March 15, 2021
De parte de Nodo50
154 puntos de vista


LEY DEL VALOR, MILITARIZACION Y GUERRAS JUSTAS E INJUSTAS
I帽aki Gil de San Vicente

Texto elaborado despu茅s del teledebate en Tertulias en Cuarentena del 7-03-2021 sobre la OTAN

1. TERMODINAMICA, AYUDA MUTUA Y GUERRA FEROZ, ATROZ Y BREVE
2. MILITARIZACION, PRODUCCI脫N CAPITALISTA Y LUCHA DE CLASES
3. MILITARIZACION Y LEY TENDENCIAL DE CAIDA DE LA TASA DE GANANCIA
4. MILITARIZACION Y PROPIEDAD COMUNISTA DE LA VIDA, EL CIELO Y EL SOL
5. MILITARIZACION, EXTERMINISMO, GUERRA TOTAL Y ARMAGED脫N
1.- TERMODINAMICA, AYUDA MUTUA Y GUERRA FEROZ, ATROZ Y BREVE:

芦Los soldados actuales aprenden a cazar para sobrevivir, pero 驴luchaban entre s铆 los cazadores prehist贸ricos? Las pruebas son escasas y contradictorias禄
John Keegan Historia de la guerra. Planeta. Barcelona 1995, p. 155.
El instinto de supervivencia y la capacidad de autodefensa ante un peligro son vitales para la evoluci贸n de la vida animal y de la antropogenia en un mundo determinado por las restricciones objetivas
insalvables que se derivan de las leyes de la termodin谩mica. La larga historia de la relaci贸n entre
trabajo y energ铆a, o si se quiere, en la hominizaci贸n mediante el trabajo, que en el capitalismo se expresa en la plusval铆a relativa, como demuestra George Caffentzis, est谩 siempre dentro del encuadre
objetivo de la termodin谩mica. Aqu铆 radica una de las bases del materialismo hist贸rico, del principio
de la inmanencia frente y contra a todo opio de trascendencia.
Pero en determinadas condiciones la autodefensa para sobrevivir puede transformarse en formas de
agresividad y violencia extrema, incluso de 芦guerra禄, como ha sido definida con un poco de sensacionalismo el choque brutal entre dos comunidades de chimpanc茅s que empez贸 a gestarse poco
antes de 2015 en Uganda, hasta llegar a causar la muerte a dentelladas y golpes de varios de ellos.
Es la primera vez que se ha podido estudiar en tiempo real y durante m谩s de seis a帽os el surgimiento de contradicciones dentro de un clan amplio de chimpanc茅s. Hasta ahora, exist铆an m煤ltiples observaciones sobre el proceso de tensi贸n, agresividad, hostilidad y violencia en esta especie hasta llegar incluso a la 芦ejecuci贸n禄 por el grupo de un antiguo macho l铆der y su canibalizaci贸n por los ejecutores, tras atreverse a volver a su clan despu茅s de haber sido expulsado por sus abusos. El l铆der era apoyado por un segundo, que tambi茅n fue golpeado y expulsado, pero que volvi贸 al clan al cabo de un tiempo y fue aceptado porque se integr贸 en las normas de convivencia.
Para nuestro debate sobre la OTAN y el militarismo, sobre la hipot茅tica naturaleza biol贸gica e instintiva, gen茅tica, de la 芦guerra禄, tiene una importancia clave demostrar la deliberada tergiversaci贸n de los avances de la etiolog铆a por parte de la corriente m谩s reaccionaria de los ide贸logos burgueses.
Se trata del antagonismo entre la historia materialista y las mistificaciones idealistas en algo crucial
para nuestra especie: la vida o la muerte. Piotr Kropotkin (1842-1921) fue un cient铆fico que sigue
hoy proscrito porque, entre otras cosas, demostr贸 que en la naturaleza la ayuda mutua es m谩s importante y m谩s frecuente que la violencia, sobre todo cuando 茅sta es interpretada desde los dogmas sociobiol贸gicos y socialdarwinistas desarrollados desde finales del siglo XIX por el racismo y el militarismo. Levontin, Rose y Kam铆n han demostrado de manera inequ铆voca que la guerra, la violencia extrema, el terror 芦no est谩 en los genes禄, sino en las contradicciones sociales.
Intelectuales burgueses extrapolan y descontextualizan los descubrimientos de la etiolog铆a para justificar la ferocidad de la explotaci贸n capitalista y de su individualismo. Esta corriente, sin embargo,
oculta por todos los medios la impresionante cantidad y calidad de los estudios de los y las et贸logas
sobre la ayuda mutua y las relaciones colaborativas dentro de las especies y entre ellas, no faltando
incluso quienes se refieren a pr谩cticas de 芦altruismo禄, que confirman lo descubierto por Kropotkin.
En realidad, la vida y la antropogenia no se habr铆an desarrollado sin la colaboraci贸n y la ayuda mutua, porque, visto desde la perspectiva de los chimpanc茅s sometidos a los abusos del macho m谩s fuerte, dieron un ejemplo de colaboraci贸n, solidaridad y ayuda mutua uniendo sus fuerzas para derrocar al 芦tirano禄 y a su segundo. Colaboraron, aceptaron los riesgos de la 芦guerra禄 y se ayudaron para el mismo objetivo. Con todas las precauciones exigibles y m谩s, podr铆amos recurrir al s铆mil de que el derrocamiento fue una 芦revoluci贸n禄 necesaria para reinstaurar la libertad.
Avanzando m谩s, todo sugiere que la respuesta que debemos dar a la pregunta de J. Keegan pasa por
la muy alta probabilidad de que la hominizaci贸n iba pareja al control de las tensiones y de la agresividad dentro de la superior y envolvente cooperaci贸n del grupo. Debi贸 haber actos de violencia extrema seg煤n lo sugieren estudios sobre algunos restos humanos como el cr谩neo de hace 430.000 a帽os descubierto en Atapuerca, pero sobre todo m谩s recientes. Sin embargo, y conforme m谩s informaci贸n se obtiene, todo indica que se evitaba en lo posible que la agresividad saltase a violencia,  si esto suced铆a terminaba desarroll谩ndose regulaciones consensuadas destinadas a reducir esa violencia a un m铆nimo que no da帽ase la reproducci贸n del grupo si la violencia era interna, o entre los grupos afectados. Pero en modo alguno podemos entender aquella violencia puntual y menos a煤n valorarla con los par谩metros actuales de guerra.
La raz贸n era muy sencilla: las muy escasas fuerzas productivas y el insuficiente conocimiento emp铆rico desarrollado que permit铆a un lento incremento de la productividad del trabajo, impon铆an restricciones muy serias a la demograf铆a, al n煤mero de miembros de cada grupo de modo que la muerte de uno o varios de ellos pod铆a suponer una cat谩strofe. La naturaleza es finita y objetiva. Las leyes de la termodin谩mica explican los p茅treos l铆mites materiales que la humanidad lim贸 muy lentamente con la productividad del trabajo. Seg煤n Andr茅 Leroi-Gourhan en el remoto abbevilliense con un kilo de s铆lex las reducidas colectividades fabricaban diez cent铆metros de filo cortante, perfeccion谩ndose la t茅cnica hasta lograr los 40 cent铆metros en el achelense con ese kilo de s铆lex, los 2 metros en el musteriense, y de entre 6 a 20 metros en el magdaleniense.
Aunque estos medios precarios eran racionalizados lo m谩s posible, muchos estudios muestran el clima de incertidumbre y precariedad existencial en la que viv铆an los grupos n贸madas cazadores, recolectores y pastores: el temor a las hambrunas, a las sequ铆as o inundaciones, a los fr铆os y al retraso o adelanto de las estaciones, o a los ataques de otros clanes para quitarles sus muy escasos excedentes de supervivencia. Semejante incertidumbre se prolong贸 desde el final del paleol铆tico, como se aprecia en el aniquilamiento de una comunidad humana en el Sud谩n hace -12.000/-10.000 a帽os, seg煤n Guilaine y Zammit; o en el cuerpo de un hombre joven muerto por lo que parece ser el impacto de un proyectil en la cabeza, que data de -9.700 a帽os descubierto en Erro, Euskal Herria, enterrado con sumo cuidado y cubierto con finas artes mortuorias. En Croacia se ha descubierto una masacre datada en el -4.200 de 41 personas de una comunidad pastoril asesinadas mayormente con golpes en la cabeza sin signos de guerra: la hip贸tesis m谩s plausible a la luz de los datos disponibles es la de un conflicto intra grupal debido a un empeoramiento dr谩stico de las condiciones de vida.
Otros muchos estudios tambi茅n descubren la pr谩ctica del canibalismo, de la antropofagia como aporte energ茅tico justificada con rituales m谩gicos o simplemente 芦a pelo禄, posteriormente envuelta en la liturgia de los sacrificios humanos sobre todo infantes y mujeres en un primer per铆odo, luego de animales y por fin de bienes, joyas y dinero: todav铆a est谩 poco estudiada la interacci贸n entre violencias y primeras guerras, por un lado, y antropofagia y sacrificios por otro, en el largo proceso del tr谩nsito del valor de uso a la dictadura del valor de cambio, durante el cual aumentaba el exterminio humano.
Lleg贸 un momento en el que el reparto peri贸dico mediante usufructo de las tierras comunes se convirti贸 en una necesidad que se solucionaba mediante pactos, acuerdos, alianzas realizadas en grandes fiestas, y donde se administraba 芦justicia禄, pero tambi茅n se fue asentando la territorializaci贸n.
Uno de los peores castigos era el ostracismo, el destierro, la expulsi贸n del grupo porque generalmente conllevaba la muerte. Las reglas de colaboraci贸n, reciprocidad y ayuda mutua eran l贸gicas en s铆 mismas porque garantizaban la supervivencia. El llamado 芦principio de oro禄 de la 茅tica: 芦no hagas a los dem谩s lo que no quieras que te hagan a ti禄, con sus limitaciones que no vamos a analizar aqu铆, entre ellas el trato dado a las mujeres, y los primeros c贸digos 茅tico-morales en las culturas 谩grafas, se formaron en esta largu铆sima fase. Miles de a帽os despu茅s estos c贸digos ser铆an ampliados, tergiversados e impuestos como 芦mandamientos divinos禄, negando su materialidad sociohist贸rica, por las clases dominantes para aumentar su propiedad privada.
La tecnolog铆a paleol铆tica ten铆a serios l铆mites para satisfacer las necesidades de las castas dominantes en formaci贸n porque los medios de producci贸n como fuego, madera, hueso, s铆lex, piel, fibra vegetal, etc., adem谩s de ser abundantes, sobre todo permit铆an la ambivalencia de los valores de uso: eran instrumentos de trabajo y a la vez armas defensivas y ofensivas. O sea, medios defensivos a disposici贸n de cualquiera que se resistiese a la creciente injusticia de la propiedad privada: 芦armas democr谩ticas禄, 芦p煤blicas禄, 芦comunes禄, peligrosas para las nacientes minor铆as acaparadoras de propiedad. Conforme se escind铆an las sociedades primero en mujeres explotadas y en esclavos, luego en castas y en clases antag贸nicas, los poderes monopolizaban las armas de cobre y de bronce, los caballos y carros de guerra, la tecnolog铆a naval y a la vez, la escritura, las leyes, el comercio y la historia.
Tener la propiedad de los medios de producci贸n, de las armas y de la cultura conllevaba, exig铆a y facilitaba la necesaria manipulaci贸n de la estructura ps铆quica colectiva para provocar que la agresividad causada por las tensiones sociales inherentes a la precariedad vital de quienes pierden su libertad com煤n por la dictadura de lo privado, se convirtiera en violencias que defendiesen los intereses de las minor铆as propietarias. Estas violencias, adem谩s de ser sumideros de frustraciones y tensiones que mantiene la 芦paz禄 mediante el dopaje religioso, tambi茅n sirven para explotar a las mujeres y saquear y esclavizar, o exterminar, a otras tribus, y por fin al propio pueblo empobrecido si se sublevaba para derrocar a esa minor铆a y reinstaurar la propiedad colectiva de los bienes comunes.
Veremos en el cuarto apartado, dedicado a la propiedad del sol y del cielo, por qu茅 y c贸mo dentro
de sociedades que se sostienen sobre la explotaci贸n, opresi贸n y dominaci贸n, las armas siempre son
un gasto improductivo que, en un primer momento, rinde beneficios a esa minor铆a al facilitarle la
explotaci贸n de la mayor铆a desarmada y carente de propiedad, pero en un segundo momento suponen
un despilfarro, una p茅rdida de recursos y bienes que podr铆an dedicarse a mejorar las condiciones de
vida de la mayor铆a explotada. Veremos c贸mo lleg贸 un momento en el que el hierro ayuda a la libertad humana al ser una 芦arma democr谩tica禄, como ya lo eran los filos y puntas de s铆lex para cuchillos, hachas, lanzas y flechas de arco, y las cuerdas y pieles para hondas, escudos y corazas.
Se piensa que los primeros soldados, que no guerreros ni cazadores-recolectoras armados, surgieron en el mismo proceso de desarrollo de la ley del valor, en su encuadre socioecon贸mico, cultural e ideol贸gico, aunque fuera en 谩reas econ贸micas muy reducidas, hace +/- 6000 a帽os en Sumer, en Mesopotamia y de all铆 se fue extendiendo junto con la propiedad privada. Adem谩s, su avance iba unido al retroceso de las libertades de la mujer y al aumento de la esclavitud. Las ciudades-Estado e imperios crearon efectivos ej茅rcitos y eficaces armas, aunque todav铆a no descubrieron su producci贸n en serie como suceder铆a en el Mediterr谩neo y China, que aplicaron las leyes tendenciales de la productividad del trabajo y del ahorro de tiempo y energ铆a a la organizaci贸n militar, sobre todo a la disciplina.
La guerra actual surgi贸 con esos imperios y ciudades-Estado en los que la propiedad privada se impon铆a sobre los bienes comunes en varias formas. El comercio exig铆a controlar el tiempo para reducir el gasto de energ铆a y maximizar las posibilidades de ganancia, y los ej茅rcitos hicieron lo mismo.
Pero a煤n faltaba un componente nuevo que, en l铆neas generales, fue aportado por Grecia, pueblo se
benefici贸 de cinco cosas: una, maximizar la explotaci贸n de la esclavitud, de las mujeres y extranjeros. Dos, el hierro fundido que abarat贸 las armas de modo que un campesino y artesano pod铆an comprarlas ahorrando algo, garantizando la democracia esclavista con esa 芦arma democr谩tica禄.
Tres, el alfabeto fenicio. Cuatro, la moneda estatal. Y cinco, la necesidad imperiosa de comerciar por mar, aprendiendo a reducir el tiempo y el espacio, racionalizando la construcci贸n naval sobre todo la militar con aqu茅l logro t茅cnico que fue el trirreme, e integrando los saberes de otras culturas superiores como las de Egipto, Persia e India, pero que no hab铆an reunido las condiciones griegas.
Los campesinos y artesanos ten铆an poco tiempo para la guerra por las exigencias del comercio, de
las cosechas y los ganados en una orograf铆a muy monta帽osa. Deb铆an pagarse ellos mismos sus armas de hierro y bronce, el tiempo de entrenamiento y el esclavo o ayudante que llevaban, por lo que desarrollaron una disciplina consciente y f茅rrea, compacta, decidida a exterminar al enemigo en el menor tiempo posible porque el equipo pesaba mucho, el tiempo era muy escaso y no rentabilizarlo supon铆a enormes p茅rdidas y tal vez la esclavitud o la muerte. En aquel contexto, la falange era la ley del valor actuando en la guerra, como luego lo ser铆a la legi贸n romana. Se ha definido a esta guerra griega como feroz, atroz y breve. Los macedonios la mejoraron al integrar en ella m谩s armas y una superior planificaci贸n estrat茅gica lo que aumenta la productividad del 芦trabajo禄 militar, desarrollo que Roma elev贸 al nivel m谩ximo posible en su contexto sociohist贸rico.
La civilizaci贸n greco-romana se sustentaba en la guerra, lo que exig铆a por un lado, explotar a las mujeres como 芦paridoras de soldados禄; por otro lado, un m铆nimo de producci贸n mercantil y de comercio regular en un oc茅ano campesino y de econom铆a de trueque; y por 煤ltimo, una disciplina estrat茅gica. Muy pocos ej茅rcitos y menos a煤n pueblos en armas que viv铆an m谩s del trueque entre valores de uso que del comercio entre mercanc铆as, pudieron resistir durante un milenio aquella m谩quina letal, a no ser que mejoraran su disciplina y recursos econ贸micos, o que dispusieran de grandes retaguardias en las que reorganizarse. En el otro extremo del mundo, China tambi茅n desarroll贸 en esa 茅poca condiciones socioecon贸micas y pol铆tico-militares con una m谩quina militar muy efectiva, y no es en modo alguno casual que Mencio (-372/-289) y Arist贸teles (-384/-322) descubrieran los primeros fundamentos de la ley del valor tal cual exist铆a en aquel tiempo. Tampoco es casual que los primeros grandes te贸ricos de la pol铆tica y de la guerra surgieran en esa 茅poca: los escritos de entre -476/-221 atribuidos a Sun Tzu y su escuela posterior, y los de Tucidides (-460/-396), Jenofonte (-431/-354), Polibio (-200/-118) hasta concluir con Vegecio (siglo IV).
La cultura b茅lica greco-romana y la china desarrollaron complejas m谩quinas de guerra, pero no pensaron en dar el salto a una proto ciencia. Aunque s铆 llegaron al nivel de producci贸n en serie de armas y de barcos de guerra, no lo hac铆an para saltar de la acumulaci贸n de riqueza a la acumulaci贸n ampliada de capital, sino s贸lo para ganar las guerras y mantener el sistema socioecon贸mico. Llegaron a un embri贸n de industria de la matanza humana cuando en -399 Dionisio el Viejo, rey de Siracusa, contrat贸 a los mejores t茅cnicos y artesanos del entorno para que inventasen nuevas armas, adelant谩ndose m谩s de 2300 a帽os al Proyecto Manhattan para construir la Bomba. Adem谩s de otras armas, se invent贸 la balista, que ser铆a el modelo de las mort铆feras ballestas que volveremos a ver m谩s de 1500 a帽os despu茅s y que ahora es imprescindible en los portaaviones, pero la planificaci贸n
no pas贸 de ah铆.
Tampoco lo lograron los 谩rabes pese a sus avances protocient铆ficos y los bizantinos con su insuperado 芦fuego griego禄 que humilla al f贸sforo y al napalm yanqui. La filosof铆a greco-romana, en especial en sus formas plat贸nicas y aristot茅licas, despreciaba lo que ahora se denomina 芦trabajo intelectual禄. Ni los inventos t茅cnico-militares de Arqu铆medes (-284/-212), ni los de Her贸n (+10/70) ni el saber alejandrino pod铆an abrir un nuevo modo de producci贸n. Roma orden贸 a sus legionarios que apresaran vivo a Arqu铆medes para esclavizarlo como constructor de m谩quinas terror铆ficas, no como inventor de tecnociencia productiva.
En la totalidad de causas que terminan creando el Estado de la minor铆a explotadora, una fundamental es la de racionalizar en lo posible el irracional e improductivo gasto en recursos represivos y en guerra injusta para que no se conviertan en un lastre mayor de lo que es, que acabe con el acaparamiento de riqueza o la acumulaci贸n ampliada de capital, sino que los impulsen durante un tiempo.
A lo largo de la historia, miles de millones de personas han sufrido padecimientos de toda 铆ndole, desde hambre y enfermedad hasta torturas y muertes atroces que pod铆an haberse reducido dr谩sticamente, si las clases dominantes, si los imperios expoliadores, no hubieran convertido los bienes de producci贸n en bienes de destrucci贸n.
La utop铆a b铆blica de convertir las espadas en arados, facilitando la materializaci贸n de los 芦milagros禄 del pan y los peces, que devuelve la vista y el andar, que cura la lepra, etc茅tera, esta utop铆a de las masas humilladas que refleja la contradicci贸n social que corroe a las religiones del libro, es aniquilada una y otra vez por la propiedad privada que transforma los arados en espadas, que convierte en dinero los peces y el pan, que enceguece, amputa y deteriora la salud al privatizarla鈥 Ante la f茅rrea l贸gica de la ley del valor, los dioses permanecen mudos, ciegos y sordos, cuando no la bendicen.
Por su parte, las clases y pueblos explotados tienen que aplicar su inteligencia creativa a formas de guerra justa, de modo que se cumple lo que dijo Alfonso Sastre: llaman terrorismo a la guerra de los pobres, y guerra al terrorismo de los ricos. M谩s adelante volveremos sobre este punto cr铆tico.
En el trasfondo de esta dial茅ctica de unidad y lucha de contrarios en sus formas m煤ltiples de guerras justas e injustas, act煤a una doble fuerza: la objetividad de las leyes de la termodin谩mica y de la finitud de recursos materiales, y el creciente antagonismo entre el valor de uso y la comunidad de bienes, por un lado, y por su lado contrario, el valor de cambio, la ley del valor y la propiedad privada. La explotaci贸n, el tributo y el comercio necesitaban burocracia, escritura, contabilidad, geometr铆a, moneda y una inicial mentalidad que interpretase el mundo desde y para el valor de cambio, o parafraseando a Shon-Rethel el proceso entre 芦abstracci贸n mercanc铆a禄 y 芦abstracci贸n intercambio禄.
La ley del valor, tanto en su esencia cualitativa como en su forma cuantitativa, es la responsable en cuanto expresi贸n de relaciones sociales objetivas cristalizadas subjetivamente, de un fen贸meno terrible que mide el grado de deshumanizaci贸n: el fetichismo de la mercanc铆a en su concreci贸n como fetichismo de las armas. Los hombres de las castas y clases propietarias mostraban su poder acaparando bienes y riquezas en un mundo de pobreza, y tambi茅n acaparando armas mort铆feras en un mundo en el que el pueblo explotado no ten铆a armas, o eran pocas y obsoletas. El fetichismo de las armas es la quintaesencia de la contradicci贸n del fetichismo de la mercanc铆a porque las armas de la minor铆a explotadora facilitan la destrucci贸n de los valores de uso en su conversi贸n en valores de cambio. En manos de las clases y naciones oprimidas es un valor de uso que conquista la libertad.
Antiguamente los hombres de las clases propietarias se llevaban sus armas a la tumba para emplearlas en el 芦otro mundo禄, y para que las clases explotadas siguieran d贸ciles y atemorizadas tambi茅n en aquella irrealidad fantasiosa. En los panteones, iglesias y catedrales europeas, las tumbas de nobles y reyes hacen ostentaci贸n de poderosas espadas m谩gicas y f谩licas, identific谩ndose con la m谩s fiera de las im谩genes de dios: el dios de la guerra, de la venganza y la ley de la propiedad privada.
Con el aumento de la productividad del trabajo y la victoria de la ley de la acumulaci贸n ampliada del capital, la parafernalia de la ostentaci贸n del poder no ha cambiado: reyes, dictadores, presidentes, autoridades y dem谩s fauna aparecen rodeados de serviles militares y curas, al modo de las antiguas liturgias sumerias y egipcias, persas, romanas y medievales. El fetichismo de las armas siempre est谩 a la orden del fetichismo de la mercanc铆a. Dicho m谩s crudamente, el fetichismo de las armas es la expresi贸n m谩s inhumana en la que se muestra p煤blicamente el fascismo.
2.- MILITARIZACION, PRODUCCI脫N CAPITALISTA Y LUCHA DE CLASES
芦No cabe duda de que nuestra teor铆a de la determinaci贸n de la organizaci贸n del trabajo mediante la producci贸n no puede encontrar mejor refrendo del que ofrece la industria de la matanza de hombres. Realmente merecer铆a la pena que t煤 escribieras algo acerca de este tema 鈥揳 m铆 me faltan los conocimientos necesarios-, algo que yo pudiese incorporar a mi libro como ap茅ndice y que apareciera con tu nombre. Piensa en ello. Si te decides, ha de ser para el primer volumen, en el que toco expresamente este tema. 隆No puedes imaginarte lo que me alegrar铆a que tu nombre figurara en mi obra fundamental (lo que he hecho hasta ahora no son m谩s que peque帽eces) como colaborador y no s贸lo en las citas!禄 Marx: 芦Carta a Engels, 7 de julio de 1866禄. Cartas sobre El Capital. Ediciones Bolsillo. Barcelona, 1974, p. 119.
驴C贸mo se ha llegado a que la industria de la matanza de hombres sea el mejor refrendo de la organizaci贸n de la explotaci贸n asalariada, de la organizaci贸n fabril? La ley del valor exige entre otras cosas que se reduzca al m铆nimo posible la p茅rdida de tiempo, los tiempos muertos entre gesto y gesto, entre traslado de un lugar a otro de la empresa, en el traslado a los servicios, etc. Para racionalizar el uso del tiempo aumentando su productividad, la ofim谩tica por ejemplo cambia los despachos, las m谩quinas, anula los espacios largos excepto lo exigido por la reglamentaci贸n sanitaria existente en ese momento, o la incumple con descaro. Lo hace porque el tiempo es oro y porque la clase trabajadora debe ser explotada intensa y extensamente; pero tambi茅n porque el control del espacio y del tiempo en la empresa dificulta mucho o impide totalmente que la clase obrera hable entre ella escapando de la vigilancia empresarial, prepare resistencias, organice sabotajes no detectables a la producci贸n, etc., desde el interior de la empresa para no tener que depender de reuniones externas realizadas en horas de descanso, de sindicatos amarillos y de partidos reformistas, etc.
La pregunta que hemos hecho es incluso m谩s importante ahora que hace un siglo y medio cuando el epistolario entre Marx y Engels, porque ahora las conexiones a tiempo real en la cadena mundial de valor reducen al m铆nimo posible el desperdicio del tiempo, la integraci贸n de sistemas permite a la patronal controlar la producci贸n, el almacenaje y la distribuci贸n en tiempo real, etc., y sobre todo vigilar el descontento obrero para adelantarse a sus estallidos. Las llamadas deslocalizaciones, que siempre han existido, el teletrabajo que se est谩 expandiendo a ra铆z de la pandemia, y la desregulaci贸n y precarizaci贸n extrema de la explotaci贸n social, estas y otras 芦mejoras禄 en la explotaci贸n social. Sin embargo, como decimos, ahora tiene a煤n m谩s importancia la respuesta a la interrogante que la que ya ten铆a en 1866.
Significativamente, el secreto de la respuesta lo encontramos en el papel de la ley del valor dentro de la concepci贸n materialista de la historia, o extra铆do tambi茅n del epistolario entre Marx y Engels: el vocablo salario procede del pedazo de sal que era una de 芦moneda禄 con la que se retribu铆a a las legiones romanas, del mismo modo que el vocablo trabajo proviene de un instrumento de tortura para esclavos, etc. Pero la importancia de la remuneraci贸n mediante la sal, un bien muy valorado, nos remite sobre todo al rigor romano en el control del espacio y del tiempo mediante una planificaci贸n estrat茅gica impresionante para garantizar la sal suficiente para pagar a tantos soldados. Pero esta es la parte m谩s llamativa de la respuesta a la pregunta porque su n煤cleo no es otro que planificaci贸n de los cuarteles romanos hab铆a logrado una simplicidad y a la vez una a complejidad tales
que lograba con esa unidad aparentemente imposible al menos cinco caracter铆sticas integradas despu茅s por las empresas capitalistas:
Una: el ahorro m谩ximo de tiempo y la reducci贸n m谩xima de espacio no s贸lo para facilitar la vida interna del cuartel, los actos sacrificiales, los entrenamientos y la sanidad, etc. Los cuarteles estaban dise帽ados de tal forma que en poco tiempo estaban realizadas las calles, los asentamientos, las cuadras, las cocinas, el hospital, los arsenales鈥 y en el centro, adelant谩ndose m谩s de dos milenios al pan贸ptico, el puesto de mando. Incluso de noche y bajo temporal, cualquier soldado sab铆a d贸nde estaba, por d贸nde ten铆a que ir y qu茅 deb铆a hacer. Pod铆a haber confusiones, pero m铆nimas, y la rapidez y prontitud eran la constante.
Dos, esta es la segunda caracter铆stica: reaccionar con rapidez extrema a un ataque exterior sorpresivo, haciendo fracasar, o movilizar en muy poco tiempo un cuerpo expedicionario al exterior porcualquier raz贸n urgente no prevista, es una expresi贸n cruda de uno de los efectos de la ley del valor y que, en el capitalismo del siglo XXI, significa la producci贸n en tiempo real, a pedido inmediato.
Tres, los cuarteles estaban dise帽ados para que las tropas no pudieran andar libremente de un lado a
otro, sino que cada unidad ten铆a su lugar exclusivo, porque se buscaba impedir que pudieran relacionarse entre ellos al margen de los mandos, controlando as铆 el malestar que pudiera surgir y los motines. Como en cualquier taller o f谩brica, la patronal, el mando, vigila atentamente la fuerza de trabajo para que no resista.
Cuatro, los cuarteles pod铆an ser montados en cuesti贸n de horas y en plena noche, con un poco de iluminaci贸n por antorchas y hogueras, y pod铆an ser desmontado tambi茅n en poco tiempo para iniciar la marcha. Ahora, el capitalismo ha logrado montar en poco tiempo y en cualquier parte del mundo, oficinas, sucursales, talleres y empresas, desmont谩ndolas cuando ya no son necesarias o rentables, desmantelarlas en horas y llevarlas a otros lugares donde la explotaci贸n es m谩s rentable.
Y cinco, este desplazamiento de los cuarteles de un lugar a otro se realizaba mediante las famosas v铆as romanas que permit铆an r谩pidos movimientos para las condiciones de la 茅poca, y adem谩s esas v铆as estaban ideadas en forma de red de modo que los nudos centrales, los grandes cuarteles, hac铆an de puntos estrat茅gicos que sosten铆an la agilidad de la red de dominaci贸n. Ahora, la red mundial del valor tiene puntos nodales fijos, los grandes Estados-cuna, que guardan la tecnolog铆a punta que nunca se transfiere del todo a las empresas 芦m贸viles禄, como los cuarteles romanos en las fronteras o dentro de los territorios insubordinados. Ahora hay empresas capitalistas extranjeras en pa铆ses inseguros para el imperialismo, pero ninguna de ellas tiene independencia productiva total, dependiendo de la tecnolog铆a guardada en las centrales. Un cuartel romano pod铆a ser destruido, pero la red de expoliaci贸n y saqueo apenas se resent铆a porque las grandes reservas centrales eran inaccesibles; ahora, un conflicto en cualquier pa铆s inseguro puede obligar a desmontar empresas y sacar capitales, pero la dominaci贸n del capital imperialista no se resentir谩 mucho. Los cuarteles centrales y los Estadoscuna proced铆an a lanzar feroces, atroces y breves contraataques de exterminio hasta reinstalarse de
nuevo.
La disciplina greco-romana y su concepci贸n de guerra atroz, feroz y breve permiti贸 sobrevivir mal que bien al decadente imperio romano de Occidente frente a una tremenda superioridad num茅rica de los mal llamados 芦pueblos b谩rbaros禄, y luego mantuvo la agon铆a del imperio en Oriente, en Bizancio, casi mil a帽os m谩s. En su forma pol铆tico-religiosa esa disciplina pas贸 a la Iglesia gracias a Pablo y a Agust铆n, y luego en su forma religioso-militar a los 贸rdenes cristiano-militares, cuyo ep铆tome era la Orden del Temple. En los 芦siglos oscuros禄 del medievo, las condiciones determinaban que las guerras entre las clases dominantes, en las que los obispos tambi茅n ten铆an ej茅rcitos, y las represiones de las revueltas campesinas fueran igualmente breves, pero la pobreza permit铆a a la Iglesia aumentar sus ganancias como primera potencia econ贸mica mediante los beneficios de administrar la 芦paz de dios禄 y la venta de fetiches, entre los que destacaban los militares, como la lanza de Longinos, la que se dice que remat贸 a un tal Cristo. Aun as铆, Sean McGlynn nos detalla las matanzas atroces de la guerra medieval, una ferocidad, a帽adimos nosotros, desconocida fuera de Occidente.
Desde el siglo XIV y sobre todo desde el s. XVII se produjeron en Europa dos cambios importantes: Uno, los militares de las clases dominantes empezaron a estudiar a Vegecio y sobre todo a Polivio, extendi茅ndose al resto de historiadores y estrategas. Maquiavelo (1469/1527) fue uno de los principales estudiosos y divulgadores de los Antiguos. Y dos, en 1495 Leonardo da Vinci hab铆a dise帽ado un aut贸mata al estilo de los inventos de Her贸n de Alejandr铆a, y poco m谩s tarde, desde el siglo XVII el pensamiento burgu茅s ya estaba basado en el paradigma mecanicista en el que, adem谩s de las m谩quinas movidas aun por la fuerza animal, el viento y el agua, tambi茅n empez贸 a tener un peso decisivo la inversi贸n privada y estatal en la investigaci贸n cient铆fico-militar, en los metales y los ca帽ones, la qu铆mica de la p贸lvora, la bal铆stica y la trigonometr铆a, la longitud y latitud de la tierra, la relojer铆a y la medici贸n del tiempo, la construcci贸n militar y la planificaci贸n del espacio, la medicina y un largo etc茅tera. La tr铆ada 芦experiencia, ciencia y espionaje禄 era subvencionada por los Estados sobre todo en las costosas exploraciones navales.
As铆 se extend铆a, la idea de tratar a las clases trabajadoras como si fueran aut贸matas, seres mec谩nicos sin conciencia, obedientes, que s贸lo necesitaban comer un poco: se hab铆an sentado las bases para la imposici贸n coercitiva y por hambre de la disciplina militar autoritaria y mec谩nica, que tiene m谩s miedo a su propio mando que al enemigo, y la disciplina laboral atada por el terror al desempleo y la incertidumbre de la precariedad asalariada. La f谩brica y la disciplina fabril organizadas como un campamento militar puesto a las 贸rdenes de la ley del valor. Colbert (1619-1683) llev贸 la disciplina laboral que ya se aplicaba en las f谩bricas reales a niveles m谩s altos, dentro de un proteccionismo mercantilista que m谩s tarde facilit贸 el auge de la burgues铆a. Este fue y es uno de los secretos de la expansi贸n capitalista.
Se debate mucho sobre el por qu茅 China no dio el salto al capitalismo pese a reunir todas las condiciones. En su estudio sobre guerras y civilizaciones, Gerard Chaliand analiza la 芦ambigua estrategia禄 pol铆tico-militar de la dinast铆a Ming (1368-1644) justo cuando en Europa nac铆a balbuceante y crec铆a el capitalismo, d谩ndonos un dato esclarecedor: la d茅bil disciplina de la infanter铆a, es decir, que China no hab铆a podido crear ya para entonces una base socioecon贸mica que exigiera una disciplina social y militar como ya empezaba a existir en Europa desde al menos el siglo XVI. Es llamativo el caso mongol, que cre贸 el mayor imperio terrestre, con un ej茅rcito brillante en el manejo de la ley de la productividad y del control del tiempo, con una capacidad tremenda para mover miles de jinetes con tres o cuatro caballos cada uno, avanzando r谩pidamente en grupos separados por decenas de kil贸metros que conflu铆an en un instante sobre el enemigo aniquil谩ndolo si no se rend铆a, y si lo hac铆a quedaba obligado a pagar tributo y a obedecer en todo. Los mongoles eran desde el siglo XIII el paradigma de la rentabilidad del 芦trabajo禄 militar, pero su imperio se esfum贸 en el aire porque no crearon una estructura socio productiva centrada de alg煤n modo en la mercantilizaci贸n de las ingentes riquezas que acapararon, despilfarr谩ndolas.
De la misma forma que la guerra rel谩mpago alemana de la II GM ten铆a muchos precedentes hist贸ricos que respond铆an a la necesidad de rentabilizar el tiempo, la exigencia ciega de acelerar lo m谩s posible el ciclo completo de la realizaci贸n del beneficio capitalista responde, salvando todas las distancias, a la exigencia objetiva que se deriva de las leyes de la termodin谩mica y de la dial茅ctica de la naturaleza, aunque se muevan en niveles de la realidad que aparentemente no tienen nada que ver con el modo de producci贸n capitalista. Un ej茅rcito parado o lento frente a su contrario que se mueve con rapidez, roza la derrota; una mercanc铆a parada en el almac茅n mientras otra de la competencia circula con rapidez por los mercados, supone una p茅rdida. Una tropa indisciplinada se amotina o entra en p谩nico; una clase obrera indisciplinada se subleva o trabaja a desgana. El capital que no act煤a con las 芦virtudes禄 de la guerra griega 鈥揻eroz, atroz y breve鈥 es r谩pidamente derrotado por otros capitales.
En el mismo a帽o de 1866 en el que, como hemos visto, Marx le ped铆a ayuda te贸rica a Engels precisamente sobre la identidad de fondo entre la industria de la matanza de hombres y la industria de la producci贸n de plusval铆a, 茅ste segundo, Engels, adelantaba tres razones por las que el ej茅rcito prusiano derrotar铆a al austr铆aco: unidad de mando, mejor log铆stica e intendencia, y mejor artiller铆a: cualquier empresario avispado sabe que, traducido a su negocio, estas tres ventajas prusianas son imprescindibles para sobrevivir en la 芦guerra del mercado禄. Pero lo m谩s significativo de las reflexiones entre ambos amigos sobre la inserci贸n de lo b茅lico en el capital radica en que a la vez desarrollaban la teor铆a de la m谩quina dentro de la ley del valor y, por tanto, de la lucha de clases. Eran
estudios que les exig铆an estar al tanto de los avances en la teor铆a del calor, de los fluidos, de los cristales, de la dial茅ctica entre 芦campo禄 y 芦sustancia禄, etc.鈥 de la termodin谩mica, en suma.
La teor铆a de la m谩quina de Marx no es en modo alguno tecnicista, de determinismo tecnol贸gico, como se ha falsificado deliberadamente. Por el contrario, es una teor铆a inserta en otra m谩s abarcadora, la de la explotaci贸n de la fuerza de trabajo, la de la plusval铆a, la de la lucha de clases鈥 La m谩quina en un medio de producci贸n dentro de las fuerzas productivas, pero no el fundamental, sino que es el proletariado y sobre todo en sus momentos de conciencia-para-s铆, la fundamental y decisiva fuerza productiva. Hay que partir de aqu铆 para seguir luego el enriquecimiento de su teor铆a de la m谩quina que, en su tiempo, se sosten铆a sobre los motores t茅rmicos, mientras que los motores simples lo hab铆an sido de Galileo. Las leyes de valor en su forma cualitativa y cuantitativa, y de la guerra estaban en aqu茅l entonces enmarcados en ese paradigma y en su contexto objetivo, que ha sido confirmado y enriquecido desde la d茅cada de 1930 por la teor铆a computacional de la m谩quina de Turing. No podemos desarrollar aqu铆 las implicaciones de este avance en la teor铆a de la m谩quina computacional en las luchas de las clases y pueblos explotados, y en la pr谩ctica de la guerra.
3.- MILITARIZACION Y LEY TENDENCIAL DE CAIDA DE LA TASA DE GANANCIA
芦Las necesidades hist贸ricas que conlleva la competencia mundial intensificada para la conquista de
condiciones de acumulaci贸n, se transforman as铆, para el capital mismo, en un magn铆fico campo de
acumulaci贸n. Cuanto m谩s en茅rgicamente emplee el capital al militarismo para asimilarse los medios
de producci贸n y trabajadores de pa铆ses y sociedades no capitalistas, por la pol铆tica internacional y colonial, tanto m谩s en茅rgicamente trabajar谩 el militarismo en el interior de los pa铆ses capitalistas para ir
privando, sucesivamente, de su poder de compra a las clases no capitalistas de estos pa铆ses, es decir, a
los sostenedores de la producci贸n simple de mercanc铆as, as铆 como a la clase obrera, para rebajar el nivel de vida de la 煤ltima y aumentar en grandes proporciones, a costa de ambos, la acumulaci贸n del ca 鈥
pital. S贸lo que, en ambos aspectos, al llegar a una cierta altura, las condiciones de la acumulaci贸n se
transforman para el capital en condiciones de su ruina禄.
Rosa Luxembug La acumulaci贸n del capital. Edic. Internacionals Sedov. Par铆s, p. 232
La publicaci贸n del libro La acumulaci贸n del capital fue retrasada deliberadamente por el partido
socialdem贸crata alem谩n en 1912 porque contradec铆a su electoralismo pacifista, pero sobre todo
porque atacaba el imparable militarismo alem谩n y la contaminaci贸n ideol贸gica imperialista que ese
rearme conllevaba, como se demostrar铆a en 1914. No era cuesti贸n de enfrentarse a una de las
mayores fuerzas de la burgues铆a alemana, la formada por la alianza entre la casta pol铆tico-militar
junkers y la poderosa industria armament铆stica y del acero. Desde finales de 1918 esta alianza
criminal, contando con el apoyo decidido de la socialdemocracia, asesin贸 a miles de trabajadores y
trabajadoras, a cientos de militantes spartakistas, entre ellos a Rosa Luxemburg y Karl Liebeknecht.
Pero Rosa la Roja no hab铆a hecho sino aportar su valiosa interpretaci贸n de la cr铆tica de Marx y
Engels al capitalismo, ampli谩ndola al papel de la militarizaci贸n en la fase imperialista reci茅n
iniciada. La s铆ntesis de la cr铆tica marxista a la industria de la matanza humana se encuentra en
muchos textos mal llamados 芦menores禄, 芦pol铆ticos禄, etc., por ejemplo, en la Ideolog铆a Alemana en
donde se afirma que en determinado momento de su desarrollo las fuerzas productivas devienen
fuerzas destructivas, o en los varios textos en los que avisan ambos amigos que una de las salidas
burguesas de sus crisis no es otra que la destrucci贸n de fuerzas productivas, cierres de empresas,
etc., o en la destrucci贸n mutua de las clases en conflicto鈥, advertencias todas ellas, y a las que
deberemos volver, que nos remiten siempre al papel de las violencias dentro de las contradicciones
burguesas.
Pero en el llamado impropiamente 芦nivel te贸rico禄 la s铆ntesis de la cr铆tica aparece en El Capital y de
manera m谩s incisiva en los cap铆tulos dedicados a la ley general de la acumulaci贸n, a la acumulaci贸n
originaria de capital y a la ley tendencial de la ca铆da de la tasa media de ganancia; y dentro de este
煤ltimo a las p谩ginas dedicadas a las medidas impuestas por la burgues铆a para contrarrestar esa
tendencia y para revertirla. Son seis las medidas que cita Marx, pero advierte que son las
芦principales禄 asumiendo as铆 que entonces hab铆a otras que no lo eran, al menos para lo que 茅l quer铆a
decirnos en ese contexto, pero las que expone son estas: 1) Elevaci贸n del grado de explotaci贸n del
trabajo. 2) Reducci贸n del salario por debajo de su valor. 3) Abaratamiento de los elementos del
capital constante. 4) La sobrepoblaci贸n relativa. 5) El comercio exterior. Y 6) El aumento del capital
accionario.
En mayor o menor grado, las seis exigen de la intervenci贸n de las violencias del Estado para
imponerlas. La 1), 2) y 4) tratan directamente sobre c贸mo la burgues铆a empeora las condiciones de
vida y trabajo, reduce los derechos sociales y democr谩ticos conquistados y aumenta de facto el
desempleo, que es un arma de terror paralizante. El Estado ha de reprimir las protestas y resistencias
proletarias contra esa agresi贸n, y en caso extremo recurrir谩 al ej茅rcito. La 3) y 5) implican entre
otras cosas exprimir a las naciones expoliadas para abaratar las materias primas a fin de reducir los
costos de las m谩quinas, infraestructuras e instalaciones, incluidos alimentos y el 芦robo de cerebros禄
de los pa铆ses empobrecidos para que sean explotados en el centro imperialista, como Roma intent贸
hacer con Arqu铆medes e hizo con muchos sabios y artesanos griegos: sin chantajes, amenazas o sin
ataques militares, el imperialismo tendr铆a demasiadas dificultades. Y la 6), que Marx apenas analiza,
tiene una conexi贸n estructural con la militarizaci贸n, que en su tiempo era el boom de los
ferrocarriles y luego se ha ampliado a todas las redes de transportes y comunicaciones vitales para
la log铆stica militar.
Cada crisis del capitalismo muestra la actualidad de estas palabras. Antes de la primera Gran
Depresi贸n de 1873 una de las formas del militarismo colonialista era la conocida 芦diplomacia de las
ca帽oneras禄 porque a煤n no se hab铆a desarrollado la atrocidad imperialista, aunque esa Depresi贸n
aceler贸 su desarrollo. En 1894 Engels certific贸 el enorme poder alcanzado por la Bolsa desde que se
escribiera El Capital. La Bolsa era ya una de las oficinas siniestras que m谩s impulsaba la
militarizaci贸n: los Estados necesitaban pr茅stamos para rearmarse y la Bolsa se los daba reforzando
las cadenas de oro de la deuda. Fueron estas cadenas las detonantes de las ca铆das de grandes
imperios como el chino, el otomano, el zarista鈥, con efectos cualitativos sobre la historia humana.
A comienzos del siglo XX la forma imperialista es dominante como se aprecia en las guerras de
1898 a tres bandas entre EEUU, el reino de Espa帽a y los pueblos de Cuba y Filipinas, resultando
victorioso el expansionismo yanqui, lo que hizo que al poco tiempo ya no se hablase de la
芦diplomacia de las ca帽oneras禄 sino de la 芦diplomacia del gran garrote禄 en referencia a la muy
superior letalidad de las armas imperialistas.
Obviamente, el desarrollo de la industria de la matanza humana no pod铆a por menos que reflejarse
en los debates sobre el imperialismo que justo comenzaron en ese per铆odo, tal como lo se帽alan en
1912 R. Luxemburg y en 1914 Lenin, entre otros. La qu铆ntuple caracterizaci贸n del imperialismo
que hace Lenin nos remite directa o indirectamente al papel de los ej茅rcitos imperialistas como
garantes de los intereses de grandes corporaciones que se reparten un mundo finito por lo que, para
1914, hab铆an terminado ya ese reparto, seg煤n sostiene en el 4潞 y 5潞 punto: a partir de ah铆, las guerras
interimperialistas ser谩n dentelladas brutales entre las grandes burgues铆as para robarse unas a otras
los pueblos que ellas han dominado previamente. Adem谩s de la IGM, que confirma la teor铆a del
imperialismo, nos interesa citar muy r谩pidamente otras dos guerras que rompieron los esquemas
euroc茅ntricos: la revoluci贸n mexicana de 1910-1917 y la sucesi贸n de guerras m煤ltiples que se
libraron en China desde 1913 hasta 1949. Nada de esto es comprensible sin entender el papel del
militarismo en la acumulaci贸n del capital, como demostr贸 Rosa en 1912 desarrollando las ideas de
Marx y Engels.
La intensa militarizaci贸n del mundo iniciada poco despu茅s de la segunda Gran Depresi贸n de 1929
elevar谩 todas las contradicciones capitalistas hasta hacerlas estallar entre 1931, a帽o de invasi贸n de
Manchuria por Jap贸n y 1945 a帽o en el que en el que el Ej茅rcito Rojo libera gran parte de la Europa
ocupada por el nazi fascismo y en el que EEUU asesina a decenas de miles de personas con dos
bombas nucleares lanzadas contra Jap贸n. Se inicia entonces una nueva fase en el papel de la guerra
en la acumulaci贸n del capital.
La Bomba fue desarrollada por EEUU aun sabiendo ya en la mitad de la IIGM que Alemania no
pod铆a crearla por falta de recursos. Las resistencias en contra de un amplio grupo de cient铆ficos y
t茅cnicos fueron deso铆das, y se lanzaron dos sobre Jap贸n con la excusa de forzarle a rendirse para
evitar centenares de miles de muertes durante la invasi贸n, tal como aseveraba el Pent谩gono que
suceder铆a. Pero investigaciones recientes sostienen que Jap贸n, agotado sobre todo por la 芦guerra
total禄 defensiva china, no se rindi贸 por la Bomba, sino por el miedo de su burgues铆a y de la Casa
Imperial a que el Ej茅rcito Rojo, que avanzaba como un rel谩mpago por Manchuria, entrara en Tokio
antes que los norteamericanos, lo que ser铆a una cat谩strofe para el capitalismo nip贸n y de rebote para
el imperialismo yanqui, que llevaba a帽os pensando c贸mo engullir la Isla y apropiarse de sus
recursos.
El bombardeo nuclear de Jap贸n tambi茅n era una muy seria advertencia a la URSS. Gran Breta帽a
presionaba para que, tras rendirse Alemania, los aliados organizaran un ataque a la URSS
integrando en su ej茅rcito unidades alemanas. Era tan descabellado el plan que se rechaz贸, pero al
poco tiempo s铆 se iniciaron planes para bombardear nuclearmente las cien ciudades sovi茅ticas m谩s
importantes. A finales de 1952 EEUU hizo explotar la bomba de hidr贸geno, dise帽ada gracias a los
avances de la computaci贸n realizados por von Neumann, un cient铆fico fan谩ticamente anticomunista
que desarrollo la m谩quina de Turing con el objetivo de multiplicar la letalidad del bombardeo
nuclear de la URSS.
En ese contexto, Eisenhower, presidente de EEUU entre 1953 y 1961, habl贸 del 芦complejo militarindustrial禄 para referirse sin citarlo al n煤cleo del poder: la poderosa unidad de clase entre el
Pent谩gono y los servicios secretos, las empresas armamentistas, el capital financiero y la casta
pol铆tica, n煤cleo apoyado por una cuadra de pesebreros periodistas e intelectuales. Se trataba del
keynesianismo militar, algo mucho m谩s destructor y peligroso que el simple 芦complejo禄 reducido a
una entidad tecnicista sin contenido burgu茅s y aparentemente neutral. De este modo se ocultaba al
p煤blico la l贸gica imperialista del 芦complejo禄 y se reforzaba la falsa imagen democr谩tica de EEUU.
Por el contrario, como hemos visto, un siglo antes Marx y Engels no dudaban en ir al coraz贸n del
problema: la industria de la matanza de hombres es parte del proceso de explotaci贸n fabril que a su
vez es el secreto de la plusval铆a. La ley del valor tambi茅n se sustenta en la destrucci贸n de fuerzas
productivas, sobre todo de la fundamental: el proletariado. Esta dial茅ctica entre producci贸n y
destrucci贸n es inconcebible para la l贸gica formal.
Para recuperar la ganancia en plena crisis hay cerrar f谩bricas, aumentar el desempleo, acabar con
los servicios p煤blicos y sociales para llevar ese 芦capital liberado禄 a los bolsillos burgueses,
encarcelar a las izquierdas y restringir derechos; hay que hundir los peque帽os negocios obsoletos y
privatizar todo lo privatizable. Tambi茅n hay que acogotar y 芦ablandar禄 a los pueblos y Estados para
que entreguen sus recursos sin protesta, para que se dejen saquear en beneficio del centro
imperialista. Todo ello exige hordas de polic铆as, jueces, torturadores, ej茅rcitos, cient铆ficos,
economistas, intelectuales y armas en cantidad suficiente como para que sus amenazas sean
efectivas y el pueblo rebelde no ofrezca resistencia, pero sobre todo para que lo golpeen r谩pida y
brutalmente, invadi茅ndolo, ocup谩ndolo, poniendo colaboracionistas que agilicen el latrocinio. Las
fuerzas productivas se convierten en destructivas para que, sobre cad谩veres y ruinas, se inicie otra
carrera hacia la siguiente crisis.
4.- MILITARIZACION Y PROPIEDAD COMUNISTA DE LA VIDA, EL CIELO Y EL SOL
芦Se trata de saber a qui茅n pertenecer谩n las casas, los palacios, las ciudades, el sol, el cielo: si
pertenecer谩n a las gentes del trabajo, a los obreros, a los campesinos, los pobres, o a la burgues铆a y los
terratenientes, los cuales han intentado de nuevo, dominando el Volga y el Ural, dominar al pueblo
obrero禄
Trotsky: 芦La significaci贸n de la toma de Kaz谩n en el curso de la guerra civil禄. Escritos Militares. Ruedo Ib茅rico. Par铆s 1976. Tomo 1, p. 253
Trotsky hizo esta arenga a las tropas del Ej茅rcito Rojo poco antes de una de las batallas decisivas
que asegur贸 la victoria de la revoluci贸n bolchevique. Si nos abstraemos del espacio-tiempo, vemos
que su arenga sirve pr谩cticamente para cualquier guerra defensiva, para cualquier defensa violenta
de las clases y pueblos atacados. Podemos imaginarnos incluso, a pesar de la muy escasa informaci贸n disponible, que la ind贸mita tribu qutu de Mesopotamia, 芦un pueblo que no toleraba control
alguno禄 como indica F. Lara Peinado, se identificaba con esas palabras. Una arenga tanto m谩s
valiosa cuanto m谩s se complejizan las relaciones socioecon贸micas, pol铆ticas y militares.
Por ejemplo, 芦la gran conflagraci贸n de 1200 a.C.禄 que afect贸 a pueblos y Estados de una amplia
zona, algunos de los cuales recurrieron a presiones econ贸micas como los hititas con su bloqueo
comercial total contra los asirios, ordenando al rey de Amurru, Sausgamuwa, lo siguiente: 芦Que tus
mercaderes no vayan a Asiria y no admitas a sus mercaderes en tu pa铆s. Que ni siquiera transiten. Si
alguno va, a pesar de todo, debes detenerlo y envi谩rmelo禄. Siempre en palabras de Carlos Moreu en
su estudio sobre la guerra de Troya. Si avanzamos 2700 a帽os y nos trasladamos al actual M茅xico,
topamos con la tenaz resistencia zapoteca a la aplastante presi贸n azteca entre finales del siglo XV y
comienzos del XVI. Impresionado, V. W. von Hagen, los defini贸 as铆: 芦los zapotecas formaban una
tribu india muy orgullosa y arisca. Los hab铆an conquistado dos veces y dos veces se hab铆an
revelado, matando a los gobernantes aztecas禄.
Dejando de lado las armas paleol铆ticas del pueblo qutu y zapoteca y las de bronce ya empleadas en
la 芦gran conflagraci贸n禄 del siglo 鈥揦III, las razones de fondo que impulsaban a las guerras justas e
injustas eran las mismas, como tambi茅n lo eran las feroces resistencias de los pueblos de 脕frica ante
las invasiones europeas en el siglo XIX. La m谩quina de vapor, la sanidad y las armas de precisi贸n
permitieron a 芦soldados, comerciantes y misioneros禄 arrasarlo todo como una plaga b铆blica, lo que
芦provoc贸 fuertes estallidos de guerra y violencia, as铆 como migraciones de trabajadores forzados, y
los ind铆genas se vieron expuestos a enfermedades a las que no eran inmunes, de modo que su
n煤mero disminuy贸 tal vez en una cuarta parte禄 tal y como explican J. R. McNeill y William H.
McNeill. Para estos pueblos el sol se oscureci贸 y el cielo se cubri贸 de sangre y muerte.
Anthony Pagden ha seguido la estela de horror dejada por la civilizadora y criminal Columna de
Pioneros de Rhodes que parti贸 de El Cabo en 1890, se apropi贸 de reba帽os y tierras con matanzas,
fund贸 Rhodesia del Sur aplastando sin compasi贸n las sublevaciones del ndebele en 1893-94 y la de
ndebele y los shonas en 1896-97. Fue en la primera de estas masacres, tambi茅n denominada como
de Matab猫le, cuando el imperialismo brit谩nico utiliz贸 por primera vez la ametralladora Maxim de
7,7 mm.: 50 soldados de la Rhodesian Charter Company derrotaron con 4 ametralladoras Maxim a
5000 guerreros nativos, seg煤n William Reid. En 1898 las armas brit谩nicas aniquilaban en
Omdurm谩n, empleando el mismo 芦modo griego禄 鈥揻eroz, atroz y breve鈥 que, en Rhodesia, a los
pueblos sudaneses dirigidos por el Mahdi. La industria de la matanza de hombres rend铆a as铆
inmediatos beneficios a los asesinos de Londres, pero a medio y largo plazo fue un desencadenante
del hundimiento del imperio.
B. Alden Cox define como 芦terrible terror ingl茅s禄 al colonialismo brit谩nico, pero de igual modo
debemos calificar las ordal铆as de sangre desde los asirios y definitivamente desde las falanges,
legiones, cruzadas, esclavitud, horror espa帽ol en Potos铆, aniquilaci贸n de las naciones indias con
plagas, alcohol y hambre, el espa帽ol Weyler en Cuba, torturas en Argelia, Plan C贸ndor,
Departamento de Estado, napalm contra Vietnam, torturas en Abu Ghraib, hambruna en Irak,
destrucci贸n de Libia, Guant谩namo y los vuelos secretos, etc., hasta terminar, por ahora, en el
Premio Nobel de la 芦paz禄 a Obama, las 芦excentricidades禄 de Trump y el bombardeo de Siria y el
estrujamiento a Venezuela por el estrenado Biden, alias 芦el dem贸crata禄. Esta listita tan reducida de
cr铆menes de la civilizaci贸n burguesa hubiera sido imposible sin los Estados y ej茅rcitos, sin la
militarizaci贸n.
Pero la ley de la contradicci贸n tambi茅n pudre la aparente invencibilidad imperialista. Desde el
origen de la propiedad, la historia humana es la historia de la lucha de clases en la que, como
estamos viendo, la irracionalidad de las minor铆as opresoras hace que las fuerzas productivas
devengan en fuerzas destructivas, pudiendo llegar el momento en el que esa lucha de clases no
concluya con la victoria de una de ellas sobre la otra, sino en el exterminio mutuo de ambas. La
clase dominante es como un brujo que no puede dominar las fuerzas infernales que ha desatado con
los conjuros de su codicia, como se nos advert铆a en el Manifiesto Comunista. S贸lo la clase
explotada puede vencer al monstruo.
La dial茅ctica entre la irracionalidad de la ley del valor y sus violencias injustas, y la racionalidad de
la lucha popular y su justa violencia, es la que, en 煤ltimo acto, determina que se imponga una de
esas tres posibilidades. Muchas civilizaciones han desaparecido porque se ha impuesto la tercera
salida, el exterminio mutuo, por m煤ltiples causas parciales que nos remiten a la dial茅ctica citada. La
humanidad oprimida ha desarrollado impresionantes capacidades creativas de autodefensa vencer a
la enorme superioridad cuantitativa y cualitativa de la violencia injusta.
Una de ellas es aprender en poco tiempo las t谩cticas militares de los opresores y superarlas con
otras cualitativamente mejores para su situaci贸n concreta. Cuando hace 4000 o 5000 a帽os los
pueblos no pod铆an resistir a los carros de combate de los grandes Estados e imperios, luchaban
donde 茅stos no pudieran desplegarse y frente a sus costosos arcos compuestos, maravilla de la
t茅cnica, utilizaban hondas, armas simples y muy efectivas para matar depredadores. Cuando no
pod铆an con la cantidad recurr铆an a la t谩ctica de 芦pega y escapa禄, cegaban y envenenaban pozos,
pudr铆an la comida, emponzo帽aban sus armas y sobre todo aplicaban su propia 茅tica de uso de la
violencia defensiva.
Otro m茅todo era, adem谩s de aprender las t谩cticas del invasor, el uso de sus armas y hasta su
fabricaci贸n: un ejemplo lo tenemos en la rapidez con la que los aztecas aprendieron a montar a
caballo en la defensa de Tenochtitlan y de otros territorios, teniendo en cuenta el pavor que
sintieron las primeras veces que vieron a espa帽oles sobre caballo. Las naciones indias desde M茅xico
para el norte, aprendieron pronto a usar fusiles comprados a los comerciantes de armas y a usarlos
seg煤n t谩cticas que ellas mismas inventaron, matando muchos invasores hasta que estos introdujeron
el rev贸lver y otras armas de repetici贸n. Lo mismo hizo la naci贸n mapuche en el sur de Am茅rica
resistiendo a los incas y espa帽oles, hasta que el ej茅rcito chileno introdujo, entre otras innovaciones,
los carros con llantas de hierro de buena calidad. En el Pac铆fico, los maor铆es tambi茅n integraron los
fusiles en sus t谩cticas militares. Al final del XIX el Senegal resisti贸 a los europeos con flechas
envenenadas y fusiles daneses comprados a los traficantes de armas. La guerrilla malgache resisti贸
quince a帽os con estos m茅todos al ocupante franc茅s que extermin贸 a centenares de miles de
habitantes.
El siglo XX y lo que va del XXI confirma lo aqu铆 visto. La ley del desarrollo desigual y combinado
ense帽a que los pueblos m谩s 芦atrasados禄 aprenden de los m谩s 芦avanzados禄 sobre todo en el arte de
la guerra, porque, como hemos dicho al principio, 茅sta se mueve dentro de la dial茅ctica objetiva de
la naturaleza, plasm谩ndose en la dial茅ctica de la sociedad y del conocimiento. Bastantes de las t谩cticas b谩sicas de la guerra ya fueron desarrolladas emp铆ricamente en el reino animal, sobre todo en la
pugna entre herb铆voros y carn铆voros: una dial茅ctica objetiva de la naturaleza en la que a medio y
largo plazo se impone el ahorro de energ铆a, la unidad de contrarios entre defensa y ataque, la ley de
la ruptura del orden defensivo, camuflaje e intimidaci贸n, sorpresa, m茅todos de agotamiento, cerco y
envolvimiento鈥 Los depredadores observan hasta descubrir la v铆ctima que menos resistencia puede
ofrecer, y la destrozan. La especie humana fue a帽adiendo tres desastres cualitativos: armas y m谩quinas de destrucci贸n; propiedad privada y mercanc铆a; y planificaci贸n estrat茅gica, econ贸mica y sociopol铆tica. China, Roma, Gengis Khan鈥 mandaban 芦comerciantes禄 y 芦viajeros禄 鈥揺sp铆as expertos鈥
que estudiaban las debilidades y las fuerzas de los Estados, propagaban rumores y sobornaban traidores.
Las llamadas 芦guerras irregulares禄, guerrillas de pueblos oprimidos y tambi茅n autodefensa obrera y
popular urbana y fabril, as铆 como el arte de la insurrecci贸n y sus relaciones con la guerrilla urbana y
la guerra campesina, son desarrollos creativos y adaptativos que la inteligencia oprimida hace de las
t谩cticas y m茅todos b谩sicos derivados de la objetividad de las contradicciones naturales y sociales.
Del mismo modo, pero por el extremo antag贸nico, la contrainsurgencia, las guerras h铆bridas y de
cuarta generaci贸n, las convencionales, etc., son los desarrollos que el Estado, centralizador estrat茅gico de las violencias opresoras, actualiza mediante especialistas y aplica con sus fuerzas de represi贸n f铆sica, psicol贸gica y 茅tico-religiosa.
Las clases dominantes han respondido negando el derecho a armarse a las clases y naciones
oprimidas. En la Antig眉edad llevar un arma era signo de libertad. Los persas prohib铆an a los
pueblos rebeldes que ense帽aran el uso de las armas a su juventud. Roma cortaba las manos de los
j贸venes de muchos pueblos vencidos para que no pudieran combatir por su libertad. Pero la
prohibici贸n m谩s cruel e inmoral fue la del II Concilio de Letr谩n en 1139 excomulgando a los
campesinos y artesanos que utilizasen la ballesta, otra 芦arma democr谩tica禄 y mort铆fera contra la
nobleza, pero permitiendo a esta que la usase en la represi贸n de las revueltas populares y en las
cruzadas contra el islam. La ballesta, creada en su modelo inicial en -399 como hemos visto, pod铆a
ser construida entre un carpintero y un herrero campesinos, ejecutaba a un caballero acorazado sin
exponer apenas al tirador y pod铆a ser utilizada por gente sin formaci贸n militar y por las mujeres, lo
que le convert铆a en diab贸lica.
Robert Muchembled ha escrito 芦una historia de la violencia禄 en Occidente sobre todo desde el siglo
XIII, poco despu茅s del II Concilio de Letr谩n; cuando llega a las violencias sociales desatadas desde
el siglo XVI con las guerras de la burgues铆a en ascenso, no tiene m谩s remedio que reconocer el
esfuerzo de los Estados para controlar la agresividad y las violencias de sus s煤bditos
rentabiliz谩ndolas en los ej茅rcitos que creaba. Pero quedan pendientes las coerciones que la
burgues铆a impon铆a cada vez m谩s para desarmar material, psicol贸gica y moralmente a las clases
trabajadoras y a los pueblos que expoliaba. La prohibici贸n mediante diversas violencias del derecho
a la autodefensa, en concreto del derecho a la revoluci贸n, se intensific贸 en la mitad del siglo XIX y
sobre todo despu茅s de la Comuna de Par铆s de 1871. Tom谩s de Aquino, los primeros fil贸sofos de la
burgues铆a revolucionaria y el Pre谩mbulo de la Declaraci贸n Universal de la ONU, por citar unos
pocos defensores, reconocen el derecho a la rebeli贸n con grandes diferencias entre ellos, pero le
ponen tantas condicionantes que lo reducen pr谩cticamente a papel mojado.
El imperialismo est谩 haciendo esfuerzos tit谩nicos que expropiar este derecho com煤n
privatiz谩ndoselo para ella y para su industria de la matanza de seres humanos. El ejemplo de la
ballesta, que podemos extender a las presiones del poder contra el uso del arco, es muy valioso
porque ahora mismo existen otras tecnolog铆as de armas defensivas que, por su baratura y relativa
simplicidad, tienen el mismo potencial: misiles y cohetes, drones, minas, armas ligeras, sistemas de
comunicaci贸n, etc. Pero su efectividad defensiva se multiplica cuando son empleadas seg煤n
estrategias y t谩cticas 芦irregulares禄, que escapan a la l贸gica del opresor y, como se ha hecho desde
antiguo, permiten al pueblo llevar la ofensiva en el terreno y en el momento que 茅l ha escogido: por
lo general, quien pega primero pega dos veces, y muchas veces la mejor defensa en un buen ataque.
Desde la Antig眉edad ha existido una 芦guerra de inteligencias禄 que recorre la dial茅ctica entre
defensa y ataque, en la que la guerra propagand铆stica y psicol贸gica es fundamental. Lecciones que
tambi茅n deben ser aplicadas a la lucha de clases en el centro imperialista, a las resistencias en
f谩bricas, talleres, escuelas, domicilios鈥 Como se aprecia en cualquier conflicto entre el capital y el
trabajo en un hospital, escuela y universidad, empresa, barriada popular, explotaci贸n dom茅stica, la
芦guerra de inteligencias禄 es clave para la burgues铆a porque desorienta, divide y rompe la unidad
obrera y sus objetivos, estrategias y t谩cticas. Lo mismo, pero al contrario busca la clase trabajadora
con respecto a la burgues铆a. Una de las grandes debilidades de todas las variantes de la
芦hegemon铆a禄 gramsciana es que olvidan que, en el fondo, 茅sta s贸lo es efectiva si se mueve dentro
de la estrategia pol铆tico-militar orientada a la pr谩ctica del derecho/necesidad de la revoluci贸n.
Los m茅todos burgueses para vencer en la 芦lucha por la hegemon铆a禄, eufemismo que oculta la
realidad objetiva de la 芦guerra social禄 y que funge de caramelo envenenado que engatusa al
reformismo, se centran desde la d茅cada de 1970 en acusar de 芦terrorismo禄 a toda violencia
defensiva y justa. Recordemos aqu铆 c贸mo hemos citado arriba a Alfonso Sastre: llaman terrorismo a
la guerra de los pobres, y guerra al terrorismo de los ricos. Seg煤n Michael Walzer en su estudio
sobre las guerras justas e injustas, la d茅cada de 1970 marca el momento en el que el imperialismo
empieza a ganar la guerra psicopol铆tica y propagandista en la creaci贸n de un concepto de
芦terrorismo禄 tan laxo, manipulable y abstracto que justifica la represi贸n carcelaria para cualquier
resistencia justa.
Seg煤n esto, Engels estar铆a hoy en prisi贸n acusado de apolog铆a del 芦terrorismo禄 por su cercan铆a
personal a la lucha armada irlandesa, por su impecable justificaci贸n 茅tico-pol铆tica de los
estremecedores m茅todos de guerra defensiva del pueblo chino contra los invasores europeos, por su
defensa a ultranza de la violencia argelina contra los ocupantes franceses鈥 Tambi茅n lo estar铆an
Marx y Jenny porque gastaron su herencia en comprar armas para las barricadas proletarias de
1848, porque ten铆an contactos con grupos clandestinos, teorizaron la necesidad de las revoluciones
y del pueblo en armas. Etc.
5.- MILITARIZACION, EXTERMINISMO, GUERRA TOTAL Y ARMAGED脫N
芦Existen evidencias en la antropolog铆a y en la historia de que una y otra vez las sociedades o civiliza 鈥
ciones tienen un momento sin retorno: si m谩s del cincuenta por ciento de su poblaci贸n se llega a destruir, generalmente no pueden recuperarse y el todo social se desintegra para siempre [鈥 Sobre la
base del entendimiento cient铆fico actual hay una gran posibilidad de un invierno nuclear despu茅s de
una guerra termonuclear de gran escala [鈥 Las estimaciones se帽alan una cat谩strofe clim谩tica incluso
si se basan en supuestos razonablemente conservadores禄
Greene, O., Percival, I., e Irene Ridge: Invierno nuclear. FCE. M茅xico 1988, pp. 143-156.
Grupos de cient铆ficos demostraron en la d茅cada de 1980 que la militarizaci贸n imperialista estaba
poniendo a la humanidad al borde del holocausto termonuclear. Si no se hab铆a producido a煤n el holocausto hab铆a sido debido sobre todo a la doctrina militar sovi茅tica de 芦destrucci贸n mutua asegurada禄, es decir que la URSS no tolerar铆a ser bombardeada nuclearmente por la OTAN y responder铆a
atacando a EEUU y Europa Occidental con todo su poder at贸mico; tambi茅n demuestran que una variante t谩ctica de esa doctrina sovi茅tica impidi贸 que EEUU echase la Bomba contra Corea en 1952-
53, contra Cuba en 1962, contra Vietnam en 1972, y junto con Israel contra Egipto en 1973鈥, estos
son los casos que se conocen. Luego vendr铆a la crisis nuclear de 1982-1985 que estuvo a punto de
estallar y que propici贸 la rendici贸n de la burocracia rusa. S贸lo han transcendido pocos 芦accidentes禄
en los muy complejos sistemas de 芦control nuclear禄 que pueden desencadenar crisis incontrolables.
El movimiento comunista internacional viene advirtiendo incluso antes de que tuviera este nombre,
de que la transformaci贸n de las fuerzas productivas capitalistas en fuerzas destructivas, lleva a la
humanidad al borde de la destrucci贸n. Una larga lista de textos, documentos y declaraciones que no
podemos resumir aqu铆 as铆 lo confirman, como por ejemplo y por citar uno contempor谩neo al libro
que encabeza este apartado, el debate en esos a帽os sobre la llamada 芦fase exterminista del capitalismo禄 que ser铆a la expresi贸n extrema del imperialismo. Pero desde entonces hasta ahora, en el 煤ltimo
tercio de siglo, se han a帽adido nuevas fuerzas destructivas a las termonucleares y bioqu铆micas,
como las guerras cibern茅ticas, espaciales, electr贸nicas, financieras, biol贸gicas usando la salud como
arma, etc. Las dos primeras buscan paralizar un pa铆s sumi茅ndolo en la era anterior a la electricidad:
una cat谩strofe. Las otras, asfixiarlo por hambre.
Recordemos que Venezuela ha sido objeto de varios ataques electr贸nicos y cibern茅ticos en 2019
que se repitieron con menor intensidad posteriormente, y que padece las otras formas de agresi贸n
para romper su espinazo de naci贸n soberana, lo mismo que quieren hacer con Palestina, Sahara, Yemen, Hait铆, Ir谩n, Cuba, Rusia, China, por citar los casos m谩s flagrantes, y lo estar谩n preparando
contra Bolivia. Pues bien, si por alguna raz贸n estas y otras fuerzas destructivas 鈥搇as varias formas
de guerra convencional, h铆brida, etc.鈥 confluyen en una sola guerra en un corto espacio de tiempo
estallar谩 la 芦guerra total禄 antesala del holocausto. La irracionalidad militarista se prepara para 芦guerras parciales禄 con armas de destrucci贸n controlada en muchas partes del mundo y alrededor de Rusia, Ir谩n y China, buscando en una primera fase probar su decisi贸n de lucha, romper su alianza, e
imponerles leoninas condiciones uno a uno; seg煤n sean sus reacciones, aumentar谩 los chantajes y
ataques. Cree que los Estados y pueblos atacados no cumplir谩n sus advertencias y aceptar谩n formas
de esclavitud.
El concepto de 芦guerra total禄 es reciente, pero se debate sobre si fue Napole贸n, Lincoln y su general Sherman, o Ludendorff por dar algunos nombres, quienes la aplicaron por primera vez. Sin embargo, desde el materialismo hist贸rico la 芦guerra total禄 tambi茅n debe dividirse entre la del atacante
y la del atacado, la injusta y la justa. En su esencia es precapitalista porque implica la movilizaci贸n
por el atacante de todas las fuerzas destructoras posibles en cada contexto hist贸rico para atacar al
enemigo con visos de victoria, de modo que nunca m谩s volviera a resistirse. Se van conociendo casos de 芦violencia total禄 en las sociedades preclasistas como hemos visto al comienzo. Los pueblos y
clases explotadas deb铆an, por tanto, gastar en esos momentos cr铆ticos todos sus recursos para no ser
exterminados o aceptar las condiciones del atacante.
El tr谩nsito a la 芦guerra total禄 se va dando simult谩neamente a la derrota de la propiedad comunal a
manos de la propiedad privada. Ya para el -2000 surgieron las bases materiales del 芦terror asirio禄
especializado en el arrasamiento de pueblos, ciudades y Estados que osaban resistir. La desaparici贸n de Cartago a manos Roma en tres guerras entre -264/-146 y la destrucci贸n de Bagdad por los
mongoles en 1258, son casos de 芦guerra total禄 en sus marcos hist贸ricos respectivos. La derrota
mongol en 1260 a manos de los mamelucos egipcios fren贸 en seco su expansi贸n hacia el Oeste. La
芦guerra total禄 injusta lo era porque movilizaba todos los recursos necesarios en funci贸n de las riquezas del enemigo que se quer铆a esclavizar o aniquilar, en funci贸n de los y las esclavas, del ganado, del oro y otros tesoros, etc., que se esperaba adquirir. Por el contrario, la 芦guerra total禄 justa lo
era porque el pueblo atacado deb铆a movilizar todos sus recursos en la defensa ya que se jugaba la
vida.
La industrializaci贸n capitalista produce un salto en las dos formas de 芦guerra total禄. Presionado por
todos los lados, Napole贸n militariza la qu铆mica y disciplina la pol铆tica para superar el bloqueo naval
brit谩nico y la fuerza de sus aliados. Sherman aplica la 芦guerra total禄 contra los confederados y
contra los pueblos sioux, hasta casi exterminarlos. Ludendorff moviliza todos los recursos de Alemania desde 1916, ense帽ando el camino a los nazis. La ra铆z econ贸mica y sociopol铆tica de las dos
formas antag贸nicas de 芦guerra total禄 est谩 en la ley del valor totalmente desatada desde la industrializaci贸n: salvando las distancias, la plusval铆a relativa y la plusval铆a absoluta como m茅todos de explotaci贸n de la fuerza de trabajo llegan a su m谩xima rentabilidad durante un tiempo 鈥揺l que resista
la fuerza psicosom谩tica del proletariado鈥 que no es otro que la productividad m谩xima del 芦trabajo禄 militar en la fase 煤ltima y decisiva del conflicto b茅lico, la 芦guerra total禄. O se gana, o se pierde,
es decir, el capitalismo vence o muere.
Con sus diferencias, la guerra de Uruguay, Brasil y Argentina 鈥搇a guerra de la 芦Triple Infamia禄
como muy correctamente la denomina Garc铆a M谩rquez鈥 contra Paraguay en1864-1870; el arrasamiento de la Comuna de 1871; la permanente agresi贸n a la URSS desde 1917-1991; la invasi贸n fascista de Libia de 1912 y 1922; la guerra nazi fascista contra la II Rep煤blica espa帽ola de 1936-1939,
la contra pagada por EEUU contra la Nicaragua sandinista鈥 son otras tantas 芦guerras totales禄
injustas lanzadas contra pueblos y Estados que no se dejaban dominar o que supon铆an un peligro
para el orden burgu茅s. Por el contrario, los pueblos atacados recurrieron a la 芦guerra total禄 justa
porque eran conscientes de que su futuro estaba en peligro. Tenemos el ejemplo de la defensa de
China a la invasi贸n japonesa desde 1937: la podrida burgues铆a del Kuomintang no prepar贸 apenas la
芦guerra total禄 contra la muy criminal e injusta invasi贸n japonesa, pero s铆 lo hicieron los comunistas
que con sus pocos recursos s铆 organizaron una brillante 芦guerra total禄 justa que fue la antesala de la
victoria revolucionaria posterior.
La barbarie de la 芦guerra total禄 injusta tambi茅n se refuerza con la ideolog铆a criminal de sus ejecutantes: seg煤n un dicho espa帽ol el mal llamado 芦problema catal谩n禄 鈥揺l problema es Espa帽a鈥 se
mantiene tranquilo bombardeando Barcelona cada cincuenta a帽os. Un general guatemalteco aprendi贸 en la Escuela de las Am茅ricas que el orden queda asegurado asesinando al 30% de la poblaci贸n.
Un general retirado espa帽ol sostiene que para que Espa帽a no se 芦rompa禄 hay que fusilar a 26 millones de s煤bditos del rey, alrededor del 58% de la poblaci贸n. Se trata de exterminar fuerza de trabajo
rebelde, revoltosa, y fuerza de trabajo improductiva. La 芦guerra total禄 injusta se aplica dentro del
propio Estado porque el enemigo tambi茅n es interno ya que el multidimensional antagonismo entre
capital y trabajo lo abarca todo. El miedo incontrolado paraliza la conciencia haciendo que el instinto de supervivencia se someta a las m谩s duras explotaciones. El terror a una guerra nuclear en 1982-
1985 facilit贸 la derrota del movimiento obrero de la 茅poca, y dio fuerza a los reformismos y fabulaciones postmodernas. Ese terror fue una de las causas de la derrota de la oleada iniciada en 1968.
Las clases dominantes se lanzan a la guerra una vez que han 芦pacificado禄 su retaguardia con la militarizaci贸n social que sustituye la conciencia cr铆tica y libre por el irracional odio g茅lido que sostiene la guerra injusta. El militarismo neoliberal se legitim贸 en la d茅cada de 1980. Logrado esto, el Armaged贸n est谩 m谩s cerca. EEUU y la OTAN aumentan las provocaciones, estudian la capacidad y
voluntad de resistencia de los pueblos y Estados, como una gran transnacional disecciona la econom铆a del pa铆s al que va a vampirizar. Seg煤n lo analicen, atacan y atacar谩n en diversos frentes con diversas t谩cticas de 芦guerra variable禄, 芦integrada禄, 芦de multidominio禄, 芦en red禄, etc., con menos o
m谩s virulencia, guerras locales llevadas directamente por ellos mismos o con mercenarios, criminales y fan谩ticos religiosos. Incluso creen que sus 芦peque帽as guerras at贸micas禄, regionalmente delimitadas, ser谩n suficientes para aterrorizar a las clases, naciones y Estados que quieren sojuzgar.
EEUU y la OTAN juegan con la muerte, y llegar谩n a rozar otra vez el umbral del holocausto como
hemos visto. Piensan que su tecnociencia militarizada, su industria de la matanza, domina por fin la
dial茅ctica del azar y la necesidad, que pueden bailar indefinidamente sobre el fino punto de no retorno, como esa dif铆cil danza vasca que hace maravillas sobre un peque帽o vaso que el dantzari no ve sin derramar su vino. Pero hasta el m谩s virtuoso y 谩gil dantzari puede tirar el vaso. El punto de no retorno, esa ley dial茅ctica que explica por qu茅 ni la naturaleza, ni la sociedad ni el pensamiento dan marcha atr谩s una vez producido el salto cualitativo, puede desencadenar el Armaged贸n.
Por esto y bajo la dictadura de la propiedad privada, debemos actualizar el principio de Vegecio: si
vis pacem, para bellun. O dicho en el contexto actual: si queremos la paz, hagamos la revoluci贸n.

EUSKAL HERRIA. 14 de marzo de 2021




Fuente: Insurgente.org