February 27, 2022
De parte de El Miliciano
204 puntos de vista


La amenaza, ora latente, ora ostentosamente imp煤dica, imprevisible y arbitraria, es el modus operandi por excelencia del hombre violento, el que domina a trav茅s del miedo, el que se nutre del temor que infunde y basa su propio valor en su capacidad de prevalecer sobre los otros.
S茅 que este exabrupto, fuera de los marcos de la geopol铆tica, desprovisto de la contextualizaci贸n de antecedentes hist贸ricos, intereses econ贸micos, o equilibrios internacionales, puede parecer superficial y pueril, pero no consigo quitarme estos d铆as un pensamiento que se repite sin que yo ni siquiera lo convoque, como un ajo conceptual que suma amargor a estos tiempos plenos de espanto. Cu谩nto macho, siento, qu茅 exceso de machura, intuyo, cu谩nto macher铆o se nos viene por delante, tiemblo.
Primero tenemos el 鈥渘adie la tiene m谩s grande que yo鈥 de Putin, un l铆der que ondea la bandera de lo m谩s t贸xico de la masculinidad t贸xica: el ejercicio de poder como m谩xima, la violencia como pol铆tica. Y es que la amenaza, ora latente, ora ostentosamente imp煤dica, imprevisible y arbitraria, es el modus operandi por excelencia del hombre violento, el que domina a trav茅s del miedo, el que se nutre del temor que infunde y basa su propio valor, como persona, como padre, como marido, como profesional, como mandatario, en la sensaci贸n de prevalecer sobre la voluntad, la vida, y la libertad de los otros.
El gesto de Zelenski ha sido alabado internacionalmente, como la m谩s clara v铆a que pueda tomar un gobernante de un pa铆s para proteger a su gente. Pelear por tu pa铆s es agarrar un arma, besar a tu mujer, abrazar a tus hijos, y quedarte a luchar, ese es el relato que nos ofrecen
Pero no es solo el obvio Putin. Tambi茅n est谩 el presidente ucraniano, enfundado en indumentaria militar, armado y firme, sin mostrar m谩s emoci贸n que la del amor a su patria, el 煤nico amor que parece que siempre ha cotizado alto entre la masculinidad hegem贸nica, el 煤nico digno de sacrificio: un amor que se demuestra empu帽ando una arma. El gesto de Zelenski ha sido alabado internacionalmente, como la 煤nica y m谩s clara v铆a que pueda tomar un gobernante de un pa铆s para proteger a su gente. Todo se olvida, todo se silencia, pelear por tu pa铆s es agarrar un arma, besar a tu mujer, abrazar a tus hijos, y quedarte a luchar, ese es el relato que vemos cada d铆a en los medios.
Ah铆 est谩 el v铆deo de los trece ucranianos defendiendo un islote en el Mar Negro, esos valientes que se niegan a rendirse ante la armada rusa, aunque eso implique su inmediata muerte. 鈥淏uque de guerra ruso, vete a la mierda鈥, dicen, y todo el mundo lo celebra. 鈥淥le sus huevos鈥, claman en las redes, la palabra patriota asoma en todas partes, ese significante tan vac铆o, en el que se agita el v茅rtigo hist贸rico de tantas guerras en las que tanta gente se mat贸 sin saber por qu茅 ni para qu茅, en una maquinaria engrasada por los intereses de los otros.
Ser谩 porque hac铆a tiempo que no ve铆amos tan en directo, tan en prime time, una guerra 鈥攗n privilegio que no han tenido otras guerras menos blancas, menos europeas, menos performadas por militares mazados, con ese mix entre armamento de 煤ltima tecnolog铆a y est茅tica siglo XX鈥 que no recuerdo semejante exhibici贸n de masculinidad uniformada, voluntarios que se alistan, hombres de aire marcial y cejas rectas mirando directo a la c谩mara.
Recto a la c谩mara y con aplomo miraba ayer el l铆der de Chechenia, Ramzan Kadirov, en pie frente a sus tropas, entre esos planos a茅reos dignos de cualquier videojuego, oportunamente comparados en las redes con una superproducci贸n de Hollywood, que irrump铆an en esta secuencia acelerada. Filas y filas marcialmente dispuestas de soldados barbudos, la masculinidad t贸xica de los otros, el fundamentalismo de los otros, que tanto se codea con el fundamentalismo blanco, que mama del mismo man谩 de la violencia, la amenaza y el miedo como forma de imponer su dominio. 隆Qu茅 ejemplo de manual de ese pacto masculino del que hablaba Segato, convocar a Kadirov, tu mandatario amigo, al que pusiste al frente del pa铆s a fuego y sangre, para que se una a tu cruzada imperialista con ese ej茅rcito mercenario que apesta a testosterona!
Ayer ve铆amos listos para la batalla, en Chechenia, filas y filas marcialmente dispuestas de soldados barbudos, la masculinidad t贸xica de los otros, el fundamentalismo de los otros, que tanto se codea con el fundamentalismo blanco, que mama del mismo man谩 de la violencia, la amenaza y el miedo como forma de imponer su dominio
Mucho machunismo atravesado de racismo, con Polonia que acoge a las familias ucranianas que huyen de la guerra, mientras construye un muro contra aquellos que huyen de otras guerras m谩s lejanas, a los que sin embargo condena y repele como un ej茅rcito enemigo. Una masculinidad que acusa a los hombres que huyen de guerras que nunca podr谩n ganar de no quedarse a resistir, que establece el martirio como mandato para el macho, que codifican su racismo con el filtro del patriarcado: las mujeres otras siempre son v铆ctimas sin agencia, los hombres otros son o una amenaza o unos cobardes. Un racismo que permea la idea de qui茅nes merecen ser salvados, con ciudadanos y polic铆as ucranianos que excluyen a personas negras del derecho a la huida y el refugio.
驴Qu茅 tenemos como contrapunto? La caza de quienes, hombres y mujeres, con el espanto por la guerra en la cara, se la juegan a manifestarse en Rusia, un estado en guerra con su ciudadan铆a. Tachados de traidores y desertores, as铆 se trata a los pacifistas cuando gobierna la ideolog铆a de la guerra. Una ideolog铆a de la guerra que se expande por fuera de las fronteras del conflicto: ridiculizadas como ingenuas y poco realistas, as铆 se trata a quienes gritan 隆No a la Guerra!, fuera de Rusia.
Despu茅s de tanto cuestionar el t贸pico de la feminizaci贸n de la pol铆tica, de repetir que la soluci贸n no es (solo) que sean mujeres quienes gobiernen, despu茅s de alertar contra el mujerismo esencialista, y repetir que no hay nada de gen茅tico, de puramente femenino en apostar por el di谩logo y renegar de la violencia, toca sin embargo poner sobre la mesa que este machunismo 鈥攓ue no es consustancial de los hombres, ni gen茅tico, ni irreparable鈥 es un vector central de las guerras que existieron y las guerras por venir.
Que no hay que ser mujer para querer la paz, pero que haber sido socializadas lejos de la pulsi贸n de poder como mandato, ajenas a la capacidad de imponerse como privilegio, despu茅s de haber sido generalmente educadas para cuidar la vida de otros, expulsa a las mujeres de las l贸gicas de estas empresas de muerte en las que los Putins se meten. Es urgente se帽alar este muchomachismo b茅lico de oligarcas forrados que juegan a la guerra, tan borrachos de poder que un d铆a te compran a tocateja media City londinense, otro te organizan una bacanal con cientos de mujeres en la costa mediterr谩nea, y otro d铆a se vienen arriba y te bombardean un pa铆s, mientras amenazan hasta a la misma Suecia, que amenazar a blancos europeos ricos debe cotizar bien alto en las olimpiadas del machunismo b茅lico.
Es a este muchomachismo oligarca, racista, autoritario y b茅lico al que un feminismo militantemente pacifista, l煤cido y pre帽ado de otros caminos, de otras alternativas que nos alejen del escenario de violencia y muerte que contemplamos aturdidas y aturdidos, debe plantar cara. No nos dejemos amilanar, no les dejemos prevalecer, si hay una batalla digna en la que embarcarse, en torno a la que unirse, es la de oponerse a la guerra, a todas las guerras.
Guerra en Ucrania: Mucho macho
Art铆culo de Sarah Babiker



Fuente: Elmilicianocnt-aitchiclana.blogspot.com