November 10, 2022
De parte de Centro De Medios Libres
145 puntos de vista

Por Javier Hern谩ndez Alp铆zar

Solo lo que es justo es leg铆timo. El crimen y la mentira no lo son en ning煤n caso鈥.

Simone Weil

Las religiones, las teolog铆as y las ideolog铆as, en diferentes periodos de la historia, han servido como sistemas de creencias, ideas y pr谩cticas que pretenden justificar el poder y el estado de cosas vigente.

Si bien, al menos en Occidente, el periodo moderno se caracteriza por una incompleta pero amplia secularizaci贸n del mundo, de la vida diaria, de la pol铆tica, muchas de las ideas, creencias y pr谩cticas religiosas han sobrevivido como r茅moras insertas en medio de las ideolog铆as supuestamente laicas y cient铆ficas.

Max Weber explic贸 c贸mo el calvinismo, con sus ideas de predestinaci贸n y su recomendaci贸n de austeridad, puritanismo y arduo trabajo, ayud贸 a forjar el 鈥渆sp铆ritu del capitalismo鈥 y a legitimar la acumulaci贸n de dinero. Quiz谩 por eso el d贸lar ostenta una leyenda que dice 鈥渆n Dios creemos鈥, con lo que una ambigua divinizaci贸n del dinero o monetarizaci贸n de la fe sustenta el proceso de acumulaci贸n capitalista.

Opina el te贸logo de la liberaci贸n Franz Hinkelammert que la 鈥渕ano invisible鈥 de los liberales y los neoliberales (de Adam Smith a Friedrich August Hayek) es una versi贸n actual de la 鈥渄ivina providencia鈥. En todo caso, creen que Dios bendice la riqueza y da el espaldarazo al capitalismo, contrariamente a la lectura antigua y medieval del Evangelio.

En sus Escritos de Londres, la pensadora francesa Simone Weil propone suprimir los partidos pol铆ticos. Esto, en 1942 o 1943. En su argumentaci贸n para justificar su propuesta, explica a los partidos pol铆ticos de la Europa continental como m谩quinas de producir pasi贸n colectiva, con lo que obnubilan la raz贸n e impiden que se tomen decisiones sensatas, razonables, por lo cual, las mayor铆as fanatizadas o manipuladas mediante sus pasiones est谩n muy lejos de poder construir la 鈥渧oluntad general鈥 que deseaba Rousseau.

Cuando hay pasi贸n colectiva en un pa铆s 鈥 dice Simone Weil鈥, es probable que una voluntad particular cualquiera est茅 m谩s cerca de la justicia y de la raz贸n que la voluntad general, o m谩s bien que lo que constituye su caricatura.鈥

Las grandes masas que siguieron a Hitler y a Mussolini estaban muy probablemente ante la mirada de Simone Weil cuando ve铆a que esa pasi贸n colectiva era una caricatura de 鈥渧oluntad general鈥 y, por lo tanto, la democracia se hab铆a transmutado en su opuesto: tiran铆a, dictadura, totalitarismo. Weil lo llamaba 鈥渓a gran bestia鈥, un animal idol谩trico que destru铆a Europa, con la guerra y el fascismo, y destru铆a las esperanzas revolucionarias en la URSS, con el estalinismo.

Un momento hist贸rico anterior que mostr贸 la tendencia totalitaria de una facci贸n convertida en partido fue el periodo del terror durante la Revoluci贸n Francesa:

Las luchas de las facciones bajo el Terror 鈥揺scribi贸 Weil鈥 estuvieron gobernadas por la idea tan bien formulada por Tomski: 芦Un partido en el poder y todos los dem谩s en prisi贸n禄.鈥

Las purgas y la destrucci贸n de los revolucionarios bolcheviques por Stalin repetir铆an en el siglo XX ese negro momento en que una revoluci贸n se convierte en terror y dictadura de partido.

Una de las caracter铆sticas que Simone Weil diagnostica en los partidos pol铆ticos, con su tendencia a anular el pensamiento y a convertir a los ciudadanos en repetidores de consignas y doctrinas dogm谩ticas, es reproducir la persecuci贸n que antes la iglesia cat贸lica y las iglesias reformadas hicieran de los herejes.

Recordemos a la iglesia cat贸lica castigando a Galileo Galilei y a Giordano Bruno; a Miguel Servet perseguido por Calvino y por los cat贸licos; a Baruch Spinoza huyendo de la ortodoxia jud铆a; a las 鈥渂rujas鈥, mujeres cuyos saberes fueron demonizados, perseguidas por la Inquisici贸n cat贸lica y las Inquisiciones de las iglesias reformadas en Europa y en Am茅rica.

Recordemos tambi茅n las ejecuciones de las brujas de Salem, que Arthur Miller recuper贸 como analog铆a para criticar el macartismo y la persecuci贸n de comunistas en los Estados Unidos del siglo XX. De ah铆 viene la expresi贸n 鈥渃acer铆a de brujas鈥 para referirnos a la persecuci贸n y represi贸n de chivos expiatorios, en M茅xico, la usual fabricaci贸n de culpables.

Como explica Marvin Harris, en Vacas, cerdos, guerras y brujas, uno de los m贸viles de la cacer铆a de brujas era despojarlas de sus bienes. Otro era desviar la atenci贸n de los verdaderos responsables de las crisis: los poderosos, los gobernantes, los pr铆ncipes. El filme Las brujas de Salem, basado en la novela de Arthur Miller, muestra c贸mo la cacer铆a de brujas encubre el despojo de las tierras de las v铆ctimas. Como la lucha contra la herej铆a y la evangelizaci贸n de los ind铆genas justific贸 en el siglo XVI la conquista y colonizaci贸n en Am茅rica Latina.

Simone Weil aprecia una iron铆a de la historia europea: El Renacimiento y la Reforma pretendieron iluminar al mundo y la sociedad, pero con el surgimiento de los partidos pol铆ticos como m谩quinas de producir pasiones colectivas y con sus tendencias totalitarias, revivieron la inquisici贸n y la persecuci贸n de los herejes que no comulgan con los dogmas del Partido:

Y es que el movimiento de revuelta contra la asfixia de los esp铆ritus en el r茅gimen inquisitorial 鈥 se帽ala Weil鈥 tom贸 una orientaci贸n tal que prosigui贸 la obra de asfixia de los esp铆ritus.

La Reforma y el humanismo del Renacimiento, doble producto de aquella revuelta, contribuyeron ampliamente a suscitar, despu茅s de tres siglos de maduraci贸n, el esp铆ritu de 1789. El resultado ha sido, despu茅s de un cierto plazo, nuestra democracia fundada en el juego de los partidos, en la que cada uno es una peque帽a Iglesia profana, armada con la amenaza de la excomuni贸n. La influencia de los partidos ha contaminado toda la vida mental de nuestra 茅poca.鈥

No deber铆a sorprendernos entonces que el partido en el poder (una iglesia profana) condene y anatemice a quienes piensan diferente y, mediante insultos, calumnias y difamaciones (鈥渞acistas, clasistas y corruptos鈥, o bien: 鈥渞ateros鈥 y 鈥渁chichincles鈥), los queme en efigie todas las ma帽anas en el altar moderno de los medios de comunicaci贸n. Un ayatola con sus fieles seguidores se autoerigen en los buenos, los puros, los no corruptos, los salvos, y condenan a los herejes, los malos, los adversarios: los diablos, los que dividen al 鈥減ueblo bueno鈥.

El lenguaje religioso del ayatola (ha llamado 鈥渟agrado鈥 al 鈥渄inero del pueblo鈥) es la herencia de esas viejas inquisiciones cat贸licas y reformadas que quemaban herejes y brujas, y de paso, se quedaban con sus bienes y territorios; en este caso, con los megaproyectos del sureste en territorios ind铆genas.

Se supone que la democracia nos debe llevar a la libre discusi贸n de las ideas y a la tolerancia (o bien, que la libre discusi贸n nos lleva a la democracia), pero, en M茅xico, parece que el voto masivo nos regres贸 al Martillo de las Brujas y a los Torquemadas.




Fuente: Centrodemedioslibres.org