January 21, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
216 puntos de vista


Pocos libros han provocado tanto revuelo como Eichmann en Jerusal茅n. Un estudio sobre la banalidad del mal. Hannah Arendt acept贸 ser la corresponsal de The New Yorker durante el juicio celebrado en Jerusal茅n contra Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS y uno de los principales responsables de la deportaci贸n de los jud铆os europeos a los campos de exterminio nazis. David Ben Gurion quer铆a recordar al mundo que millones de jud铆os hab铆an sido asesinados por el simple hecho de ser jud铆os, no por sus actos o ideas: 芦Queremos que todas las naciones sepan que deben avergonzarse禄. La aparente insignificancia de Eichmann, p谩lido y fantasmal en la cabina blindada, contrastaba con la magnitud de sus cr铆menes. Hace unos a帽os, el l铆der ultraderechista Jean-Marie Le Pen declar贸 que el Holocausto s贸lo era una nota a pie de p谩gina en la historia de la Segunda Guerra Mundial. Desgraciadamente, ten铆a raz贸n, si juzgamos el genocidio de jud铆os, gitanos y otras minor铆as desde el punto de vista del lugar que ocup贸 en la conciencia de la sociedad europea o la norteamericana. El destino de los jud铆os nunca preocup贸 demasiado y su exterminio cont贸 con la cobertura legal e institucional. Las leyes de N煤remberg, aprobadas por unanimidad el 15 de septiembre de 1935 durante el s茅ptimo congreso anual del NSDAP, s贸lo representaron el primer paso de la discriminaci贸n, exclusi贸n y exterminio de la poblaci贸n jud铆a, un procedimiento que no adquiri贸 el car谩cter de secreto de Estado hasta su 煤ltimo tramo (Conferencia de Wannsse, 20 de enero de 1942), si bien por entonces corr铆an por toda Europa historias sobre asesinatos masivos en c谩maras de gas. Jan Karski , enlace del gobierno polaco en el exilio, y el conde Edward Raczy艅ski, ministro de Asuntos Exteriores, informaron del genocidio a lo largo de 1942. Karski aport贸 su testimonio, pues hab铆a visitado clandestinamente el gueto de Varsovia y el campo de transici贸n de Izbica, y Raczy艅ski proporcion贸 pruebas y documentos en un informe titulado 芦El exterminio masivo de jud铆os en Polonia bajo la ocupaci贸n alemana禄. Los aliados no adoptaron ninguna medida para frenar o mitigar el drama.

Esa indiferencia alcanz贸 el cinismo m谩s escandaloso en la Alemania de la posguerra, cuando nadie se escandaliz贸 por la presencia de antiguos criminales nazis en la Administraci贸n de Adenauer. A mediados de los a帽os sesenta a煤n era frecuente en las zonas rurales que los vecinos se saludaran con un cordial 芦Heil Hitler!禄. En 1968, Beate Klarsfeld, famosa cazadora de nazis, abofete贸 en p煤blico a Kurt Georg Kiesinger, l铆der de la Uni贸n Dem贸crata Cristiana (CDU) y canciller de la Rep煤blica Federal Alemana. Kiesinger hab铆a militado en el NSDAP desde 1933 hasta 1945, ocupando cargos de relativa importancia en el ministerio de Asuntos Exteriores. Al finalizar la guerra, pas贸 dieciocho meses en un campo de prisioneros, sin que eso afectara a su posterior carrera pol铆tica. Beate Klarsfeld fue condenada a un a帽o de prisi贸n, pero no lleg贸 a ingresar en la c谩rcel. Durante el resto de su vida, Kiesinger se neg贸 a hablar del incidente. Su caso demuestra que el nazismo siempre disfrut贸 de amplias simpat铆as en la sociedad alemana. El fiscal Hausner se帽al贸 en el proceso contra Eichmann que los arquitectos del genocidio no eran vulgares hampones, sino abogados, profesores, m茅dicos, banqueros, economistas. El responsable 煤ltimo no era el Gobierno nazi, sino varios siglos de odio institucional y popular a los jud铆os: 芦En este hist贸rico juicio, no es un individuo quien se sienta en el banquillo, no es tampoco el r茅gimen nazi, sino el antisemitismo secular禄.

La defensa de Eichmann se bas贸 en la obediencia debida, particularmente estricta en un r茅gimen totalitario, pero en los papeles que el acusado escribi贸 durante su cautiverio en Israel se defini贸 como Gottgl盲ubiger, el t茅rmino empleado por los nazis que repudiaban el mensaje cristiano y no cre铆an en la vida despu茅s de la muerte. Adscrito a esa visi贸n m铆stica, Eichmann describi贸 su nacimiento como un acontecimiento que brota del 芦m谩s alto Portador de Significado禄. Esa grandilocuencia choca con su mediocre trayectoria. Ni siquiera consigui贸 finalizar el instituto, pero m谩s tarde se atribuir铆a el t铆tulo de ingeniero aeron谩utico. Su suerte cambi贸 en 1932, tras conocer a Ernst Kaltenbrunner, que lo anim贸 a afiliarse al Partido. Eichmann, un hombre gris y de escasa iniciativa, descubrir谩 enseguida las ventajas de la 芦obediencia debida禄, que exime de pensar, juzgar y rectificar. La derrota de Alemania significar铆a una cat谩strofe para su temperamento gregario: 芦Comprend铆 que tendr铆a que vivir una dif铆cil vida individualista, sin un jefe que me guiara, sin recibir instrucciones, 贸rdenes ni representaciones, sin reglamentos que consultar, en pocas palabras, ante m铆 se abr铆a una vida desconocida que nunca hab铆a llevado禄. Desde las primeras vistas, Hannah Arendt advierte su vac铆o interior y su impotencia para obrar como un individuo: 芦Cuanto m谩s se lo escuchaba, m谩s evidente era que su incapacidad para hablar iba estrechamente unida a su incapacidad para pensar, particularmente para pensar desde el punto de vista de otra persona. No era posible establecer comunicaci贸n con 茅l, no porque mintiera, sino porque estaba rodeado por la m谩s segura de las protecciones contra las palabras y la presencia de otros y, por ende, contra la realidad como tal禄.

Durante el juicio, se hace evidente que Eichmann carece de la empat铆a m谩s elemental. Llama la atenci贸n su 芦incapacidad casi total para considerar cualquier cosa desde el punto de vista de su interlocutor禄. Siente l谩stima de s铆 mismo y no entiende que los otros no simpaticen con su desdicha personal. Se considera un hombre decente y con un acusado sentido de la 茅tica. Cuando uno de los funcionarios de la prisi贸n le entrega un ejemplar de Lolita, la famosa novela de Vlad铆mir Nabokov, lo devuelve escandalizado: 芦Es un libro malsano por completo禄. Escribe Arendt: 芦A pesar de los esfuerzos del fiscal, cualquier pod铆a darse cuenta de que aquel hombre no era un 鈥渕onstruo鈥, pero en realidad se hizo dif铆cil no sospechar que fuera un payaso禄. Asegura que no es antisemita y manifiesta que simpatiza con los sionistas, pero ese argumento no sirve de descargo. Es sabido que los nazis consideraban a los sionistas los 煤nicos jud铆os decentes, pues eran 芦los 煤nicos que pensaban en t茅rminos nacionales禄. Eichmann perora, pero no convence a nadie. S贸lo es un arribista que falsea su biograf铆a y se justifica con lugares comunes. Durante los interrogatorios, cita el imperativo categ贸rico, afirmando que nunca se ha desviado de su mandato. Los polic铆as se limitan a recoger sus palabras. El juez le invita a explicarse, no sabemos si movido por la curiosidad o la indignaci贸n. Eichmann formula aceptablemente la versi贸n m谩s conocida del imperativo de Kant: 芦Quise decir que el principio de mi voluntad debe ser tal que pueda devenir en el principio de las leyes generales禄. La inanidad intelectual del bur贸crata nazi nunca result贸 tan incontestable. No deformaba la 茅tica kantiana. Simplemente no la comprend铆a. 驴O acaso pretend铆a convertir en ley general el robo, la deportaci贸n, la tortura y el asesinato? Est谩 claro que ignoraba otra formulaci贸n del imperativo categ贸rico, alumbrada por Kant para clarificar su sentido: 芦Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca como un medio禄. El exterminio de pueblos y razas es la negaci贸n m谩s obscena del humanismo kantiano. Adem谩s, los nazis se jactaban de acatar la voluntad del F眉hrer, no la de su conciencia. Hans Frank, gobernador general de la Polonia ocupada por los nazis, ide贸 el grotesco 芦imperativo categ贸rico del Tercer Reich禄: 芦Comp贸rtate de tal manera que, si el F眉hrer te viera, aprobara tus actos禄. Nada puede estar m谩s alejado del ideal de autonom铆a elaborado por Kant, seg煤n el cual cada individuo debe actuar como si fuera un legislador universal. Incluso cuando obedece, debe sentir que su voluntad se concierta con la fuente de la norma, que es la raz贸n pr谩ctica y no el capricho arbitrario del gobernante. 芦隆Atr茅vete a pensar!禄, exhorta Kant. Por el contrario, Eichmann invoca la obediencia, subrayando que si hubiera vivido en una sociedad democr谩tica, habr铆a cumplido sus normas con la misma meticulosidad.

Hannah Arendt escribi贸 sus art铆culos con una feroz independencia, sin maquillar hechos ni contemporizar. No ocult贸 la responsabilidad de los Consejos Jud铆os o Judenrat. Mordechai Chaim Rumkowski, hombre de negocios, militante sionista y director de un orfanato, fue la m谩xima autoridad del gueto de 艁贸d藕 (Polonia). Su despotismo result贸 tan tr谩gico como rid铆culo: acu帽贸 moneda y sellos con su efigie, usurp贸 la funci贸n de los rabinos celebrando enlaces matrimoniales, sol铆a desplazarse en una carroza escoltada por la polic铆a jud铆a, lo cual hizo que muchos le llamaran rey Chaim I. En 1941 colabor贸 en las primeras deportaciones masivas al campo de exterminio de Chelmno. Aunque intent贸 negociar una rebaja en el n煤mero de deportados, las autoridades nazis no cedieron ni un 谩pice. Se envi贸 a la muerte a cincuenta y cinco mil jud铆os, seleccionados por la administraci贸n de Rumkowski. En 1942, el Judenrat recibi贸 la orden de deportar a todos los ni帽os menores de diez a帽os, los ancianos y los enfermos. Rumkowski se dirigi贸 a los habitantes del gueto con un ampuloso discurso. 芦Dadme a vuestros hijos禄, exclam贸, justificando el horrible sacrificio para salvar la vida de las personas 芦煤tiles禄. Entre junio y julio de 1944, Rumkowski organiz贸 la deportaci贸n de otros siete mil jud铆os, sin sospechar que en agosto se suprimir铆a el Judenrat y se enviar铆a a todos los jud铆os del gueto a Auschwitz. Rumkowski y su familia murieron el 28 de agosto en las c谩maras de gas de Birkenau. El doctor Kastner aplic贸 el mismo criterio en Hungr铆a. Salv贸 a 1.684 jud铆os, enviando a la muerte a cuatrocientos setenta y seis mil. No quiso guiarse por el azar, sino por 芦principios verdaderamente santos禄. Pens贸 que deb铆an librarse de la muerte los que hab铆an trabajado por la comunidad. Es decir, los funcionarios y los 芦jud铆os prominentes禄. Escribe Hannah Arendt, desde la perspectiva de 1961: 芦Actualmente, en Alemania, esta idea de los jud铆os 鈥減rominentes鈥 todav铆a no ha sido olvidada. [鈥 No son pocos, especialmente en las minor铆as cultas, quienes todav铆a lamentan p煤blicamente que Alemania expulsara a Einstein, sin darse cuenta de que constituy贸 un crimen mucho m谩s grave dar muerte al insignificante vecino de la casa de enfrente, a un Hans Cohn cualquiera, pese a no ser un genio禄.

Hannah Arendt destac贸 que no todos los pa铆ses ocupados por el Reich alem谩n colaboraron en la deportaci贸n de los jud铆os: 芦Suecia, Italia y Bulgaria, al igual que Dinamarca, resultaron ser inmunes al antisemitismo, pero de las tres naciones que estaban en la esfera de la influencia alemana, solamente Dinamarca se atrevi贸 a hablar claramente del asunto a sus amos alemanes禄. Italia y Bulgaria sabotearon las 贸rdenes, explotando el ingenio para salvar a sus compatriotas jud铆os. Los daneses se opusieron frontalmente. Cuando los alemanes les propusieron que se identificara a los jud铆os con estrellas amarillas, contestaron que el rey ser铆a el primero en llevarla y que incumplir铆an cualquier medida discriminatoria. Cuando los nazis impusieron la ley marcial, las tropas destinadas a Dinamarca hab铆an cambiado profundamente desde hac铆a mucho tiempo y se negaron a participar en las deportaciones. Himmler envi贸 desde Alemania unidades especiales de polic铆a para detener a las familias jud铆as en sus domicilios. El gobierno dan茅s orden贸 a su polic铆a que impidiera los arrestos, utilizando la fuerza si era necesario. Los alemanes, que no hab铆an encontrado oposici贸n en otros pa铆ses, al final se limitaron a prender a los jud铆os que abrieron voluntariamente la puerta de su casa. La redada se sald贸 con 447 detenciones. Mientras tanto, la Resistencia danesa evacu贸 a Suecia a ocho mil jud铆os daneses, logrando que el Gobierno aceptara su presencia mediante un comunicado oficial. Observa Hannah Arendt: 芦Dif铆cil resulta vencer la tentaci贸n de recomendar que esta historia sea de obligada ense帽anza a todos los estudiantes de ciencias pol铆ticas para que conozcan un poco el formidable poder propio de la acci贸n no violenta y de la resistencia, ante un contrincante que tiene medios de violencia ampliamente superiores禄.

Hannah Arendt tambi茅n cita la historia de Anton Schmid, soldado alem谩n de origen austr铆aco. Electricista de profesi贸n, y con una peque帽a tienda de radios en Viena, fue enviado a Vilna (Lituania) despu茅s del Anschluss. Ascendido a comandante de la Wehrmacht, pudo contemplar c贸mo se hacinaba a los jud铆os en guetos y se asesinaba a centenares de ellos cerca de Ponary, donde los nazis cometieron una horrible masacre. La escena de unos ni帽os apaleados hasta la muerte hizo que Anton Schmid empezara a facilitar documentaci贸n falsa a las familias jud铆as para que huyeran de Vilna. Sus gestiones salvaron doscientas cincuenta vidas de hombres, mujeres y ni帽os. Descubierto por sus superiores, fue fusilado y no se inform贸 a su esposa Steffi de la ejecuci贸n, quiz谩 con la intenci贸n de agravar su dolor, pues una desaparici贸n siempre es m谩s mortificante que una muerte. 芦La lecci贸n de esta historia es sencilla 鈥揳punta Hannah Arendt鈥 y al alcance de todos. Desde un punto de vista pol铆tico, nos dice que en circunstancias de terror, la mayor铆a de la gente se doblegar谩, pero algunos no se doblegar谩n, del mismo modo que la lecci贸n que nos dan los pa铆ses a los que se propuso la aplicaci贸n de la Soluci贸n Final es que 鈥減udo ponerse en pr谩ctica鈥 en la mayor铆a de ellos, pero no en todos. Desde un punto de vista humano, la lecci贸n es que actitudes como la que comentamos constituyen cuanto se necesita, y no puede razonablemente pedirse m谩s, para que este planeta siga siendo un lugar apto para que lo habiten seres humanos禄.

Martin Buber conden贸 la ejecuci贸n de Eichmann, argumentando que la muerte del criminal nazi actuaba como una esclusa de la culpabilidad colectiva del pueblo alem谩n. Karl Jaspers lament贸 que el juicio no se hubiera celebrado ante un tribunal internacional, una reflexi贸n compartida por Hannah Arendt, pues entend铆a que el genocidio perpetrado por el Reich alem谩n era 芦un ataque contra la diversidad humana禄 y 芦la monstruosidad de los hechos ocurridos queda 鈥渕inimizada鈥 ante un tribunal que 煤nicamente representa a un Estado禄. S贸lo un tribunal penal internacional habr铆a podido tipificar el genocidio como 芦un delito espec铆fico禄 deslindado del asesinato com煤n, sentando las bases de una relaci贸n 茅tica entre los Estados, donde el uso arbitrario de la fuerza se juzgara como una perversi贸n del poder pol铆tico. El genocidio es el signo de identidad del totalitarismo y su persecuci贸n debe ser competencia de cualquier tribunal democr谩tico. Nace de la percepci贸n de ciertos grupos humanos como indeseables o superfluos. En la era nuclear, el exterminio deja de ser un procedimiento lento y penoso. Es suficiente lanzar una bomba para destruir miles de vidas humanas. Arendt estima que 芦si en la actualidad el genocidio es una posibilidad de futura realizaci贸n, ning煤n pueblo del mundo 鈥搚 en especial el pueblo jud铆o, tanto si es el de Israel como si no鈥 puede tener una razonable certeza de supervivencia, sin contar con la ayuda y protecci贸n del derecho internacional禄. Lo m谩s sobrecogedor del caso Eichmann es que el bur贸crata nazi 芦no era un Yago ni un Macbeth禄 y, menos a煤n, un 芦Ricardo III禄. Seg煤n Arendt, tampoco era un est煤pido, sino 芦pura y simple irreflexi贸n禄. Hubo 芦muchos hombres como 茅l禄. No 芦fueron pervertidos ni s谩dicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terror铆ficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras instituciones jur铆dicas y de nuestros criterios morales, esta normalidad resultaba mucho m谩s terror铆fica que todas las atrocidades juntas, por cuanto implicaba que este nuevo tipo de delincuente [鈥 que, en realidad, merece la calificaci贸n de hostis generis humani, comete sus delitos en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de maldad禄.

Hannah Arendt nos cuenta que Eichmann se dirigi贸 al pat铆bulo con entereza. Despu茅s de beber media botella de vino y rechazar la asistencia de un pastor protestante, rechaz贸 la capucha negra que le ofreci贸 el verdugo. Sus 煤ltimas palabras fueron: 芦Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los hombres. 隆Viva Alemania! 隆Viva Austria! 隆Viva Argentina! Nunca las olvidar茅禄. Arendt considera que Eichmann se despidi贸 del mundo con una sarta de majader铆as: 芦Incluso ante la muerte, encontr贸 el clich茅 propio de la oraci贸n f煤nebre. [鈥 Fue como si en aquellos 煤ltimos minutos resumiera la lecci贸n que su larga carrera de maldad nos ha ense帽ado, la lecci贸n de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se siente impotentes禄. Arendt justifica la pena de muerte dictada contra Eichmann: 芦Del mismo modo que t煤 apoyaste y cumplimentaste una pol铆tica de unos hombres que no deseaban compartir la tierra con el pueblo jud铆o ni con ciertos otros pueblos de diversa naci贸n 鈥揷omo si t煤 y tus superiores tuvierais el derecho de decidir qui茅n puede y qui茅n no puede habitar en el mundo鈥, nosotros consideramos que nadie, es decir, ning煤n miembro de la raza humana, puede desear compartir la tierra contigo. 脡sta es la raz贸n, la 煤nica raz贸n, por la que has de ser ahorcado禄. 驴Se puede considerar que el genocidio es un delito infrecuente, que las c谩maras de gas pertenecen a un pasado irrepetible? Desde que acab贸 la Segunda Guerra Mundial, las matanzas no han cesado: Vietnam, Camboya, Indonesia, Guatemala, Chile, Argentina, Ruanda, Bosnia-Herzegovina鈥 Podr铆an citarse m谩s casos, pero es innecesario. Sin embargo, el totalitarismo como fen贸meno pol铆tico no es una masacre m谩s. Se caracteriza por un rango distintivo: 芦el criterio selectivo depende 煤nicamente de ciertos factores circunstanciales禄. Despu茅s de liquidar a los enfermos incurables, Hitler pensaba eliminar a los alemanes 芦gen茅ticamente lesionados禄, con enfermedades pulmonares o card铆acas. En la 芦cultura del descarte禄, por utilizar una expresi贸n del papa Francisco, podr铆a considerarse una medida de higiene p煤blica suprimir las vidas de los individuos improductivos o con escasas expectativas de 茅xito. S贸lo hace falta una idea, un absoluto moral o pol铆tico, para poner en funcionamiento las f谩bricas de la muerte. Puede ser la excelencia econ贸mica, biol贸gica o social. O la materializaci贸n de una utop铆a con apariencia de justicia o equidad. O la creaci贸n de un nuevo orden mundial. El totalitarismo empieza donde acaba el individuo. Nunca se disipar谩 su amenaza. La banalidad del mal reside en considerar que hay vidas banales, prescindibles. Conviene releer de vez en cuando a Hannah Arendt para recordar que cualquier vida debe ser objeto de respeto y reconocimiento. Los que se atreven a cuestionarlo, rescatar谩n antes o despu茅s la rampa de Auschwitz.

05/06/2015

Fuente: https://www.revistadelibros.com/blo…




Fuente: Grupotortuga.com