July 1, 2022
De parte de Briega
292 puntos de vista

Hemos de abandonar definitivamente la esperanza ingenuamente optimista del siglo XIX de que las 芦luces禄 de los seres humanos se desarrollar铆an a la par que la t茅cnica. Quien a煤n hoy se complace en tal esperanza no es s贸lo un supersticioso, no es s贸lo una reliquia de anta帽o.

[…] Cuanto m谩s trepidante es el ritmo del progreso, cuanto mayores son los efectos de nuestra producci贸n y m谩s compleja la estructura de nuestros aparatos, tanto m谩s r谩pidamente pierden nuestra representaci贸n y nuestra percepci贸n la fuerza de avanzar al mismo ritmo, cuanto m谩s r谩pidamente se eclipsan nuestras 芦luces禄, m谩s ciegos nos volvemos.

Gunther Anders, Nosotros, hijos de Eichmann (1964)

Nuestra concepci贸n de la historia ha sido fundamentalmente lineal. A pesar de monstruosas contradiccionescomo las de Auschwitz o Hiroshima, r谩pidamente reprimidas gracias a la inconsciencia mec谩nica, el mito del progreso se ha mantenido s贸lido durante las 煤ltimas d茅cadas. Ha demostrado ser capaz de encajar golpes, de aceptar incluir algunos matices, y hoy parece que sigue estando plenamente armado para hacer frente al desencanto que inspira la cat谩strofe clim谩tica que se acelera ante nuestros ojos. “Ante nuestros ojos” posiblemente sea una mala expresi贸n. Hace mucho tiempo que existe un “desfase” entre las acciones que realizamos dentro del aparato productivo y las consecuencias de estas acciones. No porque sean imperceptibles, demasiado peque帽as para ser captadas por nuestros sentidos y nuestra raz贸n, sino porque se han vuelto (demasiado) inmensas.

La ola de calor 鈥揺ufemismo que refleja la incapacidad del lenguaje y, por tanto, de nuestra capacidad para representar las cosas en el 谩mbito de lo sensato y lo racional鈥 que actualmente recorre vastas zonas del planeta es tristemente indicativa de ello. No es posible para los humanos concebir la inmensidad de lo que est谩 ocurriendo, terrible consecuencia de un siglo y medio de industrializaci贸n. Cientos de hect谩reas de bosque arden en Siberia, p谩jaros deshidratados caen del cielo en el estado indio de Gujarat, seres humanos se asfixian y mueren a causa de un calor dantesco (nuevo r茅cord de 51掳C) que ha invadido la India y Pakist谩n, mientras que los torrentes de lodo desatados por el repentino deshielo de los glaciares y el desbordamiento de los lagos de las tierras altas arrasan todo lo que encuentran a su paso (incluidas ciudades y pueblos pakistan铆es). Decenas de millones de personas hacinadas en ciudades de estos dos pa铆ses ahora dependen de la llegada diaria de camiones cisterna con agua potable para sobrevivir.

Rompiendo todos los esquemas de linealidad tan apreciados en nuestra concepci贸n hist贸rica, el mundo del ma帽ana ya est谩 sucediendo hoy, un mundo en el que territorios enteros se vuelven inhabitables. Entonces nos aferramos desesperadamente a los modelos provisionales de ayer, r谩pidamente desmontados por la aceleraci贸n y el desbordamiento inesperado de tantos factores clim谩ticos y sus retroalimentaciones, para tratar de imaginar ese famoso mundo de ma帽ana. Durante los 煤ltimos meses se est谩 volviendo a abrir paso, pero sigue revelando tan s贸lo una parte de su violencia mortal. Y de 1,2 grados, hasta los 2 o 3 grados de incremento, aumenta la probabilidad de que ese mundo del ma帽ana se establezca de forma permanente e irremediable.

Al contrario de lo que se podr铆a pensar, es llegando al final del sprint cuando alcanzamos nuestra m谩xima velocidad. Es cuando todo el cuerpo est谩 preparado para realizar el mayor esfuerzo, para lograr la coordinaci贸n perfecta entre el movimiento muscular, la circulaci贸n sangu铆nea, los latidos del coraz贸n y la respiraci贸n. Es el momento en el que “lo das todo”, justo antes de tener que aceptar que el cansancio se abrir谩 paso en tu cuerpo. La aceleraci贸n de la expansi贸n de la civilizaci贸n termoindustrial en los 煤ltimos a帽os y la devastaci贸n planetaria que implica, parecen corresponder perfectamente con esta 煤ltima fase del sprint. De hecho, parece que el organismo ya est谩 fallando.

Por poner un ejemplo, el a帽o pasado se batieron cuatro tristes r茅cords. 2021 fue uno de los a帽os m谩s calurosos de los que se tiene constancia. La concentraci贸n de gases de efecto invernadero alcanz贸 un nuevo pico mundial en 2020, cuando la concentraci贸n de di贸xido de carbono (CO2) alcanz贸 413,2 partes por mill贸n (ppm) en todo el mundo, lo que supone un 149% del nivel preindustrial. Como resultado, la temperatura del oc茅ano tambi茅n alcanz贸 un r茅cord el a帽o pasado. Y aunque absorba cerca del 23% de las emisiones humanas anuales de CO2, ralentizando el aumento de su concentraci贸n en la atm贸sfera, el di贸xido de carbono reacciona con el agua del mar y provoca la acidificaci贸n de los oc茅anos, da帽ando de forma permanente las condiciones para la vida en las aguas. Adem谩s, el aumento del nivel del mar tambi茅n ha alcanzado un nuevo r茅cord, con una subida dos veces m谩s r谩pida que a principios del siglo XXI. Por 煤ltimo, el agujero de la capa de ozono sobre la Ant谩rtida nunca hab铆a sido tan grande y profundo como en 2021.

En esta carrera hacia el abismo, a principios de este a帽o se superaron dos nuevos hitos: el quinto y el sexto “l铆mite planetario” 鈥 los procesos naturales que aseguran la perpetuaci贸n de la vida en condiciones de existencia “aceptables”.

A principios de a帽o se super贸 el umbral cr铆tico de “introducci贸n de nuevas sustancias en la biosfera”: la contaminaci贸n qu铆mica de nuestro entorno. Antes de este quinto desbordamiento, la civilizaci贸n industrial ya hab铆a rebasado los umbrales del cambio clim谩tico, la diversidad gen茅tica (causando la p茅rdida de biodiversidad), comprometido el uso de la tierra y alterado el ciclo del f贸sforo y el nitr贸geno. Unos meses m谩s tarde, le lleg贸 el turno al “sexto l铆mite”: el ciclo del agua dulce. El agua dulce es la savia de la biosfera y, por tanto, esencial para mantener unas condiciones ambientales y clim谩ticas sostenibles. Se suele distinguir entre el “agua azul”, la que nuestro consumo todav铆a no ha puesto en peligro, que corresponde al agua proveniente de las precipitaciones y que acabar谩 almacenada en lagos, embalses o en el oc茅ano. Por otra parte, est谩 el “agua verde”, que tambi茅n procede de las precipitaciones atmosf茅ricas y es absorbida por las plantas. Es esta agua la que se ve afectada. “La interferencia humana en el agua verde ha alcanzado ya una escala tal que aumenta el riesgo de cambios no lineales a gran escala y pone en peligro la capacidad del sistema terrestre de permanecer en las condiciones del Holoceno”, se帽ala un estudio al respecto. Esta “agua verde” es, entre otras cosas, crucial para la evaporaci贸n, y por tanto para regular la atm贸sfera, as铆 como para la humedad del suelo, que impide que los bosques se sequen. Para ilustrar las consecuencias, podr铆amos evocar la imagen del Amazonas, que se acerca a un punto de inflexi贸n en el que grandes zonas podr铆an pasar de ser bosques tropicales a territorios de tipo sabana. En el mismo mes de abril en que se super贸 este l铆mite del ciclo del agua dulce verde, nos enteramos de que en la Amazon铆a ya ni siquiera esperan a que se seque la selva. La deforestaci贸n industrial ha batido todos los r茅cords: en un mes se ha talado el equivalente a 1.400 campos de f煤tbol.

Y con el calor, el mundo se seca. En Francia, el term贸metro sube y las reservas de agua bajan. En el Cuerno de 脕frica, “la peor sequ铆a de la historia” amenaza con la inanici贸n a 20 millones de personas. En Chile, los cortes de agua son ya habituales. Este a帽o, “m谩s de 2.300 millones de personas se enfrentar谩n al estr茅s h铆drico. Desde el a帽o 2000, el n煤mero y la duraci贸n de las sequ铆as han aumentado un 29%”, seg煤n un informe sobre la desertizaci贸n mundial. La sequ铆a forma parte de un c铆rculo vicioso: menos agua significa menos fotos铆ntesis por parte de las plantas y, por tanto, menos almacenamiento de CO2… con lo que los ecosistemas se convierten gradualmente en emisores de carbono, especialmente durante las sequ铆as extremas. En los ecosistemas europeos, por ejemplo, la fotos铆ntesis se redujo un 30% durante la sequ铆a del verano de 2003, lo que supuso una liberaci贸n neta de carbono estimada en 0,5 gigatoneladas. Y aunque la cantidad de lluvia que caiga en un a帽o sea la misma, no se distribuir谩 de la misma manera que hoy: en t茅rminos generales ser谩n lluvias intensas y largos per铆odos de sequ铆a. “Si no se intensifican las medidas, se calcula que 700 millones de personas correr谩n el riesgo de verse desplazados por la sequ铆a de aqu铆 a 2030” seg煤n el informe. De aqu铆 a 2050, las sequ铆as podr铆an afectar a m谩s de tres cuartas partes de la poblaci贸n mundial y hasta 216 millones de personas podr铆an verse obligadas a emigrar. Para entonces, entre 4.800 y 5.700 millones de personas vivir谩n en zonas donde el agua escasea al menos un mes al a帽o, frente a los 3.600 millones actuales.

Las tormentas de arena que han azotado a Irak con especial dureza en los 煤ltimos dos meses son otro ejemplo de las consecuencias de la desertificaci贸n. En todo el mundo, el desierto avanza de manera inexorable. Sus nubes anaranjadas entierran ciudades. Hay falta de agua y el suelo se est谩 degradando. En Irak, mientras miles de personas son hospitalizadas con problemas respiratorios debido al “diluvio de arena”, el lago Sawa ha desaparecido por completo y se espera que el pa铆s experimente “272 d铆as de polvo” al a帽o durante las pr贸ximas dos d茅cadas. Se calcula que el 70% de la masa terrestre mundial ya ha sido transformada por las actividades humanas, y hasta el 40% est谩 degradada, principalmente a causa de la deforestaci贸n, los monocultivos intensivos, la miner铆a y la urbanizaci贸n. A causa del polvo, cada a帽o se pierden 12 millones de hect谩reas, el equivalente a la superficie de Ben铆n. Esta desertificaci贸n, la destrucci贸n del suelo y, en general, las consecuencias del cambio clim谩tico est谩n implicadas en casi la mitad de los conflictos armados actuales del mundo, si nos atenemos s贸lo a este aspecto .

芦 Si ayer se verific贸 el monstruo, no es porque existiese “todav铆a” ayer, sino porqueexist铆a “ya” ayer; (…) porque los de ayer fueron precursores de nuestro monstruoso mundo de hoy y de ma帽ana. “Porque es indiscutible que la maquinizaci贸n del mundo 鈥搚 por tanto nuestra co-maquinizaci贸n鈥, ha progresado desde ayer de la forma m谩s aterradora”.

Gunther Anders, Nosotros, hijos de Eichmann (1964) [*]

Estos esbozos altamente cuantificados de la agon铆a del planeta y de los seres vivos no pueden salvar la distancia entre nuestra percepci贸n y nuestra representaci贸n. Un acontecimiento tan enorme, tan monstruoso, tan global como el cambio clim谩tico y la devastaci贸n de las condiciones de vida supera definitivamente nuestra capacidad de comprensi贸n. 驴Ser铆a demasiado arriesgado evocar un posible paralelismo, una posible continuidad incluso, entre los sistemas que integraron a millones de buenas personas como engranajes de una m谩quina industrial que gase贸 y quem贸 a m谩s de 6 millones de personas, o que emple贸 a otros millones de personas en el dise帽o y el uso efectivo de la bomba at贸mica… y los miles de millones atrapados hoy en los engranajes de un industrialismo forzado, cuyo horizonte s贸lo puede ser un holocausto de los vivos?

Se puede argumentar que tal continuidad no existe, no puede existir, dado que el exterminio de los jud铆os (y de otros) fue un proyecto deliberado ideado por los nazis; que la selecci贸n de Hiroshima y Nagasaki para perpetrar los asesinatos masivos at贸micos fue una elecci贸n realizada seg煤n criterios pol铆ticos y cient铆ficos establecidos por un grupo muy concreto de generales, pol铆ticos y cient铆ficos. Podr铆a decirse que no existe un plan deliberado para destruir los seres vivos (aunque los proyectos de “eugenesia clim谩tica” siempre han acompa帽ado el auge del industrialismo para “torcer la cola de la naturaleza”, para “dominar las fuerzas de la naturaleza”, para corregir “defectos” o, m谩s recientemente, para encaminar a la humanidad hacia un destino transhumanista o para domar el clima mediante la “geoingenier铆a”). No obstante, esto no impide que la intoxicaci贸n del mundo siga ah铆. La exposici贸n de los vivos a miles de explosiones nucleares es un hecho consumado. La sustituci贸n de las plantas por quimeras modificadas gen茅ticamente en nombre de la eficiencia econ贸mica est谩 en curso.

Que actuemos con pleno conocimiento de causa, que sigamos anteponiendo un objetivo concreto (la expansi贸n y la acumulaci贸n) a cualquier otra consideraci贸n, incluso cuando las consecuencias son tan nefastas que amenazan la propia continuidad de la vida en la Tierra; que por otro lado, de cara a la divisi贸n del trabajo, no hacemos nada, o casi nada, para oponernos a la huida hacia delante de esta megam谩quina exterminadora, al contrario, seguimos sin rechistar demasiado (salvo, quiz谩s, para reclamar una mayor parte del bot铆n de la depredaci贸n), realizando nuestro trabajo en refiner铆as, start-ups, plantas qu铆micas, despachos, cuando, en definitiva, “nos negamos expresamente a saber lo que hacemos”, cuando “nos cegamos voluntariamente ante las consecuencias de nuestros actos, promovemos la ceguera de los dem谩s y no la combatimos”, 驴no estamos ante una l贸gica eichmanniana?

Desde luego, no se puede admitir que Eichmann s贸lo hiciera su trabajo tal y como defendi贸 en su juicio, y menos a煤n al principio. Para organizar los transportes a los campos de exterminio, deb铆a tener el objetivo bien claro. No era “s贸lo” un engranaje 鈥揳unque, ante la monstruosidad, ese “s贸lo” suene inapropiado鈥. Pero es posible que m谩s tarde se acostumbrara a su trabajo, que acabara absorbido por las tareas a realizar, y que en su mente el objetivo fuera sustituido por los c谩lculos, por el enfoque primordialmente t茅cnico. Es en este sentido que podemos descubrir hoy, ante las consecuencias nefastas de nuestros actos, una actitud “digna” de un Eichmann manos a la obra.

Para evitar cualquier cosa que pueda parecerse a una especie de “culpa colectiva”, la gente ha llegado a intentar argumentar que bajo el r茅gimen de Hitler, la gente no era necesariamente consciente del destino reservado a los jud铆os y al resto de deportados. Que el gaseo e incineraci贸n de seis millones de personas sigui贸 siendo un secreto bien guardado del r茅gimen de Hitler y del complejo industrial en que se conviertieron las SS encargadas del exterminio. Sin embargo, no hab铆a ning煤n alem谩n que no lo supiera, y si alguien realmente no lo sab铆a, era porque no quer铆a saberlo 鈥 que viene a ser lo mismo. Ciertamente, no se puede decir que “todos los alemanes” tuvieran en mente el exterminio de jud铆os, gitanos, homosexuales y enfermos mentales, pero eso no impidi贸 que una gran mayor铆a contribuyese. Ya sea directa o indirectamente. No tienen la misma responsabilidad que un Eichmann o un guardia de Dachau, no tienen la misma implicaci贸n pero formaban parte de la m谩quina. Aqu铆 es donde vemos el efecto del car谩cter mec谩nico en el trabajo, y de hecho, es indiscutible que desde Auschwitz, el mundo se ha vuelto m谩s similar a una m谩quina.

A pesar de estar al corriente, de que hayamos empezado a sentirlo en nuestras carnes, de que la gesti贸n estatal de la informaci贸n no nos impida saber que en India y Pakist谩n la gente se asfixia en los hornos en que se han convertido las ciudades a consecuencia del proyecto industrial, 驴acaso es de extra帽ar que a pesar de todo sigamos haciendo nuestro trabajo? Y no s贸lo eso, sino que adem谩s 驴tratemos como terroristas extremistas que merecen ser encerrados a quienes se oponen por la fuerza, a quienes intentan destruir lo que nos destruye, aquienes a pesar del pesimismo que engendra su lucidez cr铆tica eligen arriesgarse antes que seguir el juego? Entonces, 驴incluso entre aquellos que pretenden ser l煤cidos y que no marchan ciegamente al son del industrialismo triunfante, resulta demasiado f谩cil entregarse al falso suced谩neo en lugar de a la acci贸n real, el consuelo moral de un ligero distanciamiento del frenes铆 consumista en lugar del esfuerzo y el riesgo que supone un intento real de cortocircuitarlo, o bien la resignaci贸n c铆nica que acaba regode谩ndose en la depreciaci贸n, incluso el desprecio, de quienes todav铆a atacan y se atreven a enamorarse de la libertad en un mundo encadenado?

Mientras tanto la situaci贸n sigue empeorando. El cambio clim谩tico ya no est谩 a las puertas, ha entrado con paso firme en la casa de la civilizaci贸n industrial. Las hambrunas y sequ铆as, las olas de calor y las tormentas devastadoras, la deforestaci贸n y la desertificaci贸n, el deshielo de los glaciares y la extinci贸n masiva de especies azotan un planeta donde los humanos siguen creyendo que tras las adversidades les espera un futuro mejor. La realidad est谩 ah铆 para desmentir esta creencia definitivamente. Tener esto en cuenta y actuar en consecuencia es contribuir a romper el abrazo mortal de la l贸gica eichmanniana.

                                                                                                      Avis de temp锚tes, n. 54, 15 junio 2022

 




Fuente: Briega.org