January 10, 2021
De parte de Lobo Suelto
2,212 puntos de vista

Algo de la socialidad presencial ha retornado, y acaso la vacuna sea umbral de la post-pandemia, pero: 驴qu茅 rasgos de la subjetividad ya no volver谩n a ser tal como eran? Si la forma de vida adoptada como resguardo ante la amenaza consisti贸 sobre todo en la profundizaci贸n de tendencias previas: la mediatizaci贸n, la celularizaci贸n, la virtualizaci贸n, la conectividad como t茅cnica y como modo de pensar y vivir. Por ejemplo, 鈥渆stuve todo el d铆a haciendo cosas sin parar, y sin embargo llega la noche y siento que no hice nada鈥 es un testimonio de la vida mediatizada. Esa sensaci贸n, ese saldo sensible al final del d铆a, es propio de una experiencia donde las cosas se viven todas pegoteadas; las actividades -y tambi茅n por tanto nuestras facetas o roles vinculares- amontonadas, en simult谩neo o una tras otra sin soluci贸n de continuidad. Las diferencias que tienen las cosas, en tanto experiencias sensibles, quedan limadas, homogeneizadas por el ritmo patr贸n regido por la conectividad. Como se帽ala Bifo Berardi, siempre solicitudes excesivas respecto de la posibilidad org谩nica; siempre detr谩s de la interminable lista de deberes: en deuda siempre. Un rato desconectadxs, algo nos perdemos, algo podr铆amos hacer o responder. Vivimos pagando, para dormir debiendo: la medi贸sfera no es solo asunto t茅cnico, sino que reproduce la matriz deudora (de raigambre moral en el fondo) en la subjetividad.

Es que la mediatizaci贸n no consiste solo en que las actividades y relaciones se efect煤en mediante conexi贸n virtual; damos forma a nuestras herramientas, y luego ellas nos dan forma a nosotros, dec铆a McLuhan. En el uso de la t茅cnica de comunicaci贸n instant谩nea se forja un tipo de sujeto. M谩s cuando la medi贸sfera es nuestro h谩bitat en 煤ltima instancia. Si el campo produc铆a campesinos, la ciudad ciudadanos, 驴qu茅 tipo subjetivo produce la medi贸sfera? 驴Qu茅 formas tiene el humano mediatizado?

Una forma cabizbaja, con la mirada clavada en la mano, una mano que no muestra ya su palma sino el aparato que la ocupa (ah, 隆el at谩vico gesto de mirarse la palma de la mano!). Una vida sin entres. Porque la conectividad tiende a un r茅gimen de acoplamientos funcionales sin p茅rdida. Abundan las encuestas que muestran cu谩nto las empresas -y muchxs trabajadorxs- esperan seguir implementando teletrabajo, pero quienes a煤n se trasladen, tienen la pantalla celular para llenar ese entre. 驴Cu谩nta conexi贸n hay al momento de despertar, cu谩nta justo antes de dormir, cu谩nta en el ba帽o? 驴Cu谩nto se filtra la conectividad como l铆quido que llena todo entre o incluso se cuela si en principio no lo hay?
La econom铆a de la atenci贸n es una guerra cuyo bot铆n son los cuerpos vivos, y as铆 los dispone: constantemente enganchados, sin instancias de silencio, de vac铆o, de flotaci贸n, de aburrimiento o vagancia (distra铆dos s铆, libres no鈥). En este imperio de la luz sin entres, se atrofia el ensue帽o -el ensue帽o, tan bellamente teorizado por Le贸n Rozitchner en su Materialismo enso帽ado como potencia subjetiva que logra ver las dimensiones de lo real no dispuestas ya en acto-.
Con el continuo conectivo como t茅cnica central, vivimos el despliegue de un renovado modo de producci贸n de sujetxs. Ignacio Lewkowicz dec铆a que 鈥渦na subjetividad consiste en un conjunto de operaciones necesarias para habitar determinada circunstancia hist贸rica鈥. Vemos pues el muteo, el googleo, el multitasking, o el llamado hating, como ejemplos del vasto repertorio de operaciones de cu帽o medi谩tico. Pero tambi茅n operaciones menos obvias, como la indiferencia, en principio necesaria para tolerar la saturaci贸n de est铆mulos, pero luego instalada como modo de relaci贸n con los otros. Las operaciones propias de un entorno entrenan al cuerpo, le dan forma (los 鈥済estos del trabajo y la vida cotidiana鈥, en palabras de Andr茅 Haudicort), y as铆 quedamos hechos, bichos humanos medi谩ticos. Bichos escroleros.

鈥淭odo el d铆a haciendo y al final no sentir ninguna cosa realizada鈥, s铆, pero tambi茅n su inversa: 鈥渉oy estuve todo el d铆a sin hacer nada, y sin embargo llega la noche y estoy agotada como si hubiera hecho cosas sin parar鈥. Ambos testimonios son dos espejos que muestran opuestos costados de lo mismo: la dominaci贸n sensible del patr贸n temporal conectivo por sobre la experiencia de la singularidad de las cosas, incluido el reposo (o el 鈥渆sparcimiento鈥, que tambi茅n resulta acaparado por ofertas pantalliles). El continuo de la Actualidad es un operador de sujeci贸n central de nuestra 茅poca, y el escroleo es una de las operaciones que reproducen su inserci贸n en el cuerpo. El escroleo es una parte del dispositivo, que pone al cuerpo -煤nico creador de valor- dispuesto para la Actualidad constante.

El capitalismo 24/7 (como lo llama Jonathan Crary) necesita esta suerte de tic masivo que nos mantiene disponibles. El escroleo mantiene activa la cinta del continuo. Con la vista encuadrada en la luminosa pantalla, y el dedo meta frotarla, incorporamos y reproducimos la matriz perceptiva de nuestro tiempo. El dedo manda al pasado lo ya visto, para traer r谩pidamente lo m谩s nuevo鈥 驴despu茅s acaso lo que vemos en persona tambi茅n empezamos a verlo como ya viejo, esperando r谩pido algo m谩s actualizado? El dedo va pasando las im谩genes, los mensajes, y si es por el dispositivo, la cinta vertical es sin fin, nunca llegamos a alg煤n lugar donde estar. Es que el escroleo es el horizonte de nuestra cabizbaja 茅poca; o acaso el escroleo sirve para que nuestra 茅poca no tenga horizonte, especulando infinitamente la Actualidad.

Sin fin, pero no eterno, es el patr贸n conectivo. Lo eterno dar铆a serenidad en vez de esta proliferante ansiedad. La ansiedad -otra pandemia- puede entenderse como la incorporaci贸n fisiol贸gica del dise帽o de los dispositivos; como reflejo ps铆quico automatizado (es decir, que ya no requiere la presencia del artefacto). La ansiedad: una necesidad de actualizaci贸n constante, que pase algo ya. Necesidad de producci贸n de futuro inmediato ya -un futuro, pues, desfuturizado-. Sometido a rendir en la Actualidad.

Suele se帽alarse que las notificaciones y solicitudes virtuales generan un golpe de dopamina que vuelve a las redes y artefactos conectivos una fuente de adicci贸n (por ejemplo, los escritos de la espa帽ola Marta Peirano). El celu ser铆a, en la praxis, menos tel茅fono que m谩quina tragamonedas (tal como las describe Andr茅s Fuentes en La cueva de los sue帽os. Precariedad, bingos y pol铆tica): lo abro, escroleo a ver si esta vez pinta golpe de suerte鈥. Pero en las teor铆as de adicci贸n por 鈥渃hutes鈥 de dopamina falta incluir, por un lado, la condici贸n de los artefactos como pieza de un r茅gimen econ贸mico general en cuyo sistema de alienaci贸n se integra (adem谩s, 驴pasaremos por alto que tanto el capital, como la medi贸sfera, son dos entidades abstractas que dominan lo vivo?). Y, adem谩s, en todo caso hay que pensar por qu茅 produce la bendita dopamina (si es que sucede tal cosa), por qu茅 excita y logra preeminencia.

En este punto, no podemos desentendernos, en este punto, de la herencia teol贸gica de la pantalla y las redes conectivas. Su sacralidad, su condici贸n divina, brillante, ultraterrena, omnisciente y paradis铆aca (sugerida en la obra de Paul Virilio, por ejemplo, pero tambi茅n en pel铆culas como Her). Son el aparato que nos religa. El celular es jackpot, s铆; pero tambi茅n es un rosario: objeto que agarramos y tocamos incluso 鈥減orque s铆鈥, palpando en 茅l una reconfirmaci贸n ef铆mera de que s铆, existimos; un m贸dico sosiego por chequear que ac谩 estamos -en tanto conectados a un m谩s all谩-.

Revista Bordes




Fuente: Lobosuelto.com