January 22, 2023
De parte de Nodo50
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Una chica consulta su tel茅fono m贸vil. PIXABAY

驴Le cuesta concentrarse? 驴Cu谩ntos minutos es capaz de aguantar leyendo, viendo la televisi贸n o realizando cualquier otra tarea sin mirar el tel茅fono? 驴Ha notado cambios en su manera de pensar?, 驴quiz谩 m谩s fragmentada, m谩s superficial? Estas preguntas, que ya forman parte de nuestro d铆a a d铆a, son tambi茅n las que se hacen multitud de investigadores que intentan sacar conclusiones ante las mudanzas cognitivas que ha desencadenado la digitalizaci贸n masiva y, espec铆ficamente, el uso de los smartphones.

Si a los tel茅fonos se les ha atribuido inteligencia, parece que los seres humanos la hemos ido perdiendo conforme el uso de estos artilugios se volv铆a cada vez m谩s frecuente, pues cada vez nos resulta m谩s complicado procesar informaci贸n. Adem谩s, el click constante sobre la pantalla est谩 alterando no solo las capacidades individuales, sino todo un mapa social global que depende, en gran medida, de los caprichos de unas pocas 鈥損ero poderos铆simas鈥 multinacionales. 

Como argumenta James Williams, antiguo empleado de Google reconvertido en investigador de la Universidad de Oxford: 鈥淯n pu帽ado de empresas tienen la habilidad de moldear lo que piensan y hacen miles de millones de personas鈥. Solo Mark Zuckerberg, due帽o de Facebook, Messenger, Instagram y WhatsApp, tiene acceso a los perfiles de un cuarto de la poblaci贸n mundial a trav茅s de estas plataformas, seg煤n datos del libro de Williams Stand out of our light (2017), que en Espa帽a se public贸 como Clicks contra la humanidad.

Vale la pena referirnos al t铆tulo original, que significa ap谩rtate de nuestra luz, una alusi贸n al encuentro que tuvo lugar entre el c铆nico Di贸genes y Alejando Magno: cuando este se acerc贸 al fil贸sofo con 谩nimo de concederle cualquier deseo, se dice que Di贸genes respondi贸: qu铆tate de ah铆, que me est谩s robando los rayos del sol. La an茅cdota es obviamente una met谩fora de nuestro panorama digital; tal vez el universo tecnol贸gico que habitamos se est茅 transformando en un paraje demasiado oscuro. Pero, 驴por qu茅?

Peligros para la mente

Al contrario de lo que promueven los vocingleros del progreso tecnol贸gico, numerosos expertos y expertas trabajan cada d铆a por descifrar los efectos negativos que las llamadas redes sociales, y/o el uso del m贸vil, causan en nuestros cerebros. Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Texas revel贸 que la mera presencia de este aparato, incluso apagado o en silencio, mermaba las habilidades intelectuales.

Johann Hari, autor del bestseller Stolen Attention (2022), recientemente traducido, explica, con la ayuda de varios neurocient铆ficos, c贸mo, cuando interrumpimos el flujo mental, nuestro cerebro debe reconfigurarse para concentrarse de nuevo en la tarea que estaba desempe帽ando antes.

Adem谩s, cita una investigaci贸n en estudiantes que demostr贸 que aquellos que realizaron un examen con el tel茅fono apagado obtuvieron de media una calificaci贸n un 20% m谩s alta que quienes se examinaron con el artilugio encendido y recibiendo constantes mensajes.

Las pruebas de que nuestra inteligencia corre serio peligro al estar sometida al control de estos objetos tiranos son muchas y abarcan asimismo 谩mbitos como la salud: as铆, la consultora Linda Stone habla de 鈥atenci贸n parcial continuada鈥, un comportamiento adictivo que consistir铆a en adoptar un estado de alerta constante que nos impide prestar atenci贸n profunda a alg煤n asunto y, a la larga, lanza cantidades ingentes de cortisol y adrenalina, las hormonas del estr茅s. 

De hecho, la medicina encargada de estudiar adicciones lleva a帽os analizando los s铆ntomas provenientes del abuso de las peque帽as pantallas. La psiquiatra Anna Lembke, profesora en la Universidad de Stanford, narra en este podcast, grabado con motivo de la publicaci贸n de su libro Dopamine Nation (2021), qu茅 les ocurre a unos cuerpos saturados con dopamina, un neurotransmisor que se libera cuando obtenemos placer: al fumar, beber alcohol, tomar otro tipo de drogas, o consultar las redes a la espera de 鈥榬ecompensas鈥 (como las notificaciones).

B谩sicamente, nuestra biolog铆a est谩 configurada para mantener un equilibrio llamado homeostasis, que podemos imaginar como una suerte de balanza con dos platos. Si consumimos alguna sustancia adictiva o abrazamos comportamientos adictivos, el lado de la balanza dedicado al placer se llena de dopamina, y el cerebro debe compensarlo a帽adiendo 鈥減eso鈥 al lado del dolor; de ah铆 que a la borrachera le siga la resaca.

Sin embargo, cuando no permitimos que la estabilidad se restablezca naturalmente porque continuamos bebiendo, es decir, alimentando una conducta hed贸nica, el plato dedicado al dolor debe realizar tal esfuerzo que al final se desborda, por lo tanto, lo que en principio nos creaba placer se convierte en una fuente de problemas. Este mecanismo se da t铆picamente en las personas adictas. La doctora Lembke achaca la multiplicaci贸n de dicha patolog铆a a una sociedad 鈥capitalista, tecnol贸gicamente innovadora鈥 en la que los est铆mulos para lograr placer son ubicuos, entre ellos los que proyecta la digitalizaci贸n de nuestra cotidianeidad. 

Una democracia comprometida

Si las conclusiones pueden parecer exageradas, reflexionemos sobre los datos que publica la revista Forbes: en el mundo hay 210 millones de personas adictas a las redes sociales, y el estadounidense medio consulta su tel茅fono 344 veces al d铆a, a saber, cada 5,5 minutos. Aunque en Espa帽a esa cifra es menor, 150 veces al d铆a, la dependencia que crea el m贸vil es incuestionable, y esto es as铆 debido a que las diferentes plataformas o apps han sido dise帽adas con ese objetivo: al fin y al cabo, mientras m谩s tiempo pasemos en ellas, m谩s ganancias reportar谩n en forma de anunciantes.

No es casual que apelen a nuestros impulsos y emociones, y para ello beban de t茅cnicas como las de las m谩quinas tragaperras: un timeline o muro sin fin, o una distribuci贸n arbitraria de las recompensas (en forma de seguidores o likes, de validaci贸n en lugar de monedas). Se puede afirmar, como apuntan tantos estudios, que estas estrategias han construido sociedades de individuos ensimismados, muchos de ellos con una precaria salud mental, sobreestimulados, con dificultades para ejecutar tareas que requieran concentraci贸n, m谩s manipulables que antes, como mostr贸 el documental El gran hackeo (2019) a prop贸sito del esc谩ndalo de Cambridge Analytica, o la utilizaci贸n interesada de perfiles online con la finalidad de alterar procesos electorales. 

Los ritmos cognitivos fren茅ticos que azuza la econom铆a de la atenci贸n menoscaban la democracia. En este sentido, se pregunta Williams en su libro hasta qu茅 punto se cumple el art铆culo 21 de la Declaraci贸n Universal de Derechos Humanos, seg煤n el cual la voluntad de la gente constituye la base para cualquier autoridad o gobierno, si dicha voluntad se est谩 viendo comprometida por la imposibilidad de prestar atenci贸n: 鈥淓sto directamente amenazar铆a no solo nuestra libertad individual y autonom铆a, sino tambi茅n nuestra habilidad colectiva de ejercer cualquier pol铆tica que valga la pena鈥, asevera.

El fil贸sofo Jorge Riechmann va m谩s all谩 y, en el volumen Contra la doctrina del shock digital (2020), habla de sujetos alienados como resultado de este fen贸meno, lo cual equivale a una 鈥渉umanidad disminuida鈥 en cuanto que son las m谩quinas quienes se comunican en el espacio virtual mientras nosotros vamos perdiendo los v铆nculos sociales y con la biosfera.

En el 鈥渃apitalismo de la vigilancia鈥 鈥揺xpresi贸n que toma prestada de la profesora de Harvard Shoshana Zuboff鈥, donde las adicciones tecnol贸gicas se traducen en datos para ser vendidos y revendidos al tiempo que actuamos de acuerdo a impulsos cada vez m谩s primarios y nos tornamos d煤ctiles a los antojos de un pu帽ado de magnates, va teniendo poco sentido definirnos seg煤n unos derechos y libertades seriamente da帽ados. De nosotros depende establecer ciertos l铆mites, o perpetuar esta insostenible condici贸n de aut贸matas enajenados, carne de ca帽贸n presa de un m贸vil. 




Fuente: Lamarea.com