January 11, 2022
De parte de El Topo
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Como ya comentamos anteriormente, la intervenci贸n sovi茅tica no consigui贸 reconducir la situaci贸n en Afganist谩n. Recordamos que los enemigos externos funcionan como un elemento cohesionador, lo que explica la uni贸n y colaboraci贸n (aunque con sus diferencias) entre todos los movimientos pol铆tico-religiosos del pa铆s. Militantes muyahidines, que ya realizaban acciones desde los a帽os 70, se reparten entre diversos partidos-milicia, se nutren de combatientes extranjeros y reciben financiaci贸n extranjera de Arabia Saud铆, Pakist谩n e Ir谩n de manera directa, e indirecta por parte de EE UU. Todos juntos en pos de su objetivo com煤n: expulsar a los sovi茅ticos de Afganist谩n, lo cual se consigue en 1989, aunque el Partido Democr谩tico de Najibul谩 seguir谩 en el gobierno hasta 1992. No pocos autores citan la intervenci贸n de la URSS como una de las causas de su colapso en 1991.

Sin embargo, una vez desaparecido el enemigo externo, estalla una nueva guerra civil entre las distintas facciones antisovi茅ticas. Esto demuestra la ausencia de un proyecto pol铆tico com煤n. El vac铆o de poder existente en el Afganist谩n de Rabbani es el caldo de cultivo perfecto para que aparezcan dos actores fundamentales en el conflicto hasta el d铆a de hoy: los se帽ores de la guerra y los talib谩n. No debemos confundirnos y creer que van de la mano, m谩s bien al contrario.

Liderados por el mul谩 Omar arriban desde las madrazas paquistan铆es numerosos estudiantes del Cor谩n (talib谩n vendr铆a a significar en past煤n 芦estudiantes禄), wahabitas de la corriente sun铆, pastunes en su mayor铆a. Desde el a帽o 1994 planean realizar grandes ofensivas militares anuales sobre las grandes ciudades afganas. Ese mismo a帽o cae Kandahar y todo el sur; Herat al a帽o siguiente; Kabul dos a帽os despu茅s; para fracasar en 1997 en Mazar-e Sarif (sede del gobierno de Rabbani tras la p茅rdida de la capital), que capitular谩 definitivamente en 1998. El gobierno talib es reconocido por Arabia Saud铆, Pakist谩n y Emiratos 脕rabes Unidos, mientras que la 煤nica resistencia la encontramos al noroeste.

Los a帽os 90 ver谩n el nacimiento de otro grupo pol铆tico-religioso que desestabilizar谩 a煤n m谩s el panorama: Al-Qaeda, y al frente de la misma, Osama Bin Laden. El surgimiento de este grupo est谩 directamente relacionado con los servicios secretos saud铆es que invierten dinero proporcionado por EE UU. Aun as铆, esta amistad se rompe tras la Guerra del Golfo. Bin Laden se refugiar谩 en Afganist谩n, donde los talib谩n tratar谩n de utilizarlo como moneda de cambio para su reconocimiento como gobierno leg铆timo por parte de EE UU y la comunidad internacional.

Asimismo, las relaciones entre EE UU y los talib谩n son buenas por intereses diversos econ贸micos y militares, y solo se romper谩n cuando en la campa帽a electoral de Bill Clinton de 1996, el l铆der dem贸crata se vea obligado a romper relaciones con la pol铆tica talib谩n respecto a las mujeres. Tras los atentados de Al-Qaeda en las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania en 1998, Arabia Saud铆 declara su enemistad a Al-Qaeda y los talib谩n cierran filas en torno a ella. Los saud铆es los dejan de reconocer como gobierno leg铆timo.

2001 ser谩 el a帽o en el que el mundo cambie. Los atentados del 11 de septiembre evidencian que el poder铆o de EE UU no es tan absoluto como pretenden mostrar. La desastrosa respuesta de la administraci贸n estadounidense de George W. Bush fue la 芦guerra contra el terrorismo禄, resumida en la invasi贸n de Afganist谩n, guerra de Irak e intervenciones en diversos pa铆ses donde los grupos yihadistas tienen cierta fuerza.

Los resultados de la injerencia estadounidense en Afganist谩n, justamente 20 a帽os despu茅s, son de sobra conocidos. Por un lado, la derrota talib nunca fue completa y, aunque se vieran apartados del poder, la falta de unas instituciones pol铆ticas s贸lidas, libres de corrupci贸n y controladas por los propios afganos han permitido que los talib谩n se hagan nuevamente con el poder. Adem谩s, la posici贸n de EE UU como amo y guardi谩n del orden mundial en un contexto post-Guerra Fr铆a se ha visto seriamente cuestionada. Sin querer extendernos demasiado, las consecuencias para Afganist谩n y su poblaci贸n han sido desastrosas: a帽os de gobiernos corruptos con el respaldo norteamericano; un pa铆s en la m谩s absoluta ruina econ贸mica con amplias zonas controladas por se帽ores de la guerra (antes) y talib谩n (ahora); la proliferaci贸n de grandes grupos criminales inundando el mercado mundial de opio y hach铆s; y una poblaci贸n que, tras dos d茅cadas absortos en la publicidad del sue帽o occidental, se encuentran de nuevo en el punto de partida. Todo esto sin mencionar lo m谩s evidente: los miles y miles de muertos en esta tierra.

Como dijimos en el anterior art铆culo, los datos por s铆 solos no sirven de nada. La Historia debe servirnos para arrojar explicaciones que clarifiquen el presente y ayude, por qu茅 no, a plantear estrategias para el futuro, as铆 como a imaginar posibles escenarios. Los 煤ltimos siglos de Afganist谩n nos aportan muchas claves para comprender nuestro mundo. En primer lugar, el concepto de geopol铆tica se ve claramente ejemplificado en el caso afgano. El estudio de la ligaz贸n entre el espacio, las relaciones humanas, el andamiaje pol铆tico-institucional y la gesti贸n de los recursos es imprescindible para el establecimiento efectivo en otras regiones (quiz谩s por eso, cada vez m谩s ej茅rcitos incorporan a sus filas cient铆ficos sociales). Tambi茅n se ha evidenciado que el sue帽o del fin de la Historia de Fukuyama se qued贸 en eso, en no m谩s que un sue帽o. El papel de Occidente, con EE UU como l铆der indiscutible, comienza a ser claramente cuestionado tras la ca铆da del bloque socialista, especialmente desde el 11S. En cuanto a los comportamientos humanos, en un mundo globalizado y cada vez m谩s homog茅neo, elementos como religi贸n, ideolog铆a, tradici贸n o cultura, siguen siendo un factor fundamental a tener en cuenta a la hora de movilizar grandes grupos de personas en la lucha por objetivos pol铆ticos. Por 煤ltimo, queda claro que los valores occidentales (democracia, Estado de derecho, liberalismo pol铆tico, etc.) no son tan universales como nos quieren vender y que el rechazo aumenta con su imposici贸n.

No querr铆amos terminar sin hacer una peque帽a menci贸n a todos los afganos que han sufrido esta tragedia. Como se ha le铆do por ah铆 en estas 煤ltimas semanas: Afganist谩n no es la tumba de los imperios. Quien muere all铆 es la poblaci贸n afgana. Que no se nos olvide.




Fuente: Eltopo.org