July 25, 2021
De parte de La Haine
170 puntos de vista


Las tres leyes de reforma agraria aprobadas a marchas forzadas en el Parlamento durante el confinamiento por la pandemia est谩n en el origen de esta protesta

El Bharatiya Janata Party (BJP) de Modi insiste en que estas leyes son necesarias para modernizar un sistema de producci贸n agraria arcaico y anticuado. La poblaci贸n campesina, sin embargo, considera con raz贸n que el desmantelamiento de las regulaciones, de los controles de precios y de los compromisos en materia de contratos p煤blicos son una amenaza para sus medios de subsistencia. Temen que la apertura del sector a las empresas del agronegocio y a los intereses financieros comporte una mayor polarizaci贸n del r茅gimen de propiedad de las tierras. Esto implicar谩 a su vez el desplazamiento a gran escala del campesinado y de la clase trabajadora agraria a un sector informal que ya representa m谩s del 90 % de la mano de obra total y que es incapaz de ofrecer un empleo o una remuneraci贸n suficientes.

La exigencia sostenida de derogaci贸n de las leyes

Desde finales de noviembre de 2020, centenares de miles de agricultores y agricultoras, procedentes en su mayor铆a de los Estados de Punyab, Haryana y del oeste de Uttar Pradesh, acampan en la periferia de Delhi, obstaculizando y bloqueando las principales v铆as de acceso a la capital. Al tiempo que rechazan los ofrecimientos del gobierno de suspender temporalmente las nuevas leyes, no han dejado de exigir su derogaci贸n.

El 26 de enero de este a帽o, d铆a de la Rep煤blica india, unas 500.000 personas desfilaron a lo largo de itinerarios que hab铆an sido acordados previamente. Se trataba de simbolizar el hecho de que ese d铆a es tan suyo como de los dem谩s. No obstante, varios miles de personas lograron por sorpresa recorrer un itinerario no reservado ni planificado. Eran agricultores y agricultoras que se concentraron en el Fuerte Rojo, en el centro de Delhi. Se iz贸 una bandera religiosa sij y hubo algunos choques entre manifestantes y la polic铆a.

Narendra Modi rompi贸 entonces su silencio para declarar que el incidente del Fuerte Rojo era un insulto al pa铆s e insistir en que las reformas seguir铆an su curso. La polic铆a detuvo a cientos de manifestantes y denunci贸 a periodistas que cubr铆an estos acontecimientos. Las autoridades bloquearon acto seguido los campamentos campesinos con alambradas, puntas de acero clavadas en el suelo y muros de hormig贸n. Sin embargo, cuando el gobierno de Uttar Pradesh amenaz贸 con expulsar a la gente antes de la medianoche del 28 de febrero, miles de personas m谩s acudieron a los lugares ocupados, primero de Uttar Pradesh, y despu茅s de Punyab y Haryana. En un momento cr铆tico, justo cuando el gobierno ten铆a previsto emprender la ofensiva, la lucha campesina recibi贸 un nuevo impulso potente. Las ocupaciones y la resistencia se mantienen hasta hoy.

Mirada retrospectiva sobre las grandes luchas obreras

驴C贸mo valorar las posibilidades de victoria del movimiento campesino? Basta compararlo con la 煤ltima movilizaci贸n de amplitud similar: la huelga del sector textil de Bombay (Mumbai) en 1982-1983, en la que participaron 224.000 trabajadoras de las f谩bricas de la ciudad. Pararon el sector, reclamando un aumento salarial, la mejora de las condiciones de trabajo y la derogaci贸n de las leyes laborales restrictivas. Las leyes les negaban el derecho a afiliarse a otro sindicato, m谩s combativo, dirigido por Datta Samant [dirigente sindical asociado inicialmente al Partido del Congreso; despu茅s se opuso frontalmente al mismo a ra铆z de su actividad sindical; fue asesinado en 1997], en vez del 煤nico sindicato reconocido oficialmente, el Rashtriya Mill Mazdoor Sangh. Dirigido por el Partido del Congreso y favorable a los propietarios, este sindicato integrado no hab铆a hecho casi nada por el personal asalariado.

La huelga de 1982-1983 fue sobre todo una reacci贸n defensiva frente a unas condiciones terribles, y no tanto la expresi贸n der una creciente conciencia de clase que pudiera modificar las relaciones de fuerzas entre el trabajo y el capital. A causa de la huelga se perdieron m谩s de 58 millones de jornadas de trabajo, frente a los 29 millones de jornadas perdidas en el transcurso de la huelga de mineros brit谩nicos de 1984-1985. Sin embargo, a pesar de su fuerza num茅rica, las circunstancias objetivas no eran favorables a los trabajadores y trabajadoras del textil. La huelga se hab铆a convocado contra los propietarios de las empresas, grandes y medianas, e indirectamente contra el Estado.

Numerosos fabricantes pretend铆an transferir su producci贸n a centros con telares el茅ctricos, situados a las afueras de la ciudad. Aspiraban a obtener una compensaci贸n sustancial por la venta de terrenos. A su vez, el gobierno del Estado de Maharashtra estaba interesado en desindustrializar la ciudad para convertirla en un centro comercial y financiero. La intransigencia del Estado reflejaba asimismo su conciencia de que toda concesi贸n al sindicato encabezado por Datta Samant favorecer铆a la combatividad de la mano de obra de los dem谩s sectores industriales. Para el gobierno nacional de India, romper la huelga tambi茅n encajaba en sus planes econ贸micos m谩s amplios. La evoluci贸n del pa铆s a una econom铆a m谩s abierta al capital mundial, con una mayor privatizaci贸n de las empresas p煤blicas y un sector de servicios en expansi贸n, ya se hab铆a iniciado en la d茅cada de 1980, antes de la crisis econ贸mica de 1991, a menudo considerada un punto de inflexi贸n decisivo en el giro neoliberal de India.

La lucha de Bombay fue heroica, pero estuvo aislada, a pesar de cierta simpat铆a que despert贸 entre la gente com煤n de la ciudad. Le falt贸 tanto un apoyo s贸lido por parte de los dem谩s sectores de la clase obrera como el respaldo interclasista. Las principales federaciones sindicales prefirieron aislarla por miedo a eventuales deserciones en sus filas a favor del sindicato de Datta Samant en caso de triunfar. Se habr铆a producido un cambio m谩s amplio si la huelga ferroviaria de 1974 hubiera resultado victoriosa. Esta huelga tuvo lugar en plena cresta de una ola m谩s amplia de combatividad obrera en India. Se trataba de la mayor huelga jam谩s vista en el sector p煤blico hasta entonces, implicando a 1,7 millones de trabajadores y trabajadoras, el 70 % de la totalidad del personal asalariado en el ferrocarril. Los sindicatos la desconvocaron al cabo de veinte d铆as de acci贸n entre el 7 y el 28 de mayo de 1974. Las autoridades detuvieron a miles de personas, muchas de ellas suspendidas de empleo, y movilizaron a las fuerzas armadas para hacer circular los trenes.

La huelga ferroviaria comenz贸 cuando J.P. Narayan [1902-1979; dirig铆a la oposici贸n a Indira Gandhi] lanz贸 un movimiento de masas. Narayan declar贸 que la juventud india ser铆a el catalizador de una 鈥淩evoluci贸n total鈥 contra la corrupci贸n, los antagonismos de clase, de casta y de comunidad. Esta agitaci贸n se propag贸 en las zonas urbanas del norte de India. Se trataba del primer movimiento de masas de este tipo, contrario al Partido del Congreso desde la independencia de India, que reuni贸 a la mayor铆a de los partidos de oposici贸n. Esta agitaci贸n y la huelga de los ferrocarriles contribuyeron a que la dirigente del Partido del Congreso y primera ministra, Indira Gandhi, declarara el estado de emergencia, en junio de 1975, suspendiendo con ello las libertades fundamentales. El final del estado de emergencia y la derrota del Partido del Congreso en las elecciones de 1977 no comportaron un aumento de la combatividad de la clase obrera, pese a que surgieron movimientos sociales de diferentes tipos.

Entre estos 煤ltimos figura el movimiento aut贸nomo de las mujeres, iniciado tras la violaci贸n colectiva, por parte de unos polic铆as, de una muchacha ind铆gena detenida en Mathura [Uttar Pradesh]. Condujo finalmente a la formaci贸n, en 1979, del Foro Contra la Violaci贸n 鈥搑ebautizado Foro Contra la Opresi贸n de las Mujeres鈥 y, m谩s tarde, a la inauguraci贸n en 1980 de una red nacional de organizaciones femeninas aut贸nomas. Tambi茅n aparecieron grupos de defensa de las libertades civiles en diferentes provincias para defender los derechos humanos contra los abusos cometidos por el Estado u otros actores. Estas organizaciones trataron de construir redes nacionales en un contexto nuevo. Los tribunales, en todos los niveles del Estado indio, trataron entonces de expiar su pasividad durante el estado de emergencia de Indira Gandhi admitiendo a tr谩mite toda clase de litigios de inter茅s p煤blico.

La movilizaci贸n campesina: balance de puntos fuertes y flaquezas

Para volver sobre la lucha campesina actual, el n煤mero de personas movilizadas ha alcanzado en diversos momentos el medio mill贸n o m谩s, pues hay movilizaciones a gran escala cada pocos d铆as entre los lugares de ocupaci贸n y las aldeas. El periodo de bloqueo sostenido en las fronteras se mantiene ya desde hace cuatro meses. Si comparamos esta lucha con la huelga del textil de la d茅cada de 1980, veremos varias diferencias significativas.

La movilizaci贸n del campesinado se dirige directamente contra el gobierno central de Narendra Modi 鈥搒in pasar por las administraciones de los Estados鈥 e indirectamente contra las empresas de los diferentes sectores del agronegocio. Dado que el gobierno central es el principal oponente, esta lucha ha tenido una repercusi贸n mucho m谩s importante a escala nacional, despertando amplias simpat铆as en todo el pa铆s. Despu茅s de todo, cerca de la mitad de la poblaci贸n india trabaja directamente en la agricultura y los sectores conexos o en el suministro de bienes y servicios que dependen en gran medida de los ingresos de las familias campesinas.

La simpat铆a interprofesional es mucho mayor que en el caso de la huelga de trabajadoras del textil, ya que los agricultores y las agricultoras en huelga tienen lazos sociales con las fuerzas armadas, la polic铆a y las burocracias gubernamentales de escalafones inferiores, sin olvidar a la gente trabajadora de las ciudades, desde los aut贸nomos hasta las empleadas del hogar. Contrariamente a la experiencia de las trabajadoras del textil, esta movilizaci贸n ha logrado poner al gobierno central un poco a la defensiva.

La composici贸n social diferente del movimiento campesino tambi茅n llama la atenci贸n. La acci贸n no la impulsan quienes est谩n desprovistos de los medios de producci贸n o que podr铆amos calificar de miembros de la clase obrera cl谩sica, como era el caso en la huelga de 1982-1983. Corre a cargo m谩s bien del equivalente campesino a lo que a veces se denomina la peque帽a burgues铆a. Esto no significa que la lucha no sea progresista, que sin duda lo es. En las d茅cadas de 1970 y 1980, e incluso en la de 1990, los campesinos ricos dirigieron los movimientos del mundo rural y constituyeron una importante fuerza de apoyo a determinados partidos pol铆ticos regionales. No obstante, ante la creciente crisis agraria, al parecer se han producido tres cambios.

En primer lugar, el poder de los partidos regionales se ha erosionado. En segundo lugar, la capacidad de movilizaci贸n y el liderazgo de estas capas m谩s acomodadas han pasado a manos, en gran medida, de los peque帽os y medianos agricultores organizados en sindicatos, en muchos casos dirigidos por fuerzas de izquierda, particularmente en Punyab. En tercer lugar, el aumento de la migraci贸n y la precariedad del trabajo en las capas inferiores y debilitadas del campesinado han hecho que este haya tomado conciencia del peligro que suponen las poderosas empresas agroindustriales, la p茅rdida de los contratos p煤blicos y la desaparici贸n del precio de apoyo m铆nimo.

Las posibilidades de 茅xito de este movimiento son desde luego mayores que las que tuvieron las trabajadoras del textil, por mucho que la victoria no est茅 ni mucho menos asegurada. Una diferencia importante es que numerosas trabajadoras del textil tuvieron que volver a sus pueblos en sus Estados de origen para sobrevivir, dejando atr谩s a una parte bastante m谩s d茅bil para buscar apoyo econ贸mico y la solidaridad, por medio de manifestaciones, huelgas rel谩mpago, etc., de otros sectores industriales y de servicios de Bombay y del Estado de Maharashtra. En la lucha actual del campesinado, las l铆neas de comunicaci贸n, de reabastecimiento de material y de refuerzo num茅rico entre los sectores sociales que permanecen en las zonas agr铆colas y los lugares de ocupaci贸n est谩n mucho m谩s cercanas y son m谩s s贸lidas.

驴Puede, por tanto, vencer por s铆 solo? Ni siquiera una victoria implicar铆a una ruptura importante de la hegemon铆a del ala derecha del hindutva (nacionalismo hind煤). Tampoco alterar铆a suficientemente la correlaci贸n de fuerzas en general entre el capital y el trabajo. Para ello hace falta una lucha colectiva mucho m谩s prolongada y m谩s amplia y la creaci贸n de una alternativa pol铆tica nacional. Claro que si triunfa, el movimiento campesino detendr谩 durante bastante tiempo los impulsos neoliberales de las empresas agroindustriales en la agricultura india. Una derrota, en cambio, acelerar谩 esta din谩mica y consolidar谩 todav铆a m谩s los v铆nculos entre el BJP y el capital.

La clave no reside en la continuaci贸n de la ocupaci贸n ni en la organizaci贸n de manifestaciones peri贸dicas, de marchas y de actos de solidaridad, sino en una acci贸n de huelga masiva. Esta forma de lucha mermar铆a directamente la autoridad del gobierno y afectar铆a a las grandes empresas que le apoyan all铆 donde m谩s da帽o les hace, o sea, sus ingresos. Las federaciones sindicales centrales 鈥揷on la salvedad, por supuesto, de la Bharatiya Mazdoor Sangh, controlada por el BJP鈥 apoyan la lucha campesina y organizan actos de solidaridad. Sin embargo, estas federaciones est谩n controladas por sus respectivos amos pol铆ticos, lo que dificulta la consecuci贸n de la unidad de base entre las fuerzas de trabajo. En efecto, la manera en que m谩s de 40 sindicatos agrarios y otros organismos han logrado colaborar deber铆a servir de lecci贸n para las federaciones sindicales.

alencontre.org. Traducci贸n: viento sur




Fuente: Lahaine.org