October 18, 2021
De parte de Paco Salud
340 puntos de vista



 

Las cartas de apoyo de pol铆ticos que Mart铆n
Villa ha presentado a la jueza

P.D.  La foto no
pertenece a la noticia del diario.es

Zapatero: “Claridad de convicciones y prop贸sitos”;
Gonz谩lez: “Comprometido con el respeto al Estado de Derecho”

鈥 Cuatro expresidentes del Gobierno defienden ante la jueza
de la querella argentina al exministro, que declara por delitos del franquismo

Olga Rodr铆guez

@olgarodriguezfr

El exministro de la Transici贸n Rodolfo Mart铆n Villa ha
remitido cartas de apoyo de diferentes personalidades pol铆ticas y econ贸micas a
la jueza argentina Servini, ante la que declarar谩 este jueves v铆a online desde
la embajada argentina de Madrid por “delitos de homicidio agravado”
en un contexto de cr铆menes de lesa humanidad por sucesos como los de los
Sanfermines de 1978 (un muerto, 150 heridos) o la masacre de Vitoria el 3 de
marzo de 1976 (5 muertos, m谩s de 100 heridos), entre otros.

Se trata de misivas de apoyo de Felipe Gonz谩lez, Jos茅 Mar铆a
Aznar, Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero y Mariano Rajoy, de los exsecretarios
generales de UGT y CCOO Nicol谩s Redondo, C谩ndido M茅ndez, Antonio Guti茅rrez y
Jos茅 Mar铆a Fidalgo, de dos “padres de la Constituci贸n” 鈥揗iguel
Herrero y Rodr铆guez de Mi帽贸n y Miquel Roca鈥, del exministro y presidente de la
Fundaci贸n Espa帽a Constitucional Eduardo Serra, del exministro y presidente de
la Fundaci贸n Transici贸n Espa帽ola Rafael Arias-Salgado, del senador Jaime
Ignacio del Burgo, del exministro Marcelino Oreja y del exministro portugu茅s
Jaime Gama. Tambi茅n destacan las misivas del exministro y hoy vicepresidente de
la Comisi贸n Europea como Alto Representante para Asuntos Exteriores y Pol铆tica
de Seguridad Josep Borrell.

Las de Zapatero, Gonz谩lez, C谩ndido M茅ndez y Nicol谩s Redondo,
a las que ha tenido acceso elDiario.es, se reproducen a continuaci贸n:

Jos茅 Luis Rodr铆guez
Zapatero: “Claridad de convicciones y prop贸sitos”

En la causa seguida contra el Sr. Don. Rodolfo Mart铆n Villa,
deseo, en mi condici贸n de exPresidente del Gobierno de Espa帽a y tras una ya
larga trayectoria pol铆tica, prestar el siguiente testimonio en su favor,
manifestando mi pleno respeto por la Justicia argentina:

La llamada Transici贸n a la democracia fue un proceso
pol铆tico ciertamente singular que hizo posible que los espa帽oles hayamos
disfrutado, por vez primera vez en nuestra historia, de los beneficios de lo
que nuestra Constituci贸n califica como un Estado social y democr谩tico de
derecho, homologable al de los dem谩s pa铆ses de nuestro entorno europeo.

La singularidad de este proceso radica en el hecho de que
fuera producto de un gran pacto entre algunos sectores pol铆ticos que proced铆an
del anterior r茅gimen autoritario, la dictadura franquista, y las fuerzas de la
oposici贸n democr谩tica, y de que obtuviera el resultado esperado, esto es,
alcanzar, de un modo pac铆fico, esa democracia europea sin cortapisas.

Para entender su significado, hay que tener en cuenta la
clara conciencia que ten铆an entonces unos y otros actores pol铆ticos, y m谩s all谩
de ellos el conjunto del pueblo espa帽ol, de la necesidad de superar una
historia jalonada por episodios de violencia, de represi贸n o de enfrentamiento
sangriento, hasta concluir en la terrible Guerra Civil que dio paso al r茅gimen
franquista.

Cada pa铆s ha escogido su propia forma de acabar con
episodios dictatoriales o autoritarios y dar paso a la democracia. As铆 lo hizo
la sociedad espa帽ola hace ya m谩s de 40 a帽os, con un proceso que comenz贸 con la
reforma del franquismo y a los pocos meses produjo una ruptura irreversible con
茅l.

Porque debe destacarse que el pueblo espa帽ol ratific贸 con un
n铆tido y reiterado apoyo el pacto de la Transici贸n. Lo hizo, primero, con
ocasi贸n del refer茅ndum sobre la Ley para la Reforma Pol铆tica, en diciembre de
1976; lo hizo, unos meses m谩s tarde, en junio de 1977, ya en una situaci贸n
legal de plena disputabilidad democr谩tica, apoyando de modo abrumador a los
partidos que, desde una y otra orilla, secundaban en aquel momento el
denominado 鈥榗onsenso鈥 sobre la v铆a para alcanzar la democracia; y lo hizo,
finalmente, con ocasi贸n del refer茅ndum para aprobar la vigente Constituci贸n de
1978, en el mes de diciembre de aquel a帽o.

Lo hicieron tambi茅n los grandes partidos de la izquierda
pol铆tica, el PSOE -en el que yo ya militaba desde 1978- y el Partido Comunista
de Espa帽a, que concurrieron libremente a las elecciones de junio de 1977 y que
participaron inmediatamente despu茅s, de un modo muy destacado, en la
elaboraci贸n de la Constituci贸n.

Deseo recordar, asimismo, que fruto de ese mismo consenso
fue la aprobaci贸n en octubre de 1977 de la Ley de amnist铆a, por una ampl铆sima
mayor铆a de las Cortes democr谩ticas, con el fin de declarar la extinci贸n de las
responsabilidades penales derivadas de actividades pol铆ticas. Quien haga
memoria no puede sino reconocer que aquella Ley fue un elemento central del
Pacto de la Transici贸n.

Debo destacar, igualmente, y por lo que aqu铆 interesa, que a
partir de mi propia memoria de la Transici贸n vi desde un principio en la figura
del Sr. Mart铆n Villa a uno de los j贸venes pol铆ticos que, aunque hab铆an
pertenecido a alguno de los 煤ltimos gobiernos del franquismo, como el propio
Adolfo Su谩rez, con m谩s convicci贸n y eficacia contribuyeron, y lo tuvieron que
hacer en un contexto pol铆tico nada f谩cil, a afianzar el nacimiento de la
democracia en mi pa铆s. No tengo duda de que esa y no otra es precisamente la
huella que 茅l deja en la historia reciente de Espa帽a.

Personalmente, adem谩s, he tenido un conocimiento muy cercano
de su ejecutoria, favorecido por nuestro com煤n origen territorial de nacimiento
en Espa帽a, y debo decir que siempre le he tenido por persona comprometida con
la consolidaci贸n de la democracia y el Estado de Derecho. En mi larga etapa
como parlamentario y luego como Presidente del Gobierno, nunca recib铆 ning煤n
testimonio que no fuera en la misma direcci贸n.

Quiero, por 煤ltimo, incorporar a este testimonio una
iniciativa adoptada por el Gobierno que tuve el honor de presidir relacionada
con el significado de la Transici贸n. Me refiero a la aprobaci贸n de la llamada
Ley de memoria hist贸rica. En efecto, la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la
que se reconocen y ampl铆an derechos y se establecen medidas en favor de quienes
padecieron persecuci贸n o violencia durante la guerra civil y la dictadura -esta
es su denominaci贸n oficial-, fue impulsada por mi Gobierno con la finalidad de
articular un conjunto de medidas reparadoras de diversa 铆ndole en favor de las
v铆ctimas de la guerra civil y de la dictadura. Aunque algunas de estas medidas
ya se hab铆an venido aprobando desde la Transici贸n, quedaban pendientes otras
que me parec铆a de estricta justicia incorporar la ordenamiento jur铆dico, como
el derecho a conocer, y en su caso rescatar, los cuerpos de los familiares
violentados o la solemne declaraci贸n de ilegitimidad de las condenas sufridas
por ellos, entre otras.

Pues bien, me parece pertinente invocar que esta Ley,
aprobada casi tres d茅cadas despu茅s de que entrara en vigor la Constituci贸n de
1978, engarza con el esp铆ritu de la Transici贸n, como expresamente se pone de
manifiesto en su Exposici贸n de motivos.

Ese 鈥渆sp铆ritu de reconciliaci贸n y concordia鈥 -se dice en
ella- 鈥渄a sentido al modelo constitucional de convivencia m谩s fecundo que
hayamos disfrutado nunca y explica las diversas medidas y derechos que se han
ido reconociendo, desde el origen mismo de todo el per铆odo democr谩tico, en
favor de las personas que, durante los decenios anteriores a la Constituci贸n,
sufrieron las consecuencias de la guerra civil y del r茅gimen dictatorial que la
sucedi贸鈥, pretendi茅ndose con la nueva Ley 鈥渃ontribuir a cerrar heridas todav铆a
abiertas en los espa帽oles y a dar satisfacci贸n a los ciudadanos que sufrieron,
directamente o en la persona de sus familiares, las consecuencias de la
tragedia de la Guerra Civil o de la represi贸n de la Dictadura… desde el pleno
convencimiento de que, profundizando de este modo en el esp铆ritu del
reencuentro y de la concordia de la Transici贸n, no son s贸lo esos ciudadanos los
que resultan reconocidos y honrados sino tambi茅n la Democracia espa帽ola en su
conjunto鈥.

En definitiva, Espa帽a lleg贸 a la democracia a trav茅s de un
gran pacto que solo se entiende a la vista de nuestra accidentada y muchas
veces violenta historia pol铆tica precedente, un pacto que el pueblo espa帽ol
ratific贸 y legitim贸, y que protagonizaron, junto a la participaci贸n creciente
de los l铆deres de la izquierda pol铆tica en aqu茅l proceso, j贸venes dirigentes
que hab铆an comenzado su andadura pol铆tica en la etapa final del franquismo,
pero cuyas acciones ya directamente atribuibles a su propia iniciativa pol铆tica
consistieron precisamente en contribuir de forma decisiva a esa ansiada llegada
de la democracia a su pa铆s.

El Sr. Mart铆n Villa fue entre ellos uno de los m谩s
destacados. De la claridad de sus convicciones y prop贸sitos da cuenta el
registro hist贸rico de sus decisiones como miembro integrante de los Gobiernos
que la facilitaron. Y tambi茅n, si se me permite, el conocimiento personal
directo de quienes, en este caso desde las diferencias ideol贸gicas, hemos
tenido de su trayectoria.

En Madrid, a 1 de julio de 2020

Fdo: Jos茅 Luis Rodr铆guez Zapatero

 

Felipe Gonz谩lez:
“Comprometido con el respeto al Estado de Derecho”

A la atenci贸n de la jueza Servini.

Julio 2020

He conocido con asombro e incredulidad el procedimiento
incoado por su se帽or铆a contra Rodolfo Mart铆n Villa.

Con todo respeto a la Justicia Argentina, coincido
plenamente con las resoluciones de la Audiencia Nacional de Espa帽a denegando
las peticiones que se le hicieron de su parte.

En realidad este procedimiento deber铆a haber sido archivado
y, si acaso, se deber铆an depurar responsabilidades de los que, a mi juicio, de
mala fe lo instaron sobre bases falsas y sin sentido.

Salvo por la decisi贸n del Sr. Mart铆n Villa de comparecer
ante su se帽or铆a, todo este asunto habr铆a acabado hace tiempo. No comparto esa
decisi贸n pero la respeto, porque s茅 que desea aclarar su actuaci贸n buscando una
verdad que sus detractores no persiguen. Aunque el derecho, sobre todo en el
谩mbito penal, deber铆a garantizarnos como ciudadanos que uno no debe probar su
inocencia, como si estuvi茅ramos en la Edad Media. Pero en el caso de Rodolfo
Mart铆n Villa su deseo es preservar su honorabilidad.

Por mi parte, debo aclararle que antes de llegar a la
presidencia del Gobierno de Espa帽a, 
participe de manera activa, como l铆der de la oposici贸n, en todo el
proceso de pactos que nos  llevaron a la
Constituci贸n y al desarrollo de un Estado Social y Democr谩tico de Derecho, como
establec铆a la Carta Magna, que ha sido ampliamente reconocido en el mundo.

En esa tarea, Rodolfo Mart铆n Villa fue Ministro del Gobierno
del Presidente Adolfo Su谩rez, que dirigi贸 e impuls贸 la transici贸n espa帽ola. Y
no en un ministerio menor o f谩cil en aquellos momentos de acoso terrorista de
ETA, Grapo, grupos de extrema derecha y movimientos militares contrarios a la
transici贸n democr谩tica.

Como he vivido en primera persona esos momentos de la historia
de Espa帽a y he trabajado con el Presidente Su谩rez y sus ministros, puedo
asegurarle que el comportamiento de Mart铆n Villa al frente del Ministerio de
Gobernaci贸n -el m谩s complicado del momento- fue impecable y fuertemente
comprometido con el respeto al Estado de Derecho, su preservaci贸n y su
desarrollo. As铆 lo han reconocido en aquellos dif铆ciles momentos, los partidos
pol铆ticos que ven铆amos de la lucha contra la dictadura franquista, incluidos el
Partido Comunista dirigido por Santiago Carrillo y el Partido Socialista del
que yo era el m谩ximo responsable.

Por todo esto, se帽ora Jueza, puedo testimoniar mediante esta
declaraci贸n, la entrega de Rodolfo Mart铆n Villa a la recuperaci贸n de las
libertades democr谩ticas de los espa帽oles y su intenso quehacer en defensa del
estado de derecho, como ministro del gobierno de Adolfo Su谩rez. Esta tarea
culmin贸 con la Constituci贸n m谩s respaldada de la historia de Espa帽a y, en el
caso de Mart铆n Villa, con las reformas en las Fuerzas de Seguridad del Estado
que 茅l dirig铆a.

Con todo respeto le ruego que lo tenga en consideraci贸n y,
si lo tiene a bien, depure las responsables que correspondan de los
responsables de estas denuncias temerarias y la campa帽a de acoso contra Rodolfo
Mart铆n Villa.

Felipe Gonz谩lez

Presidente del Gobierno de Espa帽a desde diciembre de 1982 a
mayo de 1996.

 

C谩ndido M茅ndez:
“Fueron a帽os agitados”

Excma. Sra. D陋 Mar铆a Romilda Servini de Cubr铆a

Magistrado -Juez Juzgado Nacional Criminal y Correccional
Federal NQ1

Buenos Aires, Argentina

Cualquier an谩lisis de la Transici贸n Espa帽ola tiene que
partir de una realidad que, en aquellos a帽os 76 y 77, coment谩bamos en las
reuniones, todav铆a ilegales, usando la frase “Franco muri贸 en la
cama”, que reconoc铆a la evidencia de que el r茅gimen no hab铆a sido derrocado
y que esperaba una ardua labor para alcanzar las libertades democr谩ticas.

Las organizaciones sindicales de clase y los partidos
democr谩ticos, junto a los movimientos populares generaron las condiciones para
que se produjera una salida, hacia una sociedad plenamente democr谩tica, pero
eso no impide reconocer la importancia que los denominados “j贸venes
reformistas” del r茅gimen franquista tuvieron para, desde las entra帽as del
propio r茅gimen propiciar los cambios nucleares para que la reforma de las
instituciones franquistas mutaran en una ruptura plenamente democr谩tica con el
r茅gimen anterior, y las Cortes Generales Constituyentes elegidas por sufragio
universal en Junio de 1977, alumbraran la Constituci贸n Espa帽ola de 1978, que
recoge lo mejor, en t茅rminos sociales y pol铆ticos, del constitucionalismo
democr谩tico europeo, y que asentaba las bases para la soluci贸n, o el
encauzamiento, de las cuatro grandes cuestiones que han aquejado a Espa帽a, la
Cuesti贸n militar, la Cuesti贸n social, la Cuesti贸n territorial y la cuesti贸n
religiosa.

Para m铆 es evidente que se produjo, para que la Constituci贸n
del 78 fuera una realidad, una conjunci贸n intergeneracional en sus resultados,
que no en sus din谩micas internas, de las que fueron protagonistas los que
vivieron la guerra civil en el 谩mbito de los partidos republicanos, de
izquierdas, y sindicatos obreros, represaliados y que sufrieron la inhumanidad
de la Dictadura, con la muerte, el exilio, el encarcelamiento y la represi贸n de
sus familias, las generaciones j贸venes que no hab铆amos vivido la guerra civil,
pero que milit谩bamos en la clandestinidad en los partidos y sindicatos de
izquierdas, y desde el interior del r茅gimen los denominados j贸venes reformistas
dirigidos por Adolfo Suarez, ya fallecido y entre los que se encontraba Don
Rodolfo Martin Villa, que encabez贸 distintos gobiernos desde el 1976, y que a
partir de las elecciones generales del 15 de Junio de 1977, dichos gobiernos
fueron plenamente democr谩ticos.

Es evidente de que, en el interior del r茅gimen agonizante hab铆a
grupos, compuestos por militares y miembros de los cuerpos de seguridad, junto
a una trama civil que se empe帽aban en abortar cualquier transformaci贸n hacia
una sociedad libre y democr谩tica, que incluso路 provocaron el intento de golpe
de Estado del 23 de Febrero de 1981, por el que secuestraron al gobierno
democr谩tico, encabezado por Don Adolfo Suarez (que entregaba en esas fechas el
testigo a Don Leopoldo Calvo Sotelo ya fallecido) y a los diputados a Cortes
Generales, asaltando el Congreso de los Diputados, intentona frustrada, en
pocas horas, por la intervenci贸n del Rey. Estos grupos en su hostilidad
violenta a cualquier cambio inclu铆an, a mi juicio y como demostr贸 el 23 de
febrero, a personas como Don Adolfo Suarez o Don Rodolfo Martin Villa.

Los a帽os 76 y 77, fueron particularmente agitados,
produci茅ndose fuertes movilizaciones, que incorporaban un n煤cleo de demandas
econ贸micas y sociales, como consecuencia de las dificultades de la sociedad
espa帽ola, con una infraestructura atrasada y fuertemente golpeada por la
primera crisis del petr贸leo de 1973, lo que provoc贸 despidos y cierres de
empresas que generaron una fuerte conflictividad laboral, a la que se un铆a la
irrefrenable aspiraci贸n de alcanzar las libertades y democracia plenas, puente
que nos unir铆a, y as铆 fue, a los pa铆ses europeos, que gran parte de las
familias trabajadoras ya conoc铆an, por ser protagonistas obligadas de la
emigraci贸n, permanente o temporera, o por el fen贸meno del turismo europeo de
sol y playa, que ya era una realidad en Espa帽a.

Esa alta conflictividad, pero sobre todo la incapacidad de
las fuerzas de seguridad del Estado de gestionar, en t茅rminos democr谩ticos el
conflicto social tuvo consecuencias tr谩gicas, como los terribles sucesos de
Marzo de 1976 en Vitoria, a帽o en el que hubo en Espa帽a m谩s de 18000 huelgas,
hecho injustificable, se mire desde el 谩ngulo que se mire y que exige de una
total reparaci贸n, en relaci贸n con los responsables materiales o pol铆ticos. Sin
embargo, esa reparaci贸n no puede extraerse imputando del delito de genocidio, o
cr铆menes contra la humanidad, a responsables pol铆ticos que, en aquellas fechas,
y en otras posteriores, estaban esforz谩ndose, precisamente, para generar las
condiciones de asentar cuanto antes una sociedad pac铆fica, libre y democr谩tica,
con respeto a los cauces democr谩ticos de la libertad de expresi贸n.

Deseo aportar este testimonio para contribuir, en la medida
de mis posibilidades, al esclarecimiento de la actuaci贸n pol铆tica de Don
Rodolfo Martin Villa en la Transici贸n espa帽ola, y en relaci贸n con los cargos a
los que tiene que hacer frente en el proceso abierto por los tribunales de
Argentina.

Firmado.

C谩ndido M茅ndez Rodriguez, jubilado desde marzo de 2016, y
con 68 a帽os.

Afiliado a la Uni贸n General de Trabajadores de Espa帽a, y al
Partido Socialista Obrero Espa帽ol desde 1970.

Diputado a Cortes Generales entre 1980 y 1986, por la
circunscripci贸n de Ja茅n.

Secretario General de la Uni贸n General de Trabajadores de
Espa帽a entre 1994 y 2016.

Presidente de la Confederaci贸n Europea de Sindicatos entre
2003 y 2007.

 

Nicol谩s Redondo
Urbieta: “Contra el olvido y la banalizaci贸n de los delitos”

A la excma. sra do帽a Mar铆a Romilda Servini de Cubria.

Magistrada del Juzgado Nacional Criminal y Correccional
Federal n潞 1 Buenos Aires- Argentina

Alegato a favor de D. Rodolfo Mart铆n Villa

Siendo uno de los muchos protagonistas de La Transici贸n
espa帽ola y habiendo sido mi familia y yo duramente reprimida por el franquismo,
debido a nuestra lucha por la libertad en Espa帽a, debo y quiero prestar mi
testimonio a favor de D. Rodolfo Mart铆n- Villa.

Empezar茅 por una reflexi贸n de car谩cter general, para
concluir con cuestiones concretas que muestran la determinaci贸n con la que
trabajaron D. Rodolfo y muchos compa帽eros suyos por conseguir la libertad en
Espa帽a sin revoluciones, sin hacer tabla rasa de nuestra historia, sino, al
contrario, buscando la reconciliaci贸n entre espa帽oles y el denominador m谩s
amplio posible para todos los cambios que dejaban en el pasado la dictadura y
abr铆an nuestra vida cotidiana a la esperada democracia.

La primera mitad del siglo XX fue un tormentoso periodos de
guerras de dimensi贸n desconocida, que tienen el terrible honor de ser conocidas
como “Guerras Mundiales”. Es cierto que ambas guerras se
desarrollaron f谩cticamente en todo el mundo; pero es tambi茅n cierto que de una
u otra forma participaron un n煤mero suficiente de pa铆ses como para
considerarlas globales. A esta circunstancias se suma otra realidad para que
las dos guerras sigan ostentando tan triste connotaci贸n. Efectivamente, creo
que son mundiales tambi茅n por la inmoralidad desconocida, por los rasgos de
inhumanidad que descubrimos en ambas contiendas y muy especialmente en la 11
Guerra. Esta inmoralidad nos permiti贸 contemplar lo que nunca cre铆mos posible,
la expresi贸n tr谩gica de unos comportamientos criminales, que hasta entonces no
entraban en nuestros marcos mentales y que no podemos m谩s que calificar de
inhumanos, fuera de los l铆mites conocidos del ser humano. Pudieron observar los
at贸nitos ojos de nuestra historia a personas como nosotros cometiendo cr铆menes
tan execrables que no pod铆an ser recogido en la ampl铆sima colecci贸n de delitos
cometidos por la humanidad desde que hab铆a puesto su pie y su raz贸n sobre este
planeta. La industria, su organizaci贸n, su jerarqu铆a, su eficacia, todas estas
virtudes, que hab铆an sido base del progreso humano, puestas al servicio del
exterminio de unos pueblos considerados menos que humanos y muy especialmente
dirigidas a conseguir la desaparici贸n del pueblo jud铆o. En esas circunstancias,
obedeciendo a esa inaudita gravedad aparecieron nuevos tipos de delitos: el de
genocidio y el de cr铆menes contra la humanidad. Porque los occidentales que
hemos sido capaces de las mayores atrocidades tambi茅n hemos sido capaces de
expiarlas, castigarlas y superarlas; nos hemos beneficiado durante la historia
de la esclavitud, pero tambi茅n conseguimos abolirla, impulsamos terribles
guerras por motivos religiosos, pero con el tiempo triunf贸 la laicidad en el espacio
p煤blico, la intransigencia y la intolerancia fueron moneda com煤n en nuestro
pasado, pero fuimos capaces igualmente de conquistar un mundo tolerante, plural
y en el que todos fu茅ramos iguales y libres ante y por la ley … colonizamos
pa铆ses, pero tambi茅n salieron de las propias entra帽as europeas las ideas de
emancipaci贸n y descolonizaci贸n de los pueblos oprimidos, porque siendo capaces
de lo peor, tambi茅n hemos sido capaces de lo mejor.

En realidad, s铆 pudi茅ramos trasladar el exacto lenguaje
jur铆dico a uno con menos l铆mites, podr铆amos decir que tanto el genocidio como
los cr铆menes contra la humanidad recogen 
“excepcionales actos inhumanos del ser humano”.

La humanidad no debe olvidar aquellos cr铆menes, que con
dimensiones distintas y caracter铆sticas diferentes, se han vuelto a cometer en
distintos puntos de nuestro planeta. Debemos mantener una dura lucha contra el
olvido. Pero debemos tener en cuenta que una forma de olvido, adem谩s muy
perversa porque se hace sin cargo de conciencia, es la banalizaci贸n, con m谩s o
menos buena voluntad, de estos tipos penales, que deben considerarse tan
extremos y excepcionales como las conductas que describen. Nuestra lucha debe
ser contra el olvido y contra la banalidad que provoca la generalizaci贸n
desordenada de la aplicaci贸n de estos tipos penales, porque resta trascendencia
a lo que sucedi贸 y sigue sucediendo hoy en d铆a.

Despu茅s de la II Guerra Mundial hemos asistido
lamentablemente a demasiadas experiencias de inhumanidad por motivos pol铆ticos,
religiosos, ideol贸gicos o identitarios. Le aseguro que la Transici贸n espa帽ola
representa el ejemplo contrario, el m谩s opuesto. Despu茅s de una guerra civil y
cuarenta a帽os de dictadura, el esfuerzo principal consisti贸 en crear un marco
pol铆tico en 茅l que ideolog铆as, religiones, identidades culturales diferentes
pudieran convivir libre y pac铆ficamente. Ese empe帽o tuvo actores principales
como la sociedad espa帽ola y los l铆deres pol铆ticos, sindicales y empresariales,
a los que todav铆a recordamos con agradecimiento, pero su esfuerzo necesitaba
del apoyo y de la colaboraci贸n de otros de una importancia singular. Entre
estos sobresale con luz propia el nombre de Rodolfo Mart铆n Villa.

No se puede considerar una democracia asentada sin el
reconocimiento de la realidad sindical. Los protagonistas de la legalizaci贸n de
los sindicatos, que se hizo firme con anterioridad a la aprobaci贸n de la
Constituci贸n del 78, fueron los trabajadores representados por UGT y CCOO
principalmente; pero tambi茅n fue necesario el convencimiento de los sucesivos
gobiernos de Adolfo Su谩rez de que una democracia era incompleta sin unos
sindicatos libres. Entre los ministros de aquellos gobiernos de Suarez
sobresali贸 Mart铆n Villa, encargado en aquel tiempo de la cartera de
“relaciones sindicales”, La Transici贸n espa帽ola fue un proceso de
conquista de parcelas de libertad, porque los protagonistas de aquel periodo,
excepcional en nuestra ” poco canonica” historia, como le gustaba
decir a Am茅rico Castro, acogido fraternalmente por el pueblo argentino, lucharon
con todas sus fuerzas por evitar un proceso pol铆tico en el que med铆a Espa帽a
sustituyera a la otra media.

Quisieron sustituir las trincheras por una concordia
suficiente para asentar una democracia comparable a las de nuestro entorno,
consiguieron sustituir el revanchismo por una pol铆tica de reconciliaci贸n.
Pretendieron, entre ellos personas como Mart铆n Villa, hacer de las dos a
Espa帽as una amplia, acogedora y respetuosa con los diferentes modos de sentir,
de pensar, de ver la vida y el mundo. En el trayecto hubo errores y excesos,
pero fueron juzgados, como reconoci贸 en su momento Santiago Carrillo, con
rapidez y ejemplaridad. No es posible analizar aquel periodo y las
responsabilidades individuales sin tener en cuenta la tensi贸n existente en
aquellos azarosos tiempos. Sectores del ej茅rcito fueron reticentes durante
mucho tiempo al proceso democr谩tico, no comprend铆an los nuevos tiempos y, como
suele suceder, los que no comprenden se ponen aunque no tengan razones. La
oposici贸n culmin贸 con el intento de golpe de estado de Antonio Tejero el 23 de
febrero de 1981, por aquel entonces Mart铆n Villa era ministro de
administraciones territoriales. En sentido contrario, pero con una gran fuerza
perturbadora, la acci贸n criminal de ETA marco en aquel tiempo con negro luto muchos
de los d铆as de aquellos esperanzadores y tambi茅n terribles a帽os, llenos de
ilusi贸n y de incertidumbre. Los que combatimos la dictadura franquista
encontramos compa帽eros de aventura en personas como Rodolfo Mart铆n Villa. Fue
un tiempo compartido que hemos dejado en herencia a los espa帽oles sin necesidad
de ning煤n testamento y lo hicimos unidos en las diferencias, con objetivos
compartidos. De aquella aventura pol铆tica naci贸 la Espa帽a del 78 y
agradecimientos y amistades que perdurar谩n hasta el final de nuestras vidas.

En Madrid a 23 de julio de 2020 

Fdo. Don Nicol谩s Redondo Urbieta

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/cartas-apoyo-politicos-martin-villa-presentado-jueza_1_6194239.html

P.D.  La foto no
pertenece a la noticia del diario.es




Fuente: Pacosalud.blogspot.com