February 21, 2022
De parte de Centro De Medios Libres
1,884 puntos de vista

Por Javier Hern谩ndez Alp铆zar

Respecto al cosmos, el planeta, la naturaleza y la presencia de seres vivos en nuestro mundo, hay un punto de vista de la ciencia actual completamente nuevo y distinto al pensamiento que predomin贸 en los seres humanos antes de ella. Se trata de la idea de que no hay una finalidad, un designio, una voluntad que quiere algo, que quiso que el universo fuera, que existiera la vida, que existiera la conciencia.

Para la contempor谩nea ciencia de la naturaleza, que el universo sea como es, que haya vida en el planeta Tierra, que los seres vivos evolucionaran y el ser humano llegara a existir, a tener conciencia y a pensar no son resultados de un proceso que persigui贸 esa finalidad. Son efectos de causas que dieron esos resultados de manera contingente: nadie quiso que as铆 fuera.

Aunque ese punto de vista no teleol贸gico ni teol贸gico es compartido cada vez por m谩s personas, sigue siendo predominante el punto de vista opuesto: probablemente extrapolando la manera como interactuamos con el mundo, persiguiendo finalidades, deliberando, queriendo y persiguiendo ciertos fines mediante los correspondientes medios, los seres humanos solemos explicarnos la existencia y, sobre todo, el orden complejo y delicado del mundo como obra de un art铆fice.

As铆 el pensamiento religioso, el pensamiento m谩gico, mucho del pensar y el hacer que hoy llamamos art铆stico, y en una gran mayor铆a el pensamiento filos贸fico, supusieron o intentaron demostrar (y, dentro de la l贸gica de sus argumentos, lo hicieron) que el orden del mundo, su regularidad, su inteligibilidad para el pensamiento humano son el resultado, el producto, la obra maestra de un ordenador inteligente (o varios): el demiurgo, dise帽ador o arquitecto y art铆fice divino.

Si las religiones institucionales han perdido prestigio ante los ojos de sus ex seguidores es por el comportamiento de sus 茅lites clericales, de sus pastores y maestros: conservadurismo pol铆tico, privilegios econ贸micos, esc谩ndalos de abuso sexual.

Sin embargo, el pensamiento de que el orden de las cosas es resultado de una deliberaci贸n y de una voluntad no ha disminuido; solamente ha mudado de sujetos sus elaboraciones m铆ticas: algunos han sustituido la creencia en dioses, 谩ngeles y demonios por la creencia en extraterrestres, alien铆genas, seres de inteligencia y tecnolog铆a superior.

Otros han trasladado la idea de un dise帽o de autor para el orden de lo que ocurre a las teor铆as de la conspiraci贸n. La conspiraci贸n es la versi贸n parcialmente secularizada de la creaci贸n divina y la divina providencia: el destino de los seres humanos, familias, tribus, naciones, Estados, es obra de un grupo poderoso que en secreto manipula los hilos y genera terremotos, guerras, pestes, o bien, dise帽a en sus laboratorios secretos nuevos coronavirus.

La mente humana se ha acostumbrado a las narraciones (los mitos, las narrativas, las historias, los relatos sagrados, sean esot茅ricos o nacionalistas) y le resulta incomprensible que en un mundo de causas sin finalidad, azares sin intenciones, entrop铆a, ocurra que un virus pase de los murci茅lagos a otras especies y luego infecte a los seres humanos y desate una pandemia, sin que nadie haya hecho nada intencional y deliberadamente.

Acostumbrado a pensar su realidad y su mundo como obra de un autor, y desprestigiadas las religiones institucionales y tradicionales e incluso la creencia te铆sta, le parece m谩s l贸gico pensar en mentes perversas y poderosas que manipulan el mundo y causan los 鈥渕ales鈥.

Nadie sabe si alguna vez el pensamiento de la ciencia natural y la cosmolog铆a actual llegar谩 a cambiar esa manera de pensar y nos acostumbraremos a pensar el devenir del cosmos como un proceso sin finalidades, sin un sujeto o varios sujetos inteligentes que sean sus art铆fices.

Es dif铆cil normalizar la idea de que el pensamiento de fines y medios, motivado por un deseo, una voluntad, ocurre solo con el querer y el hacer humano (la praxis humana), pero el cosmos no persigue finalidades.

Mientras tanto las teor铆as de la conspiraci贸n, que mejor ser铆a llamar, fantas铆as de la conspiraci贸n, seguir谩n sustituyendo el lugar vac铆o de los mitos religiosos. Una consecuencia negativa de esa manera de pensar son decisiones pr谩cticas como los movimientos masivos antivacunas o anticubrebocas.

El problema es que ni con la mejor divulgaci贸n cient铆fica se satisface un anhelo de almas humanas acostumbradas a narrativas, historias, desarrollos por tensi贸n argumentativa y protagonistas: dioses, h茅roes, demonios, 谩ngeles, hadas o extraterrestres y conspiradores que jueguen esos roles.

La mejor divulgaci贸n de la ciencia ofrece muchos atractivos intelectuales y aun est茅ticos, pero no nos puede contar historias de mentes que persiguen fines nobles o malvados.




Fuente: Centrodemedioslibres.org