January 11, 2022
De parte de La Haine
202 puntos de vista


Un olvido imperdonable

La lucha anticapitalista y antiimperialista es 7 x 24 y los enemigos no dan resuello: el capital tiene un abrumador poder de fuego, agigantado por su control cuasi absoluto de los medios de comunicaci贸n a trav茅s de los cuales esparcen sus mentiras, siembran el temor y diseminan el veneno del odio. Por eso hay que estar en una actitud de guardia permanente para contrarrestar, o al menos debilitar, sus continuas agresiones simb贸licas y sem谩nticas.

Al revisar mi correo y pasar revista a los posteos que me llegan desde las m谩s diversas plataformas me sorprendi贸 alguien, perdido ahora en un tsunami de mensajes, que hizo una oblicua alusi贸n a la independencia haitiana “concretada justamente un primero de enero.” 隆Qued茅 noqueado al leer esa frase! Apenas repuesto de la sorpresa me abalanc茅 a leer el texto completo, pero no dec铆a nada m谩s que eso. Era un comentario al pasar en un mensaje de salutaci贸n findea帽ero. 驴C贸mo un primero de enero?, me pregunt茅. Durante d茅cadas he estado conmemorando en esa fecha el triunfo del proceso revolucionario cubano sin reparar que ese mismo d铆a, por una de esos indescifrables enigmas de la historia o tal vez por la astucia de la raz贸n que goza enviando mensajes cifrados, una potente clarinada surgida desde las entra帽as del Caribe convocaba a nuestros pueblos a emanciparse del yugo colonial.

驴C贸mo pude haber sido tan bruto?, me preguntaba una y otra vez indignado conmigo mismo. Conoc铆a a grandes rasgos la historia de aquel pa铆s. Hab铆a sido compa帽ero de estudios de dos haitianos -Gerard-Louis y Pierre- en la Maestr铆a de Ciencia Pol铆tica de FLACSO/Chile en la segunda mitad de los sesentas y mantenido largas conversaciones con ellos sobre su fascinante pa铆s. Para un porte帽o de veinticuatro a帽os, embotado por el esp铆ritu de campanario y el lastre del eurocentrismo que imped铆a -o por lo menos distorsionaba- la percepci贸n del mundo m谩s all谩 de los estrechos confines de su aldea, los relatos de aquellos compa帽eros sobre la historia, la vida cotidiana y las costumbres de su pa铆s me resultaban fascinantes. Lejos estaba yo de caer en la trampa del pintoresquismo o en la seducci贸n de lo ex贸tico. Como joven soci贸logo cr铆tico la narrativa de mis compa帽eros me permit铆a revivir, a trav茅s de la lupa de su pa铆s, la permanencia del drama hist贸rico de Nuestra Am茅rica. Los escuchaba y en mi cerebro conceptos tales como la Conquista de Am茅rica, el tr谩fico de esclavos, la destrucci贸n de las comunidades originarias, los estragos del colonialismo y el imperialismo, la super-explotaci贸n capitalista y la maldici贸n del despotismo pol铆tico, incorporados a mi acervo intelectual en la Buenos Aires de comienzos de los sesentas, cobraban vida, me interpelaban sin piedad y radicalizaban mi pensamiento, poniendo en cuesti贸n “el saber” que se ense帽aba en los cursos de Sociolog铆a de aquella 茅poca. Las proyecciones de sus relatos llegaban mucho m谩s all谩 de lo que ocurr铆a en su pa铆s y me aportaron ciertas claves para comprender por qu茅 los blues de los negros americanos o los solos de un John Coltrane, Charlie Parker, Louis Armstrong o Miles Davis me llegaban al alma mientras que la m煤sica “blanca” de las grandes bandas como las de Glenn Miller o Benny Goodman me parec铆an facturas industrializadas, fr铆as y sin vida.

El exilio en M茅xico profundiz贸 mi relaci贸n con dos eminentes hatianos: G茅rard-Pierre Charles y Suzy Castor, dos figuras ic贸nicas de las ciencias sociales no s贸lo en Hait铆 sino en toda la cuenca del Gran Caribe. Decenas de veces convers茅 con ellos en los pasillos de la UNAM, en FLACSO/M茅xico, en actividades organizadas por CLACSO y en numerosos seminarios internacionales. Ambos hicieron contribuciones fundamentales para comprender el accionar del imperialismo en la gestaci贸n y sostenimiento de la feroz dictadura de Fran莽ois “Pap谩 Doc” Duvallier y los estragos de la ocupaci贸n norteamericana en Hait铆. Ya de regreso a la Argentina mantuve comunicaci贸n regular con ellos y tambi茅n con sus disc铆pulos. Adem谩s hab铆a tenido varios estudiantes de Hait铆 en la UNAM y hacia fines de los setentas visit茅 ese pa铆s, conoc铆 de primera mano las luchas de ese pueblo bajo la dictadura de “Pap谩 Doc” y hab铆a regresado deslumbrado por la riqueza de su cultura, su m煤sica, su pintura, su gastronom铆a, su alegr铆a de vivir, su desbordante optimismo a煤n en medio de las dificil铆simas condiciones imperantes. Recuerdo la impresi贸n que me produjo a recorrer uno de los mercados populares en Puerto Pr铆ncipe: all铆 sent铆 en mis entra帽as que la Madre 脕frica estaba viva y segu铆a nutriendo a sus hijos caribe帽os con su energ铆a y sus influjos. Al fin y al cabo fue en 脕frica donde comenz贸 la aventura humana en este amenazado planeta y ser谩 脕frica -y sus fragmentos en el Caribe- el lugar donde encontraremos la sabidur铆a y el coraje para detener a la desaforada locomotora del capitalismo que nos lleva a toda velocidad hacia el abismo, recordando la estremecedora met谩fora de Walter Benjamin.

Mientras se movilizaban en tropel todos estos recuerdos m谩s furioso estaba conmigo mismo por no haber sido capaz de percibir la coincidencia entre las gestas hist贸ricas de haitianos y cubanos, dos naciones separadas geogr谩ficamente por un canal, el Paso de los Vientos, cuya anchura es de apenas 80 kil贸metros, y unidas por una infinidad de lazos hist贸ricos, culturales y pol铆ticos. 驴C贸mo explicar mi imperdonable olvido, m谩xime trat谩ndose de un pa铆s que dio algunos l铆deres pol铆ticos extraordinarios como Toussaint Louverture, Henry Christophe, Alexandre P茅tion, Jean-Jacques Dessalines, Charlemagne P茅ralta y el gran precursor de la revuelta antiesclavista: Fran莽ois Mackandal, ejecutado en la hoguera por las autoridades coloniales francesas. Alejo Carpentier lo hab铆a convertido en uno de los protagonistas centrales de su bell铆sima novela El reino de este mundo cuya lectura disfrut茅 como pocas. 驴C贸mo fue que nunca, repito, nunca se me ocurri贸 fijar la partida de nacimiento de la enorme gesta haitiana; c贸mo fue que nadie en el mundo de la historia o las ciencias sociales o el periodismo la record贸? 驴Por qu茅, pese a mis defensas, me convert铆 en una v铆ctima m谩s de este racista negacionismo?

Avergonzado conmigo me propuse reparar esta falta. Sin m谩s, mis planes vacacionales se fueron al traste. Empec茅 a buscar en mis archivos y por suerte encontr茅 algunos materiales y algunas viejas notas de aquel viaje a Hait铆. Cre铆a que era un modo de expiar, al menos en parte, la culpa que me abrumaba por mi imperdonable olvido y fomentar una actitud m谩s vigilante del pensamiento cr铆tico latinoamericano para evitar que Hait铆 siga siendo arrasado, ahora por nuestra indolencia o por el pesimismo de una visi贸n fatalista de la historia que acepta como inmodificable el destino tr谩gico de Hait铆 y nos aleja del campo de batalla, para felicidad del imperialismo.

El grito

El primero de enero la recordaci贸n del triunfo de la Revoluci贸n Cubana acapar贸 la atenci贸n de los medios vinculados a la izquierda y a ciertas variantes del progresismo. La raz贸n es bien atendible: a煤n para sus m谩s ac茅rrimos cr铆ticos aquella gesta revolucionaria fue un hachazo que marc贸 un antes y un despu茅s, el comienzo de una nueva era en la historia latinoamericana y caribe帽a. No sorprende constatar una vez m谩s que no mereci贸 la misma atenci贸n la conmemoraci贸n de otro acontecimiento de proyecci贸n hist贸rico-universal, como gustaba decir Hegel: tambi茅n un 1潞 de enero, pero de 1804, Jean-Jacques Dessalines proclamaba la independencia de Hait铆 de su antigua metr贸polis, Francia. La polit贸loga haitiana Sabine Manigat anota que rebeli贸n de los esclavos negros culmin贸 su epopeya hist贸rica humillando a las tropas que en 1802 y se calcula en n煤mero de 32.000 Napole贸n hab铆a enviado a Saint-Domingue con un doble mandato restaurador: restablecer la autoridad de Francia sobre la Colonia y el statu quo ante que reposaba sobre la esclavitud.[1] Ese ej茅rcito que poco despu茅s avasallar铆a a casi todas las naciones europeas mordi贸 el polvo de la derrota ante un ej茅rcito de negros esclavos, dirigidos por Toussaint Louverture. Una epopeya cuyo desconocimiento u olvido s贸lo puede explicarse por una imperdonable negligencia o nuestra autodestructiva subestimaci贸n, hija de una larga historia de sumisi贸n colonial.

Con su proclamaci贸n Dessalines enviaba un mensaje al orden mundial de su tiempo diciendo que en esa turbulenta isla hab铆a nacido el segundo estado independiente de las Am茅ricas, s贸lo precedido por la independencia de las Trece Colonias inglesas de Norteam茅rica. Un estado, adem谩s, surgido como fruto de una larga lucha anticolonial y que fue el primero en declarar (y llevar a la pr谩ctica) la abolici贸n de la esclavitud. Por eso ten铆a raz贸n Eduardo Galeano cuando en “La amenaza haitiana” recordaba que “el primer pa铆s que se liber贸 de la esclavitud en el mundo, el primer pa铆s libre, de veras libre, en las Am茅ricas fue Hait铆.” [2] Y fue el primer y 煤nico caso en la historia en donde una rebeli贸n de esclavos negros triunfaba, de modo irreversible, y daba pie a la creaci贸n de su propio estado, sacudi茅ndose del yugo secular de sus opresores franceses y criollos. Hait铆 se anticip贸 en seis a帽os a los procesos independentistas que irrumpir铆an en el R铆o de la Plata en 1810, y aboli贸 la esclavitud tres a帽os antes que el Reino Unido, aunque, en realidad, Londres s贸lo lo conseguir铆a en 1832 con una legislaci贸n mucho m谩s severa. En pocas palabras, Hait铆 fue el primer “territorio libre” de las Am茅ricas; sus predecesores del Norte demoraron m谩s de sesenta a帽os en acabar con la esclavitud.

Juan Bosch, pol铆tico, escritor, historiador, expresidente de Rep煤blica Dominicana sintetiz贸 con elocuencia el car谩cter de la haza帽a hist贸rica de haitianas y haitianos cuando escribi贸 que “El pueblo de Hait铆 tiene en su haber una revoluci贸n fenomenal … la 煤nica que fue a un mismo tiempo una guerra social, de esclavos contra amos; una guerra racial, de negros contra blancos y mulatos; una guerra civil, de negros y mulatos del norte y del oeste contra mulatos y negros del sur; una guerra internacional, contra espa帽oles e ingleses, y una guerra de independencia, de colonia contra metr贸poli.”[3] En l铆nea con lo observado por Bosch la polit贸loga haitiana Sabine Manigat advierte que desde el punto de vista sociopol铆tico la revoluci贸n de los esclavos en Hait铆 inaugur贸 el ciclo de las independencias latinoamericanas y del Caribe con una triple haza帽a: “la redefinici贸n de la libertad en desaf铆o frontal con la (concepci贸n imperante en) el Siglo de las Luces y de la revoluci贸n que 茅ste engendr贸 en Francia; la edificaci贸n de un Estado negro anticolonial y antiesclavista en el seno mismo del imperio colonial franc茅s en la regi贸n; y el enfrentamiento victorioso con una potencia colonial, es decir, por ende, con el orden mundial vigente.” [4] Falta agregar que Hait铆 pag贸 un precio exorbitante por tama帽a osad铆a. Es lo que veremos a continuaci贸n.

Sembrar la miseria

Estamos acostumbrados a asociar Hait铆 con extrema pobreza, la degradaci贸n de la vida social y una interminable sucesi贸n de tiran铆as que sofocan los recurrentes impulsos democr谩ticos de su pueblo, am茅n de peri贸dicas cat谩strofes como devastadores terremotos y huracanes. Sin embargo, a lo largo de los siglos dieciocho y parte del diecinueve Hait铆 fue, de lejos, la joya m谩s apreciada del imperio franc茅s, y probablemente una de las posesiones de ultramar m谩s codiciadas por los insaciables saqueadores coloniales. Espa帽a, Inglaterra y Francia, a veces tambi茅n los neerlandeses, se disputaban ferozmente el control de Saint-Domingue. En ciertas 茅pocas el producto de sus plantaciones de az煤car lleg贸 a representar la mitad del consumo europeo, y el caf茅 tabaco, cacao, algod贸n e 铆ndigotambi茅n ten铆an un papel importante entre las exportaciones haitianas a Europa. Para comprender las razones de la bonanza econ贸mica de lo que luego los patriotas rebautizar铆an con su nombre ind铆gena, Hait铆, basta con echar una mirada a la evoluci贸n del consumo de az煤car en los pa铆ses desarrollados. En Gran Breta帽a, por ejemplo, se consum铆a cinco veces m谩s az煤car en 1770 que en 1710, asegura Clive Pontin, un notable historiador ingl茅s.[5] Dice este autor que desde la d茅cada de 1740 hasta la de 1820 el az煤car fue la importaci贸n m谩s valiosa de Gran Breta帽a y, en muchos a帽os, de los pa铆ses europeos en su conjunto. El az煤car era, en otras palabras, lo que el petr贸leo en nuestro tiempo. El aumento en la productividad de las plantaciones caribe帽as, especialmente en Cuba, unido a la sustituci贸n de la ca帽a de az煤car por la remolacha m谩s los avances en el transporte terrestre (ferrocarriles) y mar铆timo (buques de vapor) desplazar铆an la demanda de sectores crecientes de las sociedades europeas hacia las llanuras f茅rtiles de Sudam茅rica, y el papel que otrora desempe帽ara el az煤car pas贸 a ser ocupado por los cereales y las carnes.

La gran revuelta de los esclavos en 1791 y la aprobaci贸n en Francia de la “Declaraci贸n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (agosto de 1789) exacerbaron a煤n m谩s las contradicciones caracter铆sticas del r铆gido orden social de la Colonia porque los bellos postulados de la “Declaraci贸n” no eran aplicables a los esclavos, los mulatos y los negros libres. La agitaci贸n fue in crescendo y cuando cinco a帽os m谩s tarde, (febrero de1794) la Convenci贸n Nacional Francesa declar贸 abolida la esclavitud de los negros en todas las colonias francesas, las condiciones ideol贸gicas y pol铆ticas para el asalto final en contra del orden esclav贸crata hab铆an madurado y la revoluci贸n era s贸lo cuesti贸n de tiempo. Las dudas sobre la estabilidad del r茅gimen de acumulaci贸n esclavista se acrecentaban a medida que los insurrectos incendiaban campos y casas de los terratenientes franceses y algunos criollos. Esto comenz贸 a impactar negativamente sobre la capacidad exportadora de Hait铆, que fue perdiendo grativaci贸n en el comercio internacional. Por su parte, la prohibici贸n del tr谩fico de esclavos restaba la mano de obra indispensable para las plantaciones, todas las cuales eran “labor intensive”. Las dur铆simas condiciones de trabajo y las enfermedades acortaron la vida de los esclavos, y ante la prohibici贸n del comercio negrero la econom铆a haitiana comenz贸 a decaer por la insuficiencia en la oferta de fuerza de trabajo, a la cual se sumaban el atraso tecnol贸gico y la ya mencionada incertidumbre pol铆tica. La inestable coalici贸n entre negros y mulatos pacientemente construida por Toussaint Lovertoure cerrando moment谩neamente un clivaje que por mucho tiempo hab铆a debilitado el impulso independentista, hizo posible el triunfo de los patriotas haitianos.

En poco tiempo Cuba desplaz贸 a Hait铆 como la principal productora mundial de az煤car, facilitado por el hecho de que en la mayor de las Antillas la dominaci贸n colonial espa帽ola continuar铆a a lo largo de todo el siglo diecinueve garantizando la continuidad de un orden pol铆tico represivo favorable a la introducci贸n de innovaciones tecnol贸gicas que no pudieron ser ensayadas en Hait铆 y que aumentaron la productividad de las centrales azucareras cubanas. As铆, la estrella m谩s luminosa del Caribe ser铆a, desde entonces, Cuba, pero a un terrible costo: la esclavitud reci茅n ser铆a abolida en 1886 y el yugo colonial espa帽ol se extender铆a hasta 1898.

Abraham Lincoln.

El colonialismo y el “orden mundial”

La rebeld铆a de los independentistas haitianos tropez贸 con el previsible rechazo de las potencias coloniales que no tardaron ni un minuto en unificar fuerzas para reaccionar en contra de los Jacobinos negros, tal como fueran felizmente rotulados en la cl谩sica obra del historiador trinitario C. L. R. James. Hait铆 fue estigmatizado, considerado como una peste o una monstruosa aberraci贸n que deb铆a ser aislada y, de ser posible, aplastada. Infelizmente, los colonialistas consiguieron ambas cosas. Ya en esa 茅poca EEUU asomaba como el custodio del orden internacional en su hinterland caribe帽o. El presidente Thomas Jefferson, due帽o de unos seiscientos esclavos a lo largo de su vida, tom贸 la delantera en la condena al gobierno haitiano. Eduardo Galeano recuerda sus dichos: “el mal ejemplo haitiano” (como los que hoy representan Cuba, Venezuela y Nicaragua) exig铆a que “se confinara la peste en esa isla” y que se estableciera un cord贸n sanitario para impedir la propagaci贸n de un ejemplo que aterrorizaba a los terratenientes sure帽os.[6] Tim Matthewson, un estudioso de la pol铆tica exterior “pro-esclavista” de los EEUU en aquellos a帽os, afirma que Jefferson despotricaba contra los negros haitianos llam谩ndoles “los can铆bales de la rep煤blica terrible” y compar谩ndoles con asesinos.[7] Los estados sure帽os, que gravitaban decisivamente en el Senado y la C谩mara de Representantes, no quer铆an ni o铆r hablar de Hait铆, que para ellos conjuraba sus peores pesadillas. S贸lo en 1862, bajo la presidencia de Abraham Lincoln que libr贸 una guerra civil para acabar con la esclavocracia en el sur norteamericano, el gobierno de Hait铆 ser铆a reconocido por la Casa Blanca.

Francia lo hab铆a hecho en 1825, previo un leonino, a m谩s de injusto e inmoral, acuerdo para pagar una enorme indemnizaci贸n (150 millones de Francos Oro, equivalente, en valores del 2021 a una cifra que seg煤n se la calcule oscila entre los 22.000 y los 31.000 millones de d贸lares.[8] Gran Breta帽a reconoci贸 al gobierno haitiano en 1833 y EEUU lo hizo, como ya apunt谩bamos m谩s arriba, una vez que se separaran de la Uni贸n los estados esclavistas del Sur. Colombia y Venezuela se demorar铆an m谩s de medio siglo en reconocer la independencia de Hait铆; la Santa Sede lo hizo en 1864. Inaugurando lo que luego se convertir铆a en una nefasta tradici贸n, el Congreso de EEUU, cediendo ante el clamor por una parte de la “comunidad internacional” -en realidad, las presiones de las principales potencias coloniales: Francia, Espa帽a y Gran Breta帽a, a煤n en posesi贸n de enclaves plantacionistas en Guadalupe, Martinica, Santa Luc铆a, Cuba y Jamaica, entre otras- y por la otra de los propietarios de esclavos sure帽os produjo una legislaci贸n mediante la cual se establec铆a un bloqueo comercial en contra de Hait铆 … 隆Este fue el modo como se produjo el ingreso de EEUU a la escena internacional, hasta entonces un actor de segunda l铆nea; y es el modo como todav铆a hoy act煤a, perfeccionando cada d铆a m谩s el “arte de las sanciones”, los bloqueos y las presiones contra terceros pa铆ses para perpetuar un orden econ贸mico y pol铆tico internacional no s贸lo esencialmente injusto e insostenible!

El legado del racismo

Tal como atinadamente observa Lautaro Rivara, mismo entre los l铆deres m谩s esclarecidos y progresistas de comienzos del siglo diecinueve -como Francisco de Miranda, Sim贸n Bol铆var o Manuel Dorrego- la desconfianza y el prejuicio suscitado por aquella victoriosa rebeli贸n de los esclavos negros se dej贸 sentir con intensidad. Por eso dice nuestro autor que en v铆speras del Congreso Anficti贸nico Hait铆 se descart贸 una posible invitaci贸n a Hait铆 por ser considerado como un “conjunto heterog茅neo y extranjero pese a haber trazado el itinerario de la senda independentista, haber amparado, armado y financiado las sucesivas campa帽as independentistas de Sim贸n Bol铆var o de haber ofrecido un generoso asilo a Manuel Dorrego.”[9] La historiadora venezolana Carmen Boh贸rquez se帽al贸 la preocupaci贸n de Miranda que, para evitar un levantamiento de la gente color, propone que se aceleren los preparativos de su expedici贸n. Esta medida, dec铆a, “se hace tanto m谩s urgente cuanto que los mulatos y la gente de color libre constituyen una parte esencial de la poblaci贸n actual de las ciudades, y que est谩n ya armados y organizados en Cuerpos de milicia, presionan este movimiento y amenazan con tomar ellos mismos todo el poder, si los criollos y los principales propietarios no se apuran en tomar las medidas necesarias para calmar los esp铆ritus y satisfacer al mismo tiempo las aspiraciones generales del pa铆s” [10]

En los a帽os recientes este tema ha dado pie a una interesante discusi贸n. En la ya mencionada nota titulada “La Maldici贸n Blanca” y hablando del aislamiento continental de Hait铆 y la falta de reconocimiento de su nuevo gobierno de negros y mulatos, Eduardo Galeano plantea que “tampoco Sim贸n Bol铆var lo reconoci贸 aunque le deb铆a todo. Barcos, armas y soldados le hab铆a dado Hait铆 en 1816, cuando Bol铆var lleg贸 a la isla, derrotado, y pidi贸 amparo y ayuda. Todo le dio Hait铆, con la sola condici贸n de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le hab铆a ocurrido. Despu茅s, el pr贸cer triunf贸 en su guerra de independencia y expres贸 su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.”[11]

Pese al enorme respeto que nos merece la obra de Galeano creo que es necesario introducir un par de matices a su categ贸rico reproche. Uno, porque m谩s all谩 de las directivas estrat茅gicas dictadas por Bol铆var las decisiones concretas sobre el funcionamiento del Congreso Anficti贸nico fueron tomadas por Francisco de Paula Santander como vicepresidente y Pedro Gual como canciller de la Gran Colombia y no por Bol铆var. Segundo, para decir que en numerosas cartas y mensajes Bol铆var expres贸 su deuda y la de la “Tierra firme sudamericana” con Hait铆 y sobre todo con Petion. Dijo, por ejemplo, que 茅ste “es el autor de nuestra independencia … y que gobernaba la Rep煤blica m谩s democr谩tica del mundo”. Ya en suelo patrio Bol铆var no olvid贸 de sus promesas proclamando en 1821 la liberaci贸n de los esclavos, en un pa铆s abrumadoramente dominado por los esclav贸cratas. Las argucias legales y las maniobras pol铆ticas primero, y la muerte del Libertador en 1830, desbarataron sus proyectos al punto tal que reci茅n en 1854 el Congreso de Venezuela aprobar铆a una ley que pondr铆a punto final a la esclavitud. En Colombia, ya rota la unidad de la Gran Colombia, la abolici贸n ser铆a aprobada en 1851. Y el reconocimiento oficial, de gobierno a gobierno, que demandaban los haitianos a煤n demorar铆a d茅cadas en concretarse.

La ingratitud de los pa铆ses de Nuestra Am茅rica para con Hait铆 es deprimente e imperdonable, y contin煤a en nuestros d铆a. En la actualidad, hay en Puerto Pr铆ncipe s贸lo ocho embajadas de los 33 pa铆ses que conforman la CELAC: Argentina, Brasil, Chile, Cuba, M茅xico, Panam谩, Rep煤blica Dominicana y Venezuela. 驴Qu茅 ocurri贸 con los otros 25? 驴C贸mo explicar tama帽a desafecci贸n por un pa铆s que siempre apoy贸 las luchas de los dem谩s sin pedir nada a cambio? Hait铆 fue el primer pa铆s en el mundo que reconoci贸 la independencia de la Argentina cuando no hab铆a todav铆a transcurrido un a帽o desde su declaraci贸n formal en el Congreso de Tucum谩n. Las relaciones a nivel de embajador entre ambos pa铆ses se concretaron en 1947 y continuaron sin interrupci贸n hasta el d铆a de hoy.[12]

Tal como lo plante谩ramos m谩s arriba el Libertador no estaba a cargo de la pol铆tica exterior de la Gran Colombia. En esto se apoya una nota de Jos茅 Steinsleger para cuestionar el planteamiento de Galeano aduciendo que, como presidente de esa entidad pol铆tica hab铆a proseguido su campa帽a libertadora en el sur del continente, mientras su Vice, Santander, se encargaba de los asuntos “legal铆sticos” de la presidencia, entre ellos el manejo de la pol铆tica exterior y los preparativos para el Congreso de Panam谩. Fue Santander y no Bol铆var qui茅n sabote贸 el reconocimiento oficial del gobierno revolucionario haitiano. No s贸lo eso: contrariando la voluntad del presidente, “el canciller Gual invit贸 a EEUU a presentar delegados al magno congreso, y de paso libr贸 instrucciones a sus delegados para que evitaran reconocer la independencia de Hait铆.”[13] Vale la pena a帽adir que la respuesta de Washington ante la amable invitaci贸n de los santanderinos fue terminante: no participar铆a en foro alguno en donde el tema de Hait铆 figurase en la agenda, mucho menos en donde los representantes de Puerto Pr铆ncipe fuesen invitados a tomar parte. Lo cierto es que la heroica rep煤blica de negros y esclavos fue marginada de lo que se supon铆a deb铆a ser un congreso continental latinoamericano y caribe帽o. Y, desgraciadamente, el ostracismo continuar铆a en los siguientes doscientos a帽os.

Marines de los EEUU en Hait铆, 1915.

EEUU se apodera de Hait铆

La degradaci贸n econ贸mica, social y pol铆tica de Hait铆 no puede entenderse sin dos factores causales: El “resarcimiento” exigido por Francia y, posteriormente, la pol铆tica exterior de EEUU. Lo de Francia fue un chantaje en toda la l铆nea: intercambio de reconocimiento diplom谩tico por deuda. La cifra mencionada m谩s arriba (tomemos la estimaci贸n m谩s favorable para Francia: 22.000 millones de d贸lares) era monstruosa pues representaba un monto10 veces mayor de los ingresos anuales que ten铆a Hait铆.[14] No sorprende por lo tanto constatar que ese pa铆s tuviera que transferir a Par铆s pagos anuales por concepto de intereses hasta el a帽o 1947, convirti茅ndose en una incontenible hemorragia financiera que postr贸 a la joven rep煤blica negra durante su primer siglo y medio de existencia. 隆Indigna comprobar c贸mo la Francia de la supuesta “democracia y los derechos humanos” extorsion贸 con tal maldad e ignominia a una de sus antiguas colonias por haber cometido el imperdonable crimen de querer ser libre! Y comprobar tambi茅n como esta postura racista y genocida fue acompa帽ada sin cuestionamiento alguno por las otras “democracias” de Europa y, por supuesto, por EEUU.

La pol铆tica de las sanciones y el bloqueo unidas a las reparaciones de guerra estaban presuntamente destinadas a indemnizar a los due帽os de las plantaciones. Es decir, a recompensar a los verdugos de negros y mulatos y, de paso, echar un manto de olvido sobre el crimen de la esclavitud y el comercio negrero por los cuales deber铆an haber sido ellos los obligados a indemnizar al pueblo haitiano y no al rev茅s. Este conjunto de factores son decisivos a la hora de explicar el abismo econ贸mico al cual se precipitar铆a la otrora perla del Caribe, convirti茅ndolo en el pa铆s m谩s pobre del Hemisferio Occidental y uno de los m谩s pobres del mundo. Fue en ese marco, propicio para su rapi帽a, cuando hizo su entrada el capital financiero norteamericano, y 茅ste es el segundo factor causal de la tragedia haitiana.

En 1910, el Citibank compr贸 una parte importante del Banque de la R茅publique d’Ha茂ti, el banco central que dispon铆a del monopolio sobre la emisi贸n de moneda.[15] Ese mismo a帽o un consorcio internacional de bancos refinanci贸 la deuda haitiana y asumi贸, en los hechos, el control de las finanzas del pa铆s. Poco despu茅s, en 1914, los miembros del consorcio le solicitaron al presidente Woodrow Wilson que enviara marines para proteger las reservas de oro existentes en Hait铆 y ponerlas a salvo de las turbulencias pol铆ticas locales en las b贸vedas neoyorquinas de sus bancos. No fue necesario presionarlo demasiado para convencerlo. Wilson, que pas贸 a la historia por su falaz “idealismo” ya en ese mismo a帽o hab铆a ordenado una incursi贸n de sus marines en M茅xico (Veracruz) de modo que accedi贸 al pedido de los banqueros sin demora. Seis meses despu茅s, julio de 1915, los marines ocupar铆an Hait铆 y al a帽o siguiente, envalentonados, har铆a lo mismo con la otra parte de la isla sentando sus reales en Rep煤blica Dominicana.[16]

En Hait铆 permanecer铆an durante diecinueve a帽os y un mes, cuando Franklin D. Roosevelt ordenara a la fuerza expedicionaria el retorno a casa en agosto de 1934 en el marco de su mentirosa pol铆tica de “buena vecindad.” Los marines impusieron la ley marcial en Puerto Pr铆ncipe y despu茅s de casi dos a帽os de intermitentes enfrentamientos desbarataron la guerrilla asentada en las zonas rurales, ejecutando al l铆der de la insurgencia, Charlemagne P茅ralte.[17] Aplastada toda resistencia el Banco de la Naci贸n qued贸 reducido a una simple sucursal del Citibank y la presidencia del pa铆s se convirti贸 en un reh茅n de la Casa Blanca as铆 como quedaron bajo su control la polic铆a, el ej茅rcito y las agencias fundamentales del gobierno. El ascenso de los EEUU como nuevo hegem贸n mundial al finalizar la Segunda Guerra Mundial reforz贸 a煤n m谩s los lazos de dependencia que un铆an Puerto Pr铆ncipe con Washington cuyas deplorables consecuencias s贸lo se acentuaron a medida que pasaba el tiempo.

A los leoninos acuerdos de libre comercio impuestos por la Casa Blanca, las pol铆ticas econ贸micas neoliberales, la intervenci贸n del FMI y el Banco Mundial, el siniestro legado de las dictaduras terroristas sostenidas EEUU se sumaron potentes terremotos y violentos huracanes que arrasaron f铆sicamente con gran parte del pa铆s, sobre todo en Puerto Pr铆ncipe y lo entregaron, servido en bandeja, al control de EEUU con la mediaci贸n de la ONU y algunos gobiernos latinoamericanos. Hait铆 hoy vive de la “ayuda humanitaria”, que llega en cuentagotas, y la presencia militar de la ONU para resguardar el orden interno. Toussaint y los grandes l铆deres de la revoluci贸n anticolonial y antiesclavista se revuelven en sus tumbas mientras, los “houngan” y las “mambo” l(os y las oficiantes de la religi贸n vud煤) realizan sus rituales confiados en que m谩s pronto que tarde el humo de sus hogueras les transmita el inminente retorno de una nueva generaci贸n de “Jacobinos negros.”

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Notas:

[1] Cf. Sabine Manigat, “La revoluci贸n de independencia de Hait铆 en su primera etapa: La edificaci贸n del poder negro en Saint-Domingue”, en Revista Ciencia y Cultura (La Paz, Bolivia), N潞 22-23, 2009.

[2] Disponible en: P谩gina/12, 11 octubre 2012.

[3] Juan Bosch, “Pr贸logo” a G茅rard Pierre-Charles, Hait铆. Radiograf铆a de una dictadura (M茅xico: Editorial Nuestro Tiempo, 1969), p.9. La bibliograf铆a sobre este proceso revolucionario es sumamente extensa. Nos limitamos aqu铆 a se帽alar el libro de Cyril L.R. James, uno de los pioneros en estudiar este proceso en la d茅cada de los treintas: Los Jacobinos negros (1938). Disponible en internet en: https://elsudamericano.wordpress.com/2017/10/14/los-jacobinos-negros-toussaint-loverture-y-la-revolucion-de-haiti-por-c-l-r-james/ En la Argentina la problem谩tica haitiana ha sido examinada en dos brillantes libros por Eduardo Gr眉neren La Oscuridad y las Luces (Buenos Aires: Edhasa, 2010) y Juan Francisco Mart铆nez Per铆a, 隆Libertad o Muerte! Historia de la revoluci贸n haitiana (Buenos Aires: Centro Cultural de la Cooperaci贸n Floreal Gorini, 2012).

[4] Manigat, op. cit.

[5] World History: A New Perspective (London: Chatto & Windus, 2000)

[6] “Hait铆: la maldici贸n blanca”, en La Rep煤blica, 19 enero 2004).

[7] “Carta de Jefferson a Aaron Burr”, Philadelphia, 11 de Febrero 1799. Para m谩s detalles ver su A Proslavery Foreign Policy: Haitian-American Relations during the Early Republic (London and Westport: Praeger, 2003)

[8] Gerardo Lissardy, “Francia no devolver谩 “deuda de la independencia” a Hait铆”, BBC News, 16 agosto 2010.

[9] “El congreso de Panam谩 y una soledad de dos siglos”, en https://argmedios.com.ar/el-congreso-de-panama-y-una-soledad-de-dos-siglos )

[10] Cf. Francisco de Miranda, precursor de las independencias de la Am茅rica Latina. (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2003), p. 205.

[11] Op. cit.

[12] https://www.redaccion.com.ar/von-eyken-embajador-argentino-haiti-es-un-pais-que-atrapa/

[13] “Hait铆, Bol铆var y la solidaridad latinoamericana”, en https://www.jornada.com.mx/2010/02/10/opinion/019a2pol )

[14] Lissardy, op. cit.

[15] Hans Schmidt, United States Occupation of Haiti, 1915-1934. New Brunswick, NJ: Rutgers UP, 1971.

[16] Wilson adem谩s orden贸 una intervenci贸n militar en Cuba en 1917, Panam谩 1918 y mantuvo durante los ocho a帽os de su presidencia las tropas invasoras enviadas a Nicaragua por su predecesor, William H. Taft.

[17] Sobre el tema de la ocupaci贸n norteamericana remito a la obra fundamental de Suzy Castor: La ocupaci贸n norteamericana de Hait铆 y sus consecuencias (M茅xico: Siglo XXI, 1971)

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Fuente: Lahaine.org