June 23, 2022
De parte de Lobo Suelto
161 puntos de vista

Mar铆a Moreno escribi贸 que la pituquer铆a literaria porte帽a ten铆a al gesto del tartamudeo en alta estima como un signo de refinamiento. Por otro lado, pienso que la ret贸rica pol铆tica precisa de la fuerza de la declamaci贸n para transmitir seguridad y certezas en sus diferentes formas de manifestaci贸n. Podr铆amos hoy, en esta tarde, sumar al absurdo como n煤cleo de posicionamiento ante la existencia. Sin olvidar las formas arb贸reas del pensamiento, 煤nico dispositivo incesante de la condici贸n humana, sus suaves desplazamientos entre el tejido de nuestras ideas, nuestros deseos, pasiones y entretelones palaciegos que nos habitan. 

Quiero nombrar al amor. A las convicciones y a la honestidad. Al desprejuicio y la incorrecci贸n en general. Quiero nombrar tambi茅n a Per贸n y a Clausewitz. A Copi y a Jos茅 Hern谩ndez. La Matanza, San Pablo y Rosario. Alberto Ure y Fabiana Cantilo. La literatura n贸rdica y el cine de Robert Bresson. A Liliana Herrero, su compa帽era eterna y a Delfina, su hija. A la curiosidad infinita del gato y el ni帽o. Tambi茅n al hombre ausente. 

Sin hacer mucho esfuerzo, pensando en estas cosas, nos damos cuenta de que Horacio se nos cuela por todos los costados. Por entre los difusos y misteriosos intersticios del recuerdo. Que es una nueva Roma. Entonces, ahora s铆, todos los caminos conducen a Horacio Gonz谩lez. 

Tiene la elegancia de hacerle sentir a un soldado raso que habla de igual a igual con un mariscal de campo. Piensa la pampa con sus restos, no como una llanura desolada, empapada en sangre ranquel, degollada por la codicia y la civilizaci贸n. Horacio nos trae de vuelta a una parte de Lucio V Mansilla, sin botas esta vez. Los restos y los pensamientos en Horacio resignifican todo. Porque 茅l entiende que de eso estamos hechos. De restos, pensamientos y balbuceos. Por eso la mixtura de sus infinitas capas de lenguaje pueden encolar, a la manera de un patchwork, con absoluto relajo y desparpajo en una obra 煤nica, siempre reveladora. El ensayo como una de las bellas artes y no como excremento de pasquines pol铆ticos. 

鈥淨u茅 complicado escribe Horacio鈥, 鈥淣o se le entiende nada鈥. Claro, nunca fue funcional ni siquiera a sus propias estructuras ideol贸gicas, que le reclamaban firmeza y frases cortas para cooptar incr茅dulos. El coro griego: 鈥溌ienen que entender Horacio!鈥,鈥 Si no, no sirve para nada!鈥.

隆Cu谩nta necedad se帽ores! Esa fiereza la despliega en los salones de la docencia. Cuando, por ejemplo, para explicar y contar parte de la Argentina menemista tom贸 al Padrino 3 de Francis Ford Coppola para desandar ese espacio de pasiones y locura pleno de rispideces, pero sobre todo rebalsado de preguntas. Con cu谩nta vehemencia Horacio interpelaba a sus alumnos de Sociolog铆a y los intimaba a pensar y a no repetir la letra aprendida de memoria en los gabinetes de las juventudes universitarias

Yo quiero decirlo, nombrarlo con la m谩xima claridad. Horacio Gonz谩lez no es un instrumento de comunicaci贸n partidaria. Es un hombre que ense帽a a pensar. No a construir manadas. El, como tantos y tantas, pero especialmente 茅l, fue una voz que la torpeza de la realpolitik argentina no se dign贸 en consultar. Confirmando la extrema embriaguez en la que vive gran parte de la dirigencia pol铆tica de este pa铆s. Y una forma m谩s del deseo expl铆cito de no llamar a voces que puedan interferir con los planes m谩s inmediatos, siempre proyectos fallidos per se, pero s铆, aportar perspectiva a trav茅s del tiempo para no repetir los mismos errores. Si bien sabemos que nunca se repiten de la misma manera. Horacio no es un instrumento de comunicaci贸n partidaria. Podr铆a haber sido un or谩culo viviente, un adviser, como Robert Duvall en la saga Corleone de Mario Puzo. Horacio Gonz谩lez como protagonista central de una 茅poca que ya pas贸 y fall贸. Estos asesoramientos no hubieran impedido su incansable tarea en la Biblioteca Nacional. Solo hubieran podido aportar serenidad y perspectiva hist贸rica a algunas decisiones que no hicieron mas que empeorar el cuadro de situaci贸n para las mayor铆as. 

La m煤sica de su diapas贸n es su ansia infinita de libertad. Ese sonido ilegible para muchos y fuente de divertimento, sabidur铆a y placer para nosotros. Qu茅 joia, la suavidad de su charla. Sus puntos de vista ins贸litos. Su impericia para estar en los lugares correctos. Su desconocimiento total de todo lo referido al sentido com煤n. Figura desconcertante mi amigo

Esta an茅cdota lo muestra de cuerpo entero. Ante la posibilidad de entrevistar a Jorge As铆s, Horacio fue el gestor de ese encuentro, no le tembl贸 el pulso. Eran dos hijos de la misma madre. El peronismo, aquella matrix a煤n indescifrable. El coqueto y sagaz escritor e ingenioso analista pol铆tico y el fil贸sofo ensayista soci贸logo y metaf铆sico de fuste. Supuestas ant铆podas de aquel momento. Los dos 谩vidos de saber del otro. Su tribu del Ojo Mocho se lo reclam贸 en varias oportunidades. 

Qu茅 persona singular铆sima mi amigo Horacio Gonz谩lez. Con el temple buda de Juan Ele Ortiz, la iron铆a borgeana a flor de piel y la picaresca criolla que le daba argumentos para rematar sus deliciosos exabruptos. En una presentaci贸n de un libro de Quique Fogwill y ante el imparable arrebato histri贸nico del gran escritor nacido en el barrio de Quilmes, despu茅s de una hora de diatriba contra de s铆 mismo, Gonz谩lez lo par贸 en seco y lo ret贸 p煤blicamente igual que a un ni帽o. Grande fue el estupor general al ver al enfant terrible Rodolfo Fogwill, acurrucado con las piernas subidas a su silla tom谩ndose las rodillas, en clara posici贸n de r茅probo escuchando aquellas palabras firmes, dichas en un tono acechante con cara de ni帽ito asustado. Claro, estaban hablando maravillas de 茅l ahora. Pero esto, que podr铆a parecer un acto dram谩tico de manipulaci贸n por parte del archiduque Rodolfo, fue m谩s bien una fuerte demostraci贸n de poder del rey Horacio. Su erudici贸n carec铆a de bordes. Y esto para el ni帽o Quique era la 煤nica p贸cima, fuera del 谩rea del amor familiar, que pod铆an embrujarlo y detenerlo abstra铆do de s铆 mismo unos instantes. S茅 que estamos en una marat贸n. Una faringitis me detiene en reposo en mi casa. Esta sala, la Jorge Luis Borges, es el lugar de encuentro y acci贸n junto a mi amigo durante todos estos a帽os. Por eso me duele no estar aqu铆, ahora, de cuerpo presente. Al lado tuyo Horacio.

Al finalizar la 煤ltima sesi贸n de grabaci贸n de Futurolog铆a Arlt, en la ciudad de Los 脕ngeles, a muchos kil贸metros de distancia de casa, Delfina, su amada hija putativa me comunica que Horacio hab铆a fallecido.

Prefer铆 creer que eso nunca sucedi贸. No me importa a qui茅n pueda caerle bien o mal, esto. Comparto con 茅l la dimensi贸n de lo et茅reo. De la metaf铆sica y la f铆sica cu谩ntica. Del desgarro y la desesperaci贸n junto a la m谩quina de escribir de madrugada. Los llamados son como siempre. Uno habla de una cosa y el otro de otra. Siempre nos entendemos, sin excepci贸n. El Gran Tel茅pata Astronauta C贸smico Argentino llamado Horacio Gonz谩lez sigue girando alrededor de las esferas celestes. Nos saluda desde all铆 y nos abriga desde su muerte. Aquel no lugar, igual que este.




Fuente: Lobosuelto.com