September 24, 2021
De parte de La Haine
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Ls diferencias por clase social que existen entre las mujeres y sus implicaciones en el desarrollo de pol铆ticas p煤blicas relevantes para las mujeres (y para los hombres)

Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente c贸mo se expresa tal machismo. No es, pues, de extra帽ar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo). La bienvenida concienciaci贸n de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, tambi茅n viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ah铆 la pluralidad de movimientos feministas.

Qued贸 ello claro hace varios d铆as en un hecho que adquir铆a gran visibilidad medi谩tica en EEUU, y que ocurri贸 en la Harvard University, el centro acad茅mico con m谩s recursos, m谩s rico y m谩s poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en ‘endowment’ (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos). Las matr铆culas de los estudiantes son una parte muy min煤scula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversi贸n m谩s importantes del pa铆s. El hecho que sea un centro educativo es una actividad m谩s que le da nombre, pero la mayor铆a de sus fondos se obtienen a trav茅s de las inversiones de su ‘endowment’. La riqueza de recursos es, pues, su caracter铆stica principal.

Dicha universidad es tambi茅n donde parte de la 茅lite de EEUU se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EEUU, es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (鈥渓iberal鈥 en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra 鈥渓iberal鈥 en EEUU quiere decir socialdem贸crata o ‘socialista’, de los cuales hay muy pocos en Harvard. Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de informaci贸n espa帽oles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilizaci贸n del t茅rmino 鈥渓iberal鈥, crea una confusi贸n enorme en la audiencia de tales rotativos).

El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres. Ahora bien, en 1977 tomaron la decisi贸n de intentar parecer m谩s modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de 茅lite, como fue el caso del estudiante Obama, que lleg贸 a ser presidente del pa铆s), m谩s tarde a latinos y, 煤ltimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista.

Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurri贸 recientemente cuando el que hab铆a sido ministro de Hacienda del gobierno de Clinton, el se帽or Larry Summers fue nombrado, por el ‘Executive Board’ de tal universidad, presidente de la Universidad. En una entrevista, dicho se帽or Summers dijo que el hecho de que no hubiera m谩s mujeres que fueran catedr谩ticas en disciplinas cient铆ficas como f铆sica o qu铆mica, se deb铆a 鈥搒eg煤n 茅l- a razones biol贸gicas, es decir, que las mujeres no eran h谩biles para tales ciencias.

El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta

El esc谩ndalo que tales declaraciones crearon fue may煤sculo, de manera que el ‘Executive Board’ de la Universidad r谩pidamente indic贸 que nombrar铆a a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurri贸.

Se nombr贸 como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, adem谩s de mujer, una conocida feminista entre la comunidad cient铆fica que hab铆a animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo as铆 con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado pr谩cticamente por la mayor铆a de las asociaciones feministas de EEUU

El feminismo popular

Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compa帽铆a Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los m谩s exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo acad茅mico de tal ciudad). Tal hotel el a帽o pasado consigui贸 uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayor铆a de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor n煤mero de habitaciones a limpiar por d铆a y mayor n煤mero de accidentes.

Durante m谩s de tres a帽os tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podr铆an defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo. Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos a帽os. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EEUU, figuras del establishment pol铆tico-medi谩tico del pa铆s, ignoraron estas peticiones. En un interesante art铆culo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment pol铆tico-acad茅mico-medi谩tico estadounidense, no representaban los intereses de la mayor铆a de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas. El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareci贸 tambi茅n en la definici贸n de sus intereses. La realidad es que la integraci贸n de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares.

Y ello apareci贸 tambi茅n claramente en las 煤ltimas elecciones a la Presidencia de aquel pa铆s. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Dem贸crata intentara movilizar a las mujeres present谩ndose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayor铆a de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialdem贸crata, apel贸 al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptaci贸n y atractivo para las clases populares. La clase social, despu茅s de todo, contin煤a siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino tambi茅n en el mundo de la mujer.

Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular

Y esto ocurre tambi茅n en Espa帽a. La evidencia cient铆fica existente muestra claramente que, en Espa帽a, aquellos servicios del Estado del bienestar que est谩n menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia 鈥搈al llamadas guarder铆as en nuestro pa铆s- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El d茅ficit en el desarrollo de tales servicios en este pa铆s es enorme.

Y en Espa帽a cuando decimos 鈥渇amilia鈥 queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los pa铆ses del sur de Europa (donde las derechas han sido hist贸ricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido hist贸ricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el n煤mero de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22. En Espa帽a, la proporci贸n es de 42 versus 8.

Ah铆 radica el escas铆simo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer espa帽ola tiene tres veces m谩s de enfermedades debidas al estr茅s que el hombre. Y la mujer m谩s afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ah铆 que la mayor铆a de encuestas muestren que, adem谩s de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas m谩s comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios. Es urgente que los partidos pol铆ticos que est谩n enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalizaci贸n de tales servicios en Espa帽a. Espa帽a (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciaci贸n de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. As铆 de claro.

Nueva Tribuna




Fuente: Lahaine.org