September 20, 2021
De parte de Centro De Medios Libres
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Por Javier Hern谩ndez Alp铆zar

No tengo tiempo de cambiar mi vida. / La m谩quina me ha vuelto una sombra borrosa鈥 Rodrigo Gonz谩lez.

Mi autom贸vil es mi pie, mi pie. Un pie que asciende la ladera de San Benito. Otro que desciende la ladera de Santa Ana. Caetano Veloso.

A la memoria de la Dra. 脕ngela Giglia, q.e.p.d.

En la novela-cuento de hadas de Michael Ende: Momo, los hombres grises recomiendan a sus v铆ctimas ahorrar tiempo, como si pudieran recuperarlo despu茅s, incluso incrementado; y luego los hombres grises se apropian de ese tiempo, lo acumulan y lo usan, robando y empobreciendo as铆 la vida de sus v铆ctimas.

El relato de Michael Ende da en el coraz贸n de uno de los problemas centrales de nuestra 茅poca: el tiempo. Tema abordado por diferentes pensadores, cient铆ficos, literatos y fil贸sofos, entre ellos: Martin Heidegger, quien nos record贸 que el ser es temporal, es acontecimiento: el ser es tiempo. Y Karl Marx, quien nos mostr贸 c贸mo, en el sistema capitalista, nuestro ser humanos, nuestra praxis y trabajo productor, es tiempo de vida que se objetiva, se cosifica en los productos de nuestra labor: en el valor. Por lo cual el capital puede acumular ese valor, ese tiempo de trabajo y tiempo de nuestra vida cosificado, para crecer como capital, como valor acumulado que se enriquece mientras la vida del trabajador se empobrece.

Simone Weil sugiri贸 investigar qu茅 herramientas pueden no oprimir al trabajador, sino mantenerlo libre y creativo. Con ese tipo de herramientas, la opresi贸n tendr铆a que disminuir y permitir al trabajador ser capaz de relaciones cara a cara entre personas, relaciones de justicia y amor.

Iv谩n Illich propuso investigar los umbrales que no deber铆an cruzar nuestras herramientas, especialmente las m谩s sofisticadas: los sistemas, para que no dejen de ser convivenciales, es decir para que sigan estando al servicio de los seres humanos y no los priven de su autonom铆a, sino que les permitan la austeridad, en una sociedad en la cual el ideal sea la amistad, como pensaban Arist贸teles, Tom谩s de Aquino y Simone Weil.

El autom贸vil y en general los transportes hace mucho que rebasaron dos umbrales, el primero, en el cual un aumento en la velocidad, por la tracci贸n animal y el uso de la rueda, aumentaron la velocidad y capacidad de carga y de desplazamiento; y un segundo umbral que prometi贸 aumentar la velocidad todav铆a m谩s, pero los ha convertido en un sistema no convivencial y contraproducente: pues ahora nos quitan m谩s tiempo, energ铆a, recursos, dinero, vidas humanas y vida en los ecosistemas de lo que nos permiten desplazarnos.

En una de sus reflexiones antes del diluvio, Karel Kos铆k dice que la ciudad contempor谩nea ha sido reducida a funciones. Se refiere a las funciones del urbanismo de Le Corbusier y el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM): la funci贸n habitar, confinada a la vivienda; otra funci贸n: el trabajo, y una tercera: la recreaci贸n y vida social, cada una de ellas separada en una zona distinta de la ciudad industrial, y como enlace entre todas ellas: la circulaci贸n, o como lo dice Karel Kos铆k, el transporte. El transporte se convierte en el emperador a cuyo fin se subordina todo: historia, memoria, arraigo, vidas humanas. Nadie se puede oponer al progreso o el desarrollo en forma de carretera, autopista, corredor, puerto, aeropuerto o tren.

Los autom贸viles son en la ciudad, lo que las vacas en el campo鈥, dijo alguna vez el antrop贸logo y ecologista veracruzano Helio Garc铆a. Porque en el campo se sacrifica ecosistemas, vidas campesinas e ind铆genas, agricultura, todo, a la apertura de campos de pastoreo para vacas, productoras de leche y de carne en cortes finos para los restoranes de lujo y carne de segunda para hamburguesas. En la ciudad se sacrifica todo: historia, memoria, el habitar, los ciudadanos, a las necesidades de m谩s espacio, m谩s recursos, m谩s energ铆a, m谩s de todo para los autom贸viles. En el campo, las vacas contribuyen con metano a los gases de efecto invernadero, y en la ciudad, los autom贸viles, con di贸xido y mon贸xido de carbono. La realidad del cambio clim谩tico, se帽alada antes por unos pocos enterados como Jean Robert y Jean-Pierre Dupuy, es hoy noticia diaria, incluso en la televisi贸n, y la ponen en nuestra agenda cient铆ficos, activistas como Greta Thunberg y el movimiento Fridays For The Future, los ecosocialistas, el discurso del subcomandante Mois茅s en Viena, el de la vocera del CNI -CIG Marichuy y l@s concejales del CIG en su recorrido por el pa铆s e incluso la UNICEF y la ONU, entre otras organizaciones.

La producci贸n industrial de autom贸viles es para los economistas un indicador de salud de la econom铆a capitalista, tal como los depredadores son indicador de la salud de un ecosistema para los ec贸logos. Con la diferencia de que los predadores contribuyen al equilibrio de los ecosistemas, pero los autos, a la destrucci贸n de ecosistemas. En lo que podr铆an quiz谩s equipararse los autom贸viles a los predadores es en las muertes que ocasionan. 鈥淟os transportes son una empresa pac铆fica que causa m谩s muertes que la guerra.鈥 As铆 lo consigna Jean Robert, basado en los informes t茅cnicos que revis贸.

Como los hombres grises de la novela Momo, los promotores de la industria automotriz hacen creer a sus v铆ctimas que comprar y conducir un autom贸vil enriquecer谩 sus vidas, multiplicando la velocidad de sus desplazamientos y dej谩ndoles m谩s tiempo libre, pero hacen a sus clientes esclavos de un cron贸fago, un devorador de tiempo, como lo llam贸 Jean Robert.

Y los hacen tambi茅n v铆ctimas de un sistema que altera nuestra vivencia, nuestra percepci贸n y experiencia de la temporalidad y la espacialidad, pervirtiendo nuestra cronotop铆a, nuestra ubicaci贸n en la coordenadas de tiempo y espacio en la vida diaria.

Junto con el ingeniero y fil贸sofo Jean-Pierre Dupuy, el fil贸sofo y urbanista Jean Robert public贸 en franc茅s en los a帽os setenta una investigaci贸n cient铆fica sobre los transportes como sistemas no convivenciales.

Con los datos encontrados en informes t茅cnicos sobre la velocidad a la que cotidianamente pueden desplazarse los autos en las ciudades realmente existentes, c谩lculos sobre el tiempo de la vida de los seres humanos que los autom贸viles y los transportes devoran, restando a sus usuarios tiempo de vida, espacio de la ciudad, el barrio e incluso de su vivienda, consumiendo energ铆as f贸siles, dinero, es decir, trabajo, y produciendo contaminaci贸n de la atm贸sfera, contaminaci贸n por ruido, enfermedades, muertes por accidentes viales y, sobre todo, alterando la manera como el ser humano percibe y hace experiencia del tiempo y del espacio.

Emmanuel Kant pens贸 el tiempo y espacio como dos categor铆as del sujeto que permiten las intuiciones, es decir las percepciones, y por ello, la experiencia y el conocimiento. Sin embargo, la manera como percibimos el tiempo y el espacio se forma en nuestra experiencia cotidiana: en caminar o ir en bicicleta, que no es lo mismo que ir en un autom贸vil, un tren, un avi贸n o un barco. La escala de nuestro mundo habitado la tomamos de nuestra experiencia de recorrerlo.

El usuario de los transportes actuales pierde una relaci贸n m谩s directa con su entorno, relaci贸n que tiene quien camina o viaja en un transporte convivencial como la bicicleta o un carro desplazado por tracci贸n animal.

Los transportes del sofisticado y nada convivencial sistema actual modifican nuestro mundo en m谩s de un sentido: ocupando espacio, trabajo, inversi贸n en dinero, energ铆a, tiempo, pero tambi茅n alterando nuestra ubicaci贸n cronot贸pica: incluso la manera de referirnos a la distancia que nos separa de un poblado o ciudad cercanos ya no es por kil贸metros, sino que decimos 鈥渆st谩 a una hora o a hora y media鈥, suponiendo la velocidad del transporte.

Y la desigualdad se incrementa: En las ciudades industrializadas que han construido primeros pisos o v铆as por encima del nivel del suelo, arriba, circulan 鈥渓os capitalistas de la velocidad鈥, como los llama Jean Robert, y abajo, gastando tiempo, horas de sus vidas, 鈥渓os proletarios de la velocidad鈥, en su diario movimiento pendular entre su lugar de trabajo y explotaci贸n y donde viven, o por lo menos donde llegan a dormir: separados de su casa por horas consumidas en un autom贸vil o un transporte urbano. Al tiempo de vida extra铆do en forma de plusvalor en el lugar de producci贸n, se suma el tiempo de vida gastado en el transporte.

Como observaron de diferentes maneras Karl Marx, Simone Weil e Iv谩n Illich, Jean-Pierre Dupuy y Jean Robert muestran c贸mo, lo que debi贸 ser un medio para la vida, el transporte, se convierte en un fin en s铆 mismo, mediatizando e instrumentalizando al ser humano.

Es una gran aportaci贸n que 脥taca, editorial que ya ha publicado obras necesarias para entender nuestro mundo actual de autores como Karel Kos铆k, Franz Hinkelammert y Bol铆var Echeverr铆a, entre otros, publique ahora en castellano Los cron贸fagos, La era de los transportes devoradores de tiempo, de Jean Robert.

Habitamos en el tiempo, nuestra vida es tiempo, por ello todo lo que devore nuestro tiempo, robe nuestro tiempo, nos est谩 quitando nuestra vida.

Ser铆a muy bueno poder caminar despacio, como Momo y la tortuga Casiopea, e incluso parar el tiempo, parar el mundo, para reiniciarlo a un ritmo m谩s lento, de convivencia humana con el ideal de la amistad y la justicia, como lo quisieron Arist贸teles, Tom谩s de Aquino, Karl Marx, Simone Weil, Iv谩n Illich, Michael Ende y Jean Robert.

Texto le铆do el 18 de septiembre de 2021 en la presentaci贸n en el espacio de Aequus, promoci贸n y defensa de los derechos humanos, del libro de Jean Robert, Los cron贸fagos, La era de los transportes devoradores de tiempo, Ed. 脥taca, M茅xico, 2021.




Fuente: Centrodemedioslibres.org