November 7, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
124 puntos de vista


Como quiera que el paneg铆rico de los ardorosos patriotas se ha empe帽ado en ensalzar, como si de un agesta se tratara, la actuaci贸n del ej茅rcito espa帽ol en Annual, de cuya efem茅ride se cumple un siglo, y el papel colonial en el protectorado de marruecos hasta la independencia de dicho pa铆s, de cuya poco ejemplar actividad sigue haciendo falta una severa cr铆tica y tal vez reparaci贸n a los dolientes de la misma, merece la pena, expurgando la paja del grano, leer alguna de las novelas cercanas a la 茅poca para conocer la cara oculta de tan brillante discurso.

Encontramos especialmente pintiparada para ello la novela de Ram贸n J. Sender, su primera novela, publicada en 1930. Se trata de 芦Im谩n禄 y su protagonista Viance, un aragon茅s que atrae las desgracias y que es soldado en la guerra en el a帽o 1821, cuando se produjo todo aquello.


Asistimos a una importante refutaci贸n al triunfalismo militar y, si me apuran, un rescoldo impagable del antimilitarismo latente que, a veces, desencadena en nuestra sociedad saludables ciclos de movilizaci贸n y profundizaci贸n en la idea de la convivencia, la paz, la defensa de otra cosa. . .

Es cierto que nuestro antimilitarismo suele interrumpirse y olvidarse para andar a menudo retomando sus luchas sin recuerdo del pasado, pero esa es harina de otro costal que ahora no vamos a acarrear.

Sender escribe Im谩n tras el paso por Marruecos poco despu茅s de los hechos para cumplir con 芦la mili禄, ese impuesto de sangre que ha herrado a fuego a cientos de generaciones de personitas de este pa铆s hasta su definitiva abolici贸n (a rega帽adientes de los militares, todo hay que decirlo) a los inicios del siglo XXI.

Dice el autor en el pr贸logo de la primera edici贸n de su libro que aquel se basa en notas que tom贸 en Marruecos y que 芦cualquiera de los doscientos mil soldados que desde 1920 a 1925 desfilaron por all谩 podr铆a firmarlas禄. A帽ade 芦desde luego, su protagonista se puede comprobar en la mayor parte de los obreros y campesinos que fueron all谩 sin ideas propias, obedeciendo un impulso ajeno y admirando a los h茅roes que salen retratados en los peri贸dicos禄.

Protagonista, villano y medios de comunicaci贸n creando un relato triunfal.

De modo que nos aparece, en primer lugar, el protagonista: el sufrido don nadie de entonces, obreros y campesinos, con las condiciones de postraci贸n de la 茅poca, a los que obligaron a ir 芦all谩禄 sin ideas propias y sumisa o resignadamente (dicho sea de paso, y ya que hablamos de memoria, hubo muchos j贸venes desde antes y a煤n en esas fechas se negaron a dejarse llevar a la guerra y no pocas movilizaciones al respecto de las que la Historia con may煤scula suele no hablar o no hablar bien).

Podemos a帽adir que, en eso de la sumisi贸n, que lo era tanto por lo civil como por lo militar, tal vez hemos cambiado tirando a poco. Ahora la servidumbre voluntaria es parecida a la de entonces, tal vez m谩s sutil e inconsciente, pero en todo caso con la creencia a帽adida y prefabricada por la ideolog铆a dominante y su armamento publicitario de que estamos llamados a todo lo que nuestros deseos quieran desear, con la aspiraci贸n de ser clases medias y no obreros o campesinos, con un cierto barniz cultural con m谩s levadura que masa y un IPhone en el bolsillo.

Tenemos tambi茅n el villano: los de las ideas propias y que obligaron a los otros a defender un 芦inter茅s ajeno禄 (ajeno a los primeros y propio de los villanos, quiero decir). Un villano en nuestros tiempos cada vez menos reconocible pero no por ello menos fel贸n.

Y tenemos un cierto hilo conductor y, como ahora, un amanuense que fabrica el relato a favor de los villanos para que los donnadies hagan(mos) lo que los se帽ores quieren: los h茅roes retratados como argumentario identitario y los que mixtifican el elogio de dichos h茅roes y los deseos de los mandamases, cual verdad categ贸rica, en los peri贸dicos.

Como vemos, nada nuevo bajo el sol. Hoy en d铆a, y desde Felipe Gonz谩lez a nuestros d铆as tambi茅n han ido a guerras ajenas pero muy nuestras (en concreto m谩s de 100 intervenciones militares) cerca de 200.000 efectivos bien dopados con la ret贸rica de los h茅roes, la patria y la bandera, mientras la prensa m谩s militante se dedica a propagar una imagen de nuestro militarismo bastante edulcorada y acr铆tica y la sociedad traga estas ruedas de molino como quien no quiere la cosa.

Los paralelismos de entonces y ahora son, a mi modo de ver, evidentes. De modo que la cr铆tica de ahora y la que en su d铆a lanz贸 Sender viene a ser parecida, aunque la suya escrita con maestr铆a y, si no se marginalizara su acceso, con una gran capacidad de concienciaci贸n y contagio.

Tambi茅n hay paralelismo entre las ma帽as del militarismo de entonces y el de ahora: contamos en la actualidad con un Ministerio de Defensa (antes eran m谩s realistas y lo llamaban ministerio de la guerra) como uno de sus ineludibles protagonistas. En concreto, en el asunto de Annual, se empe帽an en ensalzar la heroicidad de los militares del Regimiento Alc谩ntara 10 (obviando todo lo dem谩s que pas贸 antes y despu茅s) y rodeando todo ello de un olvido pavoroso de las atrocidades cometidas tambi茅n por los nuestros en aquella guerra, la muy poco noble causa que justific贸 la prolongaci贸n del militarismo espa帽ol en el norte deAfrica, los poco confesables intereses a los que serv铆an los militares empe帽ados en prolongar el conflicto y las nefastas consecuencias que para la evoluci贸n de nuestra sociedad tuvieron los militares africanistas que se foguearon en el protectorado de Marruecos.

El paisaje de la guerra:

Volviendo a la novela de Sender, narra los hechos de Annual con tonos crudos: un desastre, una carnicer铆a, una sinraz贸n, una deshumanizaci贸n, una injusticia. La lectura parece un reportaje period铆stico a veces (Sender era periodista entonces) y describe la guerra como lo que es, la m谩s pura expresi贸n del poder y de la crueldad.

El observador se aterra ante el paisaje de la guerra, con miles de cad谩veres esparcidos y tratados sin la m铆nima piedad (cabezas rebanadas, miembros mutilados, gente quemada y despojada, desenterrados, p谩jaros y chacales que se comen los ojos y partes blandas) y todas las vilezas imaginables que a lo largo de la obra desfilan con crudeza.


Quien ha participado, dice, de todo ello queda superado por el horror. De tanta crueldad enloquece, porque lo observado sobrepasa los l铆mites

Cuando detr谩s de los ojos no hay una aspiraci贸n del panorama ideal que corresponde a cada paisaje, la mirada aparece vac铆a. As铆 miran siempre los idiotas. Los locos solo ven lo imaginado, y tienen una mirada demasiado lejana, demasiado expresiva de lo inmaterial. Viance mira de ambas maneras. La idiotez y la locura se dan la mano sobre una realidad muerta禄.

Perlas sobre de la guerra

El realismo con el que se retrata la guerra nos prepara, principalmente en el cap铆tulo 5, para comprender su crueldad y absurdo.

芦Hay una soledad y un silencio extra帽os. Quiz谩s por la comba de esas llanuras corre el aliento helado de la muerte禄. (Cap铆tulo 5)

Una crueldad que se consigna en muchas de las p谩ginas de la obra: cad谩veres decapitados, muertos ensartados a las alambradas para atraer al enemigo y dispararle, lucha encarnizada con toda clase de armas, lanzamiento de gases y guerra qu铆mica (que, dicho sea de paso, Espa帽a utiliz贸 y a煤n pasan factura en la poblaci贸n descendiente de los part铆cipes en esta contienda), despersonalizaci贸n, despojo de cad谩veres. . . Una crueldad que deja indiferentes a los soldados all铆 enfrentados. Elegimos varios p谩rrafos de los muchos que lo reflejan.


芦El muerto ha quedado atr谩s en la misma posici贸n, con la cabeza incre铆blemente torcida. Viance siente que la simplicidad tr谩gica de todo esto ya no impresiona, que es como un juego infantil en el cual se mutila y martiriza a unos cuantos insectos cuya vida tiene sin cuidado al universo. (. . . ) Una fuerza c贸smica establece el derecho del m谩s poderoso, y s贸lo 茅ste, nadie m谩s que 茅ste, posee la ley y la l贸gica禄. (Cap铆tulo 8).

O

芦Luego llevan los cad谩veres ind铆genas a la parte de atr谩s y los arrojan por la vaguada de uno en uno, para que los rebeldes vean el castigo. son dieciocho o veinte y bajan trompicando, con gestos grotescos禄 (Cap铆tulo 6).

Pero decimos que tambi茅n un absurdo. Un absurdo al que han acarreado a la fuerza, como carne de ca帽贸n, a los que no tienen ning煤n poder de decisi贸n y deben cumplir el Servicio militar (por entonces 3 a帽os) y a veces, los recargos.

芦Avizora Viance, con la barba pegada a los sacos:

- Dios, Dios, qu茅 habremos hecho pa que nos metan en este tiberio禄
(Cap铆tulo 6).

Un absurdo del que los propios oficiales profesionales de la milicia, insin煤a el autor, son conscientes (y uno de sus beneficiarios):

芦Se siente en algunos oficiales desenga帽ados -los malos oficiales- la tristeza de confesarse que mueren por un poco de dinero mensual y la envidia de la muerte desinteresada y rom谩ntica del soldado禄 (Cap铆tulo 5).

Un absurdo al que se sacrifican las vidas de los desgraciados inocentes a los que se acarrea a la matanza:

. . .ya formados, esperan bajo el cargamento, hundidos los pechos, avanzada la cabeza con un aire cansado de mendigos n贸madas. Hay algunos a quienes el sue帽o, la sed, dan unos ojos visionarios y un rictus como de catarro, de contener las l谩grimas en la nariz禄鈥 (Cap铆tulo 5).

Con un desenlace estremecedor y nefasto:

Nadie se enga帽a en el fondo. No hay ni uno solo que crea en la necesidad de todo esto. Todos saben, adem谩s, lo que aguarda fuera. Dan ganas de gritar: 隆es m谩s c贸modo para todos romper filas y pegarnos un tiro!禄 (Cap铆tulo 5).

Pero el autor va m谩s all谩 del propio momento b茅lico y descubre el h谩bitat que hace la guerra posible y constante, as铆 como la implicaci贸n de todo el entorno 芦cultural禄 que constituye su preparaci贸n y su propagaci贸n:

芦Es la guerra. Esto es la guerra. La banderita en el m谩stil de la escuela. La marcha real, la historia, la defensa nacional, el discurso del diputado y la zarzuela de 茅xito. Todo aquello, rodeado de condecoraciones, trae esto. Si aquello es la patria, esto es la guerra: un hombre huyendo entre cad谩veres mutilados, profanados, de pies destrozados por las piedras y la cabeza por las balas.禄 (Cap铆tulo 9).

Se me ocurre un paralelismo con las actuales guerras, aunque ahora estamos lejos de percibirlo en su crueldad, porque la guerra se nos presenta televisada y se escenifica con los brillos de una pel铆cula de buenos y malos en la que hay muchos efectos especiales, pero no se nos muestra su carne cruda ni se deja lugar para sentir compasi贸n o para pensar en el futuro de los pueblos devastados por la confrontaci贸n b茅lica. Y porque el militarismo ha conseguido normalizar la preparaci贸n de la guerra como algo natural, razonable y sutil que casi no percibimos ni nos afecta.

Precisamente este segundo aspecto, porque la guerra es tambi茅n su preparaci贸n permanente y porque la preparaci贸n/propagaci贸n permanente de la guerra y la guerra por otros medios (no s贸lo militares) forma parte del paradigma de dominaci贸n y violencia que domina nuestro mundo y estructura sus relaciones de toda 铆ndole, debe ser uno de los principales ejes de la lucha antimilitarista y de los esfuerzos por despertar la conciencia de las sociedades adormecidas y de movilizar sus energ铆as y esperanzas hacia la superaci贸n de ese paradigma vigente.

Cobra mayor sentido, as铆 las cosas, el esfuerzo del antimilitarismo por desvelar la preparaci贸n de la guerra en el plano cultural y educativo, de denunciar las estructuras econ贸micas que propagan el estado de guerra, las industrias militares y la venta de armas, la securitizaci贸n de nuestras vidas, la asimilaci贸n de las ideas de la patria, la banderita, los discursos, los valores machistas y violentos, la historia, . . . y toda la normalizaci贸n del militarismo en nuestras sociedades y en nuestras vidas.

驴para qu茅 tanto dolor?

Late en el libro la pregunta por el sentido de todo este sinsentido y el protagonista se contesta en diversos momentos:

todo este ceremonial entre piojos, miseria, hambre, harapos es una pesada broma de locos. Nadie se enga帽a en el fondo. No hay uno s贸lo que crea en la necesidad de nada de esto禄 (Cap铆tulo 5).

Ese horror transforma al testigo de la guerra en un alguien que no es ya el de antes. La guerra no es un aldabonazo 茅tico, como nos la han querido presentar algunos ni la madre de la historia, sino un anonadamiento y un sinsentido que deshumaniza a los hombres en su m谩s radical persona.

芦De pronto ve aniquilado lo invulnerable; y en lugar de ser el de antes se queda vac铆o e inane ante la llanura, poblada de cad谩veres禄. (Cap铆tulo 8).


La guerra nos sit煤a en un mundo indeseable y sin vida.

La llanura pertenece a un planeta que no es el nuestro, un planeta muerto, aniquilado por las furias de un apocalipsis. Silencio y muerte infinitos, sin horizontes, prolongados en el tiempo y en el espacio hasta el origen y el fin m谩s remotos. La forra, blanca; los arbustos, escasos y secos; llanura cruzada por mil caminos invisibles de desolaci贸n. Moros muertos, espa帽oles despedazados. La soledad grita al sol en mil destellos sin eco: 芦T煤 ir谩s por Occidente; yo por Oriente, y al final nos encontraremos en un lugar de desventura禄. Sin un rumor de brisa, sin un p谩jaro, en el silencio que ahonda la ma帽ana hasta la lividez de la 煤ltima ma帽ana del universo禄 (Cap铆tulo 8).

El hombre despersonalizado pierde su dimensi贸n 茅tica y ya no se sobrecoge ante el esc谩ndalo de la muerte en guerra ni se duele de la desgracia de las v铆ctimas:

芦La indiferencia del sol convierte la tragedia en una cosa tonta y vulgar, sin sentido. Dan ganas de re铆rse . . . La naturaleza nos tiene inmunizados contra el miedo a la estampa exterior de la muerte, y un cad谩ver en cueros no sobrecoge el 谩nimo禄(cap铆tulo 7).

La mixtificaci贸n de la guerra y de los discursos grandilocuentes con que se justifica trastoca los valores y justifica a los asesinos. Cualquier argumento vale para ello. En el cap铆tulo Dos, tras la sangrienta batalla, el cura lleva los oleos para dar la unci贸n a los ca铆dos. Alguien se pregunta

Entonces esos . . .

- Desde luego, han salvado el alma.

- Pero alg煤n moro habr谩n matao, digo yo.

– No importa, ha sido en defensa de la patria.

- Esta tierra, 驴es la patria nuestra o de ellos?

- Efectivamente, la de ellos; pero todo lugar donde alienta un coraz贸n cristiano es la patria de Dios y debemos defenderla contra los infieles.

Hay una pausa y a帽ade el soldado:

- 隆Ah! 驴Entonces esta guerra la ha mandao el Papa?

- No, el rey.

- Y el que obedece al rey, 驴va al cielo?

- S铆, porque el rey tiene una investidura divina.

La pregunta surge de todo ello 驴qui茅n es el responsable de todo ello?

芦Los que se salven llegar谩n por milagro a las alambradas de Annual. Y todo bajo la indiferencia del cielo estrellado, tan lejos, ausentes hasta del recuerdo de las personas queridas, hace pensar en un gran error y en un gran responsable. 驴D贸nde? 驴Qui茅n?禄 (Cap铆tulo 5).

Veremos m谩s adelante la respuesta que anticipa el autor Cap铆tulo 8). Lo define como 芦los que mandan禄, que no tienen m谩s que vanidad y miedo, ni un sentimiento puro, ni una idea humanitaria, ning煤n aprecio a la justicia y a la verdad.

La forja (despersonalizada) de un soldado.

Perm铆tanme esta alusi贸n velada al libro de Barea que tambi茅n conviene leer. Pero no hablamos de la propuesta de Barea y volvemos a Sender y su relato.

Para llegar al extremo de deshumanizaci贸n que hace posible una guerra, por brutal e injusta quesea, se requiere forjar soldados que act煤en como aut贸matas, que renieguen de sus sentimientos y pulsiones m谩s humanas y que no tengan conciencia, o que la usen para envolver en ella la peor de nuestras estopas y justificar lo injustificable. Ser谩n los ejecutores de las intenciones de los que no se manchan de la sangre que mandan derramar.


Para ello estaba la formaci贸n cuartelaria que, dice en el cap铆tulo, es esencial al respecto

Un a帽o tard贸 en acomodarse a la vida de cuartel; pero al fin se sinti贸 identificado con la esclavitud, con la torpeza, con la simulaci贸n y con la peque帽a maldad. Ten铆a amigos, enemigos, como en su vida anterior, y a la angustia de la vida sin sentido de la disciplina incomprensible

- 驴para qu茅 todo aquello?

- sucedi贸 una blanda e ins铆pida aton铆a, que se le antojaba, en 煤ltimo recurso, la mejor arma contra el tiempo
禄.(Cap铆tulo 8).

La mili forja este soldado acr铆tico (o inmoral en el sentido de sin moral propia), anulando su propia manera de ser y sus valores y cambi谩ndole por completo para la racionalidad militarista. Despu茅s, la resignaci贸n le har谩 no protestar la segunda muerte, la de la guerra.

驴芦Qu茅 m谩s da morir? 驴quedar tumbado en el camino es lo de menos. En realidad, ha muerto dos veces ya. Cuando entr贸 a filas muri贸 el joven animoso, confiado, de las vastas intuiciones universales, y a estas le sucedieron las peque帽as minucias, las preocupaciones mezquinas y una sensaci贸n de acoso y animadversi贸n de los dem谩s. Tampoco era ya el mismo鈥 Dud贸 de s铆 mismo, lleg贸 a sentir obsesi贸n de su inferioridad, de su indignidad禄 (Cap铆tulo 8).

El proceso de formaci贸n militar transfigura al soldado,

Viance vacila, se le encienden los ojos en una expresi贸n de ira que lo transfigura. No es el mismo. Es el hombre que podr铆a ser, quiz谩 el que fue. Pero no. Viance no fue nunca as铆. Ahora le impresiona el m谩s peque帽o escorzo de cada instante: la cara febril del pal煤dico le produce un dolor casi fisiol贸gico. Blasfema y se limita a decir con acento medio indiferente, medio paternal:

- 隆. . . 谩nimo, muchacho! Es la mili
禄 (Cap铆tulo 2)

Aut贸matas-soldados que, una vez agrupados en ej茅rcito, no son m谩s engranajes de una m谩quina cansada y resignada al servicio de la guerra:

Ochocientos hombres, mudos, sordos, con el paso resignado de aut贸matas. La mochila del de delante limita todos los horizontes. No se sabe a d贸nde va, quiz谩s no vaya a ning煤n sitio o quiz谩 al fin del mundo. Puede ser que la misi贸n de uno cuando naci贸 fuera andar eternamente (鈥) El cansancio llega a anestesiar禄 (cap铆tulo 1).

Y tambi茅n.

芦La tarde es ahora color de miel y en el olvido moment谩neo de todo -un olvido tan suave, tan f谩cil, hundido en la armon铆a del cielo, del aire, de la propia conciencia virgen- se desean o铆r las esquilas de la campi帽a espa帽ola. Quiz谩s las oye alg煤n soldado en el fondo de esa dram谩tica indiferencia que es el cansancio, pero no solo el cansancio de tres noches en vela, de tres meses casi sin agua, sino de dos mil a帽os de injusticia禄.

Abruma la descripci贸n que sigue sirviendo para los conscriptos de cualquier guerra y, si me lo permiten, para la singular caterva de donnadies a los que el sistema con sus imposiciones nos sigue reclutando, ahora en la vida civil, para servir de sangre y m煤sculos aut贸matas a los intereses de los que crean la verdad. Tambi茅n aqu铆 el cansancio llega a anestesiar.

Conciencia.

La regla de juego es la obediencia ciega y la voluntad de matar y dejarse matar. A los que as铆 han sido formados se los llama valientes, pero esa valent铆a es falsa.

芦Aqu铆 no hay valientes, a帽ade el soldado: Efectivamente, los verdaderos valientes hubieran debido comenzar por no venir. Todos han venido por esa cobard铆a a la que el soldado alude y de la cual, 茅l y yo, debemos olvidarnos禄(Cap铆tulo 1).

La obediencia ciega es la perdici贸n de los forados a la guerra, pero, sobre todo, el lubricante del sistema de imposici贸n que mueve los engranajes del militarismo, que funciona gracias a ella. Por eso el militarismo se empe帽a en imponerla sin importar las consecuencias.

Un soldado herido suplica (Cap铆tulo 5)

Mi teniente, no es por nada, pero cumplo dentro de tres meses.

- 驴Qu茅 tiene que ver eso?

- Si me curaran, dice el herido, podr铆a salvarme, mi teniente. No merezco morir como un perro, mi teniente.

- Te proh铆bo que sigas hablando.

El herido cambia de acento:

- A la orden.

El herido, tumbado en el suelo, arrastra una pierna rota, como de trapo, agarrado a los piquetes de la alambrada
禄(cap铆tulo 5).

Es una condenaci贸n que siempre ha existido, pero 驴hay remedio? La respuesta aparece como una interpelaci贸n que a煤n hoy es tan necesaria como infrecuente.

Vosotros los j贸venes, sois los 煤nicos que no est谩is envilecidos, que ten茅is la conciencia sana y cre茅is en la justicia, en el bien Dios os ha se帽alado la obligaci贸n de decir la verdad y de meterla, si es preciso, a golpes en la sesera de los viejos. La verdad es la vuestra, no la de ellos. La cabeza de los viejos que mandan all谩 y aqu铆 y en todo el mundo no tiene m谩s que vanidad y miedo. Ni una idea humanitaria. Ni un sentimiento puro. Y los intereses sembrados alrededor, que son como barrotes de una c谩rcel. Vosotros los j贸venes podr铆ais haber evitado esto defendiendo a su tiempo las ideas que s贸lo vosotros sent铆s sinceramente y que son la verdad del mundo, aunque nadie quiera verlo. Pero hab茅is preferido someterlo todo a esta maldad y a esta vileza . . .禄 (Cap铆tulo 9).

El arma de la conciencia, el est铆mulo que, tambi茅n hoy, hace falta despertar en nuestra sociedad para conseguir, con la lucha social que conlleva, y de meterla, si es preciso contra la voluntad del poder, en cada rendija de nuestro mundo.

Porque la conciencia tambi茅n es capaz de transformar al mundo y a las personas. Viance, en su desvalimiento tras el desastre, reconoce su fragilidad y se esconde dentro de un caballo abierto en canal.

芦Siente sus propias palpitaciones en las costillas del caballo. 驴Es que quiz谩 su vida trasciende a las v铆sceras muertas y las anima de nuevo? Siente tambi茅n que su materia es igual a la que le circunda, que s贸lo hay un g茅nero de materia y que toda est谩 animada por los mismos impulsos ciegos, obedientes a la misma ley. Le invade una vaga ternura, el deseo de hacer el bien y de encontrarlo todo dulce y bueno.

Un escozor en los ojos y l谩grimas en sus mejillas. Hace rato que llora. El deseo de llorar es superior a su cansancio, a su hambre y al dolor de las tres heridas禄
(cap铆tulo nueve)

Sus guerras y sus mentiras

La denuncia de la guerra y su meta relato de falsedades surge en el libro con contundencia y no menos vigencia para nuestro momento presente.

En Espa帽a nadie sabe lo que aqu铆 pasa. De vez en cuando dicen los peri贸dicos: 芦Nuestros soldados mueren en Africa禄, pa molestar al Gobierno; pero el pueblo y los ministros ya se han acostumbrado. 驴Bueno, y qu茅? Aquello est谩 lejos, y en todo caso es la defensa de la Patria. Oye, t煤, muchacho: 驴Sabes qu茅 es la Patria? El de al lado lo mira desde lo hondo de las 贸rbitas c谩rdenas y se encoge de hombros. Insiste Viance, obsesionado. El otro habla, por fin:

鈥 El sargento nos lo dijo de quintos: pero no me acuerdo. Ah, redi贸s; la Patria no es m谩s que las acciones del accionista. Se lo han dicho el otro d铆a unos obreros catalanes que est谩n en la segunda compa帽铆a
禄 (cap铆tulo 6).


Reniega de la categor铆a de h茅roes con los que el relato del poder quiere embaucar a los desgraciados obligados a la guerra

芦Nosotros somos lo que en la prensa y en las escuelas llaman h茅roes. Llevar sesos de un compa帽ero en la alpargata, criar piojos y beber orines, eso es ser h茅roes. Yo soy un h茅roe. 隆Un h茅roe! 隆Un h茅-ro-e!禄. La palabra, al repetirla, pierde sentido y llega a sonar como el gru帽ido de un animal o el ruido de una cosa que roza con otra 禄 (cap铆tulo 7).

Este relato del h茅roe forma parte del escenario que oculta los intereses de los se帽ores de la guerra y encubre la sumisi贸n de los 芦ciudadanos禄 que 芦cumplen禄 su deber. Conocer la trampa nos habilitar para desobedecerla y sustituir la vieja idea de ciudadanos siervos por la de sujetos de derechos y actores protagonistas.

Nosotros, como los mulos, s贸lo tenemos deberes c铆vicos, no derechos. El deber c铆vico es morir. El Estado nos autoriza a morir para sostener el derecho c铆vico de unas docenas de seres que son la historia, la cultura, la prosperidad del pa铆s, porque el pa铆s comienza y termina en ellos.禄 (Cap. 9).

De primera y de segunda.

Un soldado es malherido por un tiro en la mano y le levanta una loncha de carne en el pulpejo de esta. El soldado se la coloca en su sitio y la pega con papel de fumar mientras siguen en su puesto. El di谩logo no deja desperdicio.

芦Un tiro de suerte. Si se lo dan a un coronel, lo ascienden a general y le conceden una pensionada. Parece mentira que lleven tanta cuenta de la sangre por ah铆 arriba y por aqu铆 . . . No acaba de coordinar. Escupe sangre y pregunta . . .禄 (cap铆tulo 6)

Final.

En mi opini贸n merece la pena recobrar y releer este texto lleno de denuncia y no menos de actualidad.

Tambi茅n de memoria.




Fuente: Grupotortuga.com