraci贸n, dentro de la cual se encontrar谩 intacta la identidad de producci贸n y destrucci贸n que se afirm贸 durante las dos guerras totales, arraigada en el trabajo y el consumo cotidiano del 鈥渂oom鈥 econ贸mico.

La m谩quina productiva integrada no se desmantel贸, sino que se invirti贸 en la reconstrucci贸n. M谩s tarde se ver谩 que la reparaci贸n de los da帽os causados por la guerra determinar谩 una nueva y m谩s formidable destrucci贸n: con la gran aceleraci贸n hemos dado un gran paso hacia el punto de no retorno en la degradaci贸n del equilibrio clim谩tico y de la biosfera.

El capitalismo de posguerra sigue explotando la integraci贸n que tuvo lugar durante las guerras totales produciendo tasas extraordinarias de crecimiento y productividad a las que corresponden tasas igualmente extraordinarias de destrucci贸n de las condiciones de habitabilidad del planeta. La especie humana est谩 amenazada de extinci贸n por segunda vez (junto con muchos otros seres vivos). Ya no es la 鈥渘aturaleza鈥 la que 鈥渁menaza鈥 a la humanidad, sino las clases que 鈥渄irigen鈥 esta m谩quina econ贸mico-pol铆tica.

La identidad de producci贸n y destrucci贸n contin煤a en el marco de una 鈥減az鈥 cuyas condiciones de posibilidad est谩n siempre dadas por la guerra, fr铆a en el Norte y muy caliente en el Sur, donde se concentra la 鈥済uerra civil mundial鈥, anunciada por Hannah Arendt y Carl Schmitt en 1961. S贸lo una ilusi贸n euroc茅ntrica puede pensar en los 鈥渢reinta a帽os gloriosos鈥 como un per铆odo de paz.

La gran aceleraci贸n es inconcebible sin el consenso del movimiento obrero, que refuerza su integraci贸n con el capitalismo y el Estado iniciada con el voto de los cr茅ditos para la guerra de 1914. En el Norte del mundo, el compromiso fordista de posguerra entre el capital y el trabajo se basa en un hecho t谩cito que vela la identidad de producci贸n y destrucci贸n que la 鈥渕ovilizaci贸n total鈥 para la 鈥減roducci贸n total鈥 ha legado al funcionamiento del capitalismo. El movimiento obrero se limitar谩 a exigir salarios y derechos de los trabajadores, dejando todo el poder a la m谩quina del Estado-capital para decidir el contenido del trabajo y los objetivos de la producci贸n. Un acuerdo opera como si la identidad de la producci贸n y la destrucci贸n s贸lo se refiriera al per铆odo de guerra, mientras que cuestiona el concepto de trabajo y de trabajador. Gunter Anders esboza una primera revisi贸n de estos conceptos a la luz de la nueva realidad del capitalismo. 鈥淓l estatus moral del producto (el estatus del gas venenoso o el estatus de la bomba de hidr贸geno) no afecta a la moralidad del trabajador que participa en la producci贸n. Es pol铆ticamente inconcebible 鈥渜ue el producto en cuya fabricaci贸n se trabaja, incluso el m谩s repugnante, pueda contaminar la propia obra鈥. El trabajo, como el dinero del que es condici贸n, 鈥渘o tiene olor鈥. 鈥淣ing煤n trabajo puede ser desacreditado moralmente por su finalidad.

Los fines de la producci贸n no deben preocupar en absoluto al trabajador, porque, y 鈥溍﹕te es uno de los rasgos m谩s desastrosos de nuestra 茅poca鈥, el trabajo debe ser considerado 鈥渘eutro con respecto a la moral (鈥) Cualquiera que sea el trabajo que se realice, el producto de este trabajo permanece siempre m谩s all谩 del bien y del mal鈥.

Los sindicatos y el movimiento obrero hicieron un 鈥渏uramento secreto鈥 de 鈥渘o ver o m谩s bien no saber lo que (el trabajo) estaba haciendo鈥, de 鈥渘o tener en cuenta su finalidad鈥.

En las condiciones contempor谩neas del capitalismo la situaci贸n se ha radicalizado a煤n m谩s, cualquier trabajo (no s贸lo el que produce 鈥済as venenoso o bombas de hidr贸geno鈥) es destructivo; cualquier consumo (no s贸lo el de los vuelos comerciales) es destructivo. Ahora es indecidible si el trabajo y el consumo producen el ser o lo destruyen, porque son a la vez fuerzas de producci贸n y fuerzas de destrucci贸n.

En el capitalismo, los individuos son al mismo tiempo 鈥渃贸mplices鈥, a su manera, de la destrucci贸n, ya que la producen trabajando y consumiendo, y tambi茅n v铆ctimas de la explotaci贸n y la dominaci贸n, ya que se ven obligados a fabricar la cat谩strofe. No hay otra alternativa que romper estos lazos de subordinaci贸n que nos hacen objetivamente c贸mplices y sustraernos de estas relaciones de trabajo y consumo, es decir, llevar el rechazo del trabajo y del consumo hasta su conclusi贸n l贸gica.

El denominado 鈥渘eo-liberalismo鈥

La estrategia de la m谩quina Estado/Capital asume sin reparos la consigna de 鈥渕ovilizaci贸n total鈥 para la 鈥減roducci贸n total鈥 que el compromiso capital-trabajo hab铆a practicado, pero no reconocido. La matriz econ贸mico-pol铆tica sigue siendo la dibujada durante la primera guerra mundial, cuya nueva mundializaci贸n, la intensificaci贸n de la financiarizaci贸n y la concentraci贸n del poder econ贸mico y pol铆tico no hacen sino aumentar su dimensi贸n productiva y destructiva, exaltando sus caracter铆sticas autoritarias y antidemocr谩ticas.

El neoliberalismo no s贸lo nace de las guerras civiles en Am茅rica Latina, sino que se alimenta de todas las guerras que los estadounidenses y la OTAN han declarado en todo el mundo, primero contra un enemigo que ellos mismos hab铆an contribuido a crear (el terrorismo islamista) y luego contra las potencias surgidas de las guerras de liberaci贸n del colonialismo (el verdadero objetivo de la guerra actual es China).

La mundializaci贸n contempor谩nea es muy diferente de la que se produjo entre los siglos XIX y XX. Esta 煤ltima ten铆a como objetivo el reparto colonial del mundo; la actual ya no puede contar con un Sur sumiso a Occidente. Por el contrario, las antiguas colonias son potencias econ贸micas y pol铆ticas que hacen vacilar al Norte, el que carece de toda idea de c贸mo establecer su hegemon铆a, si no es por la fuerza de las armas. El Sur global plantea dos nuevos problemas. Las formas de neocapitalismo adoptadas por las antiguas colonias no har谩n sino aumentar la extensi贸n de la producci贸n/destrucci贸n, al demostrar que la acci贸n de la m谩quina Estado-capital del centro no puede extenderse al resto de la humanidad: el capitalismo mundializado lleva a un punto de irreversibilidad la devastaci贸n que la gran aceleraci贸n ya hab铆a incrementado en la posguerra.

La afirmaci贸n de su potencia (parad贸jicamente provocada por la mundializaci贸n, que deber铆a, por el contrario, haber asegurado el inicio de un nuevo siglo americano) ha reavivado los enfrentamientos entre imperialismos que EE.UU. planea desde hace a帽os transformar en una guerra abierta. Cegado por un delirio b茅lico, al Norte del mundo le cuesta advertir que ahora es una minor铆a no s贸lo desde el punto de vista demogr谩fico (incluso en relaci贸n con la guerra actual, la mayor铆a de los pa铆ses no se han alineado con las posiciones del Norte porque saben qui茅nes han sido y son el objetivo del dominio yanqui).

Hay otra sorprendente similitud con el pasado: la violencia que Europa hab铆a ejercido sobre las colonias hab铆a retornado finalmente al continente con guerras totales y fascismos. Aim茅 C茅saire sol铆a decir que lo que se le reprochaba a Hitler no eran sus m茅todos 鈥渃oloniales鈥, sino su uso contra los blancos. Despu茅s de treinta a帽os de guerras lideradas por Estados Unidos y la OTAN en todo el mundo, la violencia armada est谩 volviendo a Europa, impuesta por Estados Unidos y aceptada por los Estados y las 茅lites locales que est谩n completamente sometidos a la voluntad estadounidense. La guerra est谩 preparada para permanecer, porque los estadounidenses no dejar谩n de ejercer presi贸n armada hasta que logren construir el imposible Imperio, un proyecto tan suicida como homicida. La desgracia de la humanidad para los pr贸ximos a帽os est谩 contenida en la frase de Biden 鈥渢rabajar para que Estados Unidos vuelva a gobernar el mundo鈥, que es la verdadera agenda de su presidencia. La proclamada oficialmente durante la campa帽a presidencial para resolver la guerra civil latente se ha ido abandonando.

Estas palabras de Keynes se ajustan a la tragedia de la guerra, as铆 como a la cat谩strofe ecol贸gica: la hegemon铆a del capital financiero que condujo a la Primera Guerra Mundial conten铆a una 鈥渞egla autodestructiva鈥 que reg铆a 鈥渢odos los aspectos de la existencia鈥, una regla financiera de autodestrucci贸n que sigue funcionando en la actualidad. La violencia que desatan los capitalistas y el Estado ya contiene la cat谩strofe ecol贸gica porque para garantizarse la ganancia, la propiedad y el poder son 鈥渃apaces de apagar el sol y las estrellas鈥.

La guerra entre potencias y la guerra contra 鈥淕aia鈥 tienen el mismo origen

Creer que Rusia es la causa de una posible tercera guerra mundial es como creer que el bombardeo de Sarajevo fue la causa de la primera. Pereza intelectual y pol铆tica.

Hace un siglo, Rosa Luxemburgo ya hab铆a captado la imposibilidad del resultado de la globalizaci贸n del capital y, por lo tanto, la inevitabilidad de la guerra entre los imperialismos: El capital 鈥渆n su tendencia a convertirse en una forma mundial, se descompone ante su propia incapacidad de ser esta forma mundial de producci贸n鈥. No puede convertirse en capital global porque depende del Estado-naci贸n tanto para la realizaci贸n de la plusval铆a y su apropiaci贸n (la propiedad privada est谩 garantizada por sus leyes y su fuerza), como para su 鈥渞egulaci贸n鈥 porque, sin el Estado, el capital enviar铆a sus flujos a la luna, dicen Deleuze y Guattari.

La m谩quina de acumulaci贸n y su tendencia a expandirse constantemente (mercado mundial) se basa en una tensi贸n entre el Estado y el capital, aunque ambos participen plenamente de su funcionamiento. El capital expresa una 鈥渢endencia a devenir mundial鈥 que no puede conseguir porque no tiene ni la fuerza pol铆tica ni  militar para sus ambiciones. El Estado, en cambio, ejerce estos dos poderes, pero su base es territorial, con fronteras, Estados rivales. No hay necesidad de oponer el Capital (con su relativa inmanencia) y el Estado (con su soberan铆a muy real), ya que act煤an en conjunto.

El fracaso de la mundializaci贸n contempor谩nea es muy similar al fracaso de la mundializaci贸n anterior, entre finales del siglo XIX y principios del XX, y no puede conducir m谩s que a la guerra, porque, una vez que el capital financiero se ha derrumbado, los Estados y sus ej茅rcitos se presentan para luchar por la hegemon铆a sobre el mercado mundial.

El actual 鈥渄esorden鈥 mundial (una multiplicidad de centros de poder constituidos por grandes 谩reas, pero en cuyo centro est谩n siempre los Estados), que los estadounidenses quisieran reducir a un orden imperial imposible porque ya ha fracasado, corre el riesgo de conducir a un caos a煤n mayor, gane quien gane.

La gran mundializaci贸n, en lugar del cosmopolitismo, s贸lo pod铆a producir l贸gicas identitarias, ya que el capital, tras la debacle financiera de 2008, tuvo que anidar bajo el ala protectora del Estado, que s贸lo puede vivir de la identidad: nacionalismo, fascismo, racismo, sexismo, para no derrumbarse y llevarse consigo la 鈥渃ivilizaci贸n鈥 capitalista.

En el capitalismo, las diferencias no se diferencian produciendo novedades imprevisibles (como afirma ingenua o irresponsablemente la filosof铆a de la diferencia), sino que se polarizan (desigualdades de renta, riqueza, educaci贸n, salud, etc.) hasta convertirse en contradicciones. Si no se convierten en oposiciones a la m谩quina Estado-capital, se fijan en identidades en cuyo centro siempre encontramos al hombre blanco. Las identidades nacionalistas, racistas y sexistas son las condiciones, ampliamente desarrolladas, para la producci贸n de subjetividades para la guerra. La histeria anti Rusia desatada por los medios de comunicaci贸n, el odio racista con el que distinguen entre guerras y v铆ctimas (los blancos y  los otros), han sido preparados durante mucho tiempo por esta destrucci贸n 鈥渟imb贸lica鈥 de la subjetividad que ha cultivado un futuro fascista dispuesto a entusiasmarse con la guerra.

Estamos viviendo la realizaci贸n de un proceso, iniciado hace algo m谩s de un siglo y acelerado a finales de los a帽os 70, de cierre de todo 鈥渆spacio p煤blico鈥 y de saturaci贸n de la cuota de propiedad privada en todos los aspectos de la vida individual y colectiva. Se trata de un proceso de alcance completamente diferente al de la 鈥渄ictadura sanitaria鈥 (Agamben). El estado de emergencia es la normalidad que debe acompa帽ar necesariamente a la identidad de la producci贸n y la destrucci贸n porque ha estado progresando desde principios del siglo XX, enraizada en la m谩quina del Estado-Capital cuyas promesas de paz y prosperidad s贸lo duran lo que dura una 鈥渂ella 茅poca鈥.

Basta un an谩lisis superficial del capitalismo y de su historia para comprender que, tras brev铆simos periodos de euforia (la belle 茅poque de principios de siglo y de los a帽os ochenta y noventa) en los que el capitalismo parec铆a triunfar sobre todas sus contradicciones, s贸lo le quedaba la guerra y el fascismo para salir de sus atolladeros.

La prosperidad para todos se ha convertido en una enorme concentraci贸n de riqueza para unos pocos, una devastaci贸n financiera y una lucha a muerte por la hegemon铆a econ贸mica y el acceso a los recursos. La salvaguarda de la vida a cambio de obediencia que, desde Hobbes, debe garantizar el Estado frente a los peligros de la 鈥済uerra de todos contra todos鈥 queda doblemente desmentida: ya sea por la organizaci贸n de las masacres de las guerras industriales como  por la extinci贸n de la especie humana, que ya est谩 muy avanzada.

La biopol铆tica (鈥渉acer vivir y dejar morir鈥) revela todo su contenido 鈥渋deol贸gico鈥 frente a la realidad de la m谩quina capital/Estado que desencaden贸 la violencia econ贸mica del primero y luego desat贸 la violencia armada del segundo. Dos violencias que, combinadas, est谩n muy lejos de la pacificaci贸n gubernamental que supone el 鈥渓aissez vivre鈥.

La posible desaparici贸n de la humanidad por la violencia concentrada de la bomba at贸mica que G眉nther Anders predijo en los a帽os 50 se reaviva ahora por la 鈥渧iolencia difusa鈥 del calentamiento clim谩tico, la degradaci贸n de la biosfera, el agotamiento del suelo, la sobreexplotaci贸n de la tierra, etc. Dos temporalidades diferentes, la instantaneidad de la bomba y la duraci贸n de la degradaci贸n ecol贸gica, convergen hacia un mismo resultado que proviene de la misma fuente: la identidad de producci贸n/destrucci贸n. En la actual guerra de Ucrania vivimos bajo la doble amenaza (la at贸mica, que nunca hab铆a desaparecido) y la 鈥渆col贸gica鈥. Lo que Latour no ve, la actualidad se ha encargado de demostr谩rnoslo. La guerra, al menos, habr谩 servido para eso, para revelar la inconsistencia de gran parte del pensamiento ecol贸gico y de sus intelectuales m谩s prestigiosos.

Post Scriptum: Crisis de la ontolog铆a

La identidad de producci贸n y destrucci贸n determina una crisis en la concepci贸n del ser cuyo poder productivo afirma la filosof铆a: el ser es creaci贸n, un proceso continuo de expansi贸n, la construcci贸n del mundo y del hombre. Esta larga historia del ser se ve interrumpida por la Primera Guerra Mundial, ya que la autoproducci贸n del ser coincide con su autodestrucci贸n.  Las filosof铆as de los a帽os sesenta y setenta no reconocen en absoluto esta nueva situaci贸n. Por el contrario, hacen demasiado hincapi茅 en el poder de invenci贸n, proliferaci贸n y diferenciaci贸n del ser. El negativo de la destrucci贸n es expulsado del pensamiento en el momento en que el ser, con la producci贸n total, es comparable a una fuerza 鈥済eol贸gica鈥 capaz de modificar la morfolog铆a del terreno, al tiempo que destruye las condiciones de habitabilidad. La cr铆tica de lo negativo se centra en la dial茅ctica hegeliana, mientras que se olvida problematizar la negaci贸n absoluta que conlleva el nuevo capitalismo. En un momento en el que el ser parece enriquecerse con la producci贸n continua de nuevas singularidades, se consume, se agota e incluso est谩 amenazado de extinci贸n. Se trata de una situaci贸n in茅dita que la filosof铆a evita como la peste.

La identidad de la producci贸n y la destrucci贸n nos obliga a considerar bajo una nueva luz las categor铆as del trabajo y de las fuerzas productivas que deb铆an ser herederas del poder del ser. Las guerras totales y la aceleraci贸n conjunta de la acci贸n del capital, el Estado, la ciencia/tecnolog铆a y el trabajo han hecho inoperante la oposici贸n marxista entre fuerzas productivas y relaci贸n de producci贸n, porque las fuerzas productivas son al mismo tiempo fuerzas destructivas. En el siglo XIX, el trabajo y su cooperaci贸n, la ciencia y la tecnolog铆a parec铆an constituir una potencia creadora aprisionada por las relaciones de producci贸n (principalmente la propiedad privada y el Estado que la garantizaba). Era necesario liberarlos de las garras de estos 煤ltimos para que pudieran desarrollar sus poderes productivos, limitados por el beneficio, la propiedad privada y las jerarqu铆as de clase. En las condiciones del capitalismo de posguerra, es indecidible si el trabajo es producci贸n o destrucci贸n, ya que es ambas cosas a la vez. Por eso no puede haber una ontolog铆a del trabajo. Por eso hay que repensar las modalidades de la acci贸n pol铆tica.

Las luchas, los rechazos, las revueltas, las cooperaciones, las actividades de 鈥渃ura鈥, las solidaridades, las revoluciones siguen estando a la orden del d铆a, la ruptura con el capitalismo es a煤n m谩s necesaria, ya que lo que est谩 en juego es la vida misma de la especie, pero en un marco radicalmente modificado por la existencia de la destrucci贸n que es como la sombra de la producci贸n.

Art铆culo en franc茅s elaborado por el autor para Revista Disenso

Traducci贸n: Iv谩n Torres Apablaza y Tuillang Yuing Alfaro

Fuente: Tinta Lim贸n




Fuente: Lobosuelto.com