April 27, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
2,084 puntos de vista

Autor: Michael G. Knox

Traducci贸n y presentaci贸n: Agust铆n Velloso, para Tortuga.

Es sabido por todos que Estados Unidos es el pa铆s con el presupuesto de guerra m谩s elevado del mundo a gran distancia del resto, que m谩s guerras de agresi贸n ha lanzado y que ataca de diversas maneras cuando y donde quiere a cualquier pa铆s, movimiento pol铆tico y grupo 鈥榯errorista鈥. Tambi茅n ataca a individuos concretos a quienes secuestra, encarcela sin juicio durante a帽os o asesina seg煤n su criterio y en contra de la ley internacional.

Tan habituales son sus acciones b茅licas de todo tipo que las noticias apenas se ocupan de definirlas como lo que son, guerras de agresi贸n, ejecuciones extrajudiciales, cr铆menes de guerra, etc., sino que hablan de ataques quir煤rgicos, efectos colaterales, objetivos a abatir, etc. Los bautizan con nombres como “Tormenta del Desierto” (Kuwait, 1991), “Restaurar la Esperanza” (Somalia, 1993), “Libertad Iraqu铆” (2003) “Odisea del Amanecer” (Libia, 2011) etc. No es cre铆ble que semejante org铆a de escarnio sea inocente, pero en todo caso es lo menos grave.

Sin embargo hay ciudadanos estadounidenses que denuncian estos cr铆menes y se organizan en grupos contrarios a ese af谩n guerrero. Uno de 茅stos es la Fundaci贸n para Conmemorar la Paz. Su fundador y presidente es el Dr. Michael G. Knox, el autor del siguiente alegato.

Lo que me llam贸 la atenci贸n de su texto es que no lo edifica con citas, ejemplos egregios, teor铆as sobre la paz, la justicia, etc., sino que se trata de una alocuci贸n construida a partir del sentido com煤n, el menos com煤n de los sentidos, que llega a cualquiera, salvo quiz谩s los que viven de la guerra. No se puede eludir ni discutir lo que dice de sencillo que es.

Aunque el p煤blico al que se dirige es el estadounidense, es f谩cil trasladarlo al nuestro y a cualquier otro. Empieza por denunciar una maldici贸n que es universal, la glorificaci贸n de la guerra, aunque hay diversos grados seg煤n el pa铆s que se considere. A rengl贸n seguido realiza una propuesta: dar la vuelta a aqu茅lla con la glorificaci贸n del antibelicismo. El resto consiste en una diatriba contra la primera y el ensalzamiento de lo segundo. Tambi茅n propone diversas acciones sencillas.

Otro elemento igualmente importante de su discurso es que sus propuestas no est谩n dirigidas a grupos de activistas antimilitaristas, supongo que Knox ya cuenta con ellos, sino que se dirige a todas las personas sin relaci贸n con el activismo pol铆tico y social. Les invita suavemente apelando a su humanidad y a su capacidad como ciudadanos a que intervengan a favor del antibelicismo en la vida pol铆tica en toda su amplitud y desde cualquier estamento.

Su conclusi贸n llega pronto: “Es cuesti贸n de educar a nuestros j贸venes, desarrollar modelos de conducta y reforzar el comportamiento antib茅lico para que nuestra naci贸n no acepte m谩s guerras de agresi贸n ni la injerencia para desestabilizar gobiernos de otros pa铆ses.”

Alienta a los dudosos con un repaso a los cambios sociales y culturales de Estados Unidos habidos en los a帽os de su propia vida (es profesor jubilado). Aqu铆 tambi茅n se puede pensar en los enormes cambios habidos desde la muerte de Franco en las costumbres, la sociedad, la pol铆tica鈥 pero 驴en la cuesti贸n militar?

El texto deja claro que para cambiar una cultura belicista por la contraria no es preciso m谩s que una poblaci贸n consciente de la anormalidad que es la guerra y por tanto el ej茅rcito.

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En Estados Unidos se glorifica la guerra. Imagina un cambio tan trascendental en nuestra cultura que los estadounidenses que defienden la paz sean homenajeados en lugar de ser denunciados como antipatriotas, antimilitaristas o antiamericanos. Imaginemos un mundo en el que expresar una posici贸n antib茅lica anime a nuestros hijos a respetarla, admirarla y emularla, en lugar de ser despreciada, como si la propuesta fuera una moral anticuada hippie de los a帽os 60. Imagina un mundo en el que los ni帽os desarrollen y encarnen un fuerte compromiso con la no violencia que contin煤e durante toda su vida. Imagina un mundo en el que la brutalidad y la agresi贸n militar, policial y personal se consideren inaceptables, excepto quiz谩s en situaciones de verdadera defensa en las que ning煤n otro m茅todo haya tenido 茅xito. Imagina…

A menudo, cuando se realizan actos p煤blicos en nuestras ciudades, se hace un esfuerzo por reconocer y agradecer el trabajo de los militares en activo, as铆 como el de los veteranos. Esto es crucial para reforzar la cultura de la guerra. Cuando los j贸venes asisten a este tipo de actos se les env铆a un claro mensaje: el 鈥榮ervicio鈥 militar es una de las ocupaciones m谩s valiosas y respetadas que una persona puede elegir. Por el mero hecho de alistarse en las fuerzas armadas a uno se le otorga autom谩ticamente una posici贸n de respeto y honor, independientemente de qui茅n sea o de lo que haya hecho.

Muchos funcionarios electos citan su historial militar en la propaganda electoral y en sus discursos, no s贸lo como un punto de orgullo, sino como un m茅rito para ocupar un puesto de liderazgo. Sus despachos suelen estar decorados con placas, certificados, fotos y premios que muestran su devoci贸n a los militares. Los candidatos pol铆ticos masculinos a altos cargos que no son veteranos de guerra a menudo tienen que defender su patriotismo y proporcionar una justificaci贸n de por qu茅 no se alistaron en el ej茅rcito, lo que implica que no se le considera suficientemente patriota sin un historial militar.

Cuando los pol铆ticos de cualquier nivel y tendencia se dirigen a una audiencia en p煤blico, suelen pedir a los uniformados y a los veteranos que se pongan en pie para recibir un reconocimiento. Los se帽alan y dicen: 鈥楽ois los verdaderos h茅roes americanos. Sois lo mejor que este pa铆s puede ofrecer. Gracias por vuestro servicio鈥. Joe Biden termin贸 su discurso de investidura, su discurso de victoria presidencial y su discurso de aceptaci贸n de la candidatura a la Convenci贸n Nacional Dem贸crata con las palabras 鈥榪ue Dios proteja a nuestras tropas鈥. Donald Trump suele terminar sus discursos con 鈥榪ue Dios bendiga a nuestro gran ej茅rcito.鈥 Las ceremonias patri贸ticas y los reconocimientos p煤blicos a los militares son tan habituales que pocos estadounidenses piensan en ello y mucho menos lo cuestionan.

驴Significa esto que estos pol铆ticos se preocupan realmente por los veteranos, su salud y bienestar no s贸lo en el campo de batalla sino tambi茅n en casa? 驴Est谩n simplemente reforzando la cultura de la guerra que apoya el militarismo y las industrias que se benefician de la guerra y financian sus campa帽as pol铆ticas? 驴Est谩n sencillamente haciendo un gesto vac铆o porque esos elogios 鈥榩atri贸ticos鈥 se dan por descontado en nuestra cultura? En otras palabras: 驴los pol铆ticos destacan y elogian a los militares simplemente porque se espera que sea as铆 y est谩 arraigado como parte de nuestra cultura estadounidense?

En septiembre de 2020, The Atlantic (www.theatlantic.com/world/) inform贸 de que durante una visita a Francia, el entonces presidente Trump se refiri贸 a los estadounidenses que murieron en la guerra como 鈥榩erdedores鈥 y 鈥榯ontos鈥. Trump, que se enorgullec铆a de decir cosas sin preocuparse por lo pol铆ticamente correcto, ha despreciado repetidamente a los militares en muchas conversaciones privadas. Sin embargo, en declaraciones p煤blicas se hizo eco de los sentimientos de los anteriores presidentes.

Cuando los ciudadanos y los pol铆ticos se sienten obligados a honrar a los soldados es mucho menos probable que critiquen la guerra. Los imperativos culturales com煤nmente aceptados de que 鈥榣a paz se gana ganando la guerra鈥 y que 鈥榣a guerra trae la paz鈥, contribuyen a mantener el militarismo.

Para cambiar nuestra arraigada cultura de guerra por una cultura de paz debemos empezar a cuestionar a las personas y organizaciones que elegimos para aplaudir y alabar. Uno podr铆a preguntarse: 鈥樎縋or qu茅 no reconocemos a los profesores, a los profesionales de la salud, a los padres, a los abuelos, a los voluntarios, a los agricultores, a los comerciantes, a los empleados p煤blicos y a los dem谩s trabajadores esenciales?鈥 Al fin y al cabo hacen contribuciones importantes e indispensables a nuestra comunidad. En cambio las expresiones de elogio p煤blico se reservan para los soldados, los veteranos y, ocasionalmente, para los 鈥榩rimeros movilizados鈥 semi-militarizados: polic铆as, param茅dicos y personal del cuerpo de bomberos que 鈥榗ombaten鈥 los incendios.

A lo largo de la historia de Estados Unidos innumerables ciudadanos se han manifestado en contra de la guerra. 驴Qu茅 pasar铆a si cambi谩ramos la forma de actuar en p煤blico y pidi茅ramos a todas las personas que han trabajado por la paz que se pusieran en pie y recibieran un reconocimiento? 驴Si nos refiri茅ramos a ellos como h茅roes por su coraje y valent铆a y luego todos los asistentes aplaudieran para agradecerles su servicio? 驴Si nos atrevi茅ramos a ponernos en pie y a hablar en favor de la paz en los mismos escenarios en los que se reconoce a los militares: d铆a de la Independencia, d铆a del Armisticio, d铆a de los Ca铆dos y hasta en el descanso de la Super Bowl aunque no figure en el programa oficial?

Una de las razones por las que la defensa de la paz est谩 marginada y por las que Estados Unidos libra tantas guerras, es que pocos ciudadanos se manifiestan hoy en d铆a p煤blicamente contra la guerra. La mayor铆a de los estadounidenses permanecen en silencio mientras nuestros militares hieren y matan a civiles inocentes en pa铆ses empobrecidos que nunca han invadido o amenazado con invadir a Estados Unidos o a sus aliados, y que no tienen los recursos para hacerlo.

En un gobierno representativo como el nuestro, en el que los miembros de la C谩mara de Representantes se presentan a las elecciones cada dos a帽os, los votantes tienen un poder enorme y potencialmente transformador. Pero los ciudadanos deben reconocer y usar ese poder o ser谩 usurpado por corporaciones e intereses especiales con mucho dinero. Los candidatos que se presentan a los cargos electivos responder铆an al sentimiento antib茅lico generalizado porque 茅ste influir铆a en los resultados de las elecciones. Imag铆nese el impacto que tendr铆a si s贸lo el 1% de la poblaci贸n -m谩s de tres millones de personas- se uniera en una manifestaci贸n contra la guerra. 驴Qu茅 pasar铆a si el 1% de los votantes se pusiera en contacto con sus representantes en el Congreso y exigiera el fin de las guerras actuales?

Para establecer una cultura de paz hay que cambiar la actual cultura de guerra. Hay que eliminar las barreras sociales para que los ciudadanos no teman las represalias por alzar la voz. Un primer paso en este proceso es reconocer, honrar y documentar el trabajo de los estadounidenses que han demostrado el valor de hablar contra la guerra y trabajar por la paz. Adem谩s de ser modelos de conducta y animar a otros, algunos de estos l铆deres y activistas pueden optar por presentarse a las elecciones y ayudar a impulsar nuestro proyecto de cambio cultural.

Tenemos estadounidenses valientes en los que fijarnos como ejemplo, como la galardonada con el Premio de la Paz de Estados Unidos, la Honorable Coronel (retirada) Ann Wright que, tras veintinueve a帽os en el Ej茅rcito y en la Reserva del Ej茅rcito y otros diecis茅is como diplom谩tica en el Departamento de Estado, dimiti贸 en protesta por la invasi贸n de Irak. Ahora es una incansable e intr茅pida defensora de la paz en todo el mundo, desde Cuba hasta Gaza, pasando por Corea y Standing Rock. Ann Wright no es m谩s que un ejemplo de alguien que merece la pena honrar y tomar como modelo.

Pensemos en CODEPINK, Mujeres por la Paz, fundada en 2002 por Medea Benjamin, Jodie Evans y otras activistas. Se ha convertido en una de las organizaciones antib茅licas m谩s innovadoras, eficaces y visibles que ha conocido este pa铆s. Los miembros que llevan el color rosa caracter铆stico del grupo pueden verse en concentraciones y participando en actos de desobediencia civil, poniendo sus vidas en peligro para llamar la atenci贸n sobre el militarismo, la agresi贸n y la inhumanidad de Estados Unidos, pero siempre con un 茅nfasis en la alegr铆a y el humor. CODEPINK recibi贸 el Premio de la Paz de Estados Unidos en 2014.

La cultura estadounidense y el comportamiento hacia los dem谩s han cambiado a lo largo de nuestra vida. Cuando yo crec铆 en la d茅cada de 1960, muy poca gente pod铆a imaginar que ver铆amos cambios significativos y palpables en derechos civiles: raza, g茅nero y orientaci贸n sexual. Si logramos avanzar en otros 谩mbitos culturales, podremos avanzar hacia una cultura de paz. Es cuesti贸n de educar a nuestros j贸venes, desarrollar modelos de conducta y reforzar el comportamiento antib茅lico para que nuestra naci贸n no acepte m谩s guerras de agresi贸n ni la injerencia para desestabilizar gobiernos de otros pa铆ses.

Hay muchos ejemplos de cambios culturales positivos que se han producido en unas pocas d茅cadas y cambios en actividades humanas que han salvado innumerables vidas. La prevenci贸n de enfermedades viene inmediatamente a la mente, especialmente para aquellos que vivieron la pandemia del VIH en una 茅poca en la que no se dispon铆a de tratamientos m茅dicos eficaces. Para muchos, la adopci贸n de los preservativos sustituy贸 la pr谩ctica del sexo sin protecci贸n. Tambi茅n hay que tener en cuenta la r谩pida reducci贸n de la estigmatizaci贸n de la marihuana y su uso legal generalizado en los 煤ltimos a帽os. Las normas culturales pueden cambiar radicalmente y con una velocidad sorprendente.

驴No hubo una 茅poca en la que la mayor铆a de los estadounidenses fumaba tabaco? No hace tanto que la posesi贸n de un solo porro de marihuana era un delito. Otro ejemplo: cuando yo era un joven conductor los coches no ten铆an cinturones de seguridad. Cuando se pusieron a disposici贸n a finales de los a帽os 50, la mayor铆a de los estadounidenses, incluido yo, no los utilizaban. Cuando mis hijos iban al colegio se les educ贸 sobre la importancia de llevar el cintur贸n de seguridad y siempre que los llevaba en coche insist铆an para que me pusiera el cintur贸n. La educaci贸n de los j贸venes influy贸 especialmente en mi comportamiento humano de adulto, lo que cambi贸 mis propios h谩bitos.

La educaci贸n de los ni帽os ha tenido un impacto cultural positivo, al igual que criticar el acoso escolar, promover los derechos civiles y explorar las opciones de planificaci贸n familiar. Hay que ense帽ar a los j贸venes que pueden determinar el tipo de mundo que quieren. Es necesario que aprendan a tener un pensamiento cr铆tico y que se les anime a cuestionar la norma. Tenemos que educar a todos nuestros hijos sobre los medios probados para establecer culturas de paz y la importancia de alzar la voz contra las culturas que promueven la violencia y la dominaci贸n, no s贸lo dici茅ndoselo, sino siendo un ejemplo para ellos.

Es de esperar que tras el coronavirus Estados Unidos vea desaparecer el apret贸n de manos como acto social. Se trata de una costumbre que se remonta a la antig眉edad y que originalmente significaba la falta de un arma. Incluso antes del COVID-19 este ritual era uno de los principales modos de transmisi贸n de enfermedades que matan a miles de estadounidenses cada a帽o. Los esfuerzos realizados en algunas partes del mundo para cambiar dr谩stica y r谩pidamente el comportamiento humano -suspender las rutinas diarias mediante el distanciamiento social, el uso de m谩scaras y la permanencia en casa para frenar la propagaci贸n del nuevo coronavirus- demuestran lo que se puede hacer cuando hay vidas en juego.

Hemos visto alguna esperanza de cambio cuando la protesta masiva que sigui贸 a la ejecuci贸n de George Floyd venci贸 a la polic铆a y a los soldados agresivos y pareci贸 obtener el apoyo de la naci贸n, lo que finalmente llev贸 a la condena de Derek Chauvin. Qu茅 gran modelo de acci贸n si el pueblo estadounidense se indigna alguna vez por los asesinatos masivos y la violencia de Estados Unidos en el extranjero. Podr铆a ser una progresi贸n natural teniendo en cuenta que las personas negras y latinas se ven afectadas de forma desproporcionada por la guerra y la militarizaci贸n.

Esperemos que alg煤n d铆a las guerras de Estados Unidos se consideren una actividad no esencial en cuanto el Congreso recorte los fondos para el ej茅rcito. Debemos eliminar la guerra, las disparidades en la atenci贸n sanitaria, el racismo sist茅mico, la agresividad policial, la pobreza, el cambio clim谩tico y las pandemias. Estas son las cosas que est谩n aterrorizando a los estadounidenses.

Este art铆culo es un extracto del libro de Michael Knox, Ending U.S. Wars by Honoring Americans Who Work for Peace (Terminar con las guerras de Estados Unidos honrando a los americanos que trabajan por la paz).

El Dr. Michael D. Knox es el fundador y presidente de la US Peace Memorial Foundation y profesor universitario em茅rito de la Universidad del Sur de Florida: @DrMichaelDKnox knox@uspeacememorial.org

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Desde 2005, la US Peace Memorial Foundation (Fundaci贸n para Conmemorar la Paz) ha dirigido un esfuerzo nacional para honrar a los estadounidenses que defienden la paz mediante la publicaci贸n del Registro de la Paz de Estados Unidos, la concesi贸n del Premio de la Paz de Estados Unidos y la recaudaci贸n de fondos para el Monumento a la Paz de Estados Unidos en Washington, DC. Reconocemos a los estadounidenses reflexivos y valientes y a las organizaciones estadounidenses que han adoptado una postura p煤blica contra una o m谩s guerras de Estados Unidos o que han dedicado su tiempo, energ铆a y otros recursos a encontrar soluciones pac铆ficas a los conflictos internacionales. Celebramos estos modelos de conducta para inspirar a otros estadounidenses a pronunciarse contra la guerra y a trabajar por la paz. Si desea obtener informaci贸n completa, consulte la secci贸n PONER FIN A LAS GUERRAS ESTADOUNIDENSES HONRANDO A LOS ESTADOUNIDENSES QUE TRABAJAN POR LA PAZ en www.uspeacememorial.org/About_us.htm

Gracias al traductor deepl.com





Fuente: Grupotortuga.com