June 12, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
157 puntos de vista


Fue la observadora m谩s aguda de los totalitarismos, cuyas ra铆ces busc贸 explicar, convencida de que los reg铆menes pod铆an caer, pero sus instrumentos de control tend铆an a sobrevivir. Arendt supo ver el papel de la ideolog铆a para aislar a los individuos y hacerlos renunciar a su libertad de pensamiento.

Samantha Rose Hill

Lo que prepara a los hombres para el dominio totalitario en el mundo no totalitario es el hecho de que la soledad, anta帽o una experiencia liminal habitualmente sufrida en ciertas condiciones sociales marginales como la vejez, se ha convertido en una experiencia cotidiana.

1

鈥淧or favor, escr铆beme regularmente, si no me voy a morir aqu铆.鈥 Hannah Arendt no sol铆a empezar as铆 las cartas a su marido, pero en la primavera de 1955 se encontr贸 sola en un 鈥減谩ramo鈥. Tras la publicaci贸n de Los or铆genes del totalitarismo, recibi贸 una invitaci贸n para ser profesora visitante en la Universidad de California, Berkeley. No le gustaba la atm贸sfera intelectual. Sus colegas no ten铆an sentido del humor y la nube del macartismo sobrevolaba la vida social. Le dijeron que habr铆a treinta alumnos en sus clases de licenciatura: hab铆a ciento veinte en cada una. Detestaba dar clases magistrales cada d铆a: 鈥淪encillamente no puedo exponerme ante el p煤blico cinco veces por semana: es decir, no salir nunca del ojo p煤blico. Es como si tuviera que ir por ah铆 busc谩ndome a m铆 misma.鈥 El oasis que encontr贸 era el estibador convertido en fil贸sofo Eric Hoffer, pero tambi茅n ten铆a dudas sobre 茅l: le dijo a su amigo Karl Jaspers que Hoffer era 鈥渓o mejor que puede ofrecer este pa铆s鈥; le dijo a su marido Heinrich Bl眉cher que Hoffer era 鈥渕uy encantador, pero no brillante鈥.

Los periodos de soledad no eran raros para Arendt. Desde muy peque帽a, ten铆a una aguda percepci贸n de ser diferente, una outsider, una paria, y a menudo prefer铆a estar sola. Su padre muri贸 de s铆filis cuando ella ten铆a siete a帽os; ella fingi贸 toda clase de enfermedades para evitar ir al colegio y quedarse en casa; su primer marido la dej贸 en Berl铆n tras la quema del Reichstag; fue ap谩trida durante casi veinte a帽os. Pero, como sab铆a Arendt, la soledad es parte de la condici贸n humana. Todo el mundo se siente solo de vez en cuando.

Al escribir sobre la soledad a menudo se cae en uno de estos dos campos: la memoria excesivamente indulgente, o la medicalizaci贸n racional que trata la soledad como algo que puede curarse. Los dos enfoques dejan al lector un poco fr铆o. Uno se obsesiona con la soledad, mientras que el otro intenta librarse de ella por completo. Y esto en parte se debe a que la soledad es muy dif铆cil de comunicar. En cuanto empezamos a hablar de soledad, transformamos una de las experiencias que se perciben de manera m谩s profunda en un objeto de contemplaci贸n y algo sometido a la raz贸n. El lenguaje no consigue capturar la soledad porque la soledad es un t茅rmino universal que se aplica a una experiencia particular. Todo el mundo experimenta la soledad, pero lo hace de forma distinta.

Como palabra, loneliness es relativamente nueva para el idioma ingl茅s. Uno de sus primeros usos est谩 en la tragedia Hamlet de William Shakespeare, que se escribi贸 en torno a 1600. Polonio ruega a Ofelia: 鈥淟ee de este libro, que mostrar ese ejercicio puede dar color a tu soledad.鈥 (Le aconseja que lea un libro de oraciones, para que nadie sospeche de que est茅 sola: la connotaci贸n es no estar con los dem谩s, en vez de cualquier sentimiento de desear estarlo.)

A lo largo del siglo XVI, a menudo se evoca a la soledad en sermones para asustar a los parroquianos y alejarlos del pecado: a la gente se le ped铆a que se imaginara en lugares solitarios como el infierno o una tumba. Pero bien avanzado el siglo XVII, la palabra se utilizaba pocas veces. En 1674, el naturalista ingl茅s John Ray incluy贸 鈥渟oledad鈥 en una lista de palabras de uso poco frecuente, y la defini贸 como un t茅rmino para describir lugares y personas 鈥渓ejos de sus vecinos鈥. Un siglo m谩s tarde, la palabra no hab铆a cambiado mucho. En el Diccionario de la lengua inglesa (1755), Samuel Johnson describi贸 el adjetivo lonely 煤nicamente en los t茅rminos de estar solo (el 鈥渮orro solitario鈥) o un lugar desierto (鈥渞ocas solitarias鈥), de manera similar a como Shakespeare utiliz贸 el t茅rmino en el ejemplo anterior de Hamlet.

Hasta el siglo XIX, la soledad estaba vinculada con una acci贸n 鈥揷ruzar un umbral, viajar a un lugar fuera de una ciudad鈥 y ten铆a menos que ver con las emociones. Descripciones de la soledad y el abandono se utilizaban para inducir el terror de la inexistencia en los hombres, para hacer que imaginaran el aislamiento absoluto, separados del mundo y el amor de Dios. Y, en cierto modo, tiene sentido. La primera palabra negativa que dice Dios sobre su creaci贸n en la Biblia aparece en el G茅nesis tras hacer a Ad谩n: 鈥淵 el se帽or Dios dijo: No es bueno que el hombre est茅 solo; le har茅 ayuda id贸nea para 茅l.鈥

En el siglo XIX, en la modernidad, la soledad perdi贸 su conexi贸n con la religi贸n y empez贸 a ser asociada con los sentimientos laicos de la alienaci贸n. El uso del t茅rmino empez贸 a aumentar bruscamente despu茅s de 1800 con la llegada de la Revoluci贸n industrial, sigui贸 subiendo hasta los a帽os noventa del siglo XX y se estabiliz贸, para ascender de nuevo en las primeras d茅cadas del siglo XXI. La soledad tom贸 car谩cter y causa en Bartleby, el escribiente de Herman Melville (1853), en las pinturas realistas de Edward Hopper y en el poema La tierra bald铆a de T. S. Eliot (1922). Estaba enraizada en el paisaje social y pol铆tico, se le daba un aire rom谩ntico, se poetizaba, se lamentaba.

Pero a mediados del siglo XX, Arendt se acerc贸 a la soledad de otro modo. Para ella, era algo que pod铆a hacerse y algo que pod铆a experimentarse. En los a帽os cincuenta, cuando intentaba escribir un libro sobre Karl Marx en el apogeo del macartismo, empez贸 a pensar en la soledad y su relaci贸n con la ideolog铆a y el terror. Arendt pensaba que la experiencia de la soledad hab铆a cambiado bajo las condiciones del totalitarismo:

Lo que prepara a los hombres para el dominio totalitario en el mundo no totalitario es el hecho de que la soledad, anta帽o una experiencia liminal habitualmente sufrida en ciertas condiciones sociales marginales como la vejez, se ha convertido en una experiencia cotidiana.

El totalitarismo en el poder encontr贸 una forma de cristalizar la experiencia ocasional de la soledad en un estado permanente. A trav茅s del uso del aislamiento y el terror, los reg铆menes totalitarios crearon las condiciones para la soledad, y luego apelaron con propaganda ideol贸gica a la soledad de la gente.

Antes de marcharse a dar clase en Berkeley, Arendt hab铆a publicado un ensayo sobre 鈥淚deolog铆a y terror鈥 (1953) que abordaba el aislamiento y la soledad (tanto en el sentido de loneliness como en el de solitude, a veces traducido como 鈥渧ida solitaria鈥) en un Festschrift por el setenta cumplea帽os de Jaspers. Este ensayo, junto a su libro Los or铆genes del totalitarismo, se convirti贸 en la base de su muy solicitado curso en Berkeley, Totalitarismo. Se divid铆a en cuatro partes: la decadencia de las instituciones pol铆ticas, el crecimiento de las masas, el imperialismo y el surgimiento de partidos pol铆ticos como ideolog铆as de grupos de inter茅s. En su conferencia inaugural, present贸 la asignatura reflexionando en torno a c贸mo la relaci贸n entre la teor铆a pol铆tica y la ideolog铆a se ha vuelto dudosa en la era moderna. Argument贸 que hab铆a una voluntad creciente y general de prescindir de la teor铆a en favor de meras opiniones e ideolog铆as. 鈥淢uchos鈥, dijo, 鈥渃reen que pueden dispensar de la teor铆a por completo, lo que por supuesto significa que solo quieren que su propia teor铆a, la que subyace a sus opiniones, se acepte como la verdad del evangelio鈥.

Arendt se refer铆a al modo en el que la 鈥渋deolog铆a鈥 se hab铆a empleado como deseo para divorciar el pensamiento de la acci贸n: ideology en ingl茅s viene del franc茅s id茅ologie, y se utiliz贸 por primera vez durante la Revoluci贸n francesa, pero no se volvi贸 popular hasta la publicaci贸n de La ideolog铆a alemana (escrito en 1846) de Marx y Friedrich Engels y luego Ideolog铆a y utop铆a (1929) de Karl Mannheim, que Arendt rese帽贸 para Die Gesellschaft en 1930.

En 1958 se a帽adi贸 una versi贸n revisada de 鈥淚deolog铆a y terror鈥 como nueva conclusi贸n a la segunda edici贸n de Los or铆genes del totalitarismo.

Los or铆genes del totalitarismo es una obra de seiscientas p谩ginas dividida en tres secciones sobre el antisemitismo, el imperialismo y el totalitarismo. A medida que Arendt trabajaba en 茅l, el texto fue cambiando para incorporar nueva informaci贸n sobre Hitler y Stalin que llegaba de Europa. La conclusi贸n inicial, publicada en 1951, giraba en torno a la idea de que, aunque los reg铆menes totalitarios desaparecieran, los elementos del totalitarismo permanecer铆an. 鈥淟as soluciones totalitarias鈥, escribi贸, 鈥減ueden sobrevivir a la ca铆da de los reg铆menes totalitarios en forma de fuertes tentaciones que aparecer谩n cada vez que parezca imposible aliviar la miseria pol铆tica, social o econ贸mica en una manera digna de los hombres鈥. Cuando Arendt a帽adi贸 鈥淚deolog铆a y terror鈥 a Los or铆genes del totalitarismo en 1958, el tenor de la obra cambi贸. Los elementos del totalitarismo eran numerosos, pero en la soledad encontr贸 la esencia del gobierno totalitario, y el terreno com煤n del terror.

驴Por qu茅 la soledad no es obvia?

La respuesta de Arendt era: porque la soledad separa radicalmente a la gente de la conexi贸n humana. Defini贸 la soledad como una especie de p谩ramo donde una persona se siente abandonada por todo lo humano y por la compa帽铆a humana, incluso cuando la rodean los dem谩s. La palabra que utilizaba en su lengua materna para designar la soledad era Verlassenheit: un estado de ser abandonado, o de abandono. La soledad, arg眉铆a, 鈥渆s una de las experiencias m谩s radicales y desesperadas de la humanidad鈥, porque en la soledad somos incapaces de realizar toda nuestra capacidad para la acci贸n como seres humanos. Cuando experimentamos la soledad, perdemos la capacidad de experimentar cualquier otra cosa; y en soledad no podemos empezar de nuevo.

Para ilustrar por qu茅 la soledad es la esencia del totalitarismo y el terreno com煤n del terror, Arendt distingu铆a la soledad del aislamiento, y soledad en sentido de loneliness, de soledad como solitude. El aislamiento, argumentaba, a veces es necesario para la actividad creativa. Incluso la mera lectura de un libro, dice, requiere cierto grado de aislamiento. Uno debe apartarse a prop贸sito del mundo para hacer sitio a la experiencia de la soledad pero, una vez que est谩 solo, siempre puede volver:

El aislamiento y la soledad no son lo mismo. Yo puedo estar aislado: es decir, hallarme en una situaci贸n en la que no pueda actuar porque no hay nadie que act煤e conmigo, sin estar solo; y puedo estar solo: es decir, en una situaci贸n en la que yo, como persona, me siento abandonado de toda compa帽铆a humana, sin hallarme aislado.

El totalitarismo utiliza el aislamiento para privar a la gente de compa帽铆a humana, imposibilitando la acci贸n en el mundo, y a la vez destruye el espacio para estar solo. La banda de hierro del totalitarismo, como la llamaba Arendt, destruye la capacidad humana de moverse, de actuar y de pensar, mientras enfrenta a cada individuo en este aislamiento contra los dem谩s y contra s铆 mismo. El mundo se vuelve un p谩ramo, donde no son posibles ni la experiencia ni el pensamiento.

Los movimientos totalitarios utilizan la ideolog铆a para aislar a los individuos. Aislar significa 鈥渉acer que una persona est茅 o permanezca sola o lejos de los dem谩s鈥. Arendt dedica la primera parte de 鈥淚deolog铆a y terror鈥 a descomponer las 鈥渞ecetas de ideolog铆as鈥 en sus componentes b谩sicos para mostrar c贸mo se hace:

Las ideolog铆as est谩n separadas del mundo de la experiencia vivida, e impiden la posibilidad de nuevas experiencias;

Las ideolog铆as se ocupan de controlar y predecir la marea de la historia;

Las ideolog铆as no explican lo que es, sino lo que ha llegado a ser;

Las ideolog铆as dependen de procedimientos l贸gicos de pensamiento que est谩n separados de la realidad;

El pensamiento ideol贸gico insiste en una 鈥渞ealidad m谩s verdadera鈥, oculta tras el mundo de las cosas perceptibles.

Nuestra forma de pensar en el mundo afecta a las relaciones que tenemos con los dem谩s. Al inyectar un significado secreto en cada acontecimiento y experiencia, los movimientos ideol贸gicos se ven forzados a cambiar la realidad de acuerdo con sus afirmaciones cuando llegan al poder. Y eso significa que uno ya no puede confiar en la realidad de sus experiencias vividas en el mundo. En vez de eso, debe aprender a desconfiar de s铆 mismo y de los dem谩s, y a confiar siempre en la ideolog铆a del movimiento, que debe ser correcta.

Pero para hacer que los individuos sean susceptibles a la ideolog铆a, primero debes destruir su relaci贸n consigo mismos y con los dem谩s haci茅ndolos esc茅pticos y c铆nicos, de forma que ya no puedan confiar en su propio juicio:

De la misma manera que el terror, incluso en su forma pretotalitaria y simplemente tir谩nica, arruina todas las relaciones entre los hombres, as铆 la autocoacci贸n del pensamiento ideol贸gico arruina todas las relaciones con la realidad. La preparaci贸n ha tenido 茅xito cuando los hombres pierden el contacto con sus semejantes tanto como con la realidad que existe en torno de ellos; porque, junto con estos contactos, los hombres pierden la capacidad tanto para la experiencia como para el pensamiento. El objeto ideal de la dominaci贸n solitaria no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino las personas para quienes ya no existen la distinci贸n entre el hecho y la ficci贸n (es decir, la realidad emp铆rica) y la distinci贸n entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento).

La soledad organizada, engendrada a partir de la ideolog铆a, conduce al pensamiento tir谩nico, y destruye la capacidad que tiene un individuo para distinguir entre hechos y ficci贸n, de hacer juicios. En soledad, uno es incapaz de llevar una conversaci贸n consigo mismo, porque la capacidad que tiene para pensar se ve en un compromiso. El pensamiento ideol贸gico nos aparta del mundo de la experiencia vivida, mata de hambre la imaginaci贸n, niega la pluralidad y destruye el espacio entre los hombres que permite que se relacionen de formas significativas. Y una vez que el pensamiento ideol贸gico ha arraigado, la experiencia y la realidad ya no tienen efecto sobre el pensamiento. En vez de eso, la experiencia se somete a la ideolog铆a al pensar. Por eso cuando Arendt habla de la soledad, no solo habla de experiencia afectiva de la soledad: habla de una forma de pensar. La soledad surge cuando el pensamiento est谩 separado de la realidad, cuando el mundo com煤n ha sido reemplazado por la tiran铆a de las demandas l贸gicas coercitivas.

Pensamos a partir de la experiencia, y cuando ya no tenemos nuevas experiencias en el mundo a partir de las cuales pensar, perdemos los criterios de pensamiento que nos gu铆an a la hora de pensar en el mundo. Y cuando uno se somete a la autocompulsi贸n del pensamiento ideol贸gico, renuncia a la libertad interior de pensar. Es este sometimiento forzoso de la deducci贸n l贸gica lo que 鈥減repara a cada individuo para la tiran铆a en su solitario aislamiento frente a todos los dem谩s鈥. El libre movimiento para pensar se ve sustituido por la corriente propulsiva y singular del pensamiento ideol贸gico.

En uno de sus diarios, Arendt se pregunta 鈥淕ibt es ein Denken das nicht Tyrannisches ist?鈥 (鈥溌縃ay una forma de pensar que no sea tir谩nica?鈥). Sigue la pregunta con la afirmaci贸n de que la cuesti贸n es evitar que te lleve la marea. 驴Qu茅 permite a los hombres dejarse llevar? Arendt arguye que el miedo subyacente que atrae a alguien a una ideolog铆a es el miedo a la autocontradicci贸n. Este miedo a la autocontradicci贸n es el motivo por el que pensar es peligroso: porque pensar tiene el poder de desarraigar nuestra fe, nuestras creencias, nuestro conocimiento de nosotros mismos. Pensar puede desnudar todo lo que apreciamos, en lo que confiamos, lo que damos por sentado d铆a a d铆a. Pensar tiene el poder de deshacernos.

Pero la vida es ca贸tica. Entre el caos y la incertidumbre de la existencia humana, necesitamos una sensaci贸n de lugar y sentido. Necesitamos ra铆ces. Y las ideolog铆as, como las sirenas en la Odisea de Homero, nos atraen. Pero quienes sucumben al canto de sirena del pensamiento ideol贸gico deben apartarse del mundo de la experiencia vivida. Al hacerlo, no pueden confrontarse consigo mismos al pensar porque si lo hacen se arriesgan a socavar las creencias ideol贸gicas que les han dado su concepci贸n de prop贸sito y lugar. Por decirlo de manera muy sencilla: la gente que se suscribe a una ideolog铆a tiene ideas, pero es incapaz de pensar por s铆 misma. Y esa incapacidad de pensar, de hacerse compa帽铆a a s铆 mismos, provoca que se sientan solos.

El argumento de Arendt sobre la soledad y el totalitarismo no es f谩cil de tragar, porque implica un elemento de ordinariedad en las tendencias totalitarias que apelan a la soledad: si no te satisface la realidad, si olvidas lo bueno y siempre pides algo mejor, si no est谩s dispuesto a enfrentarte cara a cara con el mundo tal como es, ser谩s susceptible al pensamiento ideol贸gico. Ser谩s susceptible a la soledad organizada.

Cuando Arendt escribi贸 a su marido: 鈥淪encillamente no puedo exponerme ante el p煤blico cinco veces por semana: es decir, no salir nunca del ojo p煤blico. Es como si tuviera que ir por ah铆 busc谩ndome a m铆 misma鈥, no se quejaba vanidosamente del foco. La exposici贸n constante a una audiencia p煤blica hac铆a que le resultara imposible mantener compa帽铆a consigo misma. Era incapaz de encontrar el espacio privado y reflexivo para pensar. Era incapaz de poblar su soledad.

Esa es una de las paradojas de la soledad. La soledad como solitude o vida solitaria requiere estar solo mientras que la soledad como loneliness se revela de forma m谩s aguda en compa帽铆a de otros. Del mismo modo que dependemos del mundo p煤blico de las apariencias para obtener reconocimiento, necesitamos el dominio privado de la v铆a solitaria para estar solos con nosotros mismos y pensar. Y eso es lo que perd铆a Arendt cuando perd铆a el espacio para estar sola consigo misma. 鈥淟o que torna la soledad tan insoportable鈥, escrib铆a, 鈥渆s la p茅rdida del propio yo, que puede realizarse en la vida solitaria…鈥.

En la vida solitaria puedes hacerte compa帽铆a a ti mismo, entablar una conversaci贸n contigo mismo. En esa soledad, no pierdes contacto con el mundo, porque el mundo de la experiencia siempre est谩 presente en nuestros pensamientos. Por citar a Arendt (que a su vez citaba a Cicer贸n): 鈥淯n hombre nunca est谩 m谩s activo que cuando no hace nada, nunca menos solo que cuando carece de compa帽铆a. Eso es lo que el pensamiento ideol贸gico y el pensamiento tir谩nico destruyen: nuestra capacidad para pensar con y para nosotros. Esa es la ra铆z de la soledad organizada.鈥 


Traducci贸n del ingl茅s de Daniel Gasc贸n.

Publicado originalmente en Aeon.

Samantha Rose Hill

es asistente de direcci贸n del Hannah Arendt Center for Politics and Humanities, profesora asociada visitante en Bard y profesora asociada en el Brooklyn Institute for Social Research. En 2021 publicar谩 una biograf铆a de Hannah Arend

Fuente: https://www.letraslibres.com/espana…




Fuente: Grupotortuga.com