April 13, 2021
De parte de La Haine
401 puntos de vista


Hacia 1980 hab铆a en el mundo alrededor de 600 grandes propietarios de herramientas de informaci贸n y comunicaci贸n. Hoy son ocho

Desde su hora primera (1973) la iniciativa que solicit贸 un diagn贸stico mundial sobre la informaci贸n y la comunicaci贸n, sab铆a que tal tarea no ser铆a un d铆a de campo con paisajes de ensue帽o y clima fraterno. Sab铆a que estaba desarroll谩ndose, exponencialmente, un fen贸meno (y una amenaza) con proporciones descomunales, anidado en la l贸gica misma del capitalismo en su fase imperial: la acumulaci贸n monop贸lica de la informaci贸n expresada tambi茅n en el campo simb贸lico y en el acopio, manipulaci贸n y producci贸n de datos. Big data.

Ve铆an que con dinero se pod铆a manipular o extorsionar a los medios y a sus profesionales. Para diagnosticar eso con solvencia, tuvieron que armarse con los pertrechos 茅ticos y metodol贸gicos muy potentes mientras, por ejemplo, los horrores b茅licos en Vietnam aportaban su cuota macabra transmitida al mundo en vivo y en directo, por los propios monopolios expandi茅ndose. Lo que hoy se conoce como nuevo orden internacional de la informaci贸n y de la comunicaci贸n ha ido reformul谩ndose lentamente a partir de las recomendaciones emanadas de la cuarta Cumbre de Jefes de Estado en el Movimiento de Pa铆ses No Alineados, realizada en Argel, en 1973.

Una de las armas 茅ticas para semejante batalla diagn贸stica era el propio Sean MacBride, quien fue ministro de Asuntos Exteriores de Irlanda; que en 1974 fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz y m谩s tarde, en 1977, recibi贸 el Premio Lenin, que algunos equiparan con el Nobel. MacBride fue reconocido por su militancia en defensa de los derechos humanos y su participaci贸n hist贸rica en la fundaci贸n (1946) del Partido Republicano Irland茅s. En 1961 fue presidente de la Organizaci贸n de Defensa de los Derechos Humanos de Amnist铆a Internacional y, luego, entre 1974 y 1976, fue alto comisionado de las Naciones Unidas en Namibia. En 1977 la Unesco lo nombr贸 presidente de la comisi贸n internacional que se encargar铆a de desarrollar el primer diagn贸stico oficial sobre los problemas de la informaci贸n y la comunicaci贸n. M谩s tarde (no sin cierta emboscada individualista de algunos) conocido como Informe MacBride que en realidad se llama Un solo mundo, voces m煤ltiples. Anida ah铆 una diferencia clave.

Al lado del prestigio internacional de MacBride estaba el prestigio de una n贸mina de expertos, cr铆ticos y analistas que, recorriendo la realidad cruda de la met谩stasis medi谩tica global, advert铆an la urgencia de razonar, cr铆ticamente, el modelo de desarrollo tecnol贸gico y todas sus implicaciones (virtuosas o amenazantes) relacionadas con el rol del Estado en cada territorio. Ve铆an el peligro de una fuerza supranacional que se desarrollaba incluso a costa de los pueblos que iban quedando a merced de los monopolios medi谩ticos y de algunos gobiernos c贸mplices, cuando no serviles, incluso resignando la propia seguridad nacional. Los monopolios de la informaci贸n son una amenaza contra las democracias.

Y, desde luego, el epicentro de las controversias m谩s amargas era (y es) la informaci贸n. Sus definiciones, sus modos de producci贸n, sus herramientas de producci贸n, sus relaciones de producci贸n y, desde luego, su r茅gimen de propiedad. A lo largo del informe, cuya sintaxis no se despega de los usos y costumbres diplom谩ticos de la 茅poca, va dej谩ndose sentada una demarcaci贸n nueva de conflictos nuevos que no s贸lo no han sido resueltos, sino que se han complejizado de la mano de los avances tecnol贸gico-digitales; la pobreza de los debates jur铆dico-pol铆ticos; la poca influencia de las investigaciones cient铆ficas y el desorden econ贸mico mundial, desigual e injusto, conveniente al desarrollo imperial del capitalismo. Algunos calculan que hacia 1980 hab铆a en el mundo alrededor de 600 grandes propietarios de herramientas de informaci贸n y comunicaci贸n. Hoy son ocho.

Puede uno, claro, poner en duda la utilidad de un informe respecto de la soluci贸n de los problemas que estudia. Puede uno conformarse, como han hecho muchos, con el retrato de 茅poca deducible del trabajo dirigido por MacBride y de los muchos comentarios cr铆ticos en las muchas deliberaciones de su desarrollo. Puede uno, incluso, recurrir al informe como marco de referencia acad茅mico obligatorio (siendo el primer informe oficial publicado por un organismo internacional) y puede uno recomendar su lectura o sus muchas lecturas, al calor de la realidad monop贸lica presente mucho m谩s compleja, enrarecida y desigual que en 1980. Lo que no puede, o debe, hacerse es quedarse callado. Especialmente cuando la libertad de la expresi贸n cr铆tica se asfixia con chantajes presupuestales variopintos.

Un solo mundo, voces m煤ltiples no es s贸lo un t铆tulo editorial para granjearse simpat铆as, es tambi茅n una declaraci贸n de principios contra un modelo de concertaci贸n monop贸lica imperial y acelerada que ha enmudecido a buena parte de la poblaci贸n planetaria y que ha impuesto un discurso 煤nico: el discurso de la l贸gica mercantil y del capitalismo fanatizado. Un nuevo orden de la informaci贸n y de la comunicaci贸n no pueden ser s贸lo un buen deseo, la historia ha convertido tal idea en un programa de lucha inseparable de la lucha por una nueva Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos. Como el derecho a la informaci贸n como prioridad.

La Jornada




Fuente: Lahaine.org