December 17, 2022
De parte de El Topo
2,401 puntos de vista

Los Estados est谩n aumentando su intervenci贸n en el sector energ茅tico para seguir alimentando la demanda con la quema de m谩s combustibles f贸siles. 驴Por qu茅 hacen esto? 驴Cu谩les pueden ser nuestras alternativas?

El sistema de producci贸n capitalista se caracteriza por un crecimiento econ贸mico continuo y acelerado, y por la concentraci贸n de los medios de producci贸n en unas pocas manos. Los due帽os de los medios de producci贸n pueden ser accionistas de empresas privadas, entonces hablamos de capitalismo de mercado o gestores de empresas estatales, y hablamos de capitalismo de Estado. Todas las econom铆as actuales cuentan con diferentes grados de ambos tipos de capitalismo, seg煤n el peso del Estado en el control de los medios de producci贸n. Los grandes capitalistas, y pol铆ticos a su servicio, optaron por la privatizaci贸n de empresas estatales en la estrategia neoliberal puesta en marcha en los a帽os setenta.

Actualmente, el modelo econ贸mico neoliberal est谩 en crisis debido a diferentes factores entre los que destacan rivalidades imperialistas crecientes y la crisis energ茅tica. En particular, esta viene dada, de fondo, por una creciente carest铆a y encarecimiento del gas y el petr贸leo. Esta crisis est谩 llevando a muchos Estados a aumentar su intervenci贸n en el sector energ茅tico. Se refleja en un aumento de ayudas a empresas energ茅ticas privadas e, incluso, en la estatalizaci贸n de algunas de ellas. Por ejemplo, el Gobierno alem谩n ha intervenido tres grandes empresas gas铆sticas y ha tomado el control de las refiner铆as de la petrolera rusa en Alemania. Por su parte, el Gobierno franc茅s est谩 aumentando su participaci贸n mayoritaria en la gran empresa 脡lectricit茅 de France (EDF). En el Reino Unido, son cada vez m谩s las pol铆ticas que piden la renacionalizaci贸n de las compa帽铆as energ茅ticas, lo que ha llevado a que los mercados reaccionen muy negativamente ante el anuncio, ya rectificado, del nuevo Gobierno de bajar los impuestos pues debilita la capacidad de intervenci贸n estatal.

Las clases dirigentes pretenden asegurar las inversiones para controlar el suministro y los precios, de manera que la demanda energ茅tica pueda seguir creciendo. Tengamos en cuenta que el crecimiento econ贸mico capitalista est谩 unido al aumento de consumo energ茅tico. En muchas ocasiones, estas intervenciones estatales se justifican por las consecuencias de la guerra en Ucrania, ocultando un panorama general de carest铆a energ茅tica y de materiales claves.

Estamos ante el inicio de un aumento de la intervenci贸n estatal en el sector energ茅tico para seguir quemando combustibles f贸siles. Sin embargo, estos deben quedarse en el subsuelo si no queremos entrar en la fase de cambio clim谩tico brusco. Adem谩s, las multimillonarias ayudas p煤blicas a energ铆as renovables est谩n concentr谩ndose en el oligopolio energ茅tico al tiempo que provocan fuertes impactos socioambientales en multitud de zonas rurales. No obstante, a pesar de todos estos esfuerzos
estatales por seguir alimentando el crecimiento de la demanda energ茅tica, las limitaciones f铆sicas en la disponibilidad de hidrocarburos conducir谩n al decrecimiento econ贸mico, es decir, crisis capitalista.

Frente a los modelos estatales ecocidas, tenemos que apostar por un reparto democr谩tico de las riquezas como base para un decrecimiento econ贸mico responsable que ajuste nuestra huella ecol贸gica al territorio biodisponible y mejore nuestra calidad de vida. 驴C贸mo hacemos esto?

Creo que es importante que tengamos claro que los Estados capitalistas actuales son herramientas de poder pol铆tico de las clases dirigentes. Por lo tanto, no podemos confundir la estatalizaci贸n de una empresa con su control democr谩tico. Para dotar a una empresa de control realmente p煤blico no basta con que est茅 gestionada por bur贸cratas. Tiene que estar gestionada por su plantilla al servicio de la gente trabajadora.

Adem谩s, para repartir y decrecer democr谩ticamente, es clave impulsar las luchas desde abajo, en nuestros barrios y centros de trabajo. Estas luchas construyen redes sociales de solidaridad y democracia que deber铆an pilotar el reparto decrecentista. En estos momentos, contamos con una gran oportunidad pues est谩n creciendo las luchas que exigen que los costes derivados de la inflaci贸n se repartan entre clases sociales. Con la crisis energ茅tica de fondo, tenemos que dotar a estas luchas econ贸micas de contenido ecologista, al tiempo que las unimos con las luchas feministas, LGTBI+, territoriales鈥 Por ejemplo, los barrios de clase trabajadora con rentas m谩s bajas en Sevilla sufren, habitualmente, cortes de luz por falta de inversi贸n en la infraestructura el茅ctrica. Unas instalaciones gestionadas por Endesa, empresa cuya privatizaci贸n comenz贸 un Gobierno del PSOE a finales de los a帽os ochenta y culmin贸 el PP diez a帽os despu茅s. Estos cortes de luz han llevado a la movilizaci贸n vecinal agrupada en la plataforma Barrios Hartos y ya han conseguido la renovaci贸n de infraestructuras por parte de Endesa, as铆 como el pago de indemnizaciones a las vecinas afectadas por apagones.

Debemos apostar por un control p煤blico, desde abajo, del sector energ茅tico, que nos asegure suministro b谩sico a precios asequibles. Pero no solo eso, tambi茅n es clave que esta gesti贸n p煤blica reduzca la demanda energ茅tica global, y apueste por energ铆as renovables de forma descentralizada y reduciendo al m铆nimo sus impactos socioambientales. Con estos objetivos, es importante un consumo energ茅tico responsable y, sobre todo, una producci贸n responsable. Por ejemplo, hay que prohibir la obsolescencia programada que tanta energ铆a y materiales malgasta.

La profundidad de la crisis sist茅mica actual requiere una orientaci贸n radical, realista y pr谩ctica. Desde un an谩lisis cient铆fico, la superaci贸n del capitalismo aparece m谩s urgente cada d铆a. No nos enga帽emos, no hay producci贸n capitalista social y ambientalmente sostenible, como no hay capitalismo sin guerras. Como dicen los movimientos sociales frente a la emergencia clim谩tica: 芦cambiemos el sistema, no el clima禄. Revolucionemos nuestra energ铆a.

Una versi贸n inicial de este texto fue publicada en El Salto.




Fuente: Eltopo.org