March 18, 2022
De parte de Nodo50
84 puntos de vista

Me preguntan a menudo, en los actos p├║blicos que se suceden para sopesar lo que ocurre en Ucrania, c├│mo cabe relacionar ese conflicto con categor├şas como las que se refieren al ecofascismo y a un posible colapso general. Mi aturdimiento de estas horas poco m├ís me permite que enunciar aqu├ş, al respecto, algunas intuiciones someras.

 
Cuando, en los ├║ltimos a├▒os, he empleado el pol├ęmico t├ęrmino ecofascismo, lo he hecho para identificar un proceso en virtud del cual algunos de los estamentos dirigentes del globo -conscientes de los efectos del cambio clim├ítico, de las secuelas del agotamiento de las materias primas energ├ęticas y de la manifestaci├│n, en la trastienda, de un sinf├şn de crisis paralelas- habr├şan puesto manos a la tarea de preservar para una minor├şa selecta de la poblaci├│n recursos manifiestamente escasos. Y a la de marginar, en la versi├│n m├ís suave, y exterminar, en la m├ís dura, a lo que se entiende que ser├şan poblaciones sobrantes en un planeta que habr├şa roto visiblemente sus l├şmites. En esa perspectiva, el ecofascismo no ser├şa en modo alguno un proyecto negacionista vinculado con marginales circuitos de la derecha m├ís extrema, sino que surgir├şa, antes bien, en el meollo de algunos de los principales poderes pol├şticos y econ├│micos. Aunque tendr├şa como n├║cleo principal a las elites del mundo occidental, a ellas podr├şan sumarse, ciertamente, otras radicadas en espacios geogr├íficos diversos, y entre ellos el configurado por las llamadas econom├şas emergentes. El ecofascismo hundir├şa sus ra├şces, por lo dem├ís, en muchas de las manifestaciones del colonialismo y del imperialismo de siempre, que en adelante tanto podr├şan apostar por el exterminio, ya sugerido, de quienes se estima que sobran como servirse de poblaciones enteras en un r├ęgimen de explotaci├│n que en mucho recordar├şa a la esclavitud de hace bien poco. En m├ís de un sentido el ecofascismo ser├şa, en fin, una forma de colapso. No creo que haya palabra mejor para retratar las consecuencias de una reducci├│n dram├ítica, v├şa genocidio y procesos afines, de la poblaci├│n mundial.

El concepto de ecofascismo plantea inmediatamente, con todo, un problema central de delimitaci├│n de ritmos temporales, solapamientos y agentes implicados. No es lo mismo un ecofascismo desplegado antes del colapso que otro manifiesto despu├ęs de este ├║ltimo. Si en el primer caso las estructuras de poder y represi├│n hoy existentes conservar├şan inc├│lumes sus capacidades ÔÇôy el horizonte de una nueva guerra mundial no ser├şa desde├▒able- , en el segundo cabe concluir que las instancias en cuesti├│n habr├şan experimentado un notable debilitamiento. Con el agregado, eso s├ş, y por detr├ís, de que los mismos procesos que conducen, o pueden conducir, al colapso est├ín en el origen del ecofascismo. Hablo, de nuevo, del cambio clim├ítico y del agotamiento irrefrenable de muchos recursos b├ísicos. En la que parece su forma presente, el primer horizonte mencionado, el de un ecofascismo previo al colapso, invitar├şa a identificar en paralelo una confrontaci├│n entre elites ÔÇôde ah├ş la met├ífora, que es algo m├ís que eso, claro, de la guerra- antes que una colaboraci├│n entre estas, de tal suerte que m├ís que hablar de ecofascismo, en singular, habr├şa que hacerlo entonces de ecofascismos, en plural, y de ejercicios de inclusi├│n y de exclusi├│n como el que probablemente se dirime en Ucrania. En el buen entendido de que la confrontaci├│n que invoco bien podr├şa traducirse en una aceleraci├│n espectacular de las pulsiones que conducen al colapso.

┬┐De qu├ę manera se concreta lo anterior en el escenario de estos tiempos oscuros? Responder├ę que si me veo en la obligaci├│n de prestar atenci├│n a estas discusiones es porque los acontecimientos se van acumulando con una velocidad extrema que impide su procesamiento sereno. Estoy pensando en la dimensi├│n represiva que ha acompa├▒ado, y acompa├▒a, a la digesti├│n de la pandemia, de la mano de lo que en la mayor├şa de los escenarios ha sido un formidable ejercicio de servidumbre voluntaria que a buen seguro interesa, y mucho, a los estrategas del ecofascismo. Pero estoy pensando, tambi├ęn, en el reguero de noticias que se hizo valer el oto├▒o pasado en la forma de rupturas de los circuitos econ├│micos, financieros y comerciales, de problemas crecientes en el suministro de materias primas energ├ęticas, de encarecimientos notabil├şsimos en los costos de transporte y de desbocadas operaciones especulativas. Agrego a la lista el globo sonda austriaco de un ej├ęrcito empe├▒ado en perfilar una plena autonom├şa en materia de energ├şa y agua en los cuarteles para desde estos socorrer a una desvalida poblaci├│n civil, v├şctima imprevista de un apag├│n general…
Para que nada falte, en fin, de por medio se han hecho valer las secuelas, dif├şciles de evaluar, de una crisis como la ucraniana. Hay tres, con todo, que se antojan evidentes. La primera, un generoso regalo del sagaz presidente ruso de estas horas, asume la forma de un r├ípido y formidable fortalecimiento de una organizaci├│n, la OTAN, que, frente a lo que reza la propaganda oficial, anuncia un horizonte inquietante de militarizaci├│n, autoritarismo, intervencionismo, injerencias y represi├│n de las disidencias. No s├ę por qu├ę todo ello me huele a ecofascismo y, con ├ęl, a los espasmos del imperialismo m├ís manido y tradicional. La segunda es la certificaci├│n de que los imperios que en su caso se oponen, o parecen hacerlo, a semejante ignominia ÔÇôy pienso, claro, en la Rusia de los oligarcas y las desigualdades- no proponen otra cosa que la misma p├│cima miserable. La tercera, en fin, es la ausencia, en los estamentos oficiales, y sin excepciones, de cualquier conciencia de los l├şmites. En esos estamentos no se ha abierto espacio alguno para el designio de poner freno al proyecto macabro del crecimiento, para la urgencia de redistribuir radicalmente los recursos y para la premura de desarrollar respuestas de car├ícter colectivo,

Asistimos, antes bien, a una nueva e inquietante huida hacia adelante, que unas veces es pintoresca ÔÇôIr├ín y Venezuela vuelven a la anormalidad de las relaciones comerciales- y otras asume la forma del delirio de un fracking renacido y de una energ├şa nuclear recuperada, con la marca Espa├▒a ÔÇôpor lo que veo- felizmente en cabeza de los flujos energ├ęticos mundiales. No s├ę si lo que hay por detr├ís son palos de ciego o, muy al contrario, un proyecto cada vez m├ís consciente, perfilado y criminal. Pero me da que el colapso ya no es cosa del futuro: est├í aqu├ş.




Fuente: Carlostaibo.com