January 21, 2021
De parte de La Haine
231 puntos de vista


Fue en dos largas conversaciones que el Mallku, o Felipe Quispe Huanca, me resumi贸 su visi贸n estrat茅gica de la emancipaci贸n humana, siempre con los pies puestos en la tierra y su cabeza en la recuperaci贸n de la propiedad comunal y en la superaci贸n de la propiedad privada. Para la cultura dominante, era el maligno anti-h茅roe odiado a muerte por su significado pr谩ctico y te贸rico; para la cultura dominada, para los pueblos expoliados, era un compa帽ero al que se le encargaban duras responsabilidades por su capacidad demostrada. Lenin defini贸 a su admirada Rosa Luxemburg como 脕guila, el pueblo aimara llam贸 a Quispe, C贸ndor.

El impacto de aquellas conversaciones fue, en esencia y sin mayores precisiones ahora, el mismo que el de otras mantenidas con personas o colectivos vietnamitas, argelinos, indios, saharauis, birmanos, palestinos, haitianos, mapuche, kurdos, guaran铆es…: la tremenda incapacidad del grueso de la izquierda euroc茅ntrica para elevarse al nivel de conciencia organizada de los y las revolucionarias del mal llamado “tercer mundo”. El Mallku ven铆a a decir lo mismo sobre el engreimiento y la prepotencia del grueso de la izquierda euroc茅ntrica: su internacionalismo aparente oculta, por un lado, un desprecio profundo, y por otro lado, una pasividad frecuentemente colaboracionista a la hora de combatir los cr铆menes del imperialismo en sus mismas entra帽as. Pienso que si el Mallku hubiera vivido en Europa habr铆a extendido esta cr铆tica al trato que dan esas fuerzas gran-nacionalistas a los pueblos oprimidos por sus Estados.

Pese al tiempo transcurrido desde entonces, y gracias a los apuntes que hice despu茅s de las conversaciones, ahora voy a intentar actualizar a nuestro contexto mediante algunos puntos lo hablado en aqu茅l local popular que rezumaba rebeld铆a y dignidad:

Intransigencia en la caracterizaci贸n del opresor para no olvidar nunca su ferocidad, y menos cuando 茅ste se intente camuflar con el manto de su democracia. Fuera el pasado colonialismo espa帽ol, o la siempre b谩rbara presencia “invisible” de los yanquis, el racismo de las burgues铆as blancas, criollas y mestizas, o el reaccionarismo cristiano, las izquierdas siempre han de mantener actualizada la naturaleza hist贸rica de la clase explotadora y de su Estado. Debilitar la memoria de sus cr铆menes es abrir la puerta a que vuelvan a producirse. En cierta forma tal debilitamiento fue una de las causas que facilit贸 el 煤ltimo golpe de Estado en Bolivia. La recuperaci贸n de los fascismos en sus diferentes intensidades viene impulsada tambi茅n por la deliberada amnesia hist贸rica impuesta por los reformismos.

Intransigencia en la denuncia de los m茅todos represivos, como la tortura, que el Mallku sufri贸 como tantas otras personas y que es una pr谩ctica hist贸rica que define con mucha exactitud la inhumanidad de la cultura oficial espa帽ola e imperialista. El Mallku conoc铆a con detalle la naturaleza estructural de la tortura en el presente de las burgues铆as colaboracionistas de Nuestram茅rica, m茅todo trasplantado por la civilizada Europa desde el siglo XV, mejorado por las lecciones francesas a la CIA, etc. Hace muy poco, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha vuelto a condenar al Estado Espa帽ol, administrado por un supuesto 芦gobierno progresista禄 que incluso tiene un 芦ministro comunista禄, por no investigar torturas.

Intransigencia en la defensa del derecho/necesidad de la rebeli贸n contra la injusticia. Como militante de la organizaci贸n armada T煤pac Katari, el Mallku dominaba la teor铆a marxista de la violencia revolucionaria, de sus diferentes niveles t谩cticos de interacci贸n de las formas de rebeli贸n, resistencia activa o pasiva, movilizaci贸n no-violenta y pac铆fica, contenido 茅tico, etc. Sin la flexible dial茅ctica de esta teor铆a no entender铆amos el por qu茅 el imperialismo ha sufrido tantas derrotas, el por qu茅 las clases y naciones oprimidas la reactivan de nuevo, mejorada, tras cada lucha perdida, el por qu茅 las mujeres trabajadoras recurren a m煤ltiples autodefensas que tienen su matriz en esta teor铆a, etc. De hecho, la vuelta de la democracia a Bolivia ha sido posible tambi茅n por el miedo de amplios sectores de la burgues铆a golpista y de una parte del Ej茅rcito a que los pueblos y el proletariado dieran un salto cualitativo en la pr谩ctica de la teor铆a de la violencia revolucionaria, en el caso de que no bastara su creciente fuerza de masas en movilizaciones, cortes de carreteras, etc. Es muy probable que el Mallku hiciera suyas estas palabras de Rosa Luxemburg en 芦Una vez m谩s el experimento belga禄, Debate sobre la huelga de masas, PyP, n潞 62, Cartago, Argentina, 1975, p. 110:

El terreno de la legalidad burguesa del parlamentarismo no es solamente un campo de dominaci贸n para la clase capitalista, sino tambi茅n un terreno de lucha, sobre el cual tropiezan los antagonismos entre proletariado y burgues铆a. Pero del mismo modo que el orden legal para la burgues铆a no es m谩s que una expresi贸n de su violencia, para el proletariado la lucha parlamentaria no puede ser m谩s que la tendencia a llevar su propia violencia al poder. Si detr谩s de nuestra actividad legal y parlamentaria no est谩 la violencia de la clase obrera, siempre dispuesta a entrar en acci贸n en el momento oportuno, la acci贸n parlamentaria de la socialdemocracia se convierte en un pasatiempo tan espiritual como extraer agua con una espumadera. Los amantes del realismo, que subrayan los 芦positivos 茅xitos禄 de la actividad parlamentaria de la socialdemocracia para utilizarlos como argumentos contra la necesidad y la utilidad de la violencia en la lucha obrera, no notan que esos 茅xitos, por m谩s 铆nfimos que sean, solo pueden ser considerados como los productos del efecto invisible y latente de la violencia.

Intransigencia en la defensa a ultranza de la propiedad comunal e intransigencia radical por recuperar a cualquier precio los bienes comunes arrancados por la burgues铆a gracias a sus medios de alienaci贸n, a su violencia multifac茅tica y poli茅drica, y sobre todo a su Ej茅rcito. El Mallku y la organizaci贸n militante a la que pertenec铆a estuvieron en el punto estrat茅gico del frente de batalla durante la llamada “guerra del gas” en 2003 que result贸 victoriosa para el pueblo porque, entre otras razones, aplicaron los m茅todos aprendidos en la anterior “guerra del agua” de 2000 que tambi茅n acab贸 en triunfo. Las dos fueron decisivas para la ca铆da en picado del poder en Bolivia porque mostraron que no era invencible. Fueron centrales porque demostraron que los pueblos no ten铆an que ceder en aquello que era decisivo para su vida y tambi茅n, pero por razones antag贸nicas, para el poder boliviano y para las grandes corporaciones transnacionales que quer铆an quitarle el agua y el gas, es decir, elementos vitales. Es innegable la actualidad de estas lecciones para el presente y el futuro de la lucha de clases en el centro imperialista, en donde el capital se ha lanzado a una expropiaci贸n y privatizaci贸n masivas de todo lo p煤blico y com煤n… lo que se define como el cercamiento y la permanente acumulaci贸n por desposesi贸n.

La intransigencia en la defensa y adecuaci贸n te贸rica al presente de lo que Marx defin铆a como derecho consuetudinario, es decir, el derecho precapitalista de las clases y pueblos trabajadores a utilizar los recursos naturales, energ茅ticos, etc., de su entorno de uso p煤blico, no privatizable, colectivo y por ello mantenido con la racionalidad suficiente para impedir su agotamiento. El Mallku asum铆a esta visi贸n. No hay duda que ahora en ese amplio campo de lo com煤n entra desde la sanidad hasta el agua, la energ铆a, la educaci贸n, el transporte, la cultura, etc., y muy en especial, la gran propiedad bancaria e industrial que domina las nuevas tecnolog铆as y las finanzas, gran propiedad contra la que hay que iniciar una permanente campa帽a de masas para que sea expropiada y devuelta al pueblo obrero.

Y por no extendernos, intransigencia en la defensa de la cultura, lengua e identidad de las naciones trabajadoras en una visi贸n internacionalista, entendidas como esenciales para el libre desarrollo de sus potencialidad creativa y cr铆tica, revolucionaria, en el proceso de emancipaci贸n mundial. El Mallku sab铆a que la cultura del uso del agua en los pueblos de Cochabamba, por ejemplo, es una pr谩ctica que entiende la cultura como la administraci贸n popular de un valor de uso no privatizable; y sab铆a que la defensa del gas significaba otro tanto, as铆 como sendas lecciones internacionales. Adecuado este criterio al capitalismo que padecemos aqu铆, sabemos que la defensa de la sanidad p煤blica s贸lo es efectiva si avanza hacia un concepto socialista de salud humana, como antesala a una salud comunista. De este modo, cultura y revoluci贸n muestran su unidad en la victoria del valor de uso sobre el valor de cambio, sobre la mercantilizaci贸n de la vida.

El Mallku ocupa ya un puesto en la lista de revolucionarios y revolucionarias que, siempre en su praxis colectiva y popular de masas, llevaron a la pr谩ctica aquella m谩xima del Che seg煤n la cual la mejor pedagog铆a es el ejemplo.

EUSKAL HERRIA 21 de enero de 2021




Fuente: Lahaine.org