December 6, 2020
De parte de Briega
80 puntos de vista

El miedo a la represi贸n empuj贸 a cientos de Palentinos a buscar refugio en Cantabria

El trato a los refugiados mostr贸 lo mejor y lo peor de la condici贸n humana

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Entre las tr谩gicas consecuencias provocadas por las guerras, la existencia de refugiados, sin duda, es una de las m谩s habituales y, sin embargo, casi siempre de las menos conocidas. La Guerra Civil espa帽ola no fue una excepci贸n. La sublevaci贸n militar y la posterior divisi贸n del territorio entre leales a la Rep煤blica y sublevados empuj贸 a miles de personas, especialmente mujeres, ni帽os, viejos y enfermos fuera de sus hogares en la b煤squeda de un lugar seguro donde vivir, padeciendo m煤ltiples penalidades, pero encontrando en muchos casos el cari帽o y la solidaridad de la poblaci贸n de los lugares de acogida.

En la antigua provincia de Santander, el fen贸meno de mayor magnitud se registr贸 en el verano de 1937 con motivo de la ofensiva del bando franquista sobre el cintur贸n de hierro de Bilbao, que provoc贸 la afluencia, seg煤n las estimaciones m谩s recientes, de unas 160.000 personas.

 

La Huida

Aunque con una dimensi贸n mucho menor, desde finales de julio de 1936 centenares de personas de las comarcas mineras del norte de Palencia se vieron empujadas a atravesar los montes que marcaban la l铆nea del frente, huyendo de la zona franquista en la que se encontraba la provincia castellana hacia el norte, en busca de refugio. Es la historia de una gran tragedia y, al mismo tiempo, de un gran acto de solidaridad.

El alcance, lo temprano del 茅xodo y otros factores, como el aislamiento en el que hab铆a quedado la zona republicana en el norte peninsular, pusieron a prueba los escasos recursos de que dispon铆an las autoridades para poder dar una respuesta apropiada, por lo que tuvieron que apoyarse en los ayuntamientos y las organizaciones del Frente Popular. Esto pone de relieve, adem谩s, la importancia que la iniciativa individual (libre o impuesta) tuvo para la satisfacci贸n de las necesidades de los refugiados en esos momentos.

La Guerra Civil se inici贸 en los pueblos mineros palentinos sin que, contra lo que pudiera presuponerse habida cuenta la composici贸n social y pol铆tica de la poblaci贸n de la zona, se produjera una gran reacci贸n a la toma del control por parte de la Guardia Civil y de fuerzas de Falange Espa帽ola, observando una actitud a lo sumo expectante, como sostiene Wifredo Rom谩n, debido muy posiblemente al hecho de conservarse vivos los recuerdos de la represi贸n ejercida para sofocar la intentona revolucionaria de octubre de1934, que tanta intensidad tuvo en la zona, especialmente en las localidades de Guardo y Barruelo de Santull谩n. [1].

Enseguida de conocerse el levantamiento comenzaron las huidas al monte buscando seguridad; como atestigua Ana Mar铆a Gonz谩lez Vielba, vecina de San Cebri谩n de Mud谩 (Palencia):

鈥淢i padre y otros tres marcharon antes que nosotros por el monte, porque ya iban a venir a por ellos. Y por el monte escondidos hasta Santander鈥︹

 

Poco tiempo despu茅s fueron mujeres y ni帽os quienes abandonaron sus casas:

鈥淢archamos escondidas por el monte, and谩bamos bastante trozo y -隆Ay mam谩 que me canso! -隆Y yo tambi茅n hija! Mi madre iba con la tripa llena, que al poco de estar en Santander nacieron las mellizas. Y donde hab铆a los chozos por la noche, all铆 nos qued谩bamos a dormir. Iba una se帽ora con nosotros que se le llamaban Farragusa鈥 Ellas [su madre y la Farragusa] estuvieron hablando de que nos van a matar鈥 -pues bueno, ma帽ana prepara las cosas que marchamos鈥.

Un n煤mero importante de personas, especialmente procedentes de los distintos pueblos del Valle de Santull谩n, encontr贸 refugio en Reinosa y Santander, aunque tambi茅n en algunas otras localidades c谩ntabras. La presencia de los refugiados palentinos no pas贸 desapercibida para la prensa de la Provincia que dio cuenta de ello desde muy pronto:

鈥淎caba de llegar una familia huyendo de Barruelo. Ha sido puesta a disposici贸n del delegado gubernativo, Se帽or Vega Tr谩paga, que ha dispuesto el inmediato alojamiento en el Colegio C谩ntabro [fundado por los Agustinos y ubicado frente al Hospital Marqu茅s de Valdecilla, al lado de la Ciudad Jard铆n] requisado por el Gobierno para albergar a los hijos de los milicianos armados.鈥 [2]

En otro apartado del diario se extiende la narraci贸n de la llegada de esta familia bajo el titular 鈥淟a ocupaci贸n de Barruelo: Las familias de los que est谩n en el frente no tienen qu茅 comer, y huyen ocho mujeres con sus hijos hasta Reinosa, atravesando de noche la sierra.鈥

 

La Estancia

La llegada de refugiados se fue acelerando con el paso de los d铆as. Desde Reinosa, lugar de confluencia de los huidos, una parte de ellos se trasladaban a Santander y a otras localidades por cuestiones de intendencia, dada la necesidad de aliviar la presi贸n asistencial que soportaba la capital campurriana. Los peri贸dicos iban dando cuenta de estas llegadas. La edici贸n de El Cant谩brico de 31 de julio anunciaba la venida, ese mismo d铆a, de una expedici贸n de 350 obreros procedentes de Reinosa para ser alojados por familias obreras en Santander. Al d铆a siguiente se reproduc铆a una noticia en la que se precisaba la llegada de 222 mineros con sus familias, que ven铆an huyendo de Barruelo y que fueron trasladados al hip贸dromo de Bellavista como lugar de acogida. La noticia incluye detalles del traslado y de las actividades l煤dicas que se hab铆an preparado para ellos.

Composici贸n fotogr谩fica publicada en El Cant谩brico el 1 de agosto de 1936

 

Igualmente, pronto aparece alguna muestra de reconocimiento, como se aprecia en una carta remitida a la prensa en la que se agradece la acogida a los pueblos de Reinosa y alrededores y que acaba con estas palabras 鈥隆Pueblos de la Monta帽a toda! Los mineros palentinos os quedan grata y cordialmente agradecidos por la hospitalidad que sin regateos y con toda clase de sacrificios hab茅is sabido dispensarlos.鈥 [3]

La acogida de refugiados supuso un desaf铆o organizativo considerable. Los lugares habilitados para tal fin fueron, en un principio, el Colegio C谩ntabro, convertido en centro para hijos de combatientes que tambi茅n alberg贸 a algunos de ellos, el hip贸dromo de Bellavista, en el Sardinero, cuando la llegada se hizo mayor, el seminario de Corb谩n y el edificio del convento de Las Salesas, que permanece en el recuerdo de muchos de ellos. Raquel Fern谩ndez Macho, vecina de Castrej贸n de la Pe帽a (Palencia), dice:

鈥淵o nac铆 en Santander, la raz贸n fue esa [la huida de Barruelo y refugio en Santander de su familia] 鈥ac铆 en Corb谩n. Les he o铆do decir que yo nac铆 en Corb谩n y que en Las Salesas hab铆an vivido.鈥

 

Ana Mar铆a Gonz谩lez relata c贸mo encontraron alojamiento una vez en Santander:

鈥淧ues preguntando mi madre que donde habr铆a algo para recoger y pill贸 con una se帽ora mayor, muy maja y la dijo -pues ustedes vayan a tal sitio que hay un colegio que llaman Las Salesas que ya hay m谩s gente all铆; vayan que all铆 les dan de comer y cama. Pues all铆 fuimos.鈥

 

La estancia de los refugiados dio lugar a una gran ola de solidaridad, siendo frecuentes los anuncios de actos para recaudar fondos, as铆 como la celebraci贸n de colectas y donativos. Las organizaciones pol铆ticas canalizaron parte de estos actos por toda la Provincia. Por otra parte, hay que rese帽ar que los mineros de Barruelo contribuir铆an a la construcci贸n de la red de refugios antia茅reos de la ciudad de Santander.

El 11 de agosto de 1936 se informaba de que el seminario de Corb谩n pasaba a ser ocupado por los refugiados de Barruelo. Menos de un mes hab铆a pasado desde el estallido de la Guerra Civil.

La organizaci贸n del socorro para refugiados e hijos de combatientes se centraliz贸 en estos lugares concretos, pero sin duda fue el Colegio C谩ntabro, convertido en casa refugio, el que mayor nivel de desarrollo organizativo adquiri贸. La prensa lo ilustr贸 profusamente:

鈥淟as grandes obras sociales: la casa refugio para los ni帽os de los milicianos. Nuestra 鈥淣atacha鈥 es esa profesora rubia, guapa, esbelta, graciosa鈥 que se llama Carmen Aldecoa鈥 Los ni帽os de la casa refugio son m谩s de 200 sin contar los de Barruelo y otras localidades donde los padres han tenido que huir por miedo a los facciosos鈥︹ [4]

 

Como ya hemos anticipado, fuera de Santander tambi茅n se habilitaron distintos espacios de acogida. Torrelavega recibi贸, a principios de agosto, a diez mujeres y unos setenta ni帽os 鈥渉uidos de Barruelo, Guardo y otros pueblos de la provincia de Palencia鈥 [5]. En Solares se dispuso su balneario, en el que en septiembre resid铆an ya m谩s de 20 ni帽os y sus familias. Igualmente, el alojamiento en familias tambi茅n fue un recurso habitual. En este mismo n煤cleo de Solares, el Frente Popular 鈥渟e encarg贸 de proporcionar alojamiento decoroso en casa de personas pudientes y, algunos vecinos que voluntariamente han recogido algunos ni帽os. La misma pauta se sigui贸 en Cabez贸n de la Sal, donde un contingente unos 300 obreros fue distribuido 鈥entre las familias m谩s acomodadas de la localidad鈥. O en Comillas, donde dicha organizaci贸n propici贸 鈥la colocaci贸n y asistencia de setenta vecinos de Barruelo acogidos en 茅sta, y los que el vecindario de Comillas鈥 colma de atenciones, en especial a los ni帽os鈥︹. [6]

Fotograf铆a publicada en El Cant谩brico el 4 de septiembre de 1936

 

Ana Mar铆a Gonz谩lez vivi贸 con una familia de Arnuero:

鈥淎 nosotras nos recogieron en Arnuero una familia que no ten铆a hijos. Ten铆an un hermano soltero鈥 all铆 supe comer el pan de borona. Cuando sali贸 mi madre de la maternidad nos marchamos al pueblo. Nos dijeron, no te marches que esos son capaces de mataros todav铆a. Una mujer nos quer铆a comprar a mi hermana y a mi鈥i por todo el oro del mundo vendo a mis hijas鈥.

 

El Retorno

Tras la ca铆da de Santander, la vuelta al hogar fue inevitable y con ella la exposici贸n a la represi贸n que de manera inhumana ejercieron las nuevas autoridades. Desgraciadamente, una parte de la poblaci贸n asisti贸 a estos actos con pasividad debido al miedo, a la indiferencia o a la complicidad buscando, en algunos casos, sacar partido de la nueva situaci贸n. Los testimonios sobre el regreso son coincidentes y desoladores.

Mi madre en cuanto pudo a casa, pero sabes c贸mo nos trajeron a unos cuantos. Los camiones esos que traen ahora el ganado, pues as铆 ven铆amos, llenitos pegados unos a otros. En Barruelo nos descargaron, pero ver谩s鈥 seg煤n iba saliendo una a una hab铆a una fila as铆 y otra as铆 (enfrente) de mujeres y empezaban la de aquel lado -隆Toma Roja! Y la otra -隆Toma! Y ya cuando le tocaba a mi madre mi hermana y yo agarradas as铆 del vestido鈥  -隆Ay mama que ahora te pegan a ti鈥! -隆Callad hijas! Bajamos del cami贸n, a nosotras nos dieron la mano para bajar, ella sali贸 y pas贸鈥 A esta dejadla que ya lleva bastante, vieron que ten铆a dos ni帽as as铆 (en brazos) y otras dos as铆 y no la pegaron鈥. (Ana Mar铆a   Gonz谩lez)

鈥淪al铆an a los trenes a esperar a los repatriados y les trataban muy mal, muy mal鈥. A las mujeres las cortaban el pelo, las daban tortas, patadas o lo que pod铆an鈥ajaban a buscarlas a los trenes y les atizaban como pod铆an. Esto se lo he o铆do sobre todo a mis hermanos mayores鈥. (Raquel Fern谩ndez Macho)

 

El comportamiento de la poblaci贸n estuvo marcado por el miedo a ser se帽alados, lo que llev贸 a situaciones como la que nos narra Ana Mar铆a sobre el particular:

鈥淓n Barruelo ten铆amos una t铆a, hermana de mi madre, ella tambi茅n sali贸 all铆 porque se enter贸 que ven铆an las rojas, sali贸 all铆 y disimuladamente nos dijo: Ay Primitiva que no os puedo llevar a casa porque si os llevo se meten conmigo, pues andando de Barruelo aqu铆 [San Cebri谩n de Mud谩]鈥.

 

El nuevo r茅gimen se ensa帽贸 con muchas de estas mujeres y sus hijos:

鈥渓legamos a casa y no ten铆amos casa. No pudimos entrar en la casa porque ten铆a la llave el alcalde鈥 Viv铆a una se帽ora que se llamaba Bonifacia鈥 tuvimos que ir a su casa y dormir en el fog贸n, all铆 estuvimos unos cuantos d铆as.  La casa la hab铆an convertido en cuadra, cuando la recuperaron estaba destrozada, mi madre la fue limpiando, se llevaron hasta los cables de la luz y las bombillas y como no ten铆a dinero para ponerla estuvimos sin luz鈥. (Ana Mar铆a Gonz谩lez)

 

La represi贸n se extendi贸 durante tiempo, con actos de humillaci贸n p煤blica, como cortes de pelo en momentos de reuni贸n de la comunidad, como las salidas de misa:

 鈥淐uando llega mi madre a casa -隆Ay mam谩! 驴Qu茅 te han hecho? A ver si le hab铆an cortado. -隆Qu茅 no que no me han cortado! Despu茅s todas se tapaban con pa帽uelos o gorras y mi madre no quiso taparse鈥 (Ana Mar铆a Gonz谩lez)

 

La represi贸n bajo el abrigo de la pol铆tica ocult贸 en algunos casos razones m谩s mundanas: envidias, odios, o simplemente la oportunidad de medrar tuvieron espacio abonado para saciarse. La condici贸n humana dio su peor cara aprovechando la superioridad que la situaci贸n concedi贸 a los vencedores, llegando al encarnizamiento en algunos casos:

鈥淗ab铆a comedores para los hijos de los presos, pero como dijeron estas personas no鈥 pues otra manera de vengarse para no darnos el comedor. Los daba el ayuntamiento鈥γ璪amos nosotras a pedir por las casas鈥i madre estaba muerta de hambre y estaba dando de mamar a las mellizas que se nos murieron de hambre, las dos鈥 (Ana Mar铆a Gonz谩lez)

 

La prensa de la zona franquista, bajo la denominaci贸n de evadidos, celebr贸 el retorno que, lejos de la realidad descarnada de los testimonios recogidos, apuntaba a la magnanimidad del nuevo r茅gimen.

鈥淓l delegado provincial de Beneficencia en Santander telegrafi贸 al gobernador interino de Palencia, Don Jos茅 Quiroga Velarde comunic谩ndole que esta tarde llegar谩 a Barruelo un tren con mujeres, ni帽os y algunos hombres de la citada poblaci贸n鈥 Ahora comprender谩n esos desdichados evadidos de Barruelo la diferencia que existe entre los nacionales y los marxistas, y donde reina la verdadera fraternidad cristiana鈥 [7]

 

La insistencia en la bondad de las nuevas autoridades pon铆a el acento en la diferencia entre el antes y despu茅s, entre la vieja 鈥mentira鈥 republicana y la nueva 鈥verdad鈥 franquista que abr铆a magn谩nimamente los brazos a los que regresaban.

鈥淓xisti贸, adem谩s otro problema para las autoridades de Barruelo, cual fue el de haberse evadido a la zona Roja gran n煤mero de cabezas de familia dejando a sus familiares en el mayor desamparo鈥. Pero las autoridades de la Espa帽a Nacional no han dejado ni un momento de velar porque se cumpliesen aquellas hist贸ricas palabras del Caudillo de que 鈥ning煤n hogar sin lumbre y ning煤n espa帽ol sin pan鈥鈥  [8]

 

Siguiendo la informaci贸n publicada en El D铆a de Palencia, la asistencia fue canalizada inicialmente por una Junta Local que, sufragada con aportaciones particulares, elabor贸 un registro con las personas deb铆an recibir la ayuda. En diciembre de 1937 dicha labor pas贸 a depender de Auxilio Social, instituci贸n de beneficencia creada algo m谩s de un a帽o antes dentro de la organizaci贸n del estado franquista. La misma noticia refiere que 鈥El n煤mero de personas socorridas hasta la liberaci贸n de Asturias [finales de octubre] sobrepas贸 al de 1.200; desde entonces, y con el reintegro de familias evadidas, esta cantidad se elev贸 a 3.270, creando un problema de seria magnitud鈥︹.

Pero la magnitud del problema ser铆a mucho m谩s mezquina. El recuerdo de las personas retornadas apunta a que frente a las muestras de solidaridad que acompa帽aron su estancia en la tierra de acogida, la vuelta al hogar supuso, en muchos casos, todo lo contrario: la venganza dentro de un escenario donde no hab铆a espacio para nada m谩s que el desprecio, el abuso y el ajuste de cuentas con los perdedores, muchos de los cuales no tuvieron otra responsabilidad que la de ser hijos de obreros simpatizantes de la izquierda.

En las cuencas mineras palentinas este estado de cosas dur贸 lo que el inter茅s de las 茅lites pol铆ticas y econ贸micas dispusieron, siendo la urgencia de la vuelta al trabajo en las minas y la necesidad de obreros conocedores del oficio lo que precipit贸 una cierta calma y el relajamiento de estos actos execrables. Sin embargo, los recuerdos de estos hechos han perdurado en la memoria de los que lo vivieron siendo ni帽os de forma permanente. La solidaridad y la crueldad como dos caras del comportamiento humano en toda su amplitud.

 

Notas:

[1] Rom谩n Ib谩帽ez, W, (2017) COMBATE EN LA MONTA脩A. EL FRENTE DE PALENCIA Y CANTABRIA EN LA GUERRA CIVIL (julio de 1936 鈥 febrero de 1937) Aruz Ediciones. Palencia. P谩g. 128

[2] El Cant谩brico, 30 de julio de 1936)

[3] El Cant谩brico, 1 de agosto de 1936)

[4] El Cant谩brico, 12 de agosto de 1936

[5] El Cant谩brico, 5 de agosto de 1936

[6] El Cant谩brico, 4 de septiembre de 1936

[7] El D铆a de Palencia, 16 de septiembre de 1937

[8] El D铆a de Palencia, 8 de marzo de 1938




Fuente: Briega.org