September 16, 2021
De parte de El Topo
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Hytasa, la gran industria textil del franquismo, tard贸 m谩s de 10 a帽os en admitir mujeres en la l铆nea de producci贸n. Este es parte del relato que no te hab铆an contado. Virginia Linde, responsable del proyecto literario y audiovisual 芦En busca de la hilandera禄, recupera su lucha. El proyecto nace del encargo que recibe de la Asociaci贸n Rosa Chacel, que lleva m谩s de 30 a帽os trabajando en Cerro del 脕guila, Juan XXIII y Rochelambert, creando redes y espacios para las mujeres de la zona.

Pepi quiere ser t茅cnica de revelado, aunque en realidad ya lo es porque su padre, el fot贸grafo de Cazalla de la Sierra, le ha ense帽ado todos los secretos del laboratorio, se mueve con desenvoltura entre la ampliadora y los l铆quidos. Estamos en 1958, la autarqu铆a est谩 acabando y los planes de estabilizaci贸n exigen un aumento de la producci贸n que solo ser谩 posible con la entrada de las mujeres solteras en las f谩bricas. As铆 que, mientras los laboratorios de fotograf铆a se cierran para Pepi 鈥攑orque seg煤n los que entienden no son el lugar m谩s adecuado para una mujer鈥, las puertas de Hytasa se abren para que ella y cientos de mujeres engrosen las secciones peor valoradas tanto social como econ贸micamente.

Pepi, vas a ser una de las pioneras en la mayor industria de la ciudad, una f谩brica que ha tardado 20 a帽os en admitir mujeres entre sus filas: 驴c贸mo se vive una situaci贸n as铆?

Pues se vive sin darle muchas vueltas, porque yo lo que quer铆a es trabajar y en Cazalla no hab铆a nada, as铆 que, como no me dejaron estar en el revelado, entrar en Hytasa fue una oportunidad. Pero tampoco 茅ramos muy conscientes de ser las primeras mujeres ni de estar abriendo puertas, porque est谩bamos aisladas; no ten铆amos contacto con nadie de la f谩brica; no pod铆amos usar el comedor ni ve铆amos nada que no fuera nuestra nave de zurcido; es que, por no poder,
no nos quer铆an ni dejar ver c贸mo era la f谩brica. Nuestra maestra del taller tuvo que pelear mucho para que nos dejaran dar aunque fuera un paseo por all铆, porque no sab铆amos de d贸nde ven铆a nada, ni c贸mo funcionaba aquello.

Cuando entras solo pod茅is trabajar mujeres solteras, 驴verdad?

Claro, esa era la ley: al casarte ten铆as que irte. Y si hab铆as estado un tiempo m铆nimo, el Estado te recompensaba con un dinero que se llamaba dote que te ven铆a muy bien si estabas montando la casa, pero claro, ten铆as que dejar tu puesto. Lo que pasa es que Hytasa te llamaba cuando volv铆as del viaje de novios y te ofrec铆a trabajar desde casa, que bueno, era una sorpresa, aunque no cotizaras ni ganaras lo mismo, pero era algo. Yo estuve casi 10 a帽os trabajando desde casa, sacando piezas para la f谩brica: seg煤n hac铆as, as铆 cobrabas. Pero claro, esos 10 a帽os no contaron para mi pensi贸n: Yo podr铆a tener una pensi贸n de casi 20 a帽os y no de 8 como tengo. Pero bueno, como entrabas sabiendo que te ir铆as al casarte, procurabas ilusionarte con la nueva vida que ibas a empezar con tu marido, tu casa, convertirte en madre, intentabas no darle muchas vueltas a lo que perd铆as y pensar en lo bonito que estaba por delante, porque para una mujer en aquellos a帽os tampoco hab铆a tantas opciones.

Mientras Pepi trabaja desde la clandestinidad de su casa, el taller sigue llen谩ndose de mujeres j贸venes solteras, como Isabel. Ella quiere trabajar en una oficina y se prepara para ello en una academia de secretariado. Le encanta la contabilidad y es un hacha con los balances, pero en su expresi贸n oral se percibe un problema de dislexia que en 1966 no se sabe ni diagnosticar ni tratar. Ante este panorama, desde la academia aconsejan a sus padres que abandone los sue帽os de ser secretaria, porque nadie querr谩 contratarla, pero como en algo hay que trabajar, a Isabel le ofrecen la posibilidad de formar parte del taller de zurcido de Hytasa.

Isabel, t煤 llegas a la f谩brica casi por casualidad, con apenas 14 a帽os y sin haber cosido en tu vida: 驴c贸mo viviste la entrada en el taller? Me imagino que ser铆a una situaci贸n bastante intimidante para alguien de tu edad鈥

Para m铆 trabajar en Hytasa fue un privilegio, porque la mayor铆a de mis amigas estaban 鈥攃omo se dec铆a entonces鈥 internas de servicio, de criadas, y estar en una f谩brica era una suerte. Adem谩s, mi mundo hasta ese momento hab铆a sido muy peque帽o, tuve una infancia muy feliz en la que apenas me relacionaba salvo con mi familia y algunos vecinos y de repente en la f谩brica conoc铆 a muchas amigas y a personas con vidas diferentes a las m铆as. En el taller habl谩bamos mucho entre nosotras, ten铆amos una relaci贸n maravillosa, yo adem谩s era de las aprendices m谩s j贸venes y me sent铆a muy arropada por las compa帽eras.

Eras de las m谩s j贸venes pero eso no te imped铆a defender lo que te parec铆a justo. 驴Que pas贸 cuando acudiste al sindicato vertical?

A los 2 a帽os de estar en el taller ten铆as que hacer un examen por el que pasabas de aprendiza a oficiala, que ya era tu puesto definitivo y cobrabas m谩s. Y alguien le solt贸 a una compa帽era que era muy t铆mida, muy buena persona y muy callada, que ella no iba a pasar el examen; y yo eso no lo pod铆a concebir, primero, porque, como te digo, mi compa帽era era una bell铆sima persona y no era justo que la asustaran as铆, y segundo, porque normalmente todo el mundo pasaba la prueba. As铆 que aquel d铆a al salir del taller me plant茅 en el Duque, que all铆 estaban las oficinas del Sindicato Vertical, para poner una queja. Yo desde la inconsciencia no me planteaba lo grave que pod铆a ser aquello, porque eres joven y tampoco piensas mucho las cosas, solo ves lo injusto, pero tuve suerte porque al hombre del sindicato debi贸 hacerle gracia verme all铆 tan peque帽a y tan resuelta, diciendo que porqu茅 ten铆a que venir nadie a asustarnos a las aprendizas del taller 鈥攑orque yo no daba el nombre de mi compa帽era para no se帽alarla, yo dec铆a que era algo contra todas鈥 y total, que me tranquiliz贸, me dijo que me fuera a mi casa que no 铆bamos a suspender鈥 Y al llegar a mi casa, pues claro, se lo tuve que contar a mis padres y mi padre pues se enfad贸, porque 茅l era represaliado de la guerra y le daba miedo que nos se帽al谩ramos, pero en el fondo detr谩s de su enfado yo creo que estaba orgulloso de su hija, de c贸mo hab铆a salido a defender a una compa帽era. Nosotras 茅ramos j贸venes, pero sab铆amos en qu茅 mundo viv铆amos y nos apuntamos a Comisiones Obreras. Pag谩bamos nuestra cuota en secreto porque el sindicato era ilegal, pero en general ni los sindicatos ni los trabajadores del resto de la f谩brica les hac铆an mucho caso a las zurcidoras, nunca nos invitaban a las asambleas; como era una secci贸n solo de mujeres no cont谩bamos para ellos, sin embargo, nosotras est谩bamos ah铆 cuando hac铆a falta, como en las huelgas, porque tambi茅n form谩bamos parte de Hytasa.

Es 1970 y los vientos del cambio agitan al r茅gimen y a Hytasa. Licinio de la Fuente, ministro de Industria, emite el decreto de 20 de agosto que proh铆be expl铆citamente el despido de las mujeres casadas. Mientras tanto, Hytasa admite trabajadoras en secciones mecanizadas, terminando con la pol铆tica de segregaci贸n que ha imperado hasta entonces. Carmen y sus compa帽eras van a transformar el ecosistema de la f谩brica trabajando por primera vez mano a mano con unos hombres que no van a ponerlo f谩cil: 驴es as铆?

Y tanto que va a ser as铆. Ellos no nos quer铆an en las m谩quinas y hac铆an todo lo que estaba en sus manos para hacernos sentir unas intrusas y para intimidarnos. Pero nosotras no nos achant谩bamos, porque sab铆amos que ten铆amos el mismo derecho que ellos a estar all铆. Yo estaba muy ilusionada con entrar en Hytasa, me encantaba mi trabajo, la f谩brica, la relaci贸n tan bonita que ten铆a con mis compa帽eras鈥 yo llevaba ya algunos a帽os trabajando en el servicio, siendo una ni帽a, mi hermana y yo sac谩bamos adelante a mis hermanos peque帽os y entrar en Hytasa lo vivimos como un regalo y una oportunidad, por eso tampoco iba a permitir que los hombres me aguaran la fiesta. La resistencia de los hombres sirvi贸 para que nos uni茅ramos m谩s entre nosotras. All铆 nadie te explicaba nada de tu trabajo y se supone que los que llevaban tiempo ten铆an que ense帽arnos, pero, claro, no quer铆an, as铆 que tuvimos que aprender solas, entre nosotras, y vaya si lo hicimos, nada nos paraba. Cost贸 trabajo, pero nos ganamos nuestro sitio a pulso.

Las mujeres trabajadoras de la generaci贸n de Carmen tuvieron que enfrentarse con demasiada frecuencia a los dilemas de la doble militancia. Por eso tras pagar el peaje de la aceptaci贸n de los hombres y superar la tensi贸n de la llegada a las secciones mecanizadas estos no dudaron en contar con ellas para legitimar las luchas sindicales que, imparables, impregnaban el ambiente de la f谩brica. Carmen: con lo mal que os lo hicieron pasar, 驴no se os pas贸 por la cabeza dejarlos tirados como ellos hicieron con vosotras?

Para nada, es cierto que no se comportaron con nosotras, que aquello no era justo porque las mujeres no entraron en la f谩brica para mandar al paro a ning煤n hombre, pero nosotras cre铆amos en la uni贸n de la clase trabajadora y por eso, cuando nos ped铆an ayuda para movilizar y para crear consciencia en las secciones, acud铆amos por supuesto, porque por encima de todo estaba la justicia social y la lucha contra la dictadura.

Y lo demostrasteis con creces en la gran huelga: 驴que pas贸 entonces?

Pues pas贸 que la f谩brica llevaba 30 a帽os sin subir los sueldos, ten铆amos unas condiciones de trabajo muy duras y el movimiento sindical y los movimientos sociales en los 70 estaban en plena ebullici贸n, as铆 que votamos y fuimos a la huelga, que fue la primera huelga de Hytasa. Yo estoy muy orgullosa de lo que conseguimos las compa帽eras porque, aunque no quede nada escrito de aquello, sin las mujeres no habr铆amos podido aguantar tanto, m谩s de un mes sin trabajar movilizando cada d铆a a esa plantilla inmensa. Nosotras gestionamos en gran parte la caja de resistencia, recaudamos dinero y apoyo en muchas asambleas, recorrimos las f谩bricas, la universidad y hasta organizamos un partido de f煤tbol femenino con las compa帽eras de Induyco que fue un 茅xito de convocatoria y recaudaci贸n. Gracias a esa caja de resistencia ninguna familia de la f谩brica pas贸 hambre en lo que dur贸 la huelga, con la que conseguimos la mayor subida de sueldo de la historia de la f谩brica.

Estamos despidiendo los a帽os 70 y los vientos de la desindustrializaci贸n agitan la vida de nuestra joven democracia. Hytasa es un gigante con pies de barro y con un sistema productivo incompatible con los nuevos h谩bitos de consumo. La crisis del textil embarcar谩 a la f谩brica en diversas estrategias para abaratar costes y adelgazar la carga de trabajo. Es 1979, la f谩brica crea un taller clandestino con el que externaliza la 煤ltima fase del proceso que contin煤a siendo completamente femenino y manual: el zurcido. Bajo el formato de escuela taller y con la complicidad de la parroquia del barrio 鈥攓ue cede los locales en los que se ubica鈥, mantendr谩 una plantilla de 40 mujeres muy j贸venes trabajando a destajo para la empresa, sin derechos, sin seguros, sin garant铆as laborales y a muy bajo coste.

M陋 脕ngeles y Loli ingresan en el taller con 14 a帽os protagonizando una revuelta hist贸rica que obligar谩 a la f谩brica, v铆a judicial, a aceptarlas como trabajadoras de pleno derecho con todas las garant铆as. 驴C贸mo es posible que unas adolescentes que apenas conocen sus derechos sean capaces de sentar a la gran Hytasa en el banquillo?

Es verdad que entramos hechas unas ni帽as, pero nos ponen a trabajar como a adultas y, de alguna manera, esa responsabilidad nos hace ver que lo que est谩 pasando no es justo, por eso, aunque no tenemos herramientas suficientes para nombrar lo que est谩 pasando, s铆 tenemos capacidad para ir a denunciar y defendernos. Tambi茅n piensa que est谩bamos muy unidas, las 40 铆bamos todas a una, lo ten铆amos clar铆simo. El juicio fue tremendo, aquello parec铆a una excursi贸n escolar, pero ganamos y la f谩brica tuvo que admitirnos. El recibimiento por parte de la plantilla no fue tan c谩lido como esper谩bamos, la empresa empezaba a ir mal y de alg煤n modo nos culpaban de aumentar los problemas de balance 鈥攜 eso que les perdonamos parte de la deuda鈥, pero con el tiempo conseguimos ganarnos nuestro sitio.

M陋 脕ngeles tu entras como zurcidora rasa, sin derechos, y sales con el fin de la sociedad an贸nima laboral, 隆menudo proceso!

Pues para m铆 ha sido el camino de mi vida. Una lucha muy intensa y con momentos muy duros de la que hoy me siento profundamente orgullosa. Pas茅 por muchas secciones y posiciones, y adquir铆 una gran madurez profesional y personal. Pese a todo tengo la satisfacci贸n de haber peleado hasta el final por mi puesto de trabajo.

Por

Virginia Linde

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Fuente: Eltopo.org