July 26, 2021
De parte de Centro De Medios Libres
244 puntos de vista


Por Javier Hern谩ndez Alp铆zar

Escuch茅 una vez a una acad茅mica contar c贸mo los colombianos se vieron obligados por su realidad a convertirse en 鈥渧iolent贸logos鈥. Vivieran dentro o fuera de su pa铆s, fueran acad茅micos, periodistas, investigadores, artistas, activistas, tuvieron que enfocar sus disciplinas a tratar de entender el fen贸meno de la violencia y a tratar de proponer alternativas frente a ella.

Otra acad茅mica del mismo pa铆s explic贸 que las radios comunitarias, en medio de todos los ej茅rcitos y grupos armados, no hablaban de la guerra, porque dijeran lo que dijeran se echar铆an encima a un ej茅rcito inc贸modo con su versi贸n del conflicto armado.

Las radios comunitarias se dedicaban a promover la paz y la civilidad. Promov铆an activamente el di谩logo y la resoluci贸n pac铆fica de conflictos entre grupos populares y sociales. Hac铆an de mediadoras en algunos casos. Pero sobre todo, promov铆an que las ni帽as, ni帽os y adolescentes no se desarraigaran. Procuraban que amaran su pueblo, su cultura, su vida civil.

Hac铆an talleres y convocatorias para que los j贸venes tomaran fotos, pintaran, dibujaran su entorno. Sin decirlo, procuraban que esas generaciones nuevas decidieran seguir siendo civiles y no se unieran a ning煤n grupo armado.

Promover una cultura de paz, no violencia, soluci贸n dialogada de conflictos, era su aportaci贸n para ir dejando atr谩s la violencia y la muerte que ten铆an ensangrentada a Colombia.

M茅xico hoy vive inmerso en una epidemia de violencia fratricida, feminicida, juvenicida, infanticida. Adem谩s de la pandemia, en la cual M茅xico es el pa铆s con m谩s hu茅rfanos por covid en el mundo, seg煤n The Lancet.

La psic贸loga Leticia Cufr茅, quien hab铆a trabajado con v铆ctimas de la guerra contrainsurgente en Centroam茅rica, reflexion贸 que si bien una vez crey贸 que con esas personas hab铆a visto ya los peores estragos de la violencia, en el M茅xico de principios de siglo y milenio apreciaba algo m谩s grave: la sobreadaptaci贸n a la violencia.

Hoy asistimos a la normalizaci贸n de las altas cifras de muertos, por la pandemia y por la epidemia de violencia, asesinatos, feminicidios, desapariciones.

El lenguaje de la guerra se ha vuelto hegem贸nico y lo usamos como l贸gica enloquecida para hablar de otras actividades humanas que se supon铆an diferentes a la guerra: la pol铆tica, el comercio, los deportes.

Ir贸nicamente, es un ej茅rcito el que est谩 llamando a la cordura. Debe ser porque ellos conocen la guerra en carne propia, no la 茅pica falaz de la propaganda, sino las muertes, los compa帽eros ca铆dos, la resistencia cotidiana en medio de un cerco militar, paramilitar, pol铆tico y medi谩tico.

Posiblemente por ello, las y los zapatistas nos invitan a tomar partido no por uno de los hip贸critas bandos de 鈥渓iberales y conservadores鈥, de los victimarios de ayer y los de hoy, sino tomar partido por las v铆ctimas y su derecho a verdad y justicia.

Solamente una organizaci贸n que tambi茅n es ind铆gena, del CNI y vive rodeada de grupos armados criminales que les disparan y los asesinan, entendi贸 pronto y contest贸 al llamado. Me refiero al CIPOG EZ.

Los dem谩s seguimos en la vor谩gine en que nos ha puesto el r茅gimen: o conmigo o contra m铆.

Los zapatistas no han negociado, ni claudicado, no se han rendido ni se han vendido. Tienen un ej茅rcito propio y son la 煤nica autonom铆a en el pa铆s que podr铆an defenderse con las armas como ultima ratio, en caso de no quedar m谩s remedio.

Vendr谩n a la ciudad de M茅xico a exigir los pasaportes y las credenciales del INE a que tienen derecho. Y van a Europa, donde centenares de organizaciones de abajo y a la izquierda los esperan para dialogar con ellos. En otros lugares del mundo, en donde la bipolaridad 4t vs anti4t no significa nada, comprenden mejor que la palabra zapatista es seria. No es por popularidad, es por la vida.

En M茅xico, la violencia ha generado desarraigo, resentimiento, rabia, obcecaci贸n. Ir贸nicamente, entre los grupos m谩s golpeados por esa violencia, los ind铆genas, es donde hay todav铆a pensamiento cr铆tico, y capacidad de tomar distancia y hacer propuestas.

No es porque esos y esas ind铆genas tengan un naturaleza humana distinta: es que sus condiciones materiales, si bien de pobreza, son otras: autonom铆a, arraigo, autogobierno, seguridad en quienes son. No necesitan ostentar pureza ideol贸gica o genialidad ante nadie: est谩n seguras y seguros de su paso, de su organizaci贸n y su lucha.

En el resto del pa铆s, cuesta mucho trabajo incluso entender lo b谩sico, las verdades de Perogrullo.

H谩galo porque tal vez, debajo de clasificaciones, banderas, escudos y consignas, usted es un ser humano.鈥

Tal vez d茅 temor buscar en uno mismo debajo de esos ropajes, 鈥渃lasificaciones, banderas, escudos y consignas鈥, porque descubriremos que esos humanos que somos no son distintos de la v铆ctimas de la violencia organizada o la pandemia de covid.

Pero si nos atrevemos a encontrar nuestro rostro y nuestro coraz贸n debajo de ese traje que es la 鈥減ersonalidad鈥, y nuestra 鈥渇iliaci贸n ideol贸gica鈥, descubriremos no solo que somos humanos, como las v铆ctimas y los familiares de las v铆ctimas, sino tambi茅n humanos como nuestros hermanos zapatistas, nuestros hermanos del CIPOG-EZ y del CNI.

Podemos estrechar sus manos con confianza, algo que no se puede decir de la clase pol铆tica/empresarial/militar.




Fuente: Centrodemedioslibres.org