September 27, 2021
De parte de Centro De Medios Libres
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Por Javier Hern谩ndez Alp铆zar

Leer a Nicol谩s Maquiavelo y repensar el poder, la sociedad, el Estado, la autoridad, la organizaci贸n, la fuerza, la utop铆a, el proyecto de futuro.

Hace apenas 500 a帽os, contempor谩neo de la llegada de Crist贸bal Col贸n y de Hern谩n Cort茅s a Am茅rica, Maquiavelo so帽贸 con la unificaci贸n de Italia. Apelaba a que los italianos dejaran de tener una mirada localista que los manten铆a divididos, fragmentados, enfrentados entre s铆, presas de las potencias europeas como Espa帽a (Castilla) y Francia.

Apelaba a que los italianos revivieran la grandeza de la rep煤blica romana y juntando sus fuerzas, solo con ej茅rcitos propios, sin mercenarios, expulsaran a los b谩rbaros.

El sue帽o maquiaveliano de la unidad italiana se cumpli贸 solo en el siglo XIX, con la lucha de revolucionarios italianos y con el concurso de Francia, entonces gobernada dictatorialmente por Luis Bonaparte, quien tambi茅n apoy贸 a Maximiliano de Habsburgo en su fallida aventura para ser emperador en M茅xico. (Un megaproyecto de Luis Bonaparte era hacer un canal en el Istmo de Tehuantepec.)

Maquiavelo no vio realizado su sue帽o patri贸tico. Por el contrario, ya en vida comenz贸 su demonizaci贸n por su libro El pr铆ncipe, le铆do como manual para dictadores y tiranos. Ese libro en el que, juntando las experiencias y observaciones personales con lo que de hecho practicaban los gobernantes de las ciudades estado italianas, las potencias europeas y, en el pasado, de Grecia, Roma e incluso ejemplos de la Biblia, Maquiavelo discurri贸 sobre el uso estrat茅gico de la fuerza y la astucia para hacerse del poder y conservarlo, para gobernar y mantener la estabilidad y la unidad.

Los gobernantes han hecho toda la vida lo que Maquiavelo describe y sistematiza. En M茅xico, Maquiavelo ser铆a casi un 鈥渆tn贸logo y esten贸grafo del poder鈥 o un escritor costumbrista que describe c贸mo han gobernado los emperadores, l铆deres, caudillos y presidentes, sexenales o casi 鈥渆ternos鈥, liberales y conservadores.

Sin embargo, en Maquiavelo hay una tensi贸n entre dos posturas aparentemente inconciliables: el autoritarismo, la fuerza y la astucia como virtud de un pr铆ncipe que domina a la fortuna y gobierna con mano firme y unipersonal, pero tambi茅n el Maquiavelo republicano de los Discursos sobre la primera d茅cada de Tito Livio.

Sin 谩nimo de forzar los textos, en un art铆culo publicado en la revista Dianoia, 鈥淟os dos discursos de Maquiavelo鈥, Luis Villoro explica que hay dos l贸gicas distintas en esos dos libros: la instrumental, en El principe, donde el problema es c贸mo encontrar los medios eficaces para ejercer el poder en un mundo regido por la fuerza. Esa l贸gica nada nos puede decir de los fines. Y por otro lado, en los Discursos, la l贸gica de perseguir un fin de bien o utilidad p煤blica, la grandeza, independencia, autonom铆a y estabilidad, que no puede establecerse con la l贸gica meramente instrumental.

En sociedades con una gran igualdad social y sin corrupci贸n, el mejor gobierno es la rep煤blica, incluso el autoritarismo no ser谩 impuesto f谩cilmente porque el ideal de libertad est谩 en la sociedad y querr谩n su libertad. La rep煤blica es el gobierno menos opresivo porque predomina el pueblo, que no quiere oprimir a nadie sino no ser oprimido por la nobleza, la 茅lite. Este es tambi茅n Maquiavelo.

En cambio, en sociedades con grandes desigualdades y donde impera la corrupci贸n, donde predomina la b煤squeda del bien particular sobre el bien p煤blico, solo puede prevalecer el autoritarismo de un pr铆ncipe despiadado, astuto, que no se arredre para violar las leyes 茅ticas, morales y religiosas. Siempre que el pr铆ncipe guarde las apariencias, que se haga temer, pero no odiar.

Probablemente era el caso de la fragmentada Italia, balcanizada y enfrentada, como el M茅xico independiente del siglo XIX.

Por ello Adolfo Gilly y Rhina Roux (ella, en su libro-tesis El pr铆ncipe mexicano) retomando a Maquiavelo y a Antonio Gramsci dicen que el estado mexicano se conform贸 como un pr铆ncipe, principalmente entre Benito Ju谩rez y L谩zaro C谩rdenas, con su punto m谩s alto en la expropiaci贸n petrolera. La estabilidad vino con el monarca sexenal con derecho a designar a su sucesor, pr铆ncipe a quien adem谩s favoreci贸 el modo corporativo de enfrentar el capitalismo (New Deal en Estados Unidos, fascismos y socialismo real en Europa, estado de bienestar en varios pa铆ses).

Luego el capitalismo mut贸 para enfrentar la crisis del estado de bienestar y el 鈥渘eoliberalismo鈥 desat贸 una nueva acumulaci贸n por desposesi贸n, una nueva 鈥渁cumulaci贸n originaria鈥: privatizaciones, austeridad para los de abajo, acumulaci贸n para los de arriba, megaproyectos desarrollistas: despojo, ecocidio y etnocidio, extractivismo feminicida, guerra contra los de abajo (la IV guerra mundial contra los pueblos, dice el EZLN) y, en M茅xico, la balcanizaci贸n del 鈥減r铆ncipe fragmentado鈥 (Roux).

En un intento de salir de ese desorden y violencia, el pueblo mexicano apelar铆a a su pasado autoritario, nost谩lgicamente idealizado, incapaz de organizarse para un modelo m谩s democr谩tico, buscar铆a un hombre providencial que saque adelante los intereses del capital, disfrazados de bien p煤blico, porque la burgues铆a es incapaz de imponer su inter茅s general de clase por encima de los intereses de las facciones burguesas enfrentadas. Justo como analiz贸 Carlos Marx para el caso del Luis Bonaparte en el siglo XIX.

Le贸n Trotsky pens贸 el caso mexicano viendo a L谩zaro C谩rdenas, con el concepto que, de Federico Engels en adelante, trat贸 de sintetizar el an谩lisis de Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte.

El concepto de bonapartismo aplicar谩 para presidentes, dictadores, emperadores que figuran como hombres providenciales cuando entre los grupos sociales en lucha (clases, estamentos, partidos) hay un empate negativo, un desgaste que impide que uno de ellos se imponga y hegemonice.

Sin embargo, en M茅xico el pr铆ncipe no apareci贸 con los emperadores, l铆deres, caudillos, dictadores y presidentes autoritarios de los siglos XIX, XX y XXI, el primero que fue maquiav茅lico, incluso antes de la primera publicaci贸n de El pr铆ncipe fue Hern谩n Cort茅s, Al menos eso dice Jaques Lafaye en Los conquistadores. Tenochtitl谩n fue derrotada militarmente, conquistada, arrasada y desaparecida bajo el peso de la ciudad, la sociedad y colonia novohispana. Pero en 1521 el ej茅rcito que la siti贸 y conquist贸 estaba compuesto por un espa帽ol por cada 100 ind铆genas. El 茅xito de Hern谩n Cort茅s fue su habilidad pol铆tico-militar para tejer alianzas con los pueblos ind铆genas que quer铆an emanciparse del yugo azteca.

Aun antes de la publicaci贸n de El pr铆ncipe, Hern谩n Cort茅s fue maquiav茅lico.

La derrota de Tenochtitl谩n como principado podr铆a ser descrita con una cita del libro cl谩sico de Maquiavelo. 鈥淎s铆 mismo, quien se halle en un territorio tal debe, como se ha dicho, convertirse en jefe y protector de los naturales menos poderosos, y arregl谩rselas para debilitar a los poderosos del mismo, adem谩s de prevenir la menor contingencia que haga factible la entrada en el reino de un extranjero tan poderoso como 茅l. Y es que siempre habr谩 quien, descontento por su mucha ambici贸n o por miedo, lo llame en su ayuda鈥.

Por muchas razones, es 煤til y necesario leer a Maquiavelo desde M茅xico, apenas 500 a帽os despu茅s. Los poderosos lo conocen incluso sin leerlo, aprenden de sus antecesores la t茅cnica del poder autoritario.

Podemos leer, como dice Antonio Gramsci, que El pr铆ncipe est谩 escrito para el que no sabe, es decir el pueblo, Los pueblos tienen mucho que aprender de Maquiavelo: no para oprimir a otros, sino para no ser oprimidos.




Fuente: Centrodemedioslibres.org