May 8, 2021
De parte de CGT-LKN Euskal Herria
208 puntos de vista


La historia es c铆clica. De nuevo, la izquierda se ilusiona con las elecciones y la derecha vuelve a arrasar en las urnas. Un sector de la izquierda, frustrado, arremete contra aquellos trabajadores que, representando a la inmensa parte del electorado, han vuelto a otorgar el poder a la derecha. Y otra parte de la izquierda, como si no fuera con ella 鈥攜 cuyo comportamiento es tambi茅n c铆clico鈥, se sube al pedestal de la intelectualidad, desde el que no se pasa hambre, e invita a la izquierda a hacer autocr铆tica. En tercera persona, porque esta historia no va con ella.

La culpa, entienden, no es de los trabajadores a los que los candidatos m谩s feroces del capitalismo les han disfrazado la sumisi贸n de libertad y les han hecho creer que libertad es compartir piso con tres trabajadores m谩s mientras creas riqueza para quien te explota si despu茅s de trabajar te puedes tomar una cerveza. Para ellos, la culpa es de las candidaturas de izquierda, que siempre est谩n conformadas por vendidos, reformistas e hip贸critas que est谩n ah铆 para hacerle el juego al capitalismo. Por eso ellos no los votan y por eso m谩s disfrutan cuanto menos votados sean. Porque quieren castigarlos una y otra vez. Para ellos, es m谩s importante ver hincar la rodilla a todos estos que todo lo que est谩 en juego. Precisamente, porque para ellos es un juego.

Es el peligro de los intelectuales que nunca han bajado al barro. Son proletarios de estanter铆a que acumulan textos de Marx y Lenin y cuya principal preocupaci贸n es no caer en contradicciones a trav茅s del voto. Se limitan a esperar el fracaso de la izquierda, con toda la garant铆a que de este ofrece la historia, para reprochar errores y contradicciones de las que ellos est谩n exentos. Y se toman a bien las derrotas porque, por muy rojos que sean, no va con ellos.

Vaya por delante mi agradecimiento a todos aquellos que desde sus situaciones c贸modas empatizan con la clase obrera. Al C茅sar lo que es del C茅sar. Ahora bien, haber le铆do a te贸ricos e intelectuales enriquece culturalmente, pero no te hace clase obrera. Para ser clase obrera hay que haber bajado al barro y haber vivido en carne propia la precariedad laboral. Sin conocer la precariedad laboral es dif铆cil pertenecer a la clase obrera. La clase obrera asume que vive en la contradicci贸n y estos intelectuales, como ya se ha expuesto, no tienen mayor preocupaci贸n que no caer en la contradicci贸n.

Por eso, una izquierda mucho m谩s concienciuda, que sabe qu茅 es haber trabajado a jornada completa por 600, 800 o 1.000 euros 鈥攅n jornadas probablemente m谩s largas que lo que la ley entiende por jornada completa鈥, brama de rabia cuando la derecha vuelve a arrasar en las elecciones. Muchos de estos que despotrican ante un resultado electoral adverso lo hacen tras haberle podido escapar a la precariedad laboral, pero la han conocido. Y por eso sufren cuando esta se perpetua. Si eres hijo de trabajadores, vienes de familia obrera, indiscutiblemente. Pero si terminas la universidad sin haber servido un plato, sin haber doblado una camiseta, sin haber puesto un ladrillo o sin haber vivido cualquier otra experiencia ligada a la precariedad laboral, puedes tener mucha conciencia de clase, pero es harto complicado que pertenezcas a la clase trabajadora.

Quienes pasaban sus veranos de universitarios en la playa leyendo a Marx, estudiando ingl茅s en el extranjero o viajando en Interrail mientras sus compa帽eros de clase pon铆an copas en discotecas est谩n mucho m谩s cerca del estudiante de ADE al que desprecian y que se desvive por trabajar en una Big Four que del trabajador que en Vallecas les sirve las cervezas a quienes han ganado las elecciones. Aunque ni 茅l ni el trabajador de Vallecas hayan votado a la izquierda. Porque ellos, igual que el hijo de familia pudiente que se ha graduado en ADE, no temen la precariedad laboral. Porque sacando una oposici贸n o en un buen puesto de abogado apenas tienes que preocuparte por el SMI o dem谩s penurias de la clase trabajadora. Y, claro, es mucho m谩s f谩cil subirse al pedestal de la intelectualidad a reprochar contradicciones y exigir autocr铆tica a quienes han perdido las elecciones. En tercera persona, porque ellos no las pierden.

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Fuente: Cgt-lkn.org