April 29, 2021
De parte de La Haine
260 puntos de vista


All谩 por la d茅cada de 1880 el matem谩tico y te贸logo Edwin Abbott se propuso ayudarnos a entender mejor nuestro mundo describiendo uno muy diferente, al que llam贸 Flatland (Planilandia).

Imaginemos un mundo que no es una esfera que se mueve por el espacio como nuestro planeta, sino algo m谩s parecido a una enorme hoja de papel habitada por formas geom茅tricas planas y conscientes. Estas personas-formas pueden moverse hacia delante o hacia atr谩s y pueden girar a la derecha y a la izquierda, pero carecen del sentido de arriba o abajo. La mera idea de un 谩rbol, un pozo o una monta帽a no tiene sentido para ellos porque carecen de los conceptos y la experiencia de altura o profundidad. Son incapaces de imaginar, y mucho menos de describir, objetos conocidos por nosotros.

En este mundo bidimensional lo m谩s que pueden aproximarse los cient铆ficos a comprender una tercera dimensi贸n son los desconcertantes espacios que registran sus m谩quinas m谩s sofisticadas, que captan las sombras proyectadas por un universo mayor exterior a Flatland. Los mejores cerebros deducen que el universo debe ser algo m谩s que lo que pueden observar pero no tienen forma de saber qu茅 es lo que desconocen.

Esta sensaci贸n de lo incognoscible, de lo indescriptible, ha acompa帽ado a los seres humanos desde que nuestros primeros ancestros fueron conscientes. Ellos habitaban un mundo de sucesos inmediatos y de cataclismos (tormentas, sequ铆as, volcanes y terremotos) causados por fuerzas que no pod铆an explicar. Pero tambi茅n viv铆an maravillados por los grandes misterios permanentes de la naturaleza: el paso del d铆a a la noche y el ciclo de las estaciones; los puntos de luz en el firmamento nocturno y su movimiento continuo; la subida y bajada de los mares; y la inevitabilidad de la vida y de la muerte.

Por eso no es raro que nuestros ancestros tendieran a atribuir una causa com煤n a estos acontecimientos misteriosos, tanto a los catastr贸ficos como a los c铆clicos, a los ca贸ticos como a los ordenados. Los atribuyeron a otro mundo o dimensi贸n, al 谩mbito de lo espiritual, de lo divino.

Paradoja y misterio

La ciencia ha intentado reducir el 谩mbito de lo inexplicable. Ahora entendemos (aunque sea aproximadamente) las leyes de la naturaleza que gobiernan el tiempo atmosf茅rico y sucesos catastr贸ficos como los terremotos. Los telescopios y las naves espaciales nos han permitido, asimismo, explorar m谩s a fondo los cielos para comprender algo mejor el universo que se extiende m谩s all谩 de nuestro peque帽o rinc贸n del mismo.

Pero cuanto m谩s investigamos el universo, m谩s r铆gidos parecen ser los l铆mites de nuestro conocimiento. Al igual que las personas-formas de Flatland, nuestra capacidad para comprender se ve limitada por las dimensiones que observamos y experimentamos: en nuestro caso, las tres dimensiones del espacio y la adicional del tiempo. La influyente 鈥渢eor铆a de cuerdas鈥 plantea otras seis dimensiones, aunque es poco probable que lleguemos a intuirlas con m谩s detalle que las sombras que casi detectaban los cient铆ficos de Flatland.

Cuanto m谩s escudri帽amos el inmenso universo del cielo nocturno y nuestro pasado c贸smico y cuanto m谩s escudri帽amos el peque帽o universo del interior del 谩tomo y nuestro pasado personal, mayor es nuestra sensaci贸n de misterio y asombro.

En el nivel subat贸mico las leyes normales de la f铆sica se desbaratan. La mec谩nica cu谩ntica es la mejor hip贸tesis que hemos desarrollado para explicar los misterios de las part铆culas m谩s diminutas que podemos observar, las cuales parecen actuar, al menos en parte, en una dimensi贸n que no podemos observar directamente.

Y la mayor铆a de los cosm贸logos, que observan el exterior en lugar del interior, hace tiempo que saben que hay preguntas que probablemente nunca seremos capaces de responder, entre otras, qu茅 hay fuera de nuestro universo; o, dicho de otra manera, qu茅 hab铆a antes del Big Bang. Durante alg煤n tiempo la materia oscura y los agujeros negros han desconcertado a las mentes m谩s brillantes. Este mes los cient铆ficos admitieron al New York Times que existen formas de materia y de energ铆a desconocidas para la ciencia, pero que pueden deducirse porque alteran las leyes conocidas de la f铆sica.

Dentro y fuera del 谩tomo, nuestro mundo est谩 repleto de paradojas y misterios.

Arrogancia y humildad

A pesar de la veneraci贸n por la ciencia que tiene nuestra cultura, hemos llegado a un momento similar al de nuestros antepasados, que miraban llenos de asombro el cielo nocturno. Hemos sido forzados a reconocer los l铆mites de nuestro conocimiento.

No obstante, existe una diferencia. Nuestros ancestros tem铆an lo desconocido y, por tanto, prefer铆an mostrar precauci贸n y humildad frente a lo que no pod铆an entender. Trataban con respeto y reverencia lo inefable. Nuestra cultura estimula precisamente el enfoque opuesto. Solo mostramos soberbia y arrogancia. Intentamos derrotar, ignorar o trivializar aquello que no podemos explicar o entender.

Los mejores cient铆ficos no cometen ese error. Como espectador entusiasta de programas cient铆ficos como la serie documental de la BBC, Horizon, me impresiona la cantidad de cosm贸logos que hablan abiertamente de sus creencias religiosas. Carl Sagan, el m谩s famoso de ellos, nunca perdi贸 la capacidad de asombro que le produc铆a estudiar el universo. Fuera del laboratorio, su lenguaje no era el lenguaje duro, fr铆o y calculador de la ciencia. 脡l describ铆a el universo con el lenguaje de la poes铆a. Comprend铆a los necesarios l铆mites de la ciencia. En lugar de sentirse amenazado por los misterios y paradojas del universo, los celebraba.

Cuando, por ejemplo, en 1990 la sonda espacial Voyager 1 nos mostr贸 por primera vez la imagen de nuestro planeta desde 6.000 millones de kil贸metros de distancia, Sagan no pens贸 que 茅l mismo o sus colegas de la NASA fueran dioses. 脡l observ贸 extasiado un 鈥減unto azul p谩lido鈥 y se maravill贸 de ver el planeta reducido a 鈥渦na mota de polvo suspendida en un rayo de sol鈥. La humildad fue su reacci贸n ante la vasta escala del universo, nuestro fugaz lugar dentro del mismo y nuestro esfuerzo por luchar contra 鈥渓a inmensa oscuridad c贸smica que nos envuelve鈥.

Mente y materia

Desgraciadamente la forma de entender la ciencia de Sagan no es la que predomina en la tradici贸n occidental. Demasiado a menudo nos comportamos como si fu茅ramos dioses. Est煤pidamente hemos hecho de la ciencia una religi贸n. Hemos olvidado que, en un mundo de misterios, la aplicaci贸n de la ciencia es necesariamente provisional e ideol贸gica. Es una herramienta, una de las muchas que podemos usar para entender nuestro lugar en el universo, de la que pueden apropiarse f谩cilmente los corruptos, los vanidosos, quienes buscan el poder sobre los dem谩s y quienes adoran el dinero.

Hasta hace relativamente poco, la filosof铆a, la ciencia y la teolog铆a intentaban investigar los mismos misterios y responder las mismas preguntas existenciales. A lo largo de la mayor parte de la historia se les consider贸 disciplinas complementarias, no competidoras. Recordemos que Abbott era matem谩tico y te贸logo y que Flatland fue su intento de explicar la naturaleza de la fe. De modo similar, el hombre que probablemente ha configurado m谩s el paradigma con el que todav铆a funciona gran parte de la ciencia occidental fue un fil贸sofo franc茅s que utiliz贸 los m茅todos cient铆ficos de la 茅poca para demostrar la existencia de Dios.

Actualmente se recuerda a Rene Descartes sobre todo por su famosa 鈥揳unque pocas veces comprendida鈥 m谩xima: 鈥淧ienso, luego existo鈥. Hace 400 a帽os Descartes cre铆a que pod铆a demostrar la existencia de Dios gracias a su argumento de que mente y cuerpo son entidades separadas. Al igual que el cuerpo humano era diferente del alma, Dios era algo separado y distinto de los seres humanos. Descartes cre铆a que el conocimiento era innato y, por tanto, nuestra idea de un ser prefecto, de Dios, solo pod铆a proceder de algo perfecto y con una existencia objetiva fuera de nosotros.

Aunque muchos de sus argumentos resulten d茅biles e interesados hoy en d铆a, la perdurable influencia ideol贸gica de Descartes en la ciencia occidental fue penetrante. En particular el llamado dualismo cartesiano 鈥搇a consideraci贸n de que mente y cuerpo son entidades separadas鈥 ha estimulado y perpetuado una visi贸n mecanicista del mundo que nos rodea.

Podemos hacernos una idea de la continuada influencia de su pensamiento cuando nos vemos confrontados con culturas m谩s antiguas que han opuesto resistencia al discurso extremadamente racionalista de Occidente 鈥揺n parte, es preciso se帽alar, porque se les ha tratado de imponer de maneras hostiles y opresivas que solo han servido para distanciarles del canon occidental.

Cuando escuchamos a un nativo norteamericano o a un aborigen australiano hablar del significado sagrado de un r铆o o de una roca (o sobre sus ancestros) somos inmediatamente conscientes de lo lejano que suena su pensamiento para nuestros o铆dos 鈥渕odernos鈥. En ese momento probablemente reaccionaremos de una de dos maneras: bien sonriendo por dentro ante su ignorancia pueril, o bien engullendo una sabidur铆a que parece llenar un vac铆o profundo en nuestras vidas.

Ciencia y poder

El legado de Descartes 鈥搖n dualismo que asume la separaci贸n entre cuerpo y alma, mente y materia鈥 ha resultado ser un legado envenenado para las sociedades occidentales. Una cosmovisi贸n empobrecida y mecanicista que trata al planeta y a nuestro cuerpo como si fueran b谩sicamente objetos materiales: el primero, un juguete para colmar nuestra codicia; el segundo, una coraza para nuestras inseguridades.

El cient铆fico brit谩nico James Lovelock, que contribuy贸 a modelar las condiciones en Marte para que la NASA pudiera tener una idea de c贸mo construir las primeras sondas que habr铆an de aterrizar all铆, sigue siendo objeto de burla por su hip贸tesis Gaia, que desarroll贸 en la d茅cada de los 70. Lovelock comprendi贸 que no era buena idea considerar nuestro planeta como una enorme masa de roca con formas vivas habitando su superficie, aunque distintas de ella. 脡l pensaba que la Tierra era una entidad viva completa, de enorme complejidad y que manten铆a un delicado equilibrio. Durante miles de millones de a帽os la vida fue haci茅ndose m谩s sofisticada, pero cada una de las especies que la habitan, desde la m谩s primitiva a la m谩s avanzada, era vital para el conjunto y manten铆a una armon铆a que sustentaba la diversidad.

Pocas personas le hicieron caso y se impuso nuestro complejo de dioses. Ahora, cuando las abejas y otros insectos est谩n desapareciendo, todo aquello de lo que 茅l advirti贸 hace d茅cadas parece mucho m谩s urgente. Con nuestra arrogancia estamos destruyendo las condiciones para la vida avanzada. Si no paramos pronto, el planeta se deshar谩 de nosotros y retornar谩 a una etapa anterior de su evoluci贸n. Empezar谩 de nuevo, sin nosotros, mientras la flora y los microbios vuelven a recrear gradualmente 鈥揳 lo largo de eones鈥 las condiciones favorables para formas de vida superiores.

Pero la relaci贸n mec谩nica y abusiva que tenemos con nuestro planeta reproduce la que tenemos con nuestros cuerpos y nuestra salud. El dualismo nos ha animado a pensar que el cuerpo es un veh铆culo carnoso que, al igual que los de metal, necesita intervenciones regulares desde el exterior, un servicio de mantenimiento, un repintado o una renovaci贸n. La pandemia solo ha servido para subrayar estas tendencias malsanas.

Por una parte la instituci贸n m茅dica, como todas las instituciones, est谩 corrompida por el deseo de poder y enriquecimiento. La ciencia no es una disciplina inmaculada, libre de las presiones del mundo real.

Los cient铆ficos necesitan financiar sus investigaciones, pagar sus hipotecas y anhelan mejorar su estatus y sus carreras, como todos los dem谩s.

Kamran Abbasi, director ejecutivo de la [revista de la asociaci贸n m茅dica brit谩nica] British Medical Journal, escribi贸 un editorial el pasado noviembre advirtiendo de la corrupci贸n del Estado brit谩nico, desencadenada a gran escala por la pandemia del covid-19. Pero los pol铆ticos no eran los 煤nicos responsables. Los cient铆ficos y expertos de salud tambi茅n estaban implicados: 鈥淟a pandemia ha puesto de manifiesto c贸mo se puede manipular al complejo m茅dico-pol铆tico durante una emergencia鈥.

A帽ad铆a: 鈥淟a respuesta ante la pandemia en Reino Unido se ha basado en exceso en las opiniones de cient铆ficos y otras personas nombradas por el gobierno que pueden actuar movidos por intereses preocupantes, como puede ser su participaci贸n accionarial en empresas que fabrican test diagn贸sticos, tratamientos y vacunas para el covid-19鈥.

Doctores y cl茅rigos

Pero en cierto modo Abbasi es demasiado generoso. Los cient铆ficos no solo han corrompido la ciencia al priorizar sus intereses personales, pol铆ticos y comerciales. La propia ciencia est谩 moldeada e influida por las suposiciones de los cient铆ficos y de las sociedades a las que pertenecen. A lo largo de los siglos el dualismo cartesiano ha proporcionado la lente a trav茅s de la cual los cient铆ficos han desarrollado y justificado muchas veces los tratamientos y procedimientos m茅dicos. La medicina tambi茅n tiene sus modas, aunque est谩n sean, por lo general, m谩s duraderas 鈥搚 m谩s peligrosas鈥 que las de la industria textil.

En realidad, hab铆a razones ego铆stas que explican por qu茅 la comunidad cient铆fica recibi贸 con los brazos abiertos el dualismo cartesiano hace cuatro siglos. Su divisi贸n entre mente y materia creaba un espacio para la ciencia fuera de la interferencia del clero. Ahora los m茅dicos pod铆an reclamar una autoridad sobre nuestros cuerpos diferente de la que afirmaba tener la Iglesia sobre nuestras almas.

Pero ha sido dif铆cil quitarse de encima la visi贸n mecanicista de la salud, aunque los avances cient铆ficos 鈥搚 su conocimiento de tradiciones m茅dicas no occidentales鈥 deber铆an haberla hecho cada vez menos cre铆ble. El dualismo cartesiano sigue reinando en nuestros d铆as, en la supuestamente estricta separaci贸n entre salud f铆sica y salud mental. Tratar a la mente y al cuerpo como inseparables, como las dos caras de la misma moneda, supone arriesgarse a ser acusado de charlatanismo. La medicina 鈥渉ol铆stica鈥 todav铆a lucha para ser tomada en serio.

Enfrentados a una pandemia que suscita miedo, la instituci贸n m茅dica ha recuperado la costumbre con m谩s fuerza. Ha mirado al virus a trav茅s de una 煤nica lente y lo ha visto como un invasor que pretende superar nuestras defensas, y a nosotros como pacientes vulnerables que necesitan desesperadamente un batall贸n extra de soldados que puedan ayudarnos a combatirlo. Dentro de este marco dominante, han sido las grandes farmac茅uticas (las corporaciones m茅dicas con mayor potencia de fuego) las encargadas de venir a rescatarnos.

Es evidente que las vacunas son parte de una soluci贸n de emergencia y que ayudar谩n a salvar las vidas de los m谩s vulnerables. Pero la dependencia de las vacunas, y la exclusi贸n de todo lo dem谩s, es un signo de que hemos vuelto a considerar nuestros cuerpos como m谩quinas. La instituci贸n m茅dica nos ha explicado que podemos aguantar esta guerra con el blindaje que nos proporcionan Pfizer, AstraZeneca y Moderna. Todos podemos ser Robocop en la batalla contra el covid-19.

Pero la salud no tiene por qu茅 considerarse como una batalla tecnol贸gica cara y consumidora de recursos contra los virus-guerreros. 驴Por qu茅 no le damos importancia a la mejora de una alimentaci贸n cada vez con menos nutrientes y m谩s procesada, cargada de pesticidas, llena de qu铆micos y de az煤car, como la que la mayor parte de nosotros consumimos? 驴C贸mo encaramos la plaga de estr茅s y ansiedad que todos soportamos en un mundo competitivo y conectado digitalmente, en el que no hay lugar para el descanso, y despojado de todo significado espiritual? 驴Qu茅 hacemos con los estilos de vida mimados que elegimos, en los que el esfuerzo es un complemento opcional al que denominamos ejercicio en lugar de estar integrado en la jornada de trabajo, y en donde la exposici贸n a la luz solar, fuera de las vacaciones en la playa, es casi imposible de encajar en nuestros horarios de oficina?

Miedo y soluciones temporales

Durante gran parte de la historia humana nuestra principal preocupaci贸n fue la lucha por la supervivencia, contra los animales y otros seres humanos, contra los elementos y contra los desastres naturales. Los desarrollos tecnol贸gicos han sido de gran ayuda para facilitarnos la vida y hacerla m谩s segura, ya fueran las hachas de s铆lex y los animales dom茅sticos, las ruedas y los motores de combusti贸n, las medicinas o las comunicaciones de masas. Ahora nuestro cerebro parece programado para echar mano de la innovaci贸n tecnol贸gica a la hora de abordar incluso las menores inconveniencias, de calmar nuestros miedos m谩s salvajes.

Por tanto, como es natural, hemos puesto nuestra esperanza, y sacrificado nuestra econom铆a, en encontrar una soluci贸n tecnol贸gica para la pandemia. Pero 驴acaso esta fijaci贸n exclusiva en la tecnolog铆a para solucionar la actual crisis sanitaria no tiene un paralelismo con otros remedios tecnol贸gicos temporales que seguimos buscando para solucionar las m煤ltiples crisis ecol贸gicas que hemos creado?

驴Calentamiento global? Podemos crear una pintura a煤n m谩s blanca que refleje la luz solar. 驴El pl谩stico inunda cada rinc贸n de los oc茅anos? Podemos construir aspiradoras gigantes que lo absorban por completo. 驴Las poblaciones de abejas desaparecen? Podemos inventar drones polinizadores que las sustituyan. 驴El planeta agoniza? Jeff Bezos y Elon Musk transportar谩n a millones de personas a colonias espaciales.

Si no estuvi茅ramos tan obsesionados con la tecnolog铆a, si no fu茅ramos tan codiciosos, si no nos aterrorizaran tanto la inseguridad y la muerte, si no vi茅ramos a nuestro cuerpo y a nuestra alma como entidades separadas y a los humanos como algo aparte de todo lo dem谩s, podr铆amos pararnos a reflexionar si nuestro enfoque no est谩 ligeramente equivocado.

La ciencia y la tecnolog铆a pueden ser cosas maravillosas. Pueden permitirnos mejorar el conocimiento de nosotros mismos y del mundo que habitamos. Pero necesitan ser dirigidas con un sentido de humildad que cada vez parecemos m谩s incapaces de tener. No somos conquistadores de nuestro cuerpo, o del planeta, o del universo; y si imaginamos serlo, pronto averiguaremos que no podemos ganar la batalla que estamos librando.

counterpunch.org. Traducido Para Rebeli贸n por Paco Mu帽oz de Bustillo




Fuente: Lahaine.org