May 2, 2021
De parte de Lobo Suelto
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Es ya famosa esa frase de Fogwill -un poco altisonante, un poco chanta- en la que dice 鈥escribo para no ser escrito鈥. Se volvi贸 una suerte de lugar com煤n, de frase f谩cil. Es, en cualquier caso, una respuesta posible a una pregunta siempre acechante, siempre capaz de estirarse, de ponerse en abismo: la pregunta de qui茅n est谩 hablando en un texto, qui茅n habla a trav茅s de nuestra voz 驴el discurso, nuestra subjetividad, nuestra 茅poca, etc.? En realidad, la respuesta m谩s certera es la que tira por la borda esa pregunta, la que se despacha con una ocurrencia centelleante, la que cristaliza en una frase, un gesto o una acci贸n su desinter茅s por las reflexiones excesivamente profundas. As铆 funciona -y por eso gusta- esta frase de Fogwill.

La literatura de Libertella 鈥搒us cr铆ticas, sus ideas repetid铆simas, sus obsesiones, sus chistes, sus slogans- parece deslizarse sobre ese tipo de preguntas y brindar una respuesta precisa. Sabe balancearse entre el juego y el an谩lisis severo, entre la definici贸n fin铆sima y la ocurrencia disparatada, entre la lectura de la letra y el abordaje te贸rico o de g茅nero.

Una manera de entrar a su obra, una manera como cualquier otra, es se帽alar que Libertella siempre tiene grandes salidas, siempre te sale con alguna idea fascinante, plena de humor e ingenio. Unas ideas siempre arbitrarias, que solo reconocen al capricho del que habla como 铆ndice de verdad, una arbitrariedad que desconoce el imperio del signo, que no le interesa encontrar entre la pr谩ctica de escribir y la de leer (o de ser escrito) un intercambio comunicativo, una producci贸n de sentido. Simplemente se propone la escritura de su pasi贸n, la aceptaci贸n de una patolog铆a como la principal fuerza para enfrentar los miedos y las conveniencias, para conseguir una voz que pueda 鈥transmitir sin comunicar鈥.

El que habla siempre es uno y habla porque s铆, porque esa es su verdad.

 

 

Vivir atormentado de sentido

En estos tiempos de desesperaci贸n por alcanzar consensos y balances, en medio de esta crisis de sobreproducci贸n de sentidos -que se intenta paliar con incentivos a la comprensi贸n- se hace imperioso destacar su apuesta por la singularidad, su esmero por desmembrar los presupuestos culturales que pretenden acercarnos, que quieren convencernos de que no hay m谩s remedio que entendernos. Y esa confianza en la comunicaci贸n se sostiene en una concepci贸n del signo que hay que desbaratar. Libertella insist铆a en que la literatura es eso que siempre guarda resistencia a la interpretaci贸n, que siempre tiene un resto y que por lo tanto no es asimilable al pensamiento. Es por eso que su lector ideal no est谩 del lado del lector culto y racional, capaz de descubrir todas las referencias de un texto, sino del que puede realizar en el acto de leer una experiencia propia. Es algo que solo recuerda haber observado en su infancia, cuando a los 10 a帽os escribi贸 su primera novela y la dio a leer a sus amiguitos que participaban de 鈥un mundo un poco salvaje, sin lectura literaria, sin interpretaci贸n culta鈥. Esos son los lectores deseados, en los que deber铆amos convertirnos. Es lo que busca el mismo Libertella: llegar a leer como un ni帽o, leer como un mono, estar a la altura de su mito de origen: 鈥a aquellos monos me debo, a esa manera de leer sin la pr贸tesis de la opini贸n o la doxa鈥.

Esa inocencia, ese encuentro con la materialidad de la letra, es la que se impone en tiempos donde reinan las relativizaciones. De modo que si el ejercicio de la lectura ya no se limita a la b煤squeda fr铆a del punto de vista m谩s certero y adecuado para comprender, s贸lo puede entenderse el sostenimiento de ciertas costumbres como un ritual absurdo, una hermen茅utica de monjas de clausura (de sentido), esa pantomima solemne que viene a rellenar lo que no se ha dicho, un medida de salud p煤blica que traduce la letra enferma, incomprensible.

Estas costumbres son, en los diferentes libros de Libertella y en nuestra actualidad: las decisiones editoriales, la cr铆tica acad茅mica, los suplementos culturales, los grupos de estudio, los disidentes, los transgresores. En fin, se trata de cualquier forma de leer que procese textos para producir consensos, que fuerce el texto a decir eso que todos tenemos en com煤n y no est谩 dicho, que crea que lo no dicho es lo que hay que inventar y no el blanco sobre el que se escribe. Y se trata a la vez de esa impostura que se esmera en elaborar el inter茅s y el entusiasmo que la lectura ya no genera por s铆 misma: 鈥Un amigo me dec铆a que leer ya le dol铆a un poco. 驴Acaso leer intensamente ya duele un poco porque pas贸 a ser una tortura que s贸lo cumple su disciplina f铆sica en los ghettos, en los patios cerrados de alg煤n sal贸n literario o en el seno de la Academia, como decir, sino, en los verdes campos de Treblinka?鈥 Libertella no se sonroja al decir que este modo de leer (ni al sugerir que quiz谩s todos) es aburrido. Estas lecturas ya no divierten a nadie 鈥搒iempre solemnes niegan el car谩cter l煤dico, siempre centrando no juegan el juego de las diferencias-. Solo pueden entenderse como el esfuerzo impostado de integrar comunidades, de tolerar bodrios para pertenecer a la cultura.

Frente a este tipo de posturas, impone su abordaje inocente, que parte de peque帽as iluminaciones, que encuentra en el barroco de Lezama y Sarduy un origen para entender lo latinoamericano y que arma su corpus con Puig, Lihn y Zelarray谩n. As铆 responde a los grupos homologadores de sentido, esos que escarban en la hondura del signo para lograr abrirlo, interpretarlo y completarlo. All谩 donde otros se buscan el cobijo de la cultura, Libertella propone una confianza en las pulsiones propias,  aunque uno termine leyendo su patolog铆a. Porque quien lee confiando en sus impulsos sabr谩 encontrar eso que la letra no dice y est谩 en uno, esa diferencia que habita en uno mismo.

Cultiv谩s tu aire ausente y despreocupado

Por eso en sus 煤ltimos libros se acerca a una escritura m谩s fragmentaria. Como en El 谩rbol de Saussure o Zettel, donde abandona la argumentaci贸n y la narraci贸n, de los que ya estaba cansado por ser funcionales al sistema de la comunicaci贸n, por considerarlas 鈥una pr谩ctica tan esforzada que hoy por hoy ya genera aburrimiento (a m铆; a m铆 ya me genera aburrimiento)鈥. Y por ser las caracter铆sticas de esos g茅neros estancos dados en llamar teor铆a y literatura. Para desechar esa racionalizaci贸n de la letra, se entrega a una l贸gica de mera yuxtaposici贸n, de peque帽os destellos, peque帽os fogonazos que iluminan con una l贸gica particular ciertas partes del texto para oscurecer otras, para espesarlas.

Libertella dec铆a que escribir bien o escribir mal son 鈥dos fantasmas teol贸gicos鈥, que se basan en 鈥la eficacia mercadol贸gica鈥, en el movimiento de oferta y demanda. Pero as铆 como cuestiona el hecho de que toda publicaci贸n est谩 condicionada por estos fantasmas, tambi茅n sostiene la idea de que hay que saber para qui茅n se escribe. El escritor debe pensar cu谩les ser谩n los efectos de su trabajo y debe elegir su papel en el mercado: 鈥si aqu铆 todo modo de la pr谩ctica se incorpora como una presencia ya prevista por el mercado, entonces toda mirada cr铆tica 鈥損or materialista- lo registra y lo discierne en tanto ingenuo o deliberado, pasivo, violento, seductor鈥︹

El se帽alamiento fulminante es que no es posible escaparse de la literatura. Que el mercado fagocita todo circuito escritor-lector, que tiene un lugar para la vanguardia porque todo posicionamiento puede capitalizarse. Repet铆a 鈥all铆 donde hay un interlocutor, uno solo, se constituye un mercado鈥. Es, por lo tanto, abstracta y te贸rica cualquier formulaci贸n del afuera de la literatura, porque no puede sustraerse a la forma de circulaci贸n, al modo en que se determina su valor de cambio. Toda b煤squeda de instalarse en un afuera implica una intenci贸n de esconderse de la literatura. Toda transgresi贸n es, finalmente, lumpen. Porque se enorgullece de su marginalidad fingiendo desconocer que sus textos ser谩n absorbidos por el mercado y porque no comprende la necesidad de llevar adelante la disputa por el sentido, de luchar por imponer nuestra verdad y no sentarse a esperar que otros lo hagan.

Por supuesto que la disputa no es frontal, que no est谩n dados los medios para imponerle una voz al mercado. Pero lo que s铆 es posible, dice Libertella, es singularizarse, encontrar c贸mo decir a trav茅s de la astucia. Usa la imagen del caballo de Troya (esa imagen con la que comienza el g茅nero novela): poder entrar al terreno enemigo para desde all铆 desplegar nuestras ideas. La salida no es la transgresi贸n para romper con el discurso que habitamos, sino la asunci贸n del lugar que ocupamos, de nuestro lugar en el mercado. Se trata de una reivindicaci贸n del ghetto, porque en la afirmaci贸n estrat茅gica de un lugar, en la pr谩ctica intensiva de una escritura personal, se puede trasmitir con m谩s potencia y alcance: 鈥si hay l铆mite, acaso es una divisi贸n que s贸lo estimula su deseo de pasear lo m谩s extensamente adonde le est茅 permitido. Y hasta es posible que, seg煤n el tama帽o de ese deseo, el ghetto sea m谩s grande que la Aldea Global como conjunto鈥. Es, finalmente, un intento, en l铆nea con Barthes, de hacerle trampas al mercado, hacerle trampas a la lengua.

Algunas huellas ya son la piel

Su inter茅s por el barroco y las vanguardias explica su preferencia por el hermetismo, una caracter铆stica central que le permite hacer pasar su idea de la literatura. En ese gesto herm茅tico, consigue darle volumen al texto, mostrar un secreto siempre presente, en el que la comprensi贸n siempre se posterga, donde la claridad nunca llega. Una apuesta sincera y genuina por se帽alar los l铆mites del lenguaje y de la comunicaci贸n, por mostrar la turbia densidad del signo de la que nada puede salir claro y pr铆stino. Un rechazo frontal a lo que llama 鈥la histeria de la transparencia鈥, ese enamoramiento del sentido y del referente, esa somnolienta creencia en las mediaciones entre lenguaje y realidad. Libertella sostiene casi como programa un tipo de escritura que escape a la comunicaci贸n digerible 鈥prescripta por el capitalismo鈥.

Por momentos sus textos se vuelven densos, repetitivos (a veces al punto de repetirse literalmente), con ciertos giros caracter铆sticos. Es una literatura que se afirma en su yeite de narrar, que insiste en su capricho. Aun sabiendo que no siempre sea atinado, aunque no termine de cuajar, insiste sin temor al error. Es, en 煤ltima instancia, una reivindicaci贸n de lo arbitrario: 鈥no leemos como podemos sino como queremos y elegimos. Y arbitrario es hacer lo que nos viene en gana con todo capricho鈥. En tanto que no hay comunicaci贸n posible, en tanto que toda ideolog铆a no es m谩s que una topolog铆a en relaci贸n al Mercado que domina la circulaci贸n de discursos, la manera de hacerse escuchar es decir lo m谩s propio de cada uno, sin condescender al reino de las opiniones, sin poner en duda la autonom铆a de la voz. Y en esa escritura arbitraria y microsc贸pica surgen esos destellos, esas ocurrencias, esa viveza criolla del bahiense Libertella.

En el cuento 鈥淐onejo, serpiente鈥 aparece un ejemplo extraordinario de su m茅todo de trabajo. Partiendo de una imagen sencilla, y sin ahondar en explicaciones, muestra sus ideas sobre la identidad y el tiempo. All铆 habla de una vida en la que su cord贸n umbilical es como un resorte que se estira para atravesar la ni帽ez, la juventud, la adultez y la vejez, pero que en todo momento si se lo suelta se vuelve a la placenta. Esa es la 茅tica libertelliana, la que por un lado asume un pathos y para expresarlo utiliza figuras sin pretensi贸n de trasparencias. Y por otro lado tambi茅n es una concepci贸n del tiempo. Ya no el tiempo progresivo, no los acontecimientos que se suceden, sino la posibilidad de un instante que resignifique toda una vida, de plegar cada momento de la vida al vientre materno. Una idea del tiempo intensivo que hace convivir la idea de progresi贸n con la de simultaneidad.

De all铆 que Libertella confronte con una forma de comprender la realidad entregada al orden de lo inteligible, de lo comunicable, esas formas que van de la autocomplacencia intelectual y la camarilla acad茅mica al buenondismo cultural. Es una propuesta original, caprichosa, empecinada, una escritura gozosa que se niega al orden, que esquiva las preguntas rimbombantes de cierta cr铆tica cultural, que no se pregunta tanto por qu茅 y d贸nde est谩 parada, sino que pisa con fuerza y asume su lugar, su historia, su tiempo. Una literatura que enfrenta y desprecia a los paracaidistas del presente, los amantes de la coyuntura, que busca valiente y obstinadamente evitar esa bajeza adaptativa, ese vuelo bajo, idiota, que evita contagiarse de esa 鈥desgracia de los sincr贸nicos: vivir el presente.鈥

Frente a ellos, consigue severo y risue帽o transmitir su voz, con plena confianza, sin exceso de psicoan谩lisis, sin peroratas filos贸ficas, sin extravagancias intelectuales. Sencillamente d谩ndonos a conocer eso que aprendi贸: 鈥aprend铆 que la literatura es ese ir y venir sobre una huella que nadie eligi贸. Como el alcoh贸lico o el jugador de juegos de azar, tal vez el escritor s贸lo escribe por escribir.鈥

Tal vez Libertella solo escribi贸 para no ser escrito.




Fuente: Lobosuelto.com