March 1, 2021
De parte de La Haine
324 puntos de vista


A comienzos de este mes, la Comisi贸n Econ贸mica para Am茅rica Latina y el Caribe (Cepal) present贸 el informe 鈥淟a autonom铆a econ贸mica de las mujeres en la recuperaci贸n sostenible y con igualdad鈥. All铆 se describe con claridad los efectos en la vida de las mujeres que est谩 dejando la situaci贸n global de pandemia. Quienes trabajamos desde hace muchos a帽os en el campo de la igualdad de g茅nero, no nos encontramos ante fen贸menos nuevos; los problemas son los mismos pero se han profundizado, lo que nos habla de un enorme retroceso para los peque帽os avances que se hab铆an logrado en las 煤ltimas d茅cadas.

El primer punto lo constituyen la desigualdad socioecon贸mica y la pobreza. El acceso limitado a las necesidades b谩sicas, vivienda, salud, educaci贸n, transporte, ingresos propios, fue el lugar de partida en marzo de 2020, y la epidemia s贸lo dej贸 a las mujeres pobres m谩s pobres. Las mujeres son m谩s en los hogares con m谩s carencias y son ellas las que tienen personas a cargo, sobre todo personas menores de edad. En estos hogares los ingresos de esas mujeres no son ingresos que posibiliten el desarrollo, son ingresos para sobrevivir. Muchas veces est谩n solas o con compa帽eros que no son padres de los ni帽os a cargo, por lo que la responsabilidad del cuidado y el sost茅n recae sobre sus hombros. La posibilidad de empleo se concentra en el 谩mbito informal, por lo que el acceso al cr茅dito o al financiamiento de proyectos propios es casi imposible. No est谩 de m谩s subrayar que en situaci贸n de pandemia los trabajos informales de los que viv铆an muchos hogares pobres se han reducido o han desaparecido; ejemplo de esto son las tareas de cuidados y las de trabajo dom茅stico remunerado, dos tipos de empleo mayoritariamente realizados por mujeres.

El aumento del desempleo en el per铆odo marzo-diciembre de 2020 en Uruguay fue un punto porcentual m谩s para las mujeres que para los hombres. En marzo las cifras de desempleo eran de 9,80% para los varones y de 10,50% para las mujeres; en diciembre el desempleo era de 8,70% para los varones mientras que en las mujeres la cifra era de 12,60%. En diciembre pudimos ver el resultado de una reactivaci贸n econ贸mica despu茅s del primer confinamiento y hubo una recuperaci贸n porcentual en el empleo para los varones; sin embargo, lejos de recuperarse el empleo de las mujeres, aument贸 la brecha entre ambos.1 Esto nos puede estar hablando de que muchas mujeres no regresaron a su lugar de trabajo, no mantuvieron su empleo y muchas m谩s lo perdieron.

Otro punto que releva el informe cuando habla de la desigualdad socioecon贸mica y la pobreza refiere a la brecha digital. Hace muchos a帽os que hablamos de la necesidad del acceso digital como acci贸n determinante en el camino hacia la justicia social. El Plan Ceibal fue una propuesta que se comport贸 como agente catalizador de un cambio estructural en el acceso y en la alfabetizaci贸n digital universal en nuestro pa铆s. Pero 驴qu茅 es lo que pasa con las mujeres adultas pobres? El trabajo en confinamiento nos coloc贸 de cara a una realidad que no hab铆amos percibido en su dimensi贸n. Si bien podemos presumir de que muchas de las mujeres acceden a tel茅fonos u otros dispositivos inteligentes, (1) la conectividad es cara (hoy 10% m谩s cara que al comienzo de la pandemia) y las posibilidades que da el dispositivo son subutilizadas. El acceso a algunas redes sin capacidad de cr铆tica trae peligros que van desde la desinformaci贸n activa y estresante hasta el riesgo de acoso y otras formas de violencia basada en g茅nero.

Pero este no es el 煤nico problema ni el m谩s grande. Cuando empezaron a aparecer en plena emergencia los formularios para acceder a las canastas del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) o se agudiz贸 la necesidad de hacer tr谩mites cotidianos en l铆nea (algunos s贸lo se pod铆an realizar por esa v铆a), se materializ贸 m谩s que nunca la brecha digital. Muchas mujeres buscaban apoyo para completar los formularios, las letras eran peque帽as en los celulares, las preguntas no siempre eran claras o no se adaptaban a lo que ellas pod铆an o sab铆an responder. Y con los captcha muchas veces se buscaban confirmaciones en fotos que en un tel茅fono se ven muy chicas y necesitan destreza para marcar lo correcto. En fin, una vez m谩s el pa铆s inclusivo e integrado se nos escap贸 por la ventana.

En la educaci贸n la brecha digital se vivi贸 sobre todo en el acceso a dispositivos y a conectividad; los ni帽os, ni帽as y adolescentes no siempre ten铆an dispositivos con la memoria RAM suficiente para sostener horas de clase en Zoom, y el gasto de datos es enorme. Muchas veces el acceso a clase depend铆a de la presencia de personas adultas con conectividad. De esta experiencia creo que el cuerpo docente tiene mucho y mejor para decir.

En el confinamiento se multiplicaron las horas de trabajo no remunerado, el sistema de salud y el educativo se apoyaron en la espalda y en las oportunidades de las mujeres.

Otro eje de desigualdad de g茅nero capital es la divisi贸n sexual del trabajo (no voy a diagnosticar sobre lo que las feministas desde diferentes disciplinas hemos hablado y escrito hasta el cansancio). S贸lo subrayar茅 lo que dice el informe de la Cepal al respecto: las mujeres somos las que hemos estado en la primera l铆nea de enfrentamiento a la pandemia. En el confinamiento se multiplicaron las horas de trabajo no remunerado, el sistema de salud y el educativo se apoyaron en la espalda y en las oportunidades de las mujeres. Tambi茅n, como dec铆a al comienzo, las mujeres se encontraban empleadas en las ocupaciones que se retrajeron primero, sectores asociados a los servicios o al cuidado. Sectores que no era posible sostener con el trabajo a distancia. Al mismo tiempo, eran las que daban las batallas m谩s complejas, por ser la salud y la educaci贸n sectores sumamente feminizados.

Tambi茅n en confinamiento se produce un aumento del riesgo en la convivencia con varones agresores; las mujeres tienen una menor capacidad de generar redes de apoyo, de comunicaci贸n para buscar ayuda en las situaciones de violencia dom茅stica, lo que las ha dejado m谩s vulnerables. En noviembre de 2020, el Instituto Nacional de las Mujeres anunciaba que las consultas al 0800 4141 hab铆an aumentado 25% en el per铆odo enero-setiembre comparado con el mismo per铆odo de 2019.

Y para terminar el panorama, las mujeres son pocas en los 谩mbitos de toma de decisiones. Al d铆a de hoy, seg煤n un informe de la Oficina Nacional de Servicio Civil (ONSC), casi 80% de los cargos pol铆ticos y de confianza de los organismos estatales est谩n ocupados por varones. La relaci贸n es la de siempre, la conocida: a mayor responsabilidad y salario, menos mujeres. Si bien en el Parlamento los datos no son m谩s alentadores (en la C谩mara de Representantes no llegan a 30% y en el Senado no llegan a 20%), lo que revelan los datos de la ONSC es que los elementos evaluatorios para seleccionar candidatos y/o candidatas a determinados cargos siguen estando cargados de patrones sexistas.

Con este panorama, 驴cu谩l ser谩 el camino a seguir por Uruguay para amortiguar el enorme impacto que esta crisis global tendr谩 sobre las vidas y las oportunidades de desarrollo de las mujeres? La CEPAL hace propuestas concretas.

1.Orientar los recursos de inversi贸n que potencien el empleo de calidad de las mujeres. Aqu铆 me voy a detener un minuto en poder pensar la categor铆a empleo. Muchas mujeres, sobre todo quienes tienen hijos e hijas a cargo, buscan empleos dependientes. No hay que olvidar que para acceder a las prestaciones (sobre todo al Fondo Nacional de Salud) del sistema de protecci贸n social de nuestro pa铆s lo m谩s seguro es un empleo dependiente y regularizado.

2.Las pol铆ticas de reactivaci贸n econ贸mica deber铆an incluir una perspectiva de g茅nero en la identificaci贸n de sectores a potenciar y en las pol铆ticas fiscales de est铆mulos.

3.Necesitamos pol铆ticas fiscales que contemplen dentro de sus objetivos el cierre de brechas de g茅nero. Para esto ser铆a interesante estimular con decisiones fiscales las experiencias de gesti贸n con enfoque de g茅nero, como lo es el Modelo de Calidad con Equidad de G茅nero que Inmujeres implementa desde 2008.

4.Precisamos sistemas integrales de cuidados que incluyan a todas las poblaciones que hay que priorizar en el derecho al cuidado, buscando dar respuestas no s贸lo desde el sistema p煤blico, generando sinergias en la red de protecci贸n social, el sistema de salud y el de educaci贸n, entre otros; tambi茅n desde la corresponsabilidad social y de g茅nero en el sector privado. El Sistema de Cuidados en Uruguay ha sido una experiencia imperfecta, pero que ha liderado el proceso de reconocimiento, redistribuci贸n y reducci贸n de la carga de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres, una de las pr谩cticas inspiradoras para otros pa铆ses de la regi贸n.

En fin, este 8 de marzo las mujeres tenemos motivos para estar preocupadas: seguimos teniendo el mundo en los hombros y este pesa mucho m谩s.

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Nota 1) Cifras del Instituto Nacional de Estad铆stica.
ladiaria.com.uy




Fuente: Lahaine.org